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La economía mundial en 2011: perspectivas turbulentas…

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Perspectivas de la economía mundial en 2011

Walden Bello, Focus on the Global South

En contraste con sus previsiones cautamente optimistas, a finales de 2009, de una recuperación sostenida, el humor dominante en los círculos económicos liberales cuando termina 2010 es sombrío, si no apocalíptico. Los halcones fiscales han ganado la batalla política en EEUU y Europa, para alarma de los abogados del gasto público, como el premio Nobel Paul Krugman y el columnista del Financial Times Martin Wolf, quienes ven las restricciones presupuestarias como la receta más segura para matar la incipiente recuperación de las economías centrales.

Pero aunque los EEUU y Europa parecen abocados a una crisis más profunda a corto plazo y al estancamiento en el plazo largo, algunos analistas se precian de observar un “desacoplamiento” del este asiático y de otras áreas en desarrollo con respecto a las economías occidentales. Esa tendencia empezó a comienzos de 2009 en la estela del programa de estímulos masivos de China, que no sólo reestableció el crecimiento chino de doble dígito, sino que sacó de la recesión y llevó a la recuperación a varias economías vecinas, desde Singapur hasta Corea del Sur. En 2010, la producción industrial asiática recuperó ya su tendencia histórica, “casi como si la Gran Recesión nunca hubiera tenido lugar”, de acuerdo con The Economist.

¿Sigue Asia un camino realmente separado de Europa y EEUU? ¿Estamos realmente asistiendo a un “desacoplamiento”?

El triunfo de la austeridad

En las economías centrales, la indignación con los excesos de las instituciones financieras que precipitaron la crisis económica ha dado paso a la preocupación por los déficit públicos masivos en que han incurrido los gobiernos para poder estabilizar el sistema financiero, frenar el colapso de la economía real y afrontar el desempleo. En los EEUU el déficit se sitúa por encima del 9% del PIB. No es un déficit desbocado, pero la derecha estadounidense logró la hazaña de que el miedo al déficit y a la deuda federal pesara más en el espíritu de la opinión pública que el miedo a la profundización del estancamiento y al aumento del paro. En Gran Bretaña y en los EEUU, los conservadores fiscales lograron un mandato electoral claro en 2010, mientras que en la Europa continental una Alemania "recrecida" hizo saber al resto de la Eurozona que no seguiría subsidiando los déficit de los miembros más débiles de las economías meridionales o periféricas como Grecia, Irlanda España y Portugal.

En los EEUU, la lógica de la razón dio paso a la lógica de la ideología. El impecable argumento de los demócratas de que el gasto público en estímulos era necesario para salvar y crear puestos de trabajo no pudo resistir el asalto del tórrido mensaje republicano, según el cual un mayor estímulo público, añadido los 787.000 millones de dólares del paquete de Obama en 2009 significaría un paso más hacia el “socialismo” y la “pérdida de libertad individual”. En Europa, los keynesianos arguyeron que la relajación fiscal no sólo ayudaría a Irlanda y a las economías meridionales con problemas, sino también a la poderosa maquinaria económica alemana, pues esas economías absorben las exportaciones de Alemania. Lo mismo que en los EEUU, los argumentos racionales sucumbieron a las imágenes sensacionalistas, en este caso al retrato mediático de unos esforzados alemanes subsidiando a hedonistas mediterráneos y derrochadores irlandeses. A regañadientes aprobó Alemania paquetes de rescate para Grecia e Irlanda, pero sólo a condición de que griegos e irlandeses fueran sometidos a salvajes programas de austeridad que han sido descritos por nada menos que dos exministros alemanes en el Financial Times como medidas antisociales “sin ejemplo en la historia moderna”.

El desacoplamiento, resucitado

El triunfo de la austeridad en EEUU y Europa, la cosa no ofrece duda, eliminará a esas dos áreas como motores para la recuperación económica global. ¿Pero se halla Asia en una senda diferente? ¿Puede soportar, como Sísifo, el peso del crecimiento global?

La idea de que el futuro económico de Asia se ha desacoplado del de las economías del centro no es nueva. Estuvo de moda antes de que la crisis financiera tumbara la economía estadounidense en 2007-2008. Pero se reveló ilusoria en cuanto la recesión en los EEUU, de los que China y otras economías del este asiático dependían para absorber sus excedentes, disparó una repentina y drástica en Asia entre finales de 2008 y mediados de 2009. De ese momento proceden las imágenes televisivas de millones de trabajadores chinos migrantes abandonando las zonas económicas costeras y regresando al campo.

Para contrarrestar la contracción, China, presa del pánico, lanzó lo que Charles Dumas, autor de Globalisation Fractures, caracterizó como un “violento estímulo interior” de 4 billones de yuanes (580.000 millones de dólares). Eso significaba cerca del 13% del PIB en 2008 y constituyó “probablemente el mayor programa de la historia de este tipo, incluidos los años de guerras”. El estímulo no sólo restituyó el crecimiento de dos dígitos; también comunicó a las economías del este asiático un impulso recuperador, mientras Europa y los EEUU caían en el estancamiento. Esa notable inversión es lo que ha llevado al renacimiento de la idea del desacoplamiento.

El gobernante Partido Comunista de China ha venido a reforzar esa idea al sostener que se ha producido un cambio de política que prima el consumo interior sobre el crecimiento orientado a la exportación. Pero si se observa con mayor detenimiento, se ve que eso es más retórica que otra cosa. En efecto, el crecimiento orientado a la exportación sigue siendo el eje estratégico, algo que se ve subrayado por la continuada negativa china a revalorizar el yuan, una política destinada a mantener competitivas sus exportaciones. La fase de empuje al consumo interior parece haber terminado, hallándose ahora China, como observa Dumas, “en proceso de cambio masivo desde el estímulo benéfico de la demanda interior hacia algo muy parecido al Business as usual de 2005-2007: crecimiento orientado a la exportación con un poco de recalentamiento”.

No sólo los analistas occidentales como Dumas han llamado la atención sobre ese regreso al creamiento orientado a la exportación. Yu Yongding, un influyente tecnócrata que sirvió como miembro del comité monetario del Banco Central Chino confirma que, en efecto, se ha vuelto a la práctica económica habitual: “En China, con una ratio comercio/PIB y exportaciones/PIB que excede ya, respectivamente, el 60% y el 30%, la economía no puede seguir dependiendo de la demanda externa para sostener el crecimiento. Desgraciadamente, con un enorme sector exportador que emplea a millones y millones de trabajadores, esa dependencia se ha hecho estructural. Eso significa que reducir la dependencia y el excedente comerciales de China pasa por harto más que por ajustar la política macroeconómica.”

El regreso al crecimiento orientado a la exportación no es simplemente un asunto de dependencia estructural. Tiene que ver con un conjunto de intereses procedentes del período de la reforma, intereses que, como dice Yu,”se han transformado en intereses banderizos que luchan duramente para proteger lo que tienen”. El lobby exportador, que junta a empresarios privados, altos ejecutivos de empresas públicas, inversores extranjeros y tecnócratas del Estado, es el lobby más poderosos ahora mismo en Pekín. Si la justificación ofrecida para el estímulo público ha sido derrotada por la ideología en los EEUU, en China la argumentación igualmente racional a favor del crecimiento centrado en el mercado interior ha sido aniquilada por intereses materiales banderizos.

Deflación global

Lo que los analistas como Dumas llaman el regreso de China al tipo de crecimiento orientado a la exportación chocará con los esfuerzos de los EEUU y Europa de empujar la recuperación mediante un crecimiento orientado a la exportación simultaneado con el levantamiento de barreras a la entrada de importaciones asiáticas. El resultado más probable de la promoción competitiva de esa volátil mezcla de empuje a la exportación y protección interior por parte de los tres sectores que encabezan la economía mundial en una época de comercio mundial relativamente menos boyante no será la expansión global, sino la deflación global. Como ha escrito Jeffrey Garten, antiguo subsecretario de comercio con Bill Clinton: “Aunque se ha prestado mucha atención a la demanda de consumo e industrial en los EEUU y en China, las políticas deflacionarias que envuelven a la UE, la unidad económica más grande del mundo, podrían hundir de mala manera el crecimiento económico global… Las dificultades llevan a Europa a redoblar su empeño en las exportaciones al tiempo que EEUU, Asia y América Latina están disponiendo sus economías para vender más en todo el mundo, lo que no podría sino exacerbar las tensiones, ya suficientemente altas, en los mercados de divisas. Podría llevar a un resurgimiento de las políticas industriales patrocinadas por los Estados, cuyo crecimiento ya se observa por doquiera. Tomados de consuno, todos esos factores podrían llegar a propagar el incendio proteccionista tan temido por todos.”

