SOCIOLOGIA, TEORIA Y PRACTICA…

Sociología, Economía, Política, Cultura

Archivo para junio 2008

La importancia de la Educación y la I+D

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El Círculo de Economía acaba de dirigirse al conjunto de los partidos políticos para que hagan de la educación la gran prioridad del país. Pocos días después la OCDE ha anunciado que para el año en curso China se ha convertido en el segundo país del mundo por su gasto en I+ D (136.000 millones de dólares), desbancando a Japón (130.000 millones) y sólo por detrás de Estados Unidos (330.000 millones). Estas cifras suponen el 6,4% del PIB para China, el 2,7% para Japón y el 2,8% para Estados Unidos. El último año China ha incrementado un 20% el gasto en I+ D. Aunque a primera vista pueda no parecerlo, ambas noticias están estrechamente relacionadas.

La Vanguardia.es

Ya he subrayado en estas páginas la obsesión tecnológica de China. De 1840 (primera guerra del opio) a 1949 China se vio convertida de hecho en colonia de los países occidentales por haber perdido el tren de la revolución industrial. El trauma sigue vivo y China no está dispuesta a perder el tren de la revolución de la información, lo que la dejaría de nuevo en situación de inferioridad.

Al dato sobre el gasto en I+ D, hay que añadir que China tiene 53 zonas de alta tecnología. El Silicon Valley chino, Zhonjguacun, en Pekín, tiene más de medio millón de investigadores. Una cifra similar emplean las cerca de un millar de empresas extranjeras que tienen centros de I+ D en el país. Entre ellas se cuentan varias de las principales multinacionales, como Nokia, Siemens, Alcatel o Hewlett Packard. China ya es la fábrica del mundo y va camino de convertirse en uno de los principales polos en ciencia e ingeniería. La industria de la información pasó de significar el 3,3% del PIB de China en 1999 al 7,6% en el 2001. Las grandes inversiones internacionales en el sector, que unos años atrás iban a Taiwán, ahora van a la República Popular. La exportación china en tecnología de la información y telecomunicaciones superó la de Japón y la UE en el 2003, y la de Estados Unidos en el 2004. Aunque el 60% de la exportación está en manos de empresas extranjeras, cada vez hay más empresas y marcas chinas.

Como base de sustento de su ambición tecnológica, China dedica gran atención y muchos recursos a su sistema educativo. Al año produce 1,3 millones de graduados en ingeniería y ciencias. Cuenta con cerca de medio millón de estudiantes en el extranjero. Tiene en marcha planes para crear cien universidades equiparables a las de alto nivel de otros países, centradas en la ingeniería y la ciencia. Desde hace más de dos mil años los exámenes imperiales, que daban acceso al mandarinato, eran el instrumento básico de promoción social. En consonancia con este rasgo esencial de su cultura, los padres chinos invierten de forma prioritaria en la educación de sus hijos.

China avanza muy deprisa en la producción de bienes de valor añadido cada vez mayor. De la ropa y el calzado (cuya importación está hoy sometida a restricciones en la UE), los azulejos y materiales de la construcción, o los muebles, está pasando a motocicletas, coches (este año exporta 75.000 coches a más de cien países, y en los próximos está previsto que inicie la exportación de utilitarios a Europa y Estados Unidos, a muy bajo precio) y electrónica de consumo (televisores, vídeos, reproductores de DVD, etcétera).

La obsesión por la alta tecnología es una de las claves para entender a fondo el significado del proceso de emergencia económica de China y el impacto que tendrá en la economía y la geopolítica globales. La velocidad a la que China sea capaz de conquistar sectores de mayor valor añadido determinará el ritmo de su desarrollo económico, su penetración en los mercados mundiales y su conversión en una verdadera gran potencia. Su evolución está siendo similar a la de Japón o los cuatro tigres asiáticos, tres de los cuales (Hong Kong, Taiwán, Singapur), no se olvide, son chinos.

Hoy ya no sólo se enfrentan con la competencia china y asiática los países en vías de desarrollo, sino también, y cada vez más, los países desarrollados. Los que más sufrirán son los que están a la cola del pelotón de cabeza, los países industriales con escasa tecnología, como España. Estamos sólo al principio del fenómeno de la irrupción de China y Asia en los mercados mundiales. Pienso que no nos damos cuenta aún de la enorme dimensión del reto. El remedio es conocido. Mayor gasto en I+ D, al que España dedica hoy sólo el 1,1% del PIB (frente al 4,2% de Suecia y el 2,5% de Alemania). Mejora del sistema educativo (el informe Pisa sitúa a España en los últimos puestos de Europa). Desgraciadamente, los objetivos de la agenda de Lisboa, que preveía que Europa estuviera en la vanguardia mundial en estos campos en el 2010, están lejos de ser alcanzados. Si no espabilamos, puede llegar a convertirse en realidad la boutade atribuida al ex primer ministro chino Zhu Rongji: "China, la fábrica del mundo; Estados Unidos, la alta tecnología; Europa, museos y turistas".

Sumo mi voz, en conclusión, a la del Círculo de Economía. Es imprescindible reformar nuestros sistemas educativo y de I+ D para llevarlos a niveles de excelencia, invirtiendo los recursos que sean necesarios. España se juega mucho en el envite. De que hagamos o no nuestros deberes depende que el reto que suponen China y Asia se convierta en una oportunidad o una amenaza.

Written by Eduardo Aquevedo

14 junio, 2008 at 11:51

DISTRIBUCION DEL INGRESO EN ARGENTINA, por Diego Rubinzal

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Los indicadores más utilizados para medir el grado de equidad y/o desigualdad social son el Indice Gini y la distribución funcional del ingreso. Ese indice –creación de un estadístico italiano– calcula un coeficiente que varía entre cero y uno. El valor cero (0) representa la perfecta igualdad y el coeficiente uno (1) refleja una desigualdad extrema. Se suele hablar de situaciones de desigualdad cuando los valores oscilan entre 0,40 y 0,60. Por encima de 0,60, el índice expresa una distribución gravemente inequitativa. A mediados de los ‘80, la Argentina tenía un Gini cercano a 0,40. En el 2003, las sucesivas crisis económicas elevaron el indicador hasta 0,537. Actualmente, las últimas mediciones oficiales lo ubican en 0,49.

Página/12

En cambio, la distribución funcional del ingreso representa la participación de la masa salarial en el PIB. En 2002, de acuerdo a datos oficiales, los trabajadores se apropiaban el 34,6 por ciento de la torta. En la actualidad, los registros señalan que el porcentaje subió al 41,3.

Tanto el Indice Gini como la distribución funcional del ingreso son datos relevantes para evaluar el grado de cohesión social. Algunas veces, los dirigentes políticos utilizan indistintamente uno u otro indicador para aludir a los resultados distributivos del crecimiento económico. La realidad es que no sólo miden cosas distintas, sino que además pueden no ir de la mano. Es decir, la mejora de uno no necesariamente se refleja en la evolución del otro.

En el blog de economía “Datos Duros”, el blogger se pregunta sobre la relación existente entre ambos indicadores. En ese sentido realiza un interesante repaso de cómo fueron evolucionando las cifras en los últimos 13 años. Por ejemplo, se puntualiza que entre 1994 y 1996 disminuye sustancialmente la participación de los trabajadores en la apropiación de la renta y, simultáneamente, la desigualdad desciende levemente. En cambio, el período 1996-2001 se caracteriza por el aumento de la participación de los trabajadores y un fuerte aumento de la desigualdad. Entre 2001 y 2002, la porción de la torta se achica violentamente y la desigualdad se profundiza. Es decir, la idea de que una mayor participación de los asalariados en el PBI se traduce necesariamente en una menor desigualdad de ingresos no se corresponde con la realidad. Como se señala en el trabajo: “Podemos tener una alta participación de la masa salarial en el PBI, pero muy desigualmente repartida al interior de los trabajadores”.

En ese interesante blog se sostiene que “el ciclo económico que se inicia luego de la devaluación, y a partir de la gestión Kirchner, evidencia una fuerte asociación que registra la disminución de la desigualdad junto al aumento del peso en el PBI de la remuneración al trabajo asalariado, revelando un impacto en el mercado de trabajo y en la dinámica de los ingresos que se diferencia notoriamente de ciclos anteriores”. No todos coinciden con esta mirada. En lo que respecta a la evolución de la distribución funcional del ingreso, el diputado Claudio Lozano relativiza los números oficiales.

En un reciente trabajo, preparado en ocasión del encuentro entre la CTA y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, Lozano sostiene que “los datos del Indec sobre distribución funcional del ingreso no son comparables con las series históricas. Cualquier intento de decir que la participación del 41 por ciento es comparable con la vigente en el primer peronismo (50 por ciento) falta a la verdad. Una de las claves de las diferencias es el modo en que se mide el PBI. Si se lo presenta a precios corrientes, la participación de los asalariados es del 23 por ciento para el año 2007. Año en el que, al igual que con la pobreza, el empleo y los salarios, se observa una tendencia a la ‘esterilización’ de los efectos positivos que el crecimiento podría tener sobre los ingresos. Por ende, la participación en los ingresos que venía subiendo desde el 2004, desciende respecto al 2006”.

En síntesis, más allá de las diferentes miradas sobre las tendencias redistributivas del modelo actual, la dirigencia oficialista y opositora coincide en el diagnóstico: la necesidad de seguir avanzando para construir una sociedad más equitativa. Los acuerdos se diluyen cuando se discute cuáles deberían ser las estrategias para cambiar esa realidad.

Written by Eduardo Aquevedo

6 junio, 2008 at 5:30

Publicado en ECONOMIA, INGRESOS

"CRISIS PARA RATO", ADVIERTE LA OCDE

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La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) advirtió que la desaceleración económica global podría ser más prolongada de lo esperado.

En su informe semestral sobre perspectivas económicas, el “club” de las 30 economías más desarrollades del mundo señaló que la situación empeoró debido al debilitamiento del mercado inmobiliario, la crisis crediticia global y los altos precios de las materias primas. “Nuestro pronóstico es más negativo que hace seis meses”, indicó el economista jefe de la OCDE, Jorgen Elmeskov durante un encuentro del organismo.

