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Fetichismo y erotismo en Chile: ¿cómo se comporta el mercado local del placer?

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Aman lamer los dedos, las uñas pintadas y sentir un tacón aguja apretando su sexo. Adoran el bondage, se masturban con lencería ajena y lo gritan a los cuatro vientos en foros y páginas de internet. Los grupos de amantes de extraños objetos sexuales se insinúan tímidamente en nuestro país. Curiosee y practique. Hay para todos los gustos.

Por Carolina Rojas, La Nación.cl

Maraisa es una madura y conocida acompañante VIP que ofrece sus servicios en una página web. Desde hace más de seis años atiende a uno de sus clientes más fieles, un contador auditor de más de cincuenta años. Él nunca le pidió sexo apresurado como todos los demás, que rápidamente se iban pagando setenta mil pesos por la hora. Al contrario, este amable hombre era tímido para pedirle que modelara cada uno de los pares de botas Gacel que Maraisa coleccionaba en su clóset. Él observaba absorto desde el otro lado de la habitación. Con los billetes en la cama, la rubia mujer le hacía caso a cada una de las peticiones. Mientras desfilaba y hacía sonar los tacones con firmeza, su fiel cliente se tomaba la cabeza extasiado.

Maraisa continuaba la larga sesión modelando sus botas de fantasía: de látex, de gamuza, negras, blancas, con terraplén. El final de la escena era así: ella calzaba las botas favoritas del contador, unas de cuero con taco aguja. Su cliente se tocaba el sexo, mientras le pedía a Maraisa que hundiera el taco en su espalda, en sus brazos, en su cara. Ella lo hacía callada y la respuesta era un festival de gemidos. Su cliente se masturbaba frente a sus Gacel. Luego él se rendía para suplicarle que de una vez lo penetrara con la bota, y ella cumplía impresionada de su propio sadismo. “Su versión del preámbulo era abrazar mis botas cafés, negras y otras blancas de fantasía. Y finalmente me pedía que lo hiriera con la bota, en el fondo hacía el amor con ella. De a poco me comenzaron a frecuentar clientes de ese tipo y yo comencé a impresionarme menos. Uno de los últimos fue un amante de pies: me los tocaba, los besaba y raspaba mis durezas con los dientes. Ambos nunca tuvieron sexo conmigo, sólo se estimulaban con los zapatos o los pies”.

Para Maraisa, todas estas escenas tienen un solo nombre: obsesión fetiche.

La palabra fue usada originalmente para denominar a los objetos inanimados venerados por los pueblos primitivos a los cuales le eran otorgadas cualidades místicas. De esta forma la expresión se amplió a un “algo” irracionalmente adorado. La palabra se gastó en la boca de Freud y de Marx, y aunque en otros países la práctica es más común, poco a poco la versión chilensis de los fetichistas del sexo, amantes de pies, lencería y bondage, gana su espacio en el ciberespacio y en Facebook. Allí ya se han organizado grupos asiduos al bondage y a la podofilia. Y se pueden encontrar fotos, descargar videos y proponer lugares de encuentro. Uno de ellos es el bar swinger “La Casona”, donde se realizan fiestas de lencería. Desde el mismo grupo se puede llegar al link “pantyhouse”, lugar donde las personas hablan, se reúnen y suben fotos y grabaciones sobre el placer que les provoca tener sexo cubiertos de pies a cabeza por panties, dejando sólo sus genitales a la vista. En la misma página de los fetichistas del nylon se encuentran otros subgrupos como pantyhouse girls, pantyhouse lesbians, pantyhouse y bondage y secretary pantyhouse.

MEÑIQUE, TE ADORO

“Me encanta observar los pies cuando están juntos, uno sobre otro. Cuando la dama está recostada y se los empieza a acariciar, eso es verdaderamente excitante. Yo los beso, me gusta besar los pies de mi pareja. Los lamo, los besuqueo hasta que ella llegue al éxtasis”. Esos son algunos de los comentarios que impresos en las paginas fetiches de Chile, en los foros, o en el grupo Facebook “Amantes de pies sensuales en Chile”, que tiene 66 miembros, menos que “Amantes del bondage en Chile” (amarras eróticas), que tiene el doble.

Los mensajes dejan ver que revelar el fetichismo de pies no es tan común en nuestro país como en Europa y Argentina. “Allá es un tema como cualquier otro. Es que una mujer con las uñas pintadas, con los pies bien cuidados, me mata. Si hay algo con que la mujer puede seducir a cierto tipo de hombre es con los pies, quienes no lo practican no saben el placer que se pierden; tampoco deben avergonzarse de ello”, dice Rodrigo, un amante de pies que se autodenomina fetichista y explica su gusto por esta parte de la anatomía: “Tener los pies como fetiche es lo mismo que tener pasión por los zapatos. Es como hacer el amor con los pies”, asegura.

Lo mismo ocurre en el sitio trasandino “pies argentinos”, que tiene más de cuatro mil visitantes. Todos se declaran fetichistas de pies desde niños. En la página web, los internautas comparten fotos amateurs de pies de sus esposas y novias, y se organizan para reunirse en algún sitio. Se intercambian fotos en secciones como: “más de los pies de mi mujer”, “los pies de mi vecina”, “los pies de mi cuñada” y “fotos choreadas”, en la que se muestran fotos de pies de transeúntes, con pedicure, en sandalias o sexies uñas rojas.

En Chile, en el grupo “Pies sensuales” también suben fotograf as, y aclaran que este gusto también se denomina “podofilia”, que significa encontrar placer en oler, succionar o infligir dolor a los pies de otro y vicerversa. Las hipótesis freudianas explican que es la primera experiencia del niño con su madre lo que puede provocar adoración por los pies. Si esto deja huella en su conducta sexual, puede llegar a transformar al pie en su primer objeto de deseo o excitación sexual.

Luis cree que este es su caso. Con su nick “amante de pies” en el chat, asegura que no es muy común que se hable de esto todavía en Chile. “Me gustaban los pies pintados con olor, lamerlos, que me hagan footjob. ¿Que qué es el footjob? Es el arte de masturbar con los pies, hay gente que nunca ha hecho eso”, explica Luis.

Luis sigue su confesión al explicar que le gustan los pies femeninos desde que tenía diez años. “Me excito al tocar besar y también oler pies de mujeres; claro, mientras sean lindos, sensuales y ricos. Quizás es un rollo con mi madre”, asegura.

Por cada pregunta, Luis pide que le detalle cómo son mis pies; quiere ver fotos, es una compulsión que se le escapa cada medio minuto y no lo deja concentrarse mientras responde. Al preguntarle si hay mujeres que se asustan con sus peticiones, responde que algunas novias lo han dejado por esta práctica, pero insiste en que hay otras a quienes les ha gustado mucho experimentar con él. Luis asegura que tener un fetiche es algo muy, muy personal, aunque disfruta mirando fotos y exhibiendo las suyas con algunas ex novias. No es algo que Luis vaya a abandonar. Prefiere dejar a una novia, pero no su imagen fetiche. “En la mayoría de las fotos salgo con ex novias que aparecen haciéndome footjobs ¿Lo has hecho? ¿Cómo son tus pies? ¿Tienes una foto de ellos? ¿Tienes webcam?”, insiste. LND

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Written by Eduardo Aquevedo

22 junio, 2010 a 22:58

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