La crisis del Viejo Orden

Lo que nos aguarda en 2011 y en los próximos años, advierte Garten, son momentos de “turbulencia excepcional, a medida que el ocaso del orden económico global tal como lo hemos conocido avanza caótica y tal vez destructivamente”. Garten destila un pesimismo que está apoderándose cada vez más de buena parte de la elite global que otrora anunciaba la buena nueva de la globalización y que ahora la ve desintegrarse literalmente ante sus propios ojos. Y esta ansiedad fin de siècle no es monopolio de los occidentales; es compartida por el influyente tecnócrata chino Yu Yongding, que sostiene que el “tirón de crecimiento chino prácticamente ha agotado su potencial”. China, la economía que con mayor éxito consiguió cabalgar la ola globalizadora, “ha llegado a una disyuntiva crucial: de no poner por obra penosísimos ajustes estructurales, podría perder súbitamente el impulso de su crecimiento económico. El rápido crecimiento económico se ha logrado a un coste extremadamente alto. Sólo las generaciones venideras conocerán el verdadero precio pagado.”

La izquierda en la presente coyuntura

A diferencia de las medrosas aprensiones de figuras del establishment como Garten y Yu, muchas gentes de izquierda ven la turbulencia y el conflicto como la necesaria compañía del nacimiento de un nuevo orden. Y, en efecto, los trabajadores se han movilizado en China, y se ganaron incrementos salariales significativos con huelgas organizadas en determinadas empresas extranjeras a lo largo de 2010. La protesta ha estallado también en Irlanda, Grecia, Francia y Gran Bretaña. Pero a diferencia de China, en Europa marchan para mantener derechos perdidos. Y lo cierto es que ni en China, ni en Occidente, ni en parte alguna son los resistentes portadores de una visión alternativa al orden capitalista global. Al menos, no todavía.

Walden Bello, profesor de ciencias políticas y sociales en la Universidad de Filipinas (Manila), es miembro del Transnational Institute de Amsterdam y presidente de Freedom from Debt Coalition, así como analista sénior en Focus on the Global South.

Traducción para www.sinpermiso.info: Ricardo Timón

Fuente: http://www.focusweb.org/content/global-economy-2011-recovery-recedes-convulsion-looms

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Written by Eduardo Aquevedo

4 enero, 2011 at 2:02

La China actual: condiciones de trabajo y explotación…

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Una visión de China a partir de los suicidios en Foxconn

Pun Ngai, Revista Trasversales

China_saca_pechoIntervención en el Foro sobre globalización y desarrollo social, organizado por el Centro de Estudios de Política y Economía Internacional, 14 de mayo 2010, China University of Political Science and Law

Quiero abordar el tema partiendo del vídeo que acabamos de ver. Ya son ocho (no siete) los muertos en la empresa Foxconn. El profesor de la Universidad Qinghua decía que la tasa de suicidios no le parecía muy alta. Al día siguiente una joven de 24 años se arrojó desde lo alto de un edificio. Personalmente pienso que estos hechos son dramáticos y que es importante saber con qué criterios hay que evaluarlos y qué es eso de una tasa no muy alta de suicidios.

Los principales medios de comunicación hablan de estos trágicos acontecimientos como si se tratase de una cuestión personal: el suicidio de un joven diplomado que parecía una persona abierta y alegre se presenta como un problema espiritual, mientras que otros de estos suicidios se atribuyen a problemas psicológicos. En el caso de un trabajador que se arrojó desde el tejado del dormitorio, se atribuyó a presiones psicológicas derivadas de problemas de fertilidad. Tras el séptimo suicidio en Foxconn se solicitó la colaboración de conocidos psicólogos, que no han hecho una buena labor, y recientemente también se ha contado con sacerdotes taoístas. La dirección de Foxconn prefiere ver el problema como algo vinculado con el Fengshui y la psicología, antes que verlo como un problema de gestión enpresarial o como un problema social. Yo, por el contrario, voy a abordar el problema desde un punto de vista sociológico.

Quiero partir de estos hechos para interpretar el fenómeno de los campesinos que migran desde el campo hacia las fábricas en el proceso de formación de una nueva clase obrera. Mis libros versan sobre la primera generación de trabajadores campesinos migrantes, últimamente he escrito algunos artículos dispersos sobre la segunda generación, a la que intentaré insertar en el contexto teórico marxista, en la formación del proletariado, incorporando también algunas teorías post-marxistas, con el propósito de valorar si es posible interpretar los suicidios y las huelgas como fenómenos de protesta en el marco de la tradición teórica marxista o de la sociología.

Obviamente, no consideramos que el suicidio sea algo normal, si así fuese la práctica de los obreros coreanos que se prenden fuego debería verse solamente como una advertencia a la sociedad, y los suicidios de jóvenes obreros chinos constituye una tragedia demasiado grande como para pensar que solamente se trata, después de todo, de un modo de contar a la sociedad el injusto trato sufrido. Hoy evitaré todos los detalles sobre las muertes, ya los hemos visto en el vídeo. Los suicidios acontecidos desde enero hasta hoy corresponden a jóvenes entre 18 y 24 años, y su modalidad ha sido siempre la misma: arrojarse desde lo alto de un edificio, gesto que no permite vuelta atrás. Dos obreras han quedado heridas y no han muerto. Pero ya se trate de heridos o de muertos, ¿cómo comprender esta tragedia? ¿Hay que situarla en el contexto de la empresa o bien hay que situar esa problemática interna de la empresa en el contexto más amplio de los 230 millones de trabajadores campesinos migrantes? ¿Y para qué? ¿Para decir que esta empresa tiene condiciones mejores que aquella, que el salario de tal empresa es mayor que el de esta otra?

En Shenzsen el salario habitual de un obrero está entre 1.000 y 1.500 yuanes, mientras que en Foxconn está entre 1.500 y 2.000, siendo, pues, significativamente mayor. Las condiciones de trabajo y la gestión son un poco mejores y por ese motivo en Foxconn cada mañana a las 5,30 h. hay una cola de personas que quieren entrar a trabajar allí, mientras que otras empresas más pequeñas tienen dificultades para encontrar trabajadores. Considerando esto, podríamos decir que estamos ante una representación a menor escala de la situación común de los trabajadores campesinos migrantes; si mejoran las condiciones de trabajo en Foxconn podrían mejorar las condiciones de vida de los trabajadores campesinos migrantes.

El secreto por el que China se ha convertido en la fábrica del mundo reside en la existencia de 230 millones de trabajadores campesinos migrantes, sin los que China no habría llegado a ocupar en los últimos 20 años, gracias al bajo coste, el primer puesto como fábrica del mundo. Hoy tenemos primacía en varios ámbitos, la exportación por ejemplo. Foxconn es la primera exportadora global en electrónica. Hoy, cuando construimos Shenzhen, Shanghai etc., decimos siempre que estamos en los primeros puestos a escala mundial, pero también deberíamos decir que, según creo, también lo estamos en cuanto a la tasa de suicidios de la fuerza de trabajo juvenil, pese a los psicólogos que nos dicen que la tasa no es elevada.

Cuando analizamos la formación de la clase obrera en el marco de China como fábrica del mundo, vemos claramente quién está construyendo la riqueza, quién está edificando China como fábrica del mundo, quién se sacrifica, quién se apropia de los beneficios. Hoy se ha replanteado claramente el fenómeno de la sociedad de clases. Un país socialista, que por eso mismo debería liberarse de las relaciones de producción capitalistas, ha permitido que la división de clase penetre profundamente en las relaciones sociales.

Yo me hice marxista cuando, por primera vez, entré en las zonas industriales chinas, la primera vez que entré en una fábrica, cuando aún era estudiante universitaria a comienzos de los años noventa. En aquella época se estaban produciendo grandes cambios económicos en Hong Kong y muchas fábricas se trasladaban a China continental. Los obreros de Hong Kong sufrían el desempleo, y cuando me desplacé a China continental observé el fenómeno de los trabajadores campesinos migrantes que, año tras año, se dirigían al Guangdong para trabajar.

Estos cambios me impresionaron y estaba estupefacta al ver que en la patria del socialismo se permitía una explotación capitalista brutal, que, en los años noventa, era aún más intensa que hoy.

En 1995 entré en una fábrica en la que se producían componentes electrónicos para los teléfonos móviles de entonces. Allí, me puse a preguntar a muchas personas cuál era su salario. Era una fábrica de componentes electrónicos, en la que se hacían los teléfonos celulares de entonces. El precio de uno de esos teléfonos eran unos 10.000 yuanes. ¿Y cuál era el salario de un obrero? ¿Con qué jornada? De media, 14 horas diarias, sin sábados ni domingos.

Tal vez vuestras madres y vuestros padres sean la primera generación de trabajadores campesinos migrantes a la que hemos entrevistado, aquella situación la recuerdan bien. Cuando entré en la fábrica, leí encolerizada El Capital de Marx y descubrí que la situación que describía no era tan grave como la que había en China en los años noventa. El salario del que habla El Capital se calculaba semanalmente, pero cuando yo empecé a trabajar el cobro del salario se retrasaba tres meses y el ritmo de trabajo era extenuante. A comienzos de los noventa, morían trabajadores en los incendios que se producían en las fábricas y en los dormitorios. Después de Marx, El Capital, que describe la situación industrial del siglo XIX, influenció la revolución socialista; si comparamos la época de Marx con la situación de los trabajadores y con los suicidios de la Foxconn, se nos viene a la mente que quizá aquella época fuese más feliz que la nuestra.