Redacción BBC Mundo

Agregó que los elevados costos de los alimentos y el combustible representan una dilema para los bancos centrales del mundo, ya que dificultan la toma de medidas adecuadas para lidiar con el problema.

Poco crecimiento


Según las estimaciones de la OCDE, la economía estadounidense prácticamente se estancará y sólo crecerá un 0,3% en el primer trimestre del año. Por otra parte, señaló que la caída del dólar estadounidense llevará a un mayor crecimiento en 2009. Sin embargo, la OCDE espera que la situación en la zona del euro empeore por las repercusiones de la crisis crediticia. En ese sentido espera que la zona euro crezca 1,7% en 2008 y 1,4% en 2009.

El enviado de la BBC al encuentro de la OCDE en su sede de París, Steve Schifferes, señala que a pesar de sus negativos pronósticos la organización considera que lo peor de la crisis crediticia global ya habría pasado. En ese contexto destacó la intervención de los bancos centrales para rescatar a las entidades Bear Stearns en EE.UU. y Northern Rock en el Reino Unido. Nuestro corresponsal apunta, sin embargo, que la OCDE también resaltó que en esos países la falta de disciplina fiscal acorta el espacio para aumentar el gasto público con el fin de contener la desaceleración.

Más pesimista

En sus pronósticos, la OCDE sugiere que países de los principales mercados emergentes, como Brasil, India y China, serán los motores más importantes de la economía mundial en los próximos dos años. Según la organización, esas economías sólo experimentarán una modesta desaceleración, a pesar de la caída en la demanda en sus principales mercados de Occidente.

El director del centro Kiel para la Economía Mundial, Denis Snower, pinta un cuadro más pesimista. “Creo que la economía mundial se desacelerará más rápido de lo que pronostica la OCDE”, señaló. “Puede que ya hayamos visto pasar lo peor de la crisis financiera, pero es probable que sus efectos sobre la economía mundial sean severos”.

Written by Eduardo Aquevedo

5 junio, 2008 at 2:41

UNA RECESION DE INCIERTA SALIDA EN USA. Entrevista a J. Stiglitz

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La periodista Filipina Carmela Cruz entrevistó al Premio Nóbel de Economía Joseph Stglitz para la revista norteamericana de izquierda Foreogn Policy Focus. Stiglitz contribuyó a crear una nueva rama de la economía: “la economía de la información”, destinada a analizar las consecuencias de las asimetrías informativas. En el año 2001 recibió el Premio Nóbel de economía por sus trabajos sobre mercados con información asimétrica.

Sus libros Globalization and Its Discontents y Making Globalization Work tuvieron una amplia recepción. Su ultimo libro, The Three Trillion Dollar War (La Guerra de los tres billones de dólares), publicado en marzo de 2008, analiza los costos de la Guerra de los EEUU en Irak, pero no sólo para los EEUU sino para el mundo entero, y propone una estrategia para la retirada de las tropas norteamericanas.

En una entrevista con Carmela Cruz, Stiglitz compartió sus ideas sobre la recesión en los EEUU y sus consecuencias globales, los ciclos económicos burbuja/estallido de las últimas tres décadas, las “limitaciones de los mecanismos de mercado”, la necesidad de encontrar formas de medir la calidad de vida de las personas distintas –y mejores— que la métrica del PIB y algunos temas de su último libro.

Carmela Cruz: ¿Los EEUU están actualmente en recesión? ¿Esa recesión podría arrastrar al resto del mundo, o algunos países se salvarían y, posiblemente, se produciría una reestructuración del orden económico global?

Joseph Stiglitz: Todo contado, los EEUU están pasando por una gran ralentización, muy probablemente una recesión. Es factible que se trate del peor bajón del último cuarto de siglo, mucho más serio que unas simples medidas correctivas. La crisis afecta al sistema financiero, que es el corazón de la economía.

Si bien el crecimiento de China e India significa que el mundo podría no ser tan dependiente del crecimiento de los EEUU, Norteamérica es todavía la economía más grande del mundo. Una caída de EEUU afectará a todos los países y, por supuesto, a algunos más que a otros. Los países que, como México, son muy dependientes de EEUU para sus exportaciones serán los más afectados.

La caída será otra de las señales del cambio del orden económico global. El mundo ya se está desplazando desde la dependencia del dólar como moneda de reserva, especialmente desde que el dólar ha revelado ser una forma muy pobre de preservar el valor. Que los íconos de EEUU Merril Lynch y Citibank tengan que acudir a fondos soberanos estatales extranjeros para su rescate es mucho más que un mero símbolo.

Cruz: El Congreso de los EEUU aprobó un paquete de estímulo económico de $152 miles de millones para mitigar el impacto de la recesión. ¿Funcionará? ¿con qué costos? ¿cuánto más podrá la Reserva Federal cortar los tipos de interés?

Stiglitz: El paquete de estímulos fue muy exiguo, llegó tarde y estaba mal diseñado. Sí, estimulará la economía, pero no lo suficiente para impedir una gran ralentización. No se diseñó para maximizar el efecto de la intervención pública, el estímulo por dólar del gasto de déficit. Por ejemplo, hubiera sido mucho mejor aumentar el seguro de desempleo. Tampoco estuvo diseñado para enfrentar los problemas a largo plazo de Norteamérica. Después de todo, el bajo consumo familiar no es un gran problema en los EEUU. Y muchos hogares fuertemente endeudados usarán el dinero para cancelar sus pesadas deudas.

Uno de los problemas es que los excesos de deuda y de déficit dificultan el diseño de un paquete de estímulos adecuado.

Cruz: En los últimos treinta años, al menos 100 crisis financieras han hecho estragos en el mundo, todas ellas precedidas de un ciclo de boom y estallido de burbuja. ¿Tan ineptos han sido los bancos privados, los bancos centrales y las instituciones financieras como para no haber podido evitar unos desastres que habrían podido predecir, en algunos casos, años antes de que ocurrieran? ¿Es posible poner fin a este ciclo sin desafiar seriamente los límites impuestos por el capitalismo?

Stiglitz: Durante años los expertos predijeron este bajón. Todavía hoy, los sistemas de gestión del riesgo que emplean los bancos y las agencias de crédito no alcanzan a reconocer los problemas profundos y esenciales. Esto sugiere que, a pesar de todos los avances en las técnicas de gestión del riesgo, el mecanismo del mercado ciertamente tiene limitaciones que producen booms y estallidos de burbuja a lo largo de la historia del capitalismo

Cruz: En su libro, Making Globalization Work, las soluciones preferidas para problemas como cambio climático, la pobreza, los desequilibrios comerciales y la inestabilidad financiera pasan por un esfuerzo de concertación valiente entre las naciones. Esto incluye un impuesto uniforme para las emisiones de gases tóxicos, y un mayor control de las actuales instituciones internacionales, como el FMI, o la creación de nuevas instituciones, como un Sistema de Reserva Mundial. Sus críticos señalan que esto es utópico e inalcanzable, dadas las actuales asimetrías e injusticias. Ciertamente, para que los gobiernos nacionales y las instituciones internacionales estén preparados para un mundo globalizado más equitativo, es necesario que estén ancladas en una simetría estable entre la libertad individual y la responsabilidad. ¿No entrañaría esto revertir la globalización, más que rediseñarla, que es lo que usted. ha propuesto?

Stiglitz: En mi libro Making Globalization Work, presenté una agenda amplia y no simplemente una idea sobre la orientación que teníamos que tomar; pasos concretos a dar en lo inmediato, que al menos harían que la globalización funcionara mejor. Cuando diseñaba esta agenda programática, yo era perfectamente consciente de las distintas fuerzas que han inhibido el cambio –incluidos quienes se han beneficiado del sistema actual—, y fui particularmente cuidadoso a la hora de identificar aquellas reformas mediante las cuales todos los individuos, o al menos, la gran mayoría, resultarían ganadores.

Cruz: ¿Cómo afectaría un proteccionismo mayor de los EEUU – resultante de los problemas económicos actuales— a la promoción de la globalización?

Stiglitz: Siempre hubo un ingrediente de hipocresía en la política comercial norteamericana y en su retórica. Los acuerdos de libre comercio deberían llamarse con mayor exactitud acuerdos dirigidos de comercio. Los representantes del comercio norteamericano con frecuencia han ignorado los efectos adversos de los acuerdos comerciales en muchos de los países en desarrollo. Hoy se ha comenzado a hablar del descenso del nivel de vida, y no solo de quienes están más abajo sino también en el medio, personas cuyos intereses han sido virtualmente ignorados por la administración Bush. Y esto hace que las reformas en la globalización del comercio del tipo de las que hablo en mi libro resulten imperativas.

Cruz: Usted. ha elogiado el éxito económico del Este Asiático, a pesar de los bajos niveles de reconocimiento de derechos humanos en algunos países. Pero, como economista del Banco Mundial, hablaba de que la lucha contra la corrupción era un ingrediente fundamental para el desarrollo, y en su disertación en la entrega del Premio Novel citó las ideas de John Maynard Keynes sobre las decisivas influencias de la economía y la filosofía política en la estructuración del mundo. ¿Estaba Ud. preparado para reconocer el imperativo moral de no solamente elevar la economía, sino también la vida de las personas?

Stiglitz: Siempre he dicho que el éxito es algo más que el aumento del PIB, y que perseguir de manera implacable el aumento del PIB, de hecho, puede llevar a largo plazo a bajar el nivel de vida. En este momento soy el encargado de la Comisión de Medición del Rendimiento Económico y el Progreso Social que creó el Presidente de Francia con miembros de todo el mundo. Lo que medimos afecta aquello que hacemos. No sólo existe el imperativo moral de aumentar el PIB, sino también de elevar el nivel de vida, y necesitamos mejores métodos para medir nuestro éxito en alcanzar esos objetivos.

Cruz: ¿De qué trata su ultimo libro?