A inicios de los noventa la presión sobre el trabajo era mucho más fuerte, el salario era sólo de 500 yuanes, cuando ahora está entre 1.000 y 1.500. Los dormitorios y espacios de la fábrica han mejorado, y también han mejorado las condiciones laborales. ¿Por qué, entonces, no hubo suicidios y huelgas entre la primera generación de trabajadores campesiones migrantes, lo que sí ocurre actualmente?

Cuando entré en la fábrica y ví las horrendas condiciones de trabajo no comprendía cómo podía pasar algo así en nuestro país socialista. Estaba furiosa, pero los obreros no lo estaban. Pensaba que eso dependía de que estaban atenazados, bajo presión, que no tenían posibilidad de expresar lo que sentían. Sin embargo, no ví suicidios. Hubo muertes súbitas o por agotamiento, pero no con la gravedad actual.

En los años noventa ví cómo los trabajadores comenzaban a encolerizarse e incluso a hacer huelgas. Después del 2000 en el delta del Río Perla, en particular en Dongguan, hubo oleadas de huelgas en las que participaron miles de personas, aunque sin ninguna cobertura mediática. Después, algunos medios se interesaron en las huelgas, pero dejaron de hacerlo porque se habían hecho tan habituales, sobre todo en Dongguan, que ya no atraían la atención al ser tantas y tan frecuentes.

¿Cómo interpretar las diferencias entre ambas generaciones de trabajadores? Debemos reflexionar sobre ello y, sobre todo, preguntarnos cómo surgieron los trabajadores campesinos migrantes. Además tenemos que analizar en profundidad las diferencias existentes entre estas dos generaciones, incluso con una misma composición de clase, con las mismas relaciones de producción y tratándose de trabajadores que hacen el mismo trabajo en la fábrica y que afrontan las contradicciones del capitalismo. Hay que hacerlo porque la diferencia es verdaderamente grande.

También debemos reflexionar sobre el proceso de formación de la nueva clase de trabajadores campesinos migrantes, que no podemos encajar completamente en el proceso de proletarización. A lo largo de una remodelación que ha durado 30 años el campesino se ha convertido en trabajador (en precario, sin derechos), sujeto del trabajo pero no un obrero en sentido pleno. No está claro si aún es campesino o si es obrero. Aunque las condiones en que vive son objetivamente las de un obrero, desde un punto de vista subjetivo, en tanto que trabajador, su identidad es problemática.

Analicemos el problema del reconocimiento identitario a través de algunos contenidos teóricos del post-marxismo. En el paso de la clase en sí a la clase para sí participan factores complejos y difíciles. Si introducimos este aspecto en las particulares condiciones chinas y en el proceso de inclusión en la economía global capitalista, al hacer una comparación con otros países encontramos que la singularidad china reside en nuestros trabajadores campesinos migrantes. Aunque está claro que llegan a gastar diez o veinte años de su vida trabajando en la fábrica, les es negada su posición como obreros. Su conciencia como tal sujeto aún no se ha formado completamente.

¿Asistimos en China al surgimiento de unas nuevas Enclosures [nt: cierre de los terrenos comunales en favor de los terratenientes en la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX]? Pero este fenómeno es diferente en China. La nueva generación de trabajadores campesinos migrantes ya no puede volver a su pueblo pero tampoco puede quedarse en la ciudad. No puede permanecer donde está, pero tampoco pueden regresar al campo. ¿No deberíamos tal vez buscar en esta condición de clase proletaria incompleta los motivos de los suicidios y de las protestas de los trabajadores campesinos migrantes?

El fenómeno de los trabajadores campesinos migrantes no puede separarse del desarrollo de los últimos 30 años. Todo empezo con la reforma, y la reforma empezó en el campo, cuya dimensión colectiva fue destruida favoreciendo la emergencia de pequeñas economías campesinas; la base de la fuerza de trabajo a la que vengo refiriéndome se encuentra en el final del colectivismo, que dio lugar a un excedente de fuerza de trabajo campesina. Nuestros sociólogos utilizan una bella expresión para este fenómeno: una abundante fuerza de trabajo.

No importa tanto si es abundante o es sobreabundante, lo que importa es que una generación de jóvenes ya no tiene nada que hacer en el campo, no tiene ninguna oportunidad de trabajar allí porque la tierra no puede proporcionarles ocupación. Por eso empezaron a migrar buscando trabajo en la ciudad, en particular en las zonas costeras en las que entraba capital extranjero. Así fue fundada China como fábrica del mundo, gracias a esta fuerza de trabajo barata. En la reforma del agro y en la “estrategia de puertas abiertas” reside el secreto del surgimiento los trabajadores campesinos migrantes.

Estas son las condiciones del país, porque “la fuerza de trabajo” es demasiado grande. Si esta fuerza de trabajo excedente en los años 80 no hubiera sido absorbida en las fábricas de “sangre y sudor” tampoco se habrían tenido estas mínimas ocasiones de progreso. Según lo que aprendí entonces, en aquel tiempo con doscientos o trescientos yuanes mensuales se pagaban más de diez horas de trabajo diario.

Ya fuese una empresa de juguetes o una de electrónica, el producto era el mismo tanto si lo hacía una trabajadora de Hong Kong o yo misma, que trabajaba en Shenzhen, también eran iguales el capital y la marca. Por ejemplo, todo el mundo sabe que los productos Disney son muy caros, por un muñeco piden entre 200 y 300 yuanes. Bien, pues en los años 80, la misma fábrica, el mismo contexto, en Hong Kong se llegaba a ganar entre 5.000 y 6.000 yuanes, y al inicio de los 90 unos 6.000 haciendo horas extras; sin embargo, esa misma fábrica abrió una nueva sede más allá de la frontera con Shenzhen, en la que se producía la misma mercancía pero pagando salarios de 200/300 yuanes mensuales.

Esa diferencia me era difícil de comprender y aceptar, mientras que para aquellos que tenían sentido patrio era comprensible, pues decían que ambas sociedades se encontraban en una fase diferente de desarrollo, había gran cantidad de mano de obra y usar esa fuerza de trabajo barata podría impulsar el desarrollo, integrando a China en el sistema capitalista global y permitiendo dar el primer paso. Pero yo, que no tenía sentido patrio, me preguntaba si el capital de Hong Kong o Taiwán dejaría de invertir porque el salario de las trabajadoras subiese a 400 yuanes. Tanto entonces como hoy cabe preguntarse si un aumento de salarios haría que China dejase de ser la fábrica del mundo y se alejase de la ruta del desarrollo.

Para estos capitalistas el aumento de los salarios no les reporta ninguna ventaja, porque no ven a la fuerza de trabajo como personas. La patronal no se siente requerida a considerar como personas a la fuerza de trabajo barata. Por lo tanto, para ellos no tendría sentido un aumento de sueldo. Cuando entré en la fábrica, no tenían ninguna confianza en los trabajadores. Al andar por la calle o cuando íbamos a comer siempre escuchabas decir que los trabajadores chinos eran difíciles de manejar y que, muy en particular, tendían a robar mercancías ¿Es así? Ciertamente, en comparación con los trabajadores de Hong Kong y Taiwán el fenómeno del hurto de mercancías es más habitual. Los almacenes de las fábricas de Hong Kong tienen abiertas las ventanas, mientras que las de Shenzhen tienen barrotes de hierro por temor a los robos. Un trabajador de Foxconn se ha suicidado por haber perdido el prototipo del iPod; esta presión proviene del temor de la empresas a los robos. Pero si pensamos sobre ello, es preciso tomar en consideración la diferencia que había, en la fábrica en la que trabajaba, entre los salarios, unos 400/500 yuanes mensuales, y el precio de los teléfonos celulares que producíamos, a 10.000 yuanes cada uno.

He notado que muchos temen usar conceptos como clase y explotación, pero basta con entrar en una fábrica para que explotación, dignidad y palabras semejantes dejen de parecernos conceptos exóticos o que estén al servicio de alguna teoría foránea para manipular a los trabajadores. La clase objeto de esa explotación, la rabia que cada obrero siente y puede expresar, son cosas de las que, desde un punto de vista histórico, hablamos tranquilamente en la universidad entre estudiantes y profesores. Actualmente se teme la emergencia de las contradicciones de clase. Hace pocos años había fábricas carentes de las más mínimas condiciones dignas para los trabajadores. Los lugares en que se trabajaba y se vivía carecían de salidas de emergencia. Algunos obreros murieron abrasados por ese motivo. Las fábricas de los años noventa tenían los alamacenes en la planta baja, la cadena de montaje estaba en la segunda y tercera planta, mientras que los obreros vivían en los pisos superiores. Para evitar los robos se cerraba todo con llave, y en caso de incendio era imposible escapar y los trabajadores morían abrasados. Mi trabajo “Obreras chinas”, situado en los años ochenta y comienzos de los noventa, nace porque en esa época, como estudiante universitaria, ví morir así a obreras. Tras aquellos incendios, las zonas de alojamiento y de producción fueron separadas gracias a oportunas leyes. Por consiguiente, los alojamientos de una fábrica que tenga algún millar de trabajadores deben crearse ahora en sus alrededores.

En los últimos años he escrito varios artículos sobre el tema de la vivienda. Si la primera característica en la que reside el secreto de la fábrica del mundo son los trabajadores campesinos migrantes, la segunda está representada por los dormitorios vinculados a la fábrica. Es preciso preguntarse por el contexto de la vida de la fuerza de trabajo, por la posibilidad de formar una familia, ya que se debe pensar que eso, además de un salario, requiere un alojamiento, la posibilidad de criar hijos que puedan estudiar o de acudir al médico cuando se contrae una enfermedad. Pero el salario de 230 millones de trabajadores campesinos migrantes sólo se rige por las necesidades de la propia fábrica y obliga a vivir en alojamientos comunes, donde se amontonan decenas de trabajadores. El sueldo no les permite vivir en la ciudad de Shenzhen.

De hecho, en la zona costera de desarrollo en Shenzhen se piensa utilizar esta fuerza de trabajo sólo durante un breve periodo, hasta que los migrantes vuelvan al campo; son vistos como fuerza de trabajo, no como trabajadores. El problema se hace cada vez más evidente. Al comienzo, los trabajadores campesinos migrantes que estaban en las fábricas tenían su propio pedazo de tierra y la posibilidad de retornar a su pueblo; eso explica por qué razón yo me enfurecía pero ellos todavía no lo hacían. En los años noventa los obreros se consideraban, en el fondo, campesinos, aunque desde un punto de vista marxista sus relaciones de producción ya habían cambiado y se habían transformado en verdaderos obreros empleados en las fábricas, aunque sin estar aún en una posición completamente equiparable a la de los obreros: su salario no era un salario de obrero, porque el salario de un obrero debe garantizar el coste de reproducción de las generaciones sucesivas, esto es, poder tener una familia, trabajando ocho o diez horas, poder tener un lugar en el que vivir con la familia y desde el que volver al trabajo tras pasar un día de descanso.

Si en los años ochenta el salario no permitía vivir en la ciudad, actualmente el salario en Foxconn, entre 1.500 y 2.000 yuanes, tampoco permite que un obrero viva en Shenzhen. ¿Cómo puede reproducirse este sistema, cómo se tiene en pie este tipo de sostenibilidad?

Digamos claramente que este sistema sólo rige para los trabajadores campesinos migrantes, cuyo salario es la mitad del salario de un trabajador normal. Además, viviendo en el alojamiento de la fábrica se puede ahorrar algo de dinero para el futuro, ya que no es seguro que Foxconn siga aceptando a un trabajador cuando supere los 30 años de edad.

El actual desarrollo de las grandes ciudades se apoya completamente sobre los hombros de la fuerza de trabajo campesina. La ciudad es cada vez más rica, construimos ciudades cada vez más globales, como Beijing, Shanghai, Shenzhen, Guangzhou, cuyos gobiernos no tienen ninguna obligación respecto a las pensiones y al cuidado de los 230 millones de trabajadores campesinos migrantes. Tras haber explotado a la fuerza de trabajo, carecen de cualquier proyecto para su reproducción y para los cuidados que necesitan. El proyecto es devolverles al campo, arruinado desde hace veinte años, sin desarrollo alguno y sobre el que, además, pende la amenaza inminente de la venta de la tierra. Ésta es la injusticia fundamental, la fuerza de trabajo barata sostiene una producción de bajo coste que no sólo se dirige a la burguesía media urbana sino, de forma más relevante aún, a los países occidentales, como EEUU, donde quien no tiene dinero lo pide prestado para consumir y lo que consumirá es nuestra fuerza de trabajo barata. El Gobierno chino presta continuamente dinero a aquellos que puedan consumir las mercancías hechas con fuerza de trabajo barata en el sistema económico global, de forma que el sacrificio final recae sobre la masa de trabajadores campesinos migrantes.

¿Cuál es la diferencia entre las dos generaciones de trabajadores campesinos migrantes? La primera generación tenía una gran capacidad de aguante, de hecho el psicólogo que ha salido en el vídeo decía que el problema de las actuales protestas deriva de que la segunda generación está debilitada, no tiene aguante, pero debemos preguntarnos cómo se ha creado esta diferencia psicológica. Un análisis atento nos dirá que, si bien la primera generación tenía mayor fuerza para aguantar el trabajo duro y la adversidad, también tenía esperanzas y objetivos: lo que ahorraba era usado para construirse una casa y una vida familiar honorable, lo que les permitía soportar las angustias y la fatiga del trabajo en las ciudades. La segunda generación se ha formado totalmente en el ámbito urbano y aspira a un modo de vida metropolitano creado en los últimos años por el modelo de desarrollo dominante, una especie de civilidad urbana continuamente buscada, en la que se dice que hay que renunciar al campo porque de otra manera uno se desacredita, se pierde el honor, se es poco desarrollado y se pierde la posibilidad de cambiar lo que tus progenitores te dieron en su momento. Éste es el contexto en boga. La vía de desarrollo hoy imperante y su cultura nos hacen ver al campo y a nuestro pasado como si fuesen nuestros enemigos.

Desde el momento en el que nos pusimos a construir civilidad metropolitana del tipo de la de Beijing o la de Shanghai, los valores de la nueva generación están enteramente basados sobre eso, mientras que los de nuestros progenitores se basaban totalmente sobre el campo. La primera generación, aunque pobre y forzada a un duro trabajo, tenía una casa en la que pensar. Quienes ahora tienen entre 18 y 20 años no tienen motivo para sentirse vinculados al campo y sí muchos motivos para el conflicto. Año tras año se lucha por un salario más alto, y aunque los salarios son, en apariencia, el triple que a comienzos de los 90, la verdad es que también suben los precios. ¿Los 1.500 yuanes que se ganan hoy son en verdad más que los 500 de ayer? Tal vez sean menos, dada la inflación y el alza de precios. En los años noventa, en los suburbios de Shenzhen o Guangzhou se podía alquilar, por 200 o 300 yuanes, una casa en la que vivir con la familia. Hoy no se puede. Los trabajadores campesinos migrantes están forzados a residir en las zonas industriales, en las que no hay alquileres asequibles, por lo que se alojan en los dormitorios de la empresa, los mismos dormitorios desde cuyos tejados o ventanas se han arrojado estos trabajadores de Foxconn.

Un trabajador campesino migrante de veinte años que no quiera quedarse en el campo y desee vivir en la ciudad debe pagar al menos 1.000 yuanes de alquiler, pero, entonces, ¿cómo atender las demás necesidades básicas con un sueldo de 1.500 yuanes? No hay salida para los dilemas y dificultades de esta nueva generación. Hace dos o tres años se habló mucho de cuando la nieve obligó a los campesinos trabajadores migrantes a quedarse en la ciudad sin regresar a casa para la celebración del Año Nuevo chino; pero aunque hubieran podido hacerlo habría sido sólo por dos semanas, de lo que eran conscientes. La vida del campo, sus valores y su realidad se han perdido, mucho más aún si hablamos de la segunda y tercera generación.

A partir de aquí, podemos imaginar dos posibles caminos. Por un lado, sería posible un nuevo desarrollo rural que no pase por la venta de la tierra y que no esté al servicio de las grandes empresas que están devorando el campo. Un desarrollo que permita a las personas que regresan allí disponer de una base económica de la que vivir y percibir que la propia vida tiene un futuro.

Por otro lado, está la posibilidad de que estos trabajadores campesinos migrantes se conviertan realmente en la nueva clase obrera, con un incremento salarial que será beneficioso para el desarrollo de China. Si ahora todas las mercancias se orientan a la exportación, se debe a que aquí la gente no tiene dinero para consumir. Por una parte, se tiene miedo a que no haya consumo, pero no se elevan los salarios. No es lógico. Elevando los salarios en Foxconn se influiría también sobre otras empresas y sobre toda la zona de Shenzhen, induciendo mejoras.

El verdadero problema es la horrorosa competición a la baja en la que está inmerso internamente el capital, la última frontera de la competencia a la baja, cuyo precio final lo pagan los trabajadores.

¿Por qué los trabajadores han sido reducidos a esta condición? Seamos realistas: además del hecho de que nuestros sindicatos no desempeñan ningún papel útil, nuestros trabajadores no han tenido fuerza para negociar el salario. No tienen fuerza en la ciudad porque todavía están en una situación fluctuante y desarraigada. Hoy se trabaja en Dongguan, mañana tal vez en Shenzhen o Guangzhou. De este modo no se pertenece a un hogar ni a una sociedad.

La fuerza de los trabajadores, la presión que pueden ejercer sobre el capital, está fragmentada en el marco de esas condiciones. El capital desea que todos los trabajadores sean campesinos migrantes, y está claro que quiere mantener a los trabajadores migrantes de segunda y tercera generación como campesinos migrantes. Por eso no hemos modificado la situación creada por el sistema hukou [nt: sistema que regula los permisos de residencia permanentes y temporales].