Stiglitz: Mi ultimo libro, The Three Trillion Dollar War: The True Costs of the Iraq Conflict, escrito en colaboración con Linda Bilmes de la Kennedy School, Universidad de Harvard, muestra justamente lo costosa que ha sido esta Guerra equivocada. Ahora mismo es la segunda guerra en cuanto a su duración, y la segunda más costosa en la historia de los EEUU. ¡Más costosa incluso que la Primera Guerra mundial, luego de ajustar los costos de acuerdo a la inflación! Hemos calculado los costos para el Presupuesto y para la economía Norteamericana. Pero los costos, tal como los hemos evaluado, van mucho más allá. Hay costos para la economía global, y están los perjuicios generados en Irak. También costos en la seguridad norteamericana. Mientras nos ocupábamos de las armas de destrucción masiva inexistentes en Irak, se sumó otro país al Club nuclear; mientras nos ocupábamos de un país que no tuvo conexión con el 11/9, las cosas empeoraban en Afganistán, un país que sí la tuvo. Norteamérica es hoy menos segura, y nuestras fuerzas armadas –agotadas, luego de cinco años de combate— están en peor situación para enfrentarse a las amenazas que podamos sufrir en un futuro.

El libro concluye con una serie de recomendaciones políticas: cómo prevenir, o al menos hacer menos probables, los problemas que hemos detectado. Por ejemplo, ninguna nación debería depender de apropiaciones de emergencia durante cinco años de guerra. Norteamérica ha engañado a sus tropas y a los veteranos que han retornado: una política miope que no sólo es inmoral, sino que es también costosa. En el libro presentamos reformas concretas para terminar con esos abusos. Y lo que es más importante, hemos diseñado un marco para pensar una estrategia exitosa. La administración Bush reflexionómuy poco antes de embarcarse en esta aventura mal concebida.

Written by Eduardo Aquevedo

5 junio, 2008 at 2:01

Publicado en CRISIS, ECONOMIA MUNDIAL, USA

LA GUERRA DE LOS 3 BILLONES DE DOLARES, J. Stiglitz

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Written by Eduardo Aquevedo

4 junio, 2008 at 6:18

Publicado en ECONOMIA MUNDIAL, USA

LA ECONOMIA DE EE.UU. DESGARRADA POR LA GUERRA, según J. Stiglitz

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Algunos dicen que las próximas elecciones estadounidenses se centrarán en dos temas: la guerra de Irak y la economía. En los momentos en los que la guerra parece ir mejor de lo que se esperaba y la economía peor, la segunda eclipsa a la primera. Pero ninguna de las dos cosas va bien. En cierto sentido, no hay más que un solo tema, la guerra, que ha exacerbado los problemas económicos de Estados Unidos. Y, cuando la mayor economía del mundo está enferma -y está muy enferma-, todo el mundo sufre.

Antiguamente, se pensaba que las guerras eran buenas para la economía. Al fin y al cabo, es opinión general que la Segunda Guerra Mundial ayudó a levantar la economía mundial tras la Gran Depresión. Sin embargo, al menos desde Keynes, sabemos cómo estimular la economía por métodos más eficaces y capaces tanto de aumentar la productividad a largo plazo como de mejorar los niveles de vida.

Pero esta guerra, en concreto, no ha sido buena para la economía por tres motivos. En primer lugar, ha contribuido a subir los precios del petróleo. Cuando Estados Unidos emprendió la guerra de Irak, el crudo costaba menos de 25 dólares (16 euros actuales) el barril, y los mercados de futuros esperaban que se mantuviera en ese nivel durante diez años. Los expertos en futuros eran conscientes del crecimiento de China y otros mercados emergentes, pero confiaban en que el suministro -sobre todo, de los proveedores de bajo coste de Oriente Próximo- aumentara de manera paralela a la demanda.

La guerra alteró la ecuación. La subida de los precios del petróleo significa que los estadounidenses (y los europeos, y los japoneses) están pagando cientos de millones de dólares a los dictadores de Oriente Próximo y a los exportadores de crudo en otros países, en vez de gastar ese dinero en casa.

Además, el dinero de Estados Unidos dedicado a la guerra de Irak no estimula la economía de este país tanto como el que podría invertirse en carreteras, hospitales y escuelas, y tampoco contribuye de la misma forma al crecimiento a largo plazo. Los economistas utilizan la expresión “éxito por dólar”, es decir, cuánto estímulo económico proporciona cada dólar que se gasta. Y es difícil imaginar menos “éxito por dólar” que el del dinero que se paga a un contratista nepalés que trabaja en Irak.

Con la salida de tantos dólares al extranjero, la economía estadounidense debería haber evidenciado desde hace tiempo una situación mucho más débil de lo que parecía. Sin embargo, al mismo tiempo que el Gobierno de Bush intentaba ocultar los verdaderos costes de la guerra mediante una contabilidad incompleta y confusa, los fallos de la economía permanecieron ocultos gracias a una inyección de liquidez de la Reserva Federaly una normativa fiscal poco estricta.

Se inyectó tanto dinero en la economía y los reguladores fueron tan poco rigurosos que uno de los principales bancos de Estados Unidos hizo publicidad de sus préstamos con el lema “Cualificado desde que nace”; es decir, en la práctica, no había que cumplir ningún requisito para obtener un crédito. En cierto sentido, la estrategia funcionó: la burbuja inmobiliaria alimentó el auge del consumo mientras la tasa de ahorro se desplomaba a cero. Las debilidades económicas quedaron pospuestas hasta fecha posterior; el Gobierno de Bush confiaba en que no habría que rendir cuentas hasta después de noviembre de 2008. Pero la situación empezó a empeorar en agosto de 2007.

El Gobierno de Bush ha reaccionado ahora con un paquete de estímulos que es demasiado escaso, llega demasiado tarde y está mal diseñado. Para ver lo insuficiente que es, no hay más que compararlo con los más de 1.500 billones de dólares que constituyeron los préstamos con garantía hipotecaria en los últimos años, gastados, en su mayor parte, en consumo. Esa apuesta -basada en la convicción de que los precios de la vivienda iban a seguir subiendo sin cesar- ya no puede sostenerse.

Con la caída de los precios de la vivienda (que va a continuar) y con los bancos inseguros sobre su situación financiera, las instituciones de préstamo no prestarán y las familias no pedirán prestado. Por tanto, aunque es posible que la liquidez inyectada en el sistema financiero por la FED haya impedido el desastre, no va a estimular demasiado el consumo ni la inversión. Por el contrario, irá a parar en gran parte al extranjero. En China, por ejemplo, están preocupados por la posibilidad de que el estímulo de la FED contribuya a aumentar su inflación nacional.

Existe un tercer motivo por el que la guerra de Irak es también negativa desde el punto de vista económico para Estados Unidos. No sólo este país se ha gastado ya mucho dinero en ella -12.000 millones de dólares mensuales, y suma y sigue-, sino que queda aún mucho por pagar, como los gastos de compensación y asistencia sanitaria al 40% de veteranos que vuelve con algún tipo de discapacidad, en numerosos casos muy grave.

Además, esta guerra se ha financiado de manera distinta a cualquier otra guerra de la historia de Estados Unidos y, tal vez, de la historia reciente de cualquier país. Lo normal es que los países pidan un sacrificio común, del mismo modo que piden a sus jóvenes, hombres y mujeres, que arriesguen sus vidas. Se suben los impuestos y se produce un debate sobre qué parte de la carga hay que pasar a las generaciones futuras. Pero en esta guerra no ha habido esa discusión. Cuando Estados Unidos la inició había un déficit. Sin embargo, cosa extraordinaria, Bush pidió y obtuvo un insensato recorte fiscal para los ricos. Eso significa que cada dólar que se ha gastado en la guerra se ha pedido prestado.

Por primera vez desde la Guerra de Independencia de Estados Unidos, hace dos siglos, el país ha tenido que recurrir a acreedores extranjeros, porque las familias estadounidenses no han ahorrado nada. Las cifras son difíciles de creer. La deuda nacional ha aumentado un 50% en ocho años, y casi un billón de dólares de ese aumento es debido a la aventura bélica iraquí; una cantidad que seguramente se incrementará a más del doble en los próximos 10 años.

¿Quién iba a pensar que una Administración podía hacer tanto daño en tan poco tiempo? Estados Unidos y el mundo seguirán pagando las consecuencias durante decenios.

Joseph E. Stiglitz es catedrático de Economía en la Universidad de Columbia y premio Nobel de Economía en 2001. Su último libro, escrito en colaboración con Linda Bilmes, es The three trillion dollar war: the true costs of the Iraq conflict. © Project Syndicate, 2008. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

Written by Eduardo Aquevedo

4 junio, 2008 at 6:02

Publicado en ECONOMIA, ECONOMIA MUNDIAL, USA

LA SOCIOECONOMIA, E. Aquevedo

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¿Qué es la socioeconomía? Se trata de una nueva propuesta y corriente integradora del análisis económico vinculado orgánicamente a la sociología, en particular, pero con importantes puentes hacia la antropología, la ciencia política, la psicología y la historia. Su finalidad es analizar y comprender los hechos económicos esenciales (producción, consumo, distribución, mercado, salarios, empleo, ingresos, crecimiento, desarrollo, etc.) dentro de su contexto pluridimensional, donde las estructuras socio-políticas y culturales juegan roles decisivos.

En este sentido es un enfoque innovador además de integrador, que se sustenta en diversas corrientes de pensamiento dentro de la tradición económica heterodoxa (escuela de la regulación, institucionalismo, convencionalismo, marxismo, etc.), que hasta hace menos de dos décadas existían de modo disperso o diferenciado. Ahora, integrados en el marco de la socioeconomía, no solo cuestionan la visión neoclásica como en el pasado, sino que además buscan generar nuevos análisis y conocimientos sobre la realidad económico-social y elaborar propuestas y soluciones en este mismo ámbito.