Un aumento de salarios también influenciaría la situación de los estudiantes. ¿Por qué el salario de un diplomado es tan bajo? Porque detrás hay un hermano que tiene aún menos, un trabajador migrante que tiene aún menos, un desempleado que tiene aún menos. Hoy debemos reflexionar sobre quién sostiene una sociedad y sobre cuáles son los derechos a proteger.

Pun Ngai es socióloga y antropóloga, profesora en el Politécnico de Hong Kong.

Traducción del chino al italiano: Diego Gullotta

Traducción del italiano al castellano: Trasversales, con autorización de Diego Gullota.

Fuente:  http://www.trasversales.net/t20ngai.htm (Revista Trasversales número 20 otoño 2010)

Informe Pisa 2009: las claves del éxito asiático…

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Corea apuesta por la excelencia, insistiendo en la formación de los mejores alumnos – Shanghái da a los estudiantes más capacidad de elección

ANTONIO JIMÉNEZ BARCA – París – 08/12/2010

EDUCACION3El informe PISA constituye una radiografía no del todo infiel de la educación en el planeta. Y deja una cosa clara: las buenas -a veces sorprendentemente buenas- calificaciones de los países asiáticos, sobre todo en matemáticas. El país considerado hasta ahora como modelo educativo, Finlandia, en cabeza hasta esta edición en la mayoría de los escalafones, ha dejado su plaza a Corea del Sur, que con un sistema educativo basado, sobre todo, en la atención cuidadosa a los alumnos destacados y a la cantidad de horas extra que llevan a cabo, en general, sus alumnos, se ha encaramado a la primera posición.

Pero no solo eso: el informe, que no solo se ocupa de países, sino que también se ocupa de regiones o territorios, aporta otra novedad: Shanghái, la capital económica de China, la ciudad de 22 millones de habitantes, la más rica del país, que por primera vez aparece en un estudio de este tipo, obtiene los mejores resultados mundiales. Los adolescentes de Shanghái son los campeones mundiales en "comprensión escrita". En este apartado, Corea aparece en segunda posición y Finlandia en tercera.

Pero es en el aspecto denominado "cultura matemática" en el que Asia acapara todas las posiciones, encabezada por la sorprendente Shanghái, que con 600 puntos, ha destrozado todos los récords, seguida por Singapur (562), Hong Kong (555) y Corea (546). La OCDE resalta un dato: el 25% de los alumnos de Shanghái han sido capaces de resolver un tipo de problema matemático complejo. El mismo problema solo fue resuelto por un 3% de los estudiantes de la OCDE.

También en conocimientos científicos Shanghái ocupa el primer lugar, seguido, esta vez, de Finlandia, Hong Kong y Singapur.

¿A qué obedece esta victoria asiática?

Como señalan los expertos de la OCDE, Shanghái no representa, ni mucho menos, al resto de la población china en materia de educación. En China, la educación obligatoria se acaba a los 15 años y la pobreza de determinados lugares acarrea que no todos los niños puedan estudiar hasta esta edad.

Con todo, Miyako Ikeda, una investigadora de la OCDE, aseguraba ayer a la agencia France Press que la capital económica de China es "pionera en materia de reformas educativas". Y apuntaba el hecho de haber cambiado ciertos programas escolares a fin de dar a los adolescentes más capacidad de elección y el envío de profesores provenientes de escuelas de élite a centros más desfavorecidos a fin de elevar el nivel educativo general.

Los institutos de Shanghái, según explica Ikeda, han modificado también los exámenes de acceso a la Universidad de forma que ahora se incide y se valora más la facultad de resolver problemas que los conocimientos aprendidos de memoria. "Shanghái tenía la costumbre de centrarse en el nivel de conocimientos. La novedad es que ahora se evalúa cómo y para qué utilizar estos conocimientos", concluye la experta de la OCDE.

De Corea se tenían más datos, pero su ascensión también ha sido relevante. En 2000 se encontraba entre los países destacados. Hoy, simplemente, es el mejor. El informe de la OCDE dedica un capítulo exclusivo al milagro coreano y afirma que el Gobierno de este país, hace unos años, consideraba "que las aptitudes de los estudiantes debían ir aún más allá para afrontar los cambios que reclamaba un mercado de trabajo competitivo". Una de las características del sistema educativo coreano, puesta de manifiesto por los expertos de la OCDE, es su apuesta por la excelencia, esto es, por los alumnos muy brillantes, a los que se intenta reconducir de manera que aprovechen toda su capacidad.

También hay que tener en cuenta que Corea es uno de los países en los que los estudiantes trabajan más fuera de clase. Dos de cada tres estudiantes coreanos acuden a clases de refuerzo. "Un estudiante coreano trabaja 10 horas al día", resumió ayer en París Rafael Bonete, consejero de Educación de la Embajada española ante la OCDE. "También hay que tener en cuenta que los estudiantes de este país sufren un nivel de estrés más alto que otros y que se sienten más infelices", añadió.

De cualquier forma, la embajadora española ante la OCDE, Cristina Narbona, aseguró que tal vez era tiempo, en España, de fijarse más en ese apoyo a la excelencia: "Nuestro país, en 30 años, ha mejorado mucho en materia de educación. Pero ahora que las universidades están pobladas, que todos los alumnos en España tienen oportunidades para estudiar, tal vez ha llegado la hora de esa excelencia".

 

Finlandia mantiene excelente sistema educacional, pero con pequeñas debilidades

La reválida del país ejemplar

Finlandia, paradigma de la buena escuela, teme "sorpresas" en PISA

ADRIÁN SOTO – Helsinki – 02/12/2010/El País.com

Jouni Välijärvi es el coordinador en Finlandia del informe PISA de la OCDE, la prueba internacional sobre los conocimientos escolares de los chicos de 15 años que ha convertido al país nórdico en paradigma de la buena educación. Välijärvi explica que la prueba de lectura de PISA realizada el año pasado (también hubo una parte de ciencias y otra de matemáticas) estaba impregnada de temas de nuevas tecnologías. "La lectura de redes sociales, la búsqueda e investigación en Internet nos pueden traer alguna sorpresa", dice el coordinador finlandés.

Con esto, el académico da a entender su temor de que Finlandia ya no ocupe los primeros puestos en la nueva medición que se hace pública el próximo martes. "La verdad es que pocos cambios pueden ocurrir en un periodo de tres años [tiempo que pasa entre cada prueba]. Pero nosotros ya hemos detectado que Finlandia ha perdido terreno en el campo de la sociedad de la información, y esto puede traducirse en los resultados del último examen". Según el último Eurobarómetro sobre la sociedad de la información, la penetración de la banda ancha en Finlandia es del 64% de hogares conectados, muy por debajo de Holanda, con el 79%, aunque la media europea es del 48%.

Municipios en crisis

En Finlandia, los municipios son los responsables de implementar los programas educativos. Durante los últimos años, muchos municipios se han visto seriamente afectados por la crisis económica. Según el coordinador, existe el peligro de que el sistema del país ya no presente resultados uniformes independientemente del colegio, hecho que es considerado como uno de los grandes logros de la escuela finlandesa.

La reforma de la educación universal y obligatoria de nueve años, vigente hoy, data de comienzos de los años setenta. A partir de entonces, el profesorado ha tenido una formación universitaria y permanente muy exigente. Y la evaluación de los docentes es una práctica cotidiana.

En un país relativamente pequeño (5,3 millones de habitantes, algo más que los de la Comunidad Valenciana) y culturalmente homogéneo, la escuela ha ocupado un lugar central en el salto de una sociedad agraria a una industrial y al Estado de bienestar. Allí, casi nadie repite curso (en España, a los 15 años ha repetido alguna vez el 41,4% de los alumnos) porque se aplica un sistema de educación de apoyo para aquellos que van peor en el que los docentes se multiplican para rescatarles. Las últimas cifras del Gobierno finlandés indican que los necesitados de apoyo han aumentado durante los últimos años, hasta un 27% de alumnos que lo reciben. La escasa presencia de chavales inmigrantes en las aulas finlandesas (no llegan al 3%) también es un factor que ayuda a comprender los buenos resultados finlandeses.

En el primer informe PISA, de 2000, de comprensión de lectura, Finlandia ocupó el primer lugar. No fue una sorpresa para los finlandeses; confiaban en su modelo. El idioma finés no pertenece a la familia de lenguas indoeuropea. Por esta característica y por ser un idioma hablado solo por cinco millones de personas, tanto el cine como toda la programación de televisión está en versión original con subtítulos en finés. Esto significa que los niños, apenas aprenden a leer, se familiarizan con el lenguaje escrito.

Los óptimos resultados en matemáticas y ciencias sí representaron una sorpresa, pues en ambos campos los jóvenes finlandeses no habían destacado. Se puede explicar porque desde comienzos de los noventa la instrucción escolar tendió a fortalecer estos dos campos. En general, el modelo de exámenes de PISA se adecúa bastante al currículo de la escuela finlandesa. También es notorio el entusiasmo con que chicas y chicos acuden a las pruebas de PISA. A toda edad es agradable estar entre los ganadores.

Written by Eduardo Aquevedo

8 diciembre, 2010 at 14:36

El informe PISA (2009) por países: Shanghai, Corea del Sur y Finlandia en primeros lugares… y Chile y A. Latina, al final…

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  • Corea del Sur y Finlandia, los mejores; Shanghai, la sorpresa
  • Chile: las deficiencias de las actuales políticas educativas que muestra la prueba Pisa

EL PAÍS 07-12-2010

 

Corea del Sur y Finlandia, los mejores; Shanghai, la sorpresa

JUAN A. AUNIÓN | ANTONIO JIMÉNEZ BARCA – Madrid | París – 07/12/2010

Consulta el informe PISA 2009 (en español)Preguntas y respuestas sobre este examen a la educación en el mundo – Informe PISA 2006 | 2003 | 2000

El informe PISA 2009 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que mide cómo manejan los chicos de 15 años de 65 países sus conocimientos en lectura, matemáticas y ciencias, vuelve a dejar en evidencia que España no consigue alcanzar la media de los países desarrollados, a pesar de haber recuperado el bajón de 20 puntos que registró en el informe anterior. Los alumnos españoles de 15 años han tenido en lectura (destreza en la que se centra esta vez el examen) de media 481 puntos (en 2006, fueron 461), frente a los 493 de la media de la OCDE. Con respecto a la media en 2000, año en que esta prueba internacional que se celebra cada tres años también se centró en la lectura, España baja 12 puntos, mientras que la media de la OCDE ha descendido 7.

    Quizá, según distintos expertos y el Ministerio de Educación, la distancia que separa a España de la media de la OCDE y de países como EE UU o Francia es estadísticamente muy pequeña, pero el hecho es que el sistema español lleva estancado a esa distancia al menos una década, desde que se publicó el primer informe PISA en 2000 (hubo otros dos en 2003 y 2007).

    Los resultados en ciencias y matemáticas también han sido similares a los de años anteriores. Los alumnos españoles mejoran en tres puntos los 480 que se alcanzaron en 2006 -pero aún inferiores a los 485 del año 2003- y en ciencias igualan la puntuación de hace cuatro años (488, frente a los 487 de hace siete años). En matemáticas, la media de la OCDE es de 496 y, en ciencias, de 501. Desde Educación, en cualquier caso, hablan de estabilidad del sistema español dentro de una leve mejora general de los países desarrollados.

    El elevado número de repetidores puede estar lastrando los resultados españoles en PISA, ya que hacen el examen los alumnos de 15 años, estén o no estén en el curso que les corresponde, 4º de la ESO. Así, en España, el 36% de los chavales que hicieron el examen eran repetidores -uno de los porcentajes más altos de la OCDE; en Finlandia es del 5%- y estos tienen unas puntuaciones muchísimo más bajas en lectura: 371 puntos los que están aún en 2º de ESO; 435 lo de 3º y 522 los que sí están en el curso que les corresponde.

    Aparte de la situación comparativa en la lista (lectura que desaconsejan distintos especialistas), España sigue contando con muy pocos alumnos en los niveles más altos de resultados (divididos en seis): un 3% de los estudiantes comparado con el 8% de media de la OCDE. Sin embargo, en los niveles más bajos, lo que se podría considerar un suspenso, el porcentaje del 20% de alumnos es similar al de la media de la OCDE.

    En cuanto a los resultados por Comunidades Autónomas, en la parte alta de mejores resultados están Madrid, Castilla y León y Cataluña, y en la más baja, Andalucía, Baleares y Canarias.

    En el lado positivo, el informe refleja un sistema muy homogéneo, en el que las diferencias de resultados entre alumnos dependen en un 4% de la comunidad autónoma donde se viva y en un 20% del centro en el que se estudie. Es decir, que las mayores diferencias de resultados, un 70%, se dan dentro del mismo centro.

    Corea del Sur y Finlandia, a la cabeza

    El país que mejor resultado ha obtenido es Corea del Sur. Hace años, en 2000, ya se encontraba entre los países destacados. Hoy por hoy, simplemente, es el mejor, superando a Finlandia, considerado hasta ahora el país modelo. El informe de la OCDE dedica un capítulo al milagro coreano y afirma que el Gobierno coreano, hace unos años, "consideraba que las aptitudes de los estudiantes debían ir aún más allá para afrontar los cambios que reclamaba un mercado de trabajo competitivo". Una de las características del sistema educativo coreano, puesto de manifiesto por los expertos de la OCDE, es su apuesta por la excelencia, esto es, por los alumnos muy brillantes, a los que se intenta reconducir de manera que exploten toda su capacidad. También hay que tener en cuenta que Corea es uno de los países en los que los estudiantes más trabajan fuera de clase. Dos de cada tres alumnos coreanos acuden a clases de refuerzo. "Un estudiante coreano trabaja 10 horas al día", ha resumido hoy en París, ciudad en la que se ha presentado el informe, Rafael Bonete, consejero de Educación de la Embajada española ante la OCDE.

    Finlandia aún mantiene unos resultados altísimos, consecuencia, según los expertos, de la autonomía de sus escuelas y de que los profesores, simplemente, se eligen entre los mejores estudiantes universitarios.

    De cualquier forma, la sorpresa de este informe PISA ha sido el altísimo resultado de la provincia de Shanghai, que por primera vez entraba en este tipo de prueba. Sus alumnos, literalmente, han roto las clasificaciones en matemáticas, superando los 600 puntos de media, algo nunca visto. La OCDE resalta un dato: el 25% de los alumnos de Shangai han sido capaces de resolver un tipo de problema matemático complejo. El mismo problema solo fue resuelto por un 3% de los estudiantes de la OCDE.

    Chile: las deficiencias de las actuales políticas educativas que muestra la prueba Pisa

    Andrea Precht, CIPER CHILE * | 7 de Diciembre de 2010 |

    Escolares

    La prueba PISA, medición de la calidad de la educación que realiza el llamado “club de los países desarrollados” reunido en la OECD, trajo buenas noticias: el nivel de lectura de los niños chilenos ha mejorado progresivamente. Sin embargo, también nos dio lecciones. Las evidencias muestran que el éxito escolar está determinado por el nivel socioeconómico de los alumnos. Además, el estudio asegura que la competencia entre los colegios –base del sistema chileno– no producen sistemáticamente mejores resultados.

    La prueba Pisa, cuyos resultados se conocieron este martes, tiene interesantes datos para comprender qué hacemos bien o mal en la educación chilena y para orientar las políticas educacionales. La última edición de esta prueba es interesante aún más porque contradice varias de las políticas que está llevando adelante el actual gobierno. La prueba la toma la OECD, una organización que promueve el libre comercio entre sus asociados y concluye, entre otros puntos, que en educación la competitividad entre escuelas no produce buenos resultados.

    Pero partamos por un tema previo a ese: la lectura. El nivel de lectura en Chile, dice la prueba Pisa, es deficiente (nivel 2), muy por debajo del promedio de los países de la OECD y que equivale al rendimiento de Turquía y México. Nuestros niños y niñas escolarizados presentan dificultades en la búsqueda de información, comparación de fuentes, contrastes y comprensión de contexto. Los países que están mejor en esta área, tienen niños que saben resumir la información leída, clarifican lo que no entienden y complementan la información obtenida con otras fuentes.

    Aún así, en los últimos 9 años el nivel chileno ha mejorado notablemente. Hoy, comparado con la medición de Pisa de 2006 tenemos menos estudiantes rindiendo mal en lectura. Y la diferencia entre el grupo que lo hace bien y el que rinde mal, es menor que antes. ¿Qué pasó? Pisa muestra que aumentó el rendimiento de los más débiles. El mérito de esta subida es sin duda de los docentes que trabajan con sectores más deprivados; los profesores que siempre son responsabilizados del fracaso escolar. Respecto de cómo hay que valorar su esfuerzo, la OECD señala que “los sistemas exitosos priorizan el salario de los profesores por sobre el tamaño de los cursos”.

    Pero los profesores solos no son suficientes muchas veces. El análisis de los resultados de Pisa repara en que el compromiso de las familias con el aprendizaje de sus hijos explica parte del éxito escolar. También el goce ayuda: los que gozan con la lectura puntúan mejor en logros de aprendizajes que quienes detestan leer. Estos últimos no son pocos: 37% de los estudiantes encuestados en todos los países muestreados declaran no disfrutar la lectura. Un dato interesante que puede revertir eso: leer en Internet sirve. Quienes leen online, tienen mejores resultados en Pisa que quienes no lo hacen.

    La OECD pone en evidencia situaciones que conocemos hace bastante tiempo: El nivel socioeconómico (NSE) explica mejor el rendimiento escolar que muchos otros factores. En castellano, esto quiere decir qué los niños más ricos logran mayores que los pobres en Chile y ello no se debe a que sean más inteligentes, más lindos o tengan mejores profesores, sino a su nivel de riqueza. Es decir que la diferencia de rendimientos es un tema estructural. Pregunta pendiente: ¿las reformas que se han anunciado abordan esa diferencia social?