En el año de 1989 se funda en la Universidad de Harvard la Sociedad para el Avance de la Socioeconomía, SASE (Society for the Advancement of Socioeconomics). Esta sociedad cuenta entre sus miembros de honor a economistas y sociólogos del más alto prestigio internacional como K.Boulding, A. Hirchman, J. Galbraith, A. Sen, H.Simon, P. Bourdieu, M. Douglas, N. Smelser y Robert Boyer. La sociedad cuenta como órgano de difusión del resultado de las investigación del campo con el The Journal of Socioeconomics. Los propósitos de la SASE son en síntesis los siguientes:

1.- Promover una mayor comprensión del comportamiento económico y sobre todo de los mecanismos de decisión a través de una amplia y variada selección de disciplinas académicas.

2.- Promover el estudio y la investigación de las implicaciones políticas y culturales que se derivan de un entendimiento pluricontextual (social, psicológico, histórico, filosófico y ético) del comportamiento económico dentro de comunidades.3.- Servir de espacio de intercambio de ideas y experiencias a nivel global.

La Sociedad para el Avance de la Socioeconomía (SASE) está presente en más de 30 países. La sede central de la SASE está en los Estados Unidos y en diversos países, en Europa en particular, existen ya cátedras de socioeconomía, tanto a nivel de pregrado y de postgrado. En chile, en la Universidad de Valparaíso, fue creada recientemente la primera Licenciatura en Socioeconomía.

¿Cual es entonces el campo de actividad disciplinaria y las problemáticas que aborda la Socioeconomía? Como se desprende de su desarrollo en otros países, su campo de actividad y preocupación es el conjunto de temáticas económicas clásicas, desde la producción y el consumo, hasta la formación de los salarios y la distribución del ingreso, pasando por la organización y dinámicas del mercado de trabajo, así como la problemática del crecimiento y del desarrollo, integrados y sobredeterminados por sus particulares contextos socio-políticos y culturales, como ya se dijo antes. En esta integración interdisciplinar es posible comprender de manera más real cada uno de esos fenómenos económicos clásicos, interactuando con procesos regulatorios, de convenciones socio-institucionales, o de intereses sociales y políticos subyacentes. Así cobran relevancia especial, por ejemplo, temas como el capital social y cultural en los procesos de desarrollo, las redes y vínculos sociales, así como los conflictos políticos y los intereses y pugnas de las diferentes clases sociales en la formulación e implementación de las políticas socio-económicas.

¿Cual podría ser, en fin, su orientación profesional y perspectivas laborales? De manera sintética, digamos sólo que un socioeconomista es entonces aquel profesional que, armado de una sólida formación teórica interdisciplinaria (económica y sociológica en particular), metodológica e instrumental, puede asumir roles y funciones en un mercado laboral exigente.

Written by Eduardo Aquevedo

4 junio, 2008 at 3:49

La sociología, ¿es una ciencia?. Entrevista con Pierre Bourdieu…

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Entrevista con Pierre Bordieu. La sociología. ¿es una ciencia?, en La Recherche, Francia.

La sociología es en plenitud una ciencia, pero sí una ciencia dífícil. Al contrario de las ciencias consideradas puras, ella es por excelencia la ciencia que se sospecha de no serlo. Hay para ello una buena razón: produce miedo. Porque levanta el velo de cosas ocultas, incluso reprimidas.

La Recherche: Comencemos por las cuestiones más evidentes: las ciencias sociales, y la sociología en particular, ¿son verdaderamente deudas? ¿Por qué siente Ud. la necesidad de reivindicar la cientificidad?

Pierre Bourdieu: La sociología me parece tener todas las propiedades que definen una ciencia. Pero, ¿en qué grado? La respuesta que podemos hacer varía mucho según los sociólogos. Diré solamente que hay mucha gente que se dice o se cree sociólogos y que confieso tener dificultad en reconocerles como tales (es el caso también, en grados diferentes, en todas las ciencias). En todo caso, hace mucho tiempo que la sociología salió de la prehistoria, es decir de la edad de las grandes teorías de la filosofía social con la cual los profanos a menudo la identifican. El conjunto de los sociólogos dignos de ese nombre se ajusta a un capital de logros, de conceptos, de métodos, de procedimientos de verificación. No obstante, por diversas razones sociológicas evidentes, y entre los cuales porque ella juega el rol de disciplina refugio, la sociología es una disciplina muy dispersa (en el sentido estático del término), y esto en diferentes puntos de vista. Así se explica que ella dé la apariencia de una disciplina dividida, más próxima de la filosofía que las otras ciencias. Pero el problema no reside allí: si somos de tal manera detallistas acerca de la cientificidad de la sociología es porque ella perturba.

La Recherche: Los sociólogos entonces, ¿son objeto de una sospecha particular?

Pierre Bourdieu: La sociología tiene efectivamente el triste privilegio de encontrarse sin respiro confrontada a la cuestión de su cientificidad. Se es mil veces menos exigente con la historia o la etnología, sin hablar de la geografía, de la filología o de la arqueología. Siempre interrogado, el sociólogo se interroga e interroga siempre. Esto hace creer en un imperialismo sociológico:¿qué es esta ciencia emergente, vacilante, que se permite someter a examen a las otras ciencias? Yo pienso, por supuesto, en la sociología de la ciencia. De hecho, la sociología no hace más que plantear a las otras ciencias preguntasque se plantean a ella de manera particularmente aguda. Si la sociología es una ciencia crítica, es quizás porque ella misma se encuentra en una posición crítica. La sociología crea problemas, como se dice.

La Recherche: ¿La sociología provoca miedo?

Pierre Bourdieu: Si, porque saca el velo que existe sobre cosas escondidas y a veces reprimidas. Ella revela, por ejemplo, la correlación entre el éxito escolar, que se identifica con la inteligencia, y el origen social o, más aún, con el capital cultural heredado de la familia. Son verdades que los tecnócratas, los epistemócratas (es decir buena cantidad de aquellos que leen la sociología y de los que la financian) no quieren oír. Otro ejemplo: la sociología muestra que el mundo científico es el lugar de una competencia que está orientada por la búsqueda de beneficios específicos (premios Nóbel y otros, prioridad del hallazgo, prestigio, etc.) y conducida en nombre de intereses específicos (es decir irreductibles a los intereses económicos en su forma ordinaria y percibidos por lo mismo como "desinteresados"). Esta descripción cuestiona evidentemente una hagiografía científica en la cual participan a menudo los científicos y de la cual éstos tienen necesidad para creer lo que hacen.

La Recherche: De acuerdo: la sociología aparece a menudo como agresiva y perturbadora, Pero, ¿por qué se requiere que el discurso sociológico sea "científico"? Los periodistas también plantean preguntas molestas; ahora bien, ellos no reivindican su pertenencia a la ciencias ¿Por qué es decisivo que haya una frontera entre la sociología y un periodismo crítico?

Pierre Bourdieu: Porque hay una diferencia objetiva. No es una cuestión de vanidad. Hay sistemas coherentes de hipótesis, de conceptos, de métodos de verificación, todo cuanto se adjunta comúnmente a la idea de ciencia. Por consiguiente, ¿por qué no decir que es una ciencia si lo es realmente? Ciertamente es una cuestión muy importante: una de las maneras de zafarse de verdades molestas es decir que ellas no son científicas, lo que quiere decir que ellas son políticas, es decir suscitadas por el interés, la pasión, por lo tanto relativas y relativizables.

La Recherche: Si se plantea a la sociología la cuestión de la cientificidad, ¿no es también porque ella se ha desarrollado con cierto retraso con respecto a las otras deudas?

Pierre Bourdieu: Sin duda, pero ese retraso se debe al hecho de que la sociología es una ciencia especialmente difícil. Una de las dificultades mayores reside en el hecho de que sus objetos son espacios de lucha: cosas que se esconden, que se censuran; por las cuales se está dispuesto a morir. Es verdad también para el investigador mismo que se encuentra en juego en sus propios objetos. Y la dificultad particular que enfrenta la sociología se debe muy a menudo a que las personas tienen miedo de lo que van a encontrar. La sociología confronta sin cesar a aquél que la practica a realidades rudas, ella desencanta. Es el por qué, contrariamente a lo que a menudo se cree, afuera y adentro, ella no ofrece ninguna de las satisfacciones que la adolescencia busca frecuentemente en el compromiso político. De ese punto de vista, ella se sitúa al polo opuesto de las ciencias llamadas puras (o de las artes puras), que son sin duda por una parte, refugios en los cuales tienden a aislarse para olvidar el mundo, universos depurados de todo lo que causa problema, como la sexualidad o la política. Es el por qué los espíritus formajes o formalistas hacen en general una sociología lastimosa.

La Recherche: Ud. muestra que la sociología interviene a propósito de cuestiones socialmente importantes. Eso plantea el problema de su neutralidad, de su objetividad el sociólogo, ¿puede permanecer por encima de las pugnas, en posición de observador imparcial?

Pierre Bourdieu: La sociología tiene como particularidad tener por objeto campos de lucha: no solamente el campo de las luchas de clases sino el campo de las luchas científicas mismo. Y el sociólogo ocupa una posición en esas luchas: de partida, en tanto que detentor de un cierto capital económico y cultural, en el campo de las clases; enseguida, en tanto que investigador dotado de cierto capital específico, en el campo de la producción cultural y, más precisamente, en el sub-campo de la sociología. Esto, él debe tenerlo siempre en mente con el fin de discernir y controlar todos los efectos que su posición soca puede tener sobre su actividad científica. Es la razón por la cual la sociología de la sociología no es, para mí, una especialidad entre otras, sino una de las condiciones primeras de una sociología científica. Me parece en efecto que una de las causas principales del error en sociología reside en una relación incontrolada del objeto. Es entonces capital que el sociólogo tome conciencia de su propia posición. Las posibilidades de contribuir a producir la verdad me parecen en realidad depender de dos factores principales, que están ligados a la posición ocupada: el interés que se tiene en saber y en hacer saber la verdad (o, inversamente, a esconderla o a escondérsela) y la capacidad que se tiene de producirla.