    Junto con el NSE hay otros factores que explican el rendimiento: la diversidad. Los colegios en que ésta es mayor, tienen mejores resultados. Y aquellos sistemas que dividen a los niños por género, por NSE o por sus habilidades, rinden peor. En Chile tendemos a la homogeneidad: se discrimina por NSE, se reúne a los iguales. En ese sentido, la popular idea de los liceos de excelencia sólo agravará la situación pues va en el sentido contrario a lo que la OECD ve que funciona. Tampoco les va bien a los que hacen repetir mucho de curso o que echan a los alumnos con problemas disciplinares o de rendimiento puntúan peor.

    Para reforzar la idea, una recomendación de la OECD que la copiamos en inglés y en español, para que no haya duda de que esta vez se entendió. No dice nada nuevo, nada que no haya sido muchas veces dicho, pero se tiende a olvidar: Countries that create a more competitive environment in which many schools compete for students do not systematically produce better results. O: Los países que crean ambientes más competitivos en el cual muchos colegios compiten por estudiantes no producen sistemáticamente mejores resultados.

    Es decir: mercados educativos más competitivos no producen alumnos mejores. El caso chileno es una prueba de aquello. Que lo diga la OECD no es menor, pues el propósito de esta prueba es tomar una fotografía del sistema educativo con las premisas del neoliberalismo. Pisa nos señala, sin embargo, que el modelo que se ha instalado no funciona. Por el contrario, está sacrificando a muchos niños y niñas.

    Por último, un llamado de atención a quienes se desangran pagando escuelas privadas:

    El informe nos dice: “Tras controlar el nivel socioeconómico y demográfico de nuestros estudiantes en países miembros no se demuestra diferencias entre la educación pública y privada”. En “castellano” ello quiere decir que el éxito no se explica por el tipo de escuela sino por los factores anteriormente mencionados: NSE y locación demográfica. Las escuelas privadas no agregan valor educativo en lectura, matemáticas ni ciencias, tan solo descansan en el capital cultural de las familias.

    * Doctora en Ciencias de la Educación, directora del Centro de Innovación y Calidad de la Docencia (CICAD) de la Universidad de Talca. Esta columna es tributaria de los comentarios de Paul Fuentes, director regional de Explora Maule, quien me ayudó a comprender algunos aspectos de la prueba Pisa.

     

    Chile en PISA 2009: primera mirada a los resultados

    Chile se ubicó en el puesto número 44, de 65 países, liderando la Región. Pese a los avances mostrados, la inequidad entre sectores socioeconómicos sigue siendo preocupante.

    El puntaje promedio de Chile en PISA 2009 en el área de Lectura fue de 449 puntos, lo que significa que en esta oportunidad, los estudiantes chilenos de 15 años obtuvieron un promedio 40 puntos mayor en Lectura, que el obtenido el 2000. Pese a ésto, Chile se ubicó por debajo del promedio de la OECD, en el lugar 44 entre 65 países.

    PISA es una prueba desarrollada por la OECD. Desde el año 2000, evalúa las competencias de los estudiantes en tres áreas: Lectura, Matemática y Ciencias Naturales y permite establecer promedios para cada área y porcentajes de estudiantes según niveles de desempeño. Su enfoque está orientado a la evaluación de competencias para la vida, por lo tanto no solo se refiere al currículum.

    Como se observa en los datos, la tendencia en Chile es al alza y pone en evidencia que la brecha con la OECD tiende a disminuirse. Al respecto, es posible estimar que si Chile continuara subiendo su puntaje en Lectura en la medida que lo ha venido haciendo, en diez años alcanzaría el actual promedio de la OECD.

    Respecto al desempeño de los estudiantes chilenos, uno de cada tres no alcanza el nivel 2 de desempeño, es decir, no tiene las competencias mínimas para desenvolverse en el mundo e integrarse productivamente a la sociedad. Esta situación se vuelve más preocupante en los sectores más vulnerables, ya que uno de cada dos niños está bajo el nivel 2.

    En Chile, al igual que en el resto de los países latinoamericanos, prácticamente no existen estudiantes que se sitúen en el nivel 6 (máximas competencias) y en el nivel 5, sólo un 1%.

    Dentro de los países de la OECD, los estudiantes que alcanzan niveles 5 y 6 llegan al 7%. En el grupo más alto de nuestro país, uno de cada diez niños está bajo el nivel 2. En un curso de 40 estudiantes de este grupo, sólo 4 de ellos no tendrían las competencias mínimas. Sin embargo, en el grupo más vulnerable, 20 alumnos estarían en esta situación.  

    Matemáticas

    En el caso de Chile, sólo es posible comparar los resultados de matemáticas del 2006 y 2009. Hecha esta salvedad, se puede afirmar que el puntaje promedio de los estudiantes chilenos no varía significativamente en este periodo.

    Con 421 puntos, Chile se ubica en el lugar 49, y se mantiene 75 puntos bajo el promedio de la OECD.

    En tanto un 22% de los estudiantes se ubica bajo el primer nivel, es decir, que no domina las competencias más elementales. Para la OECD, este porcentaje corresponde a un 8%. En los niveles de más alto desempeño (5 y 6), Chile ubica un 1% de los estudiantes; mientras que para la OECD, ese nivel de desarrollo lo alcanza un 13% de estudiantes.

    Ciencias Naturales

    En esta área, los estudiantes chilenos obtuvieron los más altos puntajes, entre los países latinoamricanos participantes en PISA 2009. A nivel general, Chile, se ubica en el lugar 44, entre 65 países, con 447 puntos, 53 puntos debajo de la OECD.

    Respecto a las competencias, uno de cada tres estudiantes (proporción similar a Lectura) tiene un desempeño bajo el nivel 2, es decir, no alcanza el nivel mínimo de competencias científicas que les posibiliten comprender el mundo y las implicancias de la ciencia y la tecnología . El promedio de la OECD es 18%.

    La inequidad sigue fuerte

    La tendencia en Lectura de acuerdo al grupo socioeconómico de pertenencia, muestra que en Chile los estudiantes de todos los grupos incrementaron sus puntajes entre 2000 y 2009 y que se ha disminuido levemente la brecha entre los grupos altos y bajos.

    Al realizar una comparación de la distribución en niveles de desempeño, en Lectura, entre los resultados 2000 y 2009 para Chile, se observa que en todos los grupos ha disminuido el porcentaje de estudiantes que están en el nivel 1 o bajo él, es decir, que en todos los grupos socioeconómicos ha bajado el porcentaje de estudiantes que no alcanza las competencias mínimas. Sin embargo, más de 50% de los estudiantes del Grupo Bajo sigue sin alcanzar el nivel mínimo.

    En Matemática sucede algo similar: el puntaje es mayor mientras más alto es el grupo socioeconómico y cultural al que pertenecen el estudiante y su familia, estableciéndose una diferencia de 109 puntos entre los grupos altos y bajos.

    Al igual que sucede en Lectura y Matemática, mientras más alto es el grupo socioeconómico y cultural al que pertenece el estudiante, más alto es su puntaje en la evaluación de Ciencias Naturales. Entre el puntaje obtenido por los estudiantes del grupo bajo y alto existen 97 puntos de diferencia.

    Por otra parte, en las 3 áreas, además, se identifican diferencias en los puntajes asociados al tipo de dependencia del establecimiento, siendo los recintos municipales aquellos que presentan menores puntajes en comparación con aquellos que son particulares subvencionados o privados.

    Comparación con países miembros de la OECD

    La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD), es una organización de cooperación internacional, compuesta por 33 estados, cuyo objetivo es coordinar sus políticas económicas y sociales. Se considera que la OECD agrupa a los países más avanzados y desarrollados del planeta y por tanto, sus políticas, tanto económicas, sociales como educativas se consideran un importante referente para el desarrollo.

    http://www.educarchile.cl/Portal.Base/Web/VerContenido.aspx?GUID=64813dd6-79f4-4c4d-99ff-7083927abc4e&ID=206472

    China apuesta por dominar una Corea unificada: la nueva visión que aporta Wikileaks…

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    Pekín colabora en la caída del régimen estalinista del Norte a cambio de ganar posiciones ante el Gobierno del Sur para consolidar su predominio estratégico y desplazar a Estados Unidos de la región

    LUIS PRADOS / ANDREA RIZZI – Madrid – 29/11/2010

    imageLa escalada de la tensión que lleva a cabo desde 2006 el moribundo régimen de Corea del Norte con sus pruebas nucleares y lanzamiento de misiles -el último episodio en desatar la alarma mundial fue el ataque a una isla del Sur la semana pasada-, parece tener un claro ganador: China. El escenario del conflicto que describen los documentos hasta ahora secretos de la diplomacia norteamericana sugiere el creciente predominio regional de Pekín, que apuesta por hacerse con el control de una península coreana desnuclearizada y unificada bajo el mando de Seúl y la disminución del papel de EE UU y Japón.