Se conoce la expresión de Bachelard: No hay ciencia sino de lo escondido. El sociólogo está mejor armado para descubrir lo escondido por el hecho de estar mejor armado científicamente, de que utiliza mejor el capital de conceptos, de métodos, de técnicas, acumulado por sus predecesores, Marx, Durkheim, Weber, y muchos otros, y que es más crítico; que la intención consciente o inconsciente que le anima es más subversiva, que tiene más interés en sacar a luz lo que está censurado, reprimido en el mundo social. Y si la sociología no avanza más rápido, como la ciencia social en general, es tal vez, en parte, porque esos dos factores tienden a variar en sentido inverso.Si el sociólogo llega a producir, aunque fuere un poco de verdad, no está bien que él tenga interés en producir esa verdad, sino porque existe interés. Lo que es exactamente lo contrario del discurso un poco tonto sobre la neutralidad. Este interés puede consistir, como en todas partes, en el deseo de ser el primero en hacer un hallazgo y de apropiarse de todos los beneficios asociados, o en la indignación moral, o en la rebelión contra ciertas formas de dominación y contra aquellos que las defienden al interior del campo científico, etc. En síntesis, no hay una Inmaculada Concepción. Y no habrían muchas verdades científicas si se debiera condenar tal o cual descubrimiento (basta con pensar en la "doble hélice") so pretexto de que las intenciones o los procedimientos no fueron muy puros.

La Recherche: Pero, en el caso de las ciencias sociales, el "interés", la "pasión", el "compromiso", ¿NO pueden conducir al enceguecimiento?

Pierre Bourdieu: En realidad, y es lo que constituye la dificultad particular de la sociología, esos "intereses", esas "pasiones", nobles o ignominiosas, no conducen a la verdad científica sino en la medida en que están acompañadas de un conocimiento científico de lo que las determina, y de los límites así impuestos al conocimiento. Por ejemplo, todos saben que el resentimiento ligado al fracaso no hace más lúcido acerca del mundo social sino encegueciendo respecto del principio mismo de esa lucidez. Pero eso no es todo. Más una ciencia es avanzada, más el capital de saberes acumulados es importante y más las estrategias de subversión, de crítica, cualesquiera sean las "motivaciones", deben, para ser eficaces, movilizar un saber importante. En física, es difícil triunfar sobre un adversario recurriendo al argumento autoridad o, como sucede todavía en sociología, denunciando el contenido político de su teoría. Las armas -de la crítica deben ser científicas para ser eficaces. En sociología, al contrario, toda proposición que contradice las ideas incorporadas está expuesta a la sospecha de una opción ideológica, de una toma de posición política. Aquélla choca con intereses sociales: los intereses de los dominantes que tienen una opción por el silencio y por el "buen sentido", los intereses de los portavoces, de los altoparlantes, que necesitan ideas simples, simplistas, consignas. Es la razón por la cual se le pide mil veces más pruebas (lo que, de hecho, está muy bien) que a los voceros del "buen sentido". Y cada descubrimiento de la ciencia desencadena un inmenso trabajo de "crítica" retrógrada que acapara todo el orden social (los créditos, los puestos, los honores, por lo tanto la creencia) y que apunta a enterrar lo que había sido descubierto

In: La Recherche N0 331, Mayo de 2000.Traducción: Manuel Antonio Baeza R. Concepción, Diciembre de 2000.

Written by Eduardo Aquevedo

4 junio, 2008 at 0:34

POLEMICA. BITRAN RESPONDE A MICHAEL PORTER

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Bitran responde a críticas por innovación: “Veo al señor Porter mal informado”

Un dejo de molestia frente a las críticas realizadas por el académico de Harvard, Michael Porter, expresó el presidente del Consejo de Innovación, Eduardo Bitran. El profesor sostuvo que Chile tiene un bajo nivel de innovación en los procesos de las diferentes industrias y sectores. “Chile cuenta con gente con mucha capacidad”, pero esto no se traduce en mayor innovación. Además, agregó que el país carece de una “estrategia” para el crecimiento.

- ¿Cómo evalúa las críticas de Michael Porter?

- Veo al señor Porter mal informado. El año 2005 se estableció el Consejo Nacional de Innovación para la competitividad y hace un par de meses se entregó una propuesta global y muy agresiva para dar un salto al desarrollo en esas materias. Y la propuesta aborda exactamente los conceptos que él definió: 11 clusters prioritarios en los que se está trabajando sistemáticamente.

- Se ha ido lento…

- Es verdad que él viene hablando sobre esto por más de 10 años y como país hemos tomado esta visión en los últimos 3 años. El tema es que cuando a los países como Chile les va bien, cuesta darse cuenta que hay que hacer algo distinto. El crecimiento no es algo que se resuelva de la noche a la mañana.

- ¿Qué se puede hacer?

- Ha caído el rendimiento de la productividad de factores a 1% y si queremos llegar al desarrollo, necesitamos duplicar ese guarismo. Eso requiere un cambio de estrategia que está planteado en el Consejo de Innovación y el discurso del 21 de mayo recoge dos ideas: profundizar la formación técnico-profesional y la creación del Fondo de US$ 6 mil millones para la formación de post grado. Eso es dar un salto de verdad.

- ¿Se necesita flexibilidad en el mercado laboral, como propuso Porter?

- Si Chile quiere crecer rápido, también tiene que hacer una inflexión tanto en la incorporación de la mujer como de los jóvenes y para ello es necesario, sin duda, mirar las regulaciones.

Los riesgos

- ¿Cuáles son los riesgos que enfrenta Chile?

- Si queremos hablar de crecimiento, apuntemos al capital humano, a innovación, a la flexibilidad microeconómica y no enredarse en el corto plazo. Seguir bajando los impuestos como una manera de resolver el crecimiento, reduce la tasa de ahorro de la economía, aprecia el tipo de cambio y tiene un impacto negativo en la competitividad.

- Hay una fuerte presión para eliminar el impuesto al diésel…

- El impuesto al diésel compensa el uso que los camiones hacen de las carreteras. Si la propuesta es para enfrentar la coyuntura en el corto plazo la aplaudimos, si es permanente, afectará la competitividad de largo plazo, generando una distorsión en la partición modal del transporte de carga.

- También existe una propuesta para un Consejo Pro-Crecimiento…

- Tengo miedo que esa propuesta en realidad apunte a un comité pro rebaja de impuestos. Además, los temas de crecimiento están siendo abordados en el Consejo de Innovación.

Written by Eduardo Aquevedo

2 junio, 2008 at 12:08

Publicado en CHILE, ECONOMIA

CHINA, INDIA: POTENCIAS ECONOMICAS

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Estas dos economías, que juntas concentran al 37% de la población mundial, continúan progresando a toda velocidad, creciendo a tasas de 11,2% y 9%.

Estrategia.cl

Chinindia, un nuevo término se creó para encerrar en una palabra el fenómeno que remece al mundo con la fuerza de un volcán, y que obliga a todos a mirar hacia esa zona del globo terrestre, que está siendo el epicentro de una de las transformaciones más relevantes de la historia de la humanidad.

Juntos, estos dos países asiáticos que comparten una frontera, representan -por ahora- el 7,8% del PIB mundial y un 37% de la población del planeta, manteniendo ambos en lo demográfico una considerable distancia con otras naciones. En efecto, China tiene poco más de mil 300 millones de habitantes e India se acerca a mil 200 millones, mientras que Estados Unidos, el país más próximo a estos dos gigantes, apenas se empina por encima de las 300 millones de personas.
Sin desmerecer los alcances de las siderales brechas demográficas que separan a estos dos colosos del resto del mundo, lo verdaderamente relevante es el profundo cambio económico y social que están experimentando ambos países.

En los últimos cinco años China ha venido creciendo a tasas de dos dígitos, con un dinamismo que lejos de desfallecer, parece ir cobrando cada vez más fuerza. Según el FMI, China se expandió 10,4% en 2005, 11,1% en 2006 y crecería 11,2% este año y 10,5% en 2008. India, en tanto, en 2005 y 2006 creció a ritmos de 9% y 9,7% , este año aumentaría el PIB en 9% y el próximo en 8%.

Cambios Sociales

A toda máquina progresan estas megaeconomías, y el factor clave es que están viviendo cambios profundos al interior de sus sociedades. Hasta hace algunos años, China e India eran países muy grandes, pero muy pobres. Pero esto ha cambiado.

La clase media en India, segmento que se define como el formado por personas que ganan entre US$4.545 y US$23.000 al año, se ha triplicado en los últimos 20 años, hasta alcanzar una masa de 300 millones de individuos. Esto equivale a poco menos que el total de la población de Estados Unidos. Pero lo más importante no es lo que se ha avanzado, sino lo que está por venir.
Un ejemplo claro es el mercado de la telefonía móvil. India posee el más dinámico en todo el mundo, y lo asombroso es que apenas un 16% de la población india tiene hoy un celular.

También son cifras que reflejan el potencial de crecimiento de esta nación, las estadísticas que muestran que la mitad de la población india no tiene por ahora acceso a financiamiento bancario o de alguna entidad crediticia. O aquella que muestra que apenas 7 de cada mil personas poseen un auto, frente a los 500 de cada mil que registran los países de Europa. Previendo el explosivo aumento que continuará mostrando la demanda interna en India, las multinacionales asentadas en el país de los elefantes no paran de construir en sus confines, nuevas plantas industriales. General Motors, por ejemplo, está invirtiendo US$300 millones en levantar su segunda fábrica en India, preparándose para al aumento al triple que tendrán en esa nación las ventas de autos en los próximos ocho años.

Y qué decir del mercado de la extrema riqueza, un nicho que se estima hoy está conformado por más de mil hogares indios que tienen activos por encima del millón de dólares, cada uno. Estas transformaciones explican que la inversión extranjera en India haya pasado de US$452 millones en 1995 a US$5.335 millones en 2004, y que más de 200 compañías de las Fortune 500 hayan tercerizado sus servicios y soportes en empresas indias.

China


Si las cifras de India son sorprendentes, las de China provocan más asombro todavía. Este país no sólo es la gran fábrica del mundo, sino que también se está transformando en el gran consumidor del planeta. De aquí a 8 años será el mayor productor de autos del mundo y también el principal comprador, porque las ventas de automóviles ya se duplican año a año en ese mercado.

La población china, que está aumentando su poder adquisitivo al crecer la economía a ritmos de 11%, está viviendo una drástica transformación alentada por procesos como el éxodo desde el campo a la ciudad, migración que entre otros efectos, está provocando cambios en los hábitos de consumo y que llevan a demandar productos que antes no formaban parte de su dieta alimenticia tradicional o de su canasta de productos básicos. A la vez, los analistas están subrayando el fuerte aumento en el consumo que muestra China como una señal de que el país está liberándose de su dependencia de la inversión y las exportaciones, para su crecimiento. Un dato que justifica considerar a China e India como el epicentro económico del mundo, es que estos dos países, más Rusia, darán cuenta de la mitad del crecimiento mundial este año.

Beneficios Para el Mundo

En su última actualización, el FMI elevó su pronóstico de crecimiento para China en 1,2 punto porcentual al prever una expansión de 11,2% este año. De este modo, China, junto con India, otros mercados emergentes, y Alemania y Japón; está proveyendo una compensación todavía más fuerte que la proyectada hace tres meses, al debilitamiento que está experimentado Estados Unidos, permitiendo que la economía del mundo extienda su actual fase de crecimiento más rápido en tres décadas.

Más a largo plazo, el factor estabilizador de las economías de China e India es clave. En los años 90 en Asia había 100 millones de personas de clase media, y hoy ese número ha aumentado a 800 millones, es decir, una cifra mucho mayor a la existente en Europa y América Latina. “Es una masa de consumidores que ya está pensando en el próximo automóvil, en educación de calidad para los hijos, o en la casa propia. Eso proporciona una gran estabilidad”, puntualiza un avezado observador de las economías asiáticas.

Written by Eduardo Aquevedo

2 junio, 2008 at 11:38

Publicado en ECONOMIA MUNDIAL

DESIGUALDAD Y DESARROLLO HUMANO EN EL MUNDO. CAPITULO DEL INFORME DEL PNUD 2005

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Written by Eduardo Aquevedo

1 junio, 2008 at 13:19

EXCLUSION SOCIAL, PRODUCTO NECESARIO DEL NEOLIBERALISMO. Entrevista a L. Wacquant

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Se presenta como un “sociólogo urbano”, estudia la
transformación de las ciudades y la marginalidad social y es considerado el principal discípulo de Pierre Bourdieu, el célebre sociólogo francés con quien escribió uno de sus numerosos libros. Su mundo es el de las fronteras entre “el adentro” y “el afuera”, los guetos de Chicago, las periferias de París, los barrios suburbanos de las metrópolis latinoamericanas, el de cómo se trazan las fronteras internas de una sociedad cuando ella queda dominada por la pura lógica del mercado.

Para Loic Wacquant, es un error observar las formas actuales de la marginalidad afuera o detrás nuestro, en el pasado, o en el “atraso”: “ellas están dentro de los espacios y relaciones sociales, delante nuestro, y si no empezamos por reconocerlo no podremos cambiarlo”, dice. Hiperactivo, 47 años, llegó a Buenos Aires, visitó las cárceles, donde asistió a los cursos universitarios que se dictan allí, dio una conferencia y se fue al día siguiente. Vino invitado por la UBA en el marco del 50 aniversario de la Carrera de Sociología, con el auspicio de la Fundación OSDE , Clacso y el Ministerio de Educación.

Se utilizan muchas metáforas y eufemismos para hablar de la marginalidad social: “excluidos del reparto de la torta”, “castigados del modelo”, “bomba de tiempo”, “sectores en problemas”, “condenados de las ciudades”, “parias urbanos” ¿cómo se establece hoy esta relación entre pobreza, exclusión e inseguridad en las grandes metrópolis y sus periferias?

Es cierto, cuando se mira desde lejos o desde arriba, se apela a un discurso exotizante, un discurso del miedo, para el cual los barrios pobres se caracterizan por todo lo que falta. Pero cuando uno mira de cerca se observa que hay una similitud, sí, es el sub-proletariado que vive en los barrios en la parte más baja de la jerarquía de la ciudad; pero esa marginalidad urbana no está configurada de la misma manera en todos lados.

Hay situaciones de exclusión social que son comunes

Sí, claro, se da la experiencia del sentimiento de ser rechazado, el desprecio colectivo, la estigmatización de esos barrios es la misma en Estados Unidos con el gueto y los negros; en Francia, con los suburbios obreros y los inmigrantes; en Brasil, con las favelas, en Argentina con las villas miserias, etc.. Pero, yendo al interior, uno puede descubrir que allí viven personas como tú y yo, que tratan de construir una vida, de sostener una familia, pero que enfrentan limitaciones materiales que son extremas y que sobre todo se ven marcadas por la inestabilidad de vida. Es la imposibilidad, justamente, de asentarse en el mundo del trabajo y de proyectarse hacia el futuro.

Los estallidos de violencia en los suburbios de Francia reflejan una “americanización” de estas formas de exclusión social?

Lo que vemos, sobre todo, es que en Estados Unidos el discurso sobre el gueto y en Francia sobre “las banlieues” esconden la aparición de nuevos regímenes de marginalidad cuya característica principal es la inestabilidad de la condición asalariada. Esa inestabilidad no es una característica de los pobres, sino de los empleos y de la nueva relación salarial que se establece. Se atribuye erróneamente a los pobres rasgos que no se deben a ellos sino a la posición socio-económica en la que están y a la degradación de sus condiciones de vida.

¿En qué se diferencia la marginalidad actual de la de otras épocas no tan lejanas?

Básicamente, en que vivimos una transición del “Welfare” como un derecho a estar protegido de la sanción del mercado, a un “Workfare”, a una obligación de trabajar, de seguir una formación, de dar a la comunidad como contrapartida de la ayuda social que se recibe. De modo que el trabajo deja de ser un derecho para convertirse en un deber del ciudadano, que empuja a los pobres hacia un mercado laboral precario e inestable. Y entonces, se funden y confunden los barrios obreros estables con la economía callejera informal, dominada por actividades ilícitas o criminales, y la violencia y el miedo que estas generan, con gran circulación de armas de fuego y de drogas, más los enclaves marginales, definidos por la experiencia de un estigma de grupo y una decadencia colectiva.

¿Qué papel juega el Estado en estos cambios?

Es fundamental. Tenemos una política estatal que por dos lados aumenta y difunde la inseguridad social. Por el lado de la desregulación económica y por el lado de la restricción de los programas de protección social. Esa turbulencia y esos desórdenes sociales que son creados por la desregulación económica y el retiro de la ayuda social, hay que contenerlos de alguna manera particular.

¿Se los contiene desplegando el Estado penal?

La paradoja es que el despliegue de la policía, de la justicia criminal y las cárceles, es una respuesta que da el Estado a la inseguridad social que las políticas públicas crearon al des-regular la economía y reducir la protección social. Por eso es algo que se ve en el mundo entero. Como escribió Marx, un fantasma recorre el mundo, sí, pero no es el proletariado; es el fantasma del neoliberalismo y sus resultados.

La marginalidad y la exclusión social ¿serían un “logro” del neoliberalismo?

Es el producto necesario del neoliberalismo. En el caso de los ideólogos del neoliberalismo, se lo presenta de dos formas. Una, como un residuo del pasado: “hay mucha gente pobre, hay que esperar hasta que dejen de serlo y seguir ‘neo-liberalizando’ para que dejen de serlo. Y si realmente se des-regula, desaparecerán la desocupación y la pobreza”. La segunda es que se trata de un fenómeno transitorio. Habría una transición entre las sociedades reguladas keynesiana y fordista, y el Estado futuro del neoliberalismo. O sea que habría un período en el que “sí, es cierto, hay muchos daños, hay muchos costos, hay mucha pobreza, pero hay que esperar” .

¿Qué respuesta da a esos argumentos?

Lo que sostengo es que esta marginalidad no es un residuo del pasado, y tampoco es un fenómeno transitorio o efímero. Es un fenómeno que está ligado al desarrollo mismo de los sectores más avanzados de la economía. Y por lo tanto está delante de nosotros, no detrás. Y está aquí para durar. Y mientras se insista en apostar a lo que se llama el camino de la economía avanzada, sin contemplar el cuadro social completo, se seguirá reproduciendo marginalidad avanzada.

¿Cuál sería la respuesta alternativa en el modo de encarar el problema ?

En América Latina se observa desde hace quince años un aumento de la violencia, de la criminalidad, del miedo en las ciudades y, por lo tanto, en reacción a ese aumento de la inseguridad y el miedo el Estado reacciona diciendo: “vamos a activar la policía, la justicia, la prisión”. “Mano dura”. “Tolerancia cero”. Y esa reacción de utilizar el Estado penal para tratar de contener la violencia fracasa porque no toca la causa que es la inseguridad social y económica. Si se deja que la inseguridad económica siga ahí, forzosamente habrá inseguridad criminal Y se puede aumentar la policía, la justicia y las cárceles, se pueden multiplicar por dos, por tres, por cinco y poco se logrará.

Pero Usted mismo señala que el regreso del pleno empleo y el viejo Estado asistencial no es posible ni deseable.

Hacen falta políticas de largo plazo, a cinco, diez, veinte años. (Los políticos deben tener una mirada a largo plazo. Y pensar no sólo en esta generación sino en la generación que viene). Hay que tener el valor, aunque no haya una caída inmediata de la criminalidad, en sostener el crecimiento económico y el mejoramiento de empleo. Aunque es verdad, las nuevas formas de la marginalidad no se resuelven sólo con crecimiento y empleo.

¿Entonces?

Creo que hay que inventar un nuevo Estado social o prepararse para enfrentar desórdenes e inseguridad crónica. Un componente, por ejemplo, es el principio de una renta universal del ciudadano. Que cada familia tenga acceso a un ingreso mínimo independientemente del trabajo. Que los bienes públicos esenciales, la educación, la salud, la seguridad, la vivienda y el transporte sean provistos en una cuota mínima a todo el mundo. Hay que inventar nuevos programas que permitan distribuir de la manera más igualitaria posible esos bienes fundamentales para tener una sociedad democrática. Se puede empezar con un ingreso universal ciudadano o por el acceso a la educación y la formación profesional para toda la vida. Tener políticas de salud pública y de educación muy activas es la mejor lucha contra la criminalidad.

(ddooss.org)

Written by Eduardo Aquevedo

1 junio, 2008 at 10:16

DATOS SOBRE DESARROLLO HUMANO EN TODOS LOS PAISES DEL MUNDO: ULTIMO INFORME DEL PNUD (2007-2008)

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Written by Eduardo Aquevedo

1 junio, 2008 at 10:08

LA GUERRA RED, SOBRE EL 11 DE SEPTIEMBRE DE 2001, por Manuel Castells

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M. Castells, Del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Berkeley

La bárbara matanza de miles de personas en Estados Unidos ha socavado los cimientos de nuestras sociedades, al poner en cuestión los principios de coexistencia y civilidad en que se basan. Pero el 11 de septiembre de 2001 tiene un significado aún más dramático: en esa fecha se ha desencadenado la primera guerra mundial del siglo XXI, una guerra en la que, queramos o no, estamos ya inmersos. ¿Cuál es esa guerra? ¿De quién contra quién? ¿Y cómo se prevé que sea su desarrollo? Sólo entendiendo en qué guerra nos hemos metido podremos actuar sobre la misma, desde nuestra pluralidad de valores e intereses.

No es un choque de civilizaciones, una patraña que propagan quienes reducen la multiculturalidad de nuestra especie a la oposición etnocéntrica entre Occidente y “los otros”. No es un choque de religiones, porque la gran mayoría de musulmanes y la casi totalidad de los gobiernos de países islámicos se oponen al terrorismo y, en buena medida, apuestan por integrarse en la economía global y en la comunidad internacional. Ni tampoco es un choque entre los pobres del mundo y el capitalismo mundial, aunque la exclusión social conduzca frecuentemente a la desesperación de la que se alimenta el fanatismo. Es esencial distinguir esta guerra de la oposición al modelo neoliberal que representa el movimiento antiglobalización, porque esa asimilación conduciría a criminalizar dicho movimiento y a sofocar el gran debate democrático sobre los contenidos de la globalización que apenas se ha iniciado. No. Estamos ante una guerra definida en términos más precisos: es la guerra de las redes fundamentalistas islámicas terroristas contra las instituciones políticas y económicas de los países ricos y poderosos, en particular de Estados Unidos, pero también de Europa occidental, países estrechamente vinculados en su economía, en sus formas de democracia y en su alianza militar (artículo 5 del Tratado de la OTAN). En la raíz de esa guerra hay un rechazo a la marginación de los musulmanes y una afirmación de la supremacía de los principios religiosos del islam como sustento de la sociedad (aunque en una interpretación contradictoria con las enseñanzas profundamente humanistas del Corán). La identidad humillada y el menosprecio cultural y religioso del islam por los poderes occidentales conducen a la resistencia, al llamamiento a la guerra santa. Y esta resistencia se concreta en la oposición a la existencia de Israel y se alimenta de la prepotencia israelí en su opresión del pueblo palestino. Por tanto, es en esa identidad islámica (no árabe) exacerbada y en el proyecto de defensa/imposición de estos valores en todo el mundo, empezando por los países musulmanes, en donde se encuentra el quid de la cuestión.

El mundo al que aspira Ben Laden ya existe: es el Afganistán de los talibán. Esas redes de terror (de algunas de las cuales Ben Laden es el símbolo más que el comandante supremo) se alimentan también de la frustración de sectores (¿o gobiernos?) de algunos países musulmanes, humillados por lo que ellos perciben como el neocolonialismo de los países occidentales. Es posible también que redes terroristas de distinto origen, incluidos sectores de la economía criminal, puedan encontrar formas tácticas de colaboración con las redes islámicas (por ejemplo, la economía de los talibán es altamente dependiente del tráfico de opio que alimenta la llamada “senda turca” de la droga hacia Europa occidental, una red protegida por las mafias albanesas que tuvieron un papel importante en la rebelión de los kosovares).

En suma, de un lado se encuentran Estados Unidos, la Unión Europea y todos aquellos países que de una u otra forma participan en el sistema económico y tecnológico dominante, incluidos Rusia (igualmente enfrentada a las redes islámicas, a partir de Chechenia), Japón, China e India. De otro lado, hay un núcleo duro, irreductible, de redes terroristas del fundamentalismo islámico, con posibles complicidades en algunos gobiernos, con alianzas tácticas con otras redes terroristas y con una simpatía difusa entre sectores populares de países musulmanes. Estas redes variopintas buscan imponer sus objetivos utilizando las únicas armas eficaces en su situación de inferioridad tecnológica y militar: el terrorismo de geometría variable, desde el atentado individual a las matanzas masivas, pasando por la desorganización de la compleja infraestructura material en que se basa nuestra vida diaria (agua, electricidad, comunicaciones). Y contando con la transformación de personas en munición inteligente mediante la práctica generalizada de la inmolación.

Así planteada la guerra, Estados Unidos (un país herido y profundamente motivado en este combate) ha iniciado, con el apoyo de sus aliados (incluida España), la más difícil de las guerras: la guerra contra una red global capaz de rearticularse constantemente y de añadir nuevos elementos conforme otros vayan siendo destruidos, porque se alimenta del fanatismo religioso y de la desesperación social de millones de musulmanes. Por eso esta guerra no se parecerá mucho a la del Golfo. Incluso la muerte y el sufrimiento, jinetes sempiternos del aquelarre bélico, serán distintos esta vez, porque afectarán en mucha mayor medida a los norteamericanos y a sus aliados. Será una guerra cruenta, larga, insidiosa, que llegará a todos los confines, con múltiples reacciones violentas de esas redes multiformes y bien pertrechadas, que sabían lo que se les venía encima y que están preparadas para ello —tal vez con armas químicas y bacteriológicas.

Ahora bien, ¿cómo se ataca a una red? En términos asépticos, que son necesarios para la claridad, y basándome en las investigaciones que sobre estos temas han ido desarrollándose en distintos centros estratégicos de Estados Unidos y Europa, parece necesario distinguir entre tres procesos. El primero es la desarticulación de la red. El segundo consiste en prevenir la reconfiguración de la red. Y el tercero es evitar la reproducción de la red. Es sobre este tercer nivel sobre el que versan la mayoría de las discusiones bien intencionadas de estos días: hay que estabilizar el mundo mediante la incorporación al desarrollo de los hoy excluidos, hay que practicar la tolerancia multicultural y hay que forzar a Israel a aceptar un Estado palestino e imponer a judíos y palestinos la convivencia (difícil pero necesario y no necesariamente imposible si tomamos en serio acabar con ese nido de inestabilidad mundial). Pero esa estrategia de largo plazo solo es practicable después de la guerra. La primera tarea, en la que están ahora los gobiernos occidentales, es la de ganar esa guerra, empezando por la desarticulación de la red. Lo cual requiere, por un lado, la identificación y eliminación de sus nodos estratégicos; es decir, de aquellos en los que reside la capacidad de coordinación y toma de decisiones. De ahí el intento de destruir las bases operativas en Afganistán y en otros lugares aún por determinar. También en ese contexto se plantea la captura o muerte de Ben Laden, tanto por su importancia carismática de profeta del movimiento como por el valor simbólico que tendría su captura. La Unión Soviética fue derrotada en Afganistán, pero las cosas han cambiado. Los guerrilleros islámicos tenían con ellos a la CIA, a Pakistán y a Arabia Saudí.

Y los norteamericanos utilizarán probablemente las nuevas tácticas conocidas genéricamente como “swarming” (enjambres), basadas en el despliegue de pequeñas unidades de comando con alto poder de fuego, autonomía propia, coordinación electrónica entre las mismas y acceso constante a información por satélite y a apoyo aéreo instantáneo con armas de precisión. Aun así, sus pérdidas serán enormes, pero no se va a limitar EE.UU. esta vez a bombardear y luego ocupar terreno. Van a combatir a las redes con sus propias redes, utilizando su capacidad tecnológica para compensar su desconocimiento del terreno. En ferocidad y determinación esta vez los contrincantes estarán igualados. El punto débil para los norteamericanos es la mala calidad de la información de que disponen, consecuencia del declive profesional de sus servicios de espionaje en los últimos tiempos. Pero esperan compensarlo con la ayuda israelí, saudí, palestina (Arafat) y, sobre todo, con la colaboración de los paquistaníes, que son los que saben qué pasa en Afganistán: de ahí el papel decisivo que puede jugar Pakistán en esta guerra, en uno u otro sentido. Aliado esencial de los norteamericanos o país dividido por una guerra civil con la posibilidad de acceso a su armamento nuclear por parte de los fundamentalistas. La guerra de Afganistán solo será un elemento, aunque importante, de esa primera fase de desarticulación de las redes. Al mismo tiempo acciones puntuales en Palestina, en Líbano, tal vez en Libia, en Egipto y en Irak (con desarrollos impredecibles), tratarán de neutralizar, destruir y desorganizar los puntos de conexión que se identifiquen.

La segunda fase de la destrucción de las redes, que puede desarrollarse en paralelo a la primera, es evitar su reconfiguración, es decir, que se desplacen los grupos y operativos clave a otros lugares o que reorganicen su actividad a partir de nuevos integrantes. Lo que aquí cuenta son tres tareas: detectar e interceptar los flujos financieros, que constituyen el combustible indispensable de la red; interceptar las comunicaciones electrónicas sobre las que reposan los contactos globales, y confrontar las nuevas acciones de terrorismo con las que las redes van a responder a la ofensiva en su contra. En cierto modo, la forma de detectar a los núcleos operativos de la red terrorista será tan fácil como siniestra: estarán allí donde se produzcan atentados de destrucción masiva.

La guerra contra estas redes será llevada a cabo por una red de Estados y sus Fuerzas Armadas, en una compleja geometría de alianzas e intereses en que los Gobiernos tendrán que manejar la doble dependencia de su lealtad a la red de defensa conjunta y de la sensibilidad diferencial de sus opiniones públicas. Y las alianzas irán variando conforme en algunos países, en particular en países musulmanes, se produzcan reacciones populares en contra de la guerra a las redes terroristas.

La esperanza, la única esperanza de supervivencia de lo que hoy es nuestra sociedad, es que durante el proceso de destrucción de las redes del terror se sienten las bases sociales, económicas, culturales e institucionales para evitar su reproducción.

Nuestra organización económica y social, y nuestras instituciones políticas, han engendrado el fenómeno que hoy tenemos que combatir, incluido Bin Laden, que aprendió con la CIA. En el largo plazo, necesitamos absolutamente reformar en profundidad nuestro mundo, superando la exclusión social y la opresión de las identidades. En el corto plazo, estamos en guerra. Y me pareció que lo más honesto era contarle en qué consiste. Ojalá me equivoque.

Manuel Castells en CyberAnalitica

Written by Eduardo Aquevedo

1 junio, 2008 at 6:24

Publicado en ECONOMIA MUNDIAL

La transformación de los procesos de trabajo, Manuel Castells

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En torno a la transformación de la nueva economía se transforman también los procesos de trabajo. El nuevo trabajo se caracteriza por la autonomía del trabajador en la toma de decisiones y en la relación con otros trabajadores funcionando en la red. Esto exige al trabajador saber qué hacer con la información que necesita, dónde buscarla, cómo relacionarse con otros elementos en red y tomar decisiones en tiempo real.


a. Trabajadores altamente cualficados y flexibles

El trabajo cualificado aparece como la fuente de creación de valor más directa. Por lo tanto, el recurso fundamental que buscan las empresas más dinámicas es el trabajador altamente cualificado. Quien tiene dinero pero no tiene ideas, pierde el dinero; quien tiene ideas, encuentra el dinero. Por tanto, la inversión en profesionales con talento es la inversión fundamental para las empresas.

Pero, además, el trabajador debe tener otra característica: la capacidad de cambiar en su vida activa con respecto al entorno, en proceso de cambio cada vez más acelerado, tanto en lo tecnológico como en lo organizativo. Es el trabajador “autoprogramable”, con capacidad para definir objetivos y fuentes de recursos, y de procesarlos. Se trata de un profesional autónomo, flexible, capaz de definir objetivos y de transformarlos en tareas.

b) Dicotomía entre trabajo cualificado y trabajo genérico.

Seguirá existiendo, una masa de trabajadores poco cualificados, ejecutores de tareas simples, que no son remplazados por máquinas inteligentes simplemente por cuestiones económicas. No se trata de un trabajo generado sobre la base de cualificaciones y proceso de la información, sino sobre la ejecución de las instrucciones. Se trata del trabajo genérico. La optimización de recursos del trabajador “genérico” depende de la combinación más beneficiosa en cada momento.

La dicotomía que se está produciendo entre trabajo autoprogramable y trabajo genérico está en la base de la creación de desigualdad social en todas las sociedades en los últimos diez años. Están los Rivaldos del mundo y los pobres “curritos” que sólo pueden aspirar a algo mejor con el paso del tiempo. En términos de ideal social y de igualdad relativa, habría que acabar con el trabajo genérico, trabajo que podemos automatizar, pero que se conserva como emblema de la frontera de la desigualdad. Por ejemplo, la ocupación que más crece en los trabajos de servicios no cualificados es la de vigilantes (cuando en realidad debería ser una tarea de alta cualificación, ya que no se trata sólo de llevar una pistola y tener puntería), sino que, además, deberían ser licenciados en psicología, para saber tratar situaciones violentas. Lo mismo ocurre con los cocineros, una actividad altamente cualificada, a no ser que se trate simplemente de cocinar hamburguesas.

Se produce, por tanto, una transformación de los procesos de trabajo y del proceso organizativo: el trabajador autoprogramable genera valor y el trabajador genérico simplemente ejecuta tareas. A éste último se le paga poco, en función del excedente de trabajo que se genera en el trabajo cualificado. Con ello se rompen los intereses conjuntos de ambos tipos de trabajadores.

El trabajador autoprogramable entra en un sistema de interrelación con la empresa: se le empieza a pagar en relación con los resultados de la empresa en un intento de integración. Las llamadas stock options que tantas bromas generan en España, es un mecanismo muy serio que integra al trabajador en los resultados de la gestión de la empresa. Como, además, la empresa depende del mercado financiero (ya no hay grandes empresas familiares sino empresas que cotizan en bolsa), el proceso productivo pasa por una serie de accionistas que a su vez son trabajadores. Por otro lado, esos trabajadores autoprogramables tienen sus propias estrategias individuales: obtienen el máximo valor de la empresa, tanto en términos de conocimiento como en términos de capital, para organizar su propio sistema de acumulación individual. Salen de una empresa, crean otra, cambian a otra empresa, y finalmente se rompe el vínculo trabajador-empresa.

Según la encuesta del mercado de trabajo realizada el pasado año en California, un trabajador tradicional es aquel que trabaja a tiempo completo, con contrato indefinido y en una empresa de más de tres años. Sólo un 33% de los trabajadores de California cumplen estos tres criterios. Si a ello añadimos el criterio de tener más de dos años de antigüedad en la empresa, sólo hay un 22% de trabajadores. Es decir, estamos pasando a un mundo de trabajo extremadamente individualizado y cambiante.

Written by Eduardo Aquevedo

1 junio, 2008 at 6:13

STIGLITZ RELACIONA CRISIS DE ECONOMIA DE EEUU CON GRAN COSTO DE GUERRA DE IRAK

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“El caos económico del presente está relacionado en buena medida con la guerra de Iraq”. Así de crítico con la administración Bush se muestra el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz en su nuevo libro, La guerra de los tres billones de dólares, en el que calcula los verdaderos gastos del conflicto y asegura que la invasión ha agravado los problemas económicos que el país padece actualmente.

El laureado economista afirma que los costos trimestrales de la guerra ascienden aproximadamente a 50.000 millones de dólares, cantidad con la que el Gobierno de George W. Bush pretendía, en un principio, sufragar la intervención por completo. “Si situamos esa cantidad en su marco, con una sexta parte de lo que se ha gastado en la guerra los EEUU podrían dotarse de una base económica sólida para su sistema de seguridad social durante más de medio siglo, sin reducir las prestaciones ni aumentar las contribuciones”, afirma.

En su nueva obra, escrita conjuntamente con la profesora de Harvard Linda Bilmes, Stiglitz subraya que el Gobierno de EEUU lanzó la invasión al tiempo que promovía rebajas fiscales para las clases más pudientes, a pesar de que sufría un déficit presupuestario. A consecuencia de ello, Washington ha tenido que recurrir a un exceso de gasto público –financiado en gran parte desde el extranjero- para sufragar la guerra. “Todo el coste se va a legar a las generaciones futuras. Si no cambia la situación, la deuda nacional de los EEUU, que ascendía a 5,7 billones de dólares cuando Bush llegó a la presidencia, será dos billones de dólares mayor por la guerra”, dice.

Cascada de liquidez

Para Stiglitz, la guerra de Iraq –la primera en la historia norteamericana que no ha exigido un sacrificio económico a los ciudadanos mediante un aumento de impuestos- fue parcialmente responsable del enorme aumento de los precios del petróleo. Además, el dinero invertido en la invasión no estimuló la economía en la misma medida que lo habrían hecho los dólares gastados en Estados Unidos. “A fin de encubrir estas debilidades de la economía estadounidense, la Reserva Federal dejó salir una cascada de liquidez; esto, combinado con normas laxas, dio origen a la burbuja de la vivienda y a un auge del consumo”, argumenta.

Desde que el pasado mes de agosto estalló en EEUU la crisis provocada por las hipotecas de alto riesgo todos los focos han apuntado a los mercados financieros. La confianza de los inversores estadounidenses ha ido disminuyendo sin que reguladores ni administración haya podido hacer nada para evitarlo. Los sucesivos recortes de tipos llevados a cabo por la Reserva Federal no han hecho más que generar polémica entre los partidarios de salvar a toda costa el mercado y aquellos que alertan sobre el peligro de un crecimiento desmesurado de la inflación.

Ni siquiera la administración Bush, que al comenzar 2008 solicitó al Congreso una inyección fiscal de 145.000 millones de euros –equivalente al 1% del PIB- ha conseguido contener la escalada. Y en EEUU ya se habla de recesión de costa a costa, la peor desde la II Guerra Mundial según Alan Greenspan, pese a que el secretario del Tesoro, Hank Paulson, y el presidente de la Fed, Ben Bernanke, aseguran que este año no habrá crisis.

Ideología y especulación

“La ideología y la especulación también han desempeñado su papel en el aumento de los costos de la guerra. Los Estados Unidos han contado con contratistas privados que no han resultado baratos. (…) La guerra sólo ha tenido dos vencedores: las compañías petroleras y los contratistas de defensa. El precio de las acciones de Halliburton, la antigua empresa del vicepresidente Dick Cheney, se ha puesto por las nubes, pero incluso cuando el Gobierno recurrió cada vez a más contratistas redujo su supervisión”, concluye Stiglitz.

No obstante, no todos se muestran tan firmes al relacionar la guerra de Iraq con la actual crisis económica. Robert Hormats, vicepresidente de Goldman Sachs International y autor de un libro que analiza cómo los EEUU sufragan sus guerras, argumenta que la intervención es negativa para la economía, pero que es tan sólo un factor menor en la recesión.

http://www.elconfidencial.com

Written by Eduardo Aquevedo

1 junio, 2008 at 5:47

Publicado en CRISIS, ECONOMIA MUNDIAL

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