      La superpotencia china parece jugar con muchas cartas en este nuevo gran juego. Si por una parte insufla vida económica artificial a la tiranía de Kim Jong-il, la única dinastía comunista del mundo, que prevé perpetuarse en su hijo menor y heredero, Kim Jong-un, de 27 años, por otra marca distancias con un régimen que solo le aleja de una boyante perspectiva de negocios con EE UU, Corea del Sur y Japón. Y al tiempo que estrecha su colaboración con EE UU para frenar la carrera nuclear de Pyongyang deja todo el protagonismo en la solución del problema a los norteamericanos que cargan con la mochila de Corea del Sur a la espalda. El tercer movimiento consiste en multiplicar los lazos comerciales y culturales con Seúl. China desbancó en 2004 a EE UU como primer socio comercial y cuatro años después duplicaba su volumen de intercambio.

      El viceministro de Exteriores surcoreano, Chun Yung-woo, explicó la estrategia china a la embajadora de EE UU en Seúl en una reunión celebrada el pasado febrero (cable 249870). Chun aseguró que Pekín se sentiría cómodo con una Corea unificada controlada por Seúl, anclada a Estados Unidos en una "benigna alianza" y siempre que esa nueva Corea no fuese hostil a China. Las extraordinarias oportunidades de comercio para las compañías chinas, añadió, ayudarían a eliminar las inquietudes de Pekín para convivir con la nueva Corea.

      Alejamiento entre ambas Coreas

      Otra reunión entre un alto funcionario del Ministerio de Exteriores chino, Wu Jianghao, y diplomáticos norteamericanos en Pekín (cable 212487) ilustra bien el nuevo panorama de alejamiento del Norte y acercamiento al Sur. Wu confirma a sus interlocutores que Corea del Norte ha empezado a enriquecer uranio para fabricar bombas atómicas -tres meses antes de que Pyongyang informara de ello al Consejo de Seguridad de la ONU y más de un año antes de que un científico de EE UU viese las centrifugadoras funcionando a pleno rendimiento- e insiste en que "solo un país puede obtener resultados con los norcoreanos y ese es EE UU".

      Wu asegura que las presiones chinas sobre Pyongyang no tienen efecto y que "comparte" el interés de los americanos por una península coreana libre de armas nucleares. El diplomático chino recuerda que Punggye, el lugar en el que Corea del Norte realiza sus pruebas atómicas, está cerca de la frontera china y que cualquier accidente tendría graves consecuencias para su país. Añade que la única diferencia entre Pekín y Washington ante este problema es que "EE UU tiene la llave mientras que China solo puede poner un poco de aceite en la cerradura".

      Más adelante el alto funcionario chino comenta a propósito del Grupo de los Seis (las dos Coreas, Japón, China, EE UU y Rusia) que negocian la desnuclearización de Pyongyang y cuyas conversaciones están estancadas desde abril de 2009, que "los surcoreanos están llenos de ideas pero todas las hemos oído antes", y que la actitud de Japón le recuerda a la de alguien que es demasiado débil para hacer que algo funcione pero suficientemente fuerte para destruirlo.

      Los correos diplomáticos de EE UU sacan a la luz también cómo la China moderna se aleja irreversiblemente de la vieja Corea del Norte. La brecha se ha puesto de manifiesto en recientes desencuentros y la desconfianza ha crecido entre Pekín y Pyongyang.

      "No nos gustan, pero son nuestros vecinos"

      El viceministro de Exteriores chino, He Yafei, en una reunión con diplomáticos norteamericanos celebrada en Pekín en septiembre del año pasado, afirmó: "Puede que no nos gusten, pero los norcoreanos son nuestros vecinos" (cable 231221). Pero es el propio líder norcoreano quien llega a expresar sus reservas hacia Pekín en un encuentro mantenido ese verano con Hyun Jeong-eun, presidenta del grupo empresarial surcoreano Hyundai (cable 222690). Hyun informa a los americanos de que en esa cita Kim Jong-il habló poco de China salvo para decir que "no confiaba" en el gigante asiático.

      Un diplomático chino destinado en un país de Asia Central comenta a su colega norteamericano durante una cena (cable 210695) que "son los militares quienes verdaderamente gobiernan" en Pyongyang y que los objetivos de su país en Corea del Norte son honrar sus compromisos sobre no proliferación nuclear, mantener la estabilidad y evitar que Kim Jong -il se "vuelva loco".

      El embajador chino en Seúl, Cheng Yonghua, lamenta por su parte que Corea del Norte no haya seguido el camino de las reformas chinas. Cheng comenta a los americanos que Corea del Norte es como China antes de la Revolución Cultural y que en su primera reunión con altos funcionarios del Norte tuvo que retrasar su reloj personal 30 años para conectar con ellos. El embajador subraya que es una desgracia que Corea del Norte no tenga un Den Xiaoping.

      Las crecientes diferencias entre los dos países han puesto en marcha un debate en el liderazgo chino sobre la actitud a tomar hacia Pyongyang, según corroboran tanto diplomáticos chinos como surcoreanos en los papeles de la diplomacia norteamericana.

      El consejero político de la Embajada china en Seúl, Chen Hai, confirma en una cena con la embajadora Kathleen Stephens celebrada el pasado diciembre que existen diferencias generacionales entre los especialistas en Corea del Norte del Ministerio de Exteriores (cable 241557). En concreto, hay tres grupos de expertos según donde se hayan educado. El primero lo forman casi todos los veteranos, que pasaron entre 8 y 10 años estudiando y trabajando en Corea del Norte. El segundo, los funcionarios de nivel medio y más jóvenes que se licenciaron en estudios coreanos en China, y un creciente tercer grupo que adquirió sus conocimientos en Corea en el Sur. Chen resume diciendo que incluso la generación más vieja ve a la China moderna más parecida a Corea del Sur que al Norte.

      Brecha generacional

      El viceministro de Exteriores surcoreano, Chun Yung-woo, pone nombre y apellidos a esa brecha generacional (cable 249870). Atribuye a "la tremenda presión que debe haber ejercido" Corea del Norte el hecho de que Wu Dawei, a quien califica como el "más incompetente funcionario" de China haya retenido su puesto al frente de la delegación de Pekín en el Grupo de los Seis. Chun asegura que Wu es un tipo arrogante, un antiguo guardia rojo que "no sabe nada sobre Corea del Norte, nada sobre no proliferación y con quien es difícil comunicarse porque no sabe una palabra de inglés". Un personaje que no tiene nada que ver, según él, con otros altos cargos del Ministerio de Exteriores y del Partido Comunista Chino que están preparados para "encarar la nueva realidad" de que Corea del Norte actualmente tiene poco valor para China como Estado tapón y que aceptan que la península coreana se unifique el día de mañana bajo el control del Sur.

      La mayoría de los diplomáticos, analistas, desertores del Norte o líderes de opinión que desfilan por la Embajada norteamericana en Seúl apuntan otros riesgos para Pekín de la política de Kim Jong-il. Entre ellos, la posibilidad de que su aventura nuclear desencadene una carrera de armamentos en la región, que material atómico caiga en manos de los rebeldes uigures o que la inestabilidad y la ruina económica generen una invasión de refugiados.

      En paralelo con las discrepancias entre China y Corea del Norte, se ha reforzado la cooperación entre Seúl y Pekín. Las visitas diplomáticas se han multiplicado -los presidentes Lee Myoung-bak y Hu Jintao se reunieron en tres ocasiones en 2008, algo sin precedentes-, así como los intercambios comerciales y culturales. Ambos países ultiman un acuerdo de libre comercio y hace dos años sus militares establecieron una línea caliente si bien no han llegado a realizar por ahora maniobras conjuntas.

      Por el contrario, y pese a que China siga por ahora manteniendo económicamente al Norte, Pekín advirtió a comienzos de este año a Pyongyang que no habría más descuentos en la factura del petróleo.

      China y EE UU, "pasajeros en el mismo barco"

      Los funcionarios chinos insisten una y otra vez en que China y EE UU son "pasajeros en el mismo barco", pero las presiones sobre Washington son mucho mayores. Tokio y Seúl urgen a los norteamericanos a adoptar una política más dura hacia Corea del Norte. La correspondencia diplomática da cuenta (cable 219686) de cómo Corea del Sur, pese a la vigencia de una alianza que dura más de medio siglo y la presencia de 28.500 soldados estadounidenses en su suelo, exige constantes garantías de que EE UU no le va a dejar fuera de juego. Por otra parte, los dos países no han logrado aún firmar un acuerdo de libre comercio y EE UU parece bastante solo en la región (cable 206664), en sus iniciativas para frenar la proliferación nuclear de Pyongyang.

      Todos estos movimientos diplomáticos se producen cuando en Pyongyang ya se ha puesto en marcha la sucesión del régimen y existe una gran incertidumbre tanto sobre la deteriorada salud de Kim Jong-il, de 68 años, como sobre la capacidad para reinar de su hijo y heredero.

      En el primer caso, los cables diplomáticos atestiguan que al querido líder aún le quedan fuerzas. El 8 de julio de 2009, por ejemplo, tan solo un año después de sufrir un derrame cerebral, aguantó más de tres horas de celebraciones por los 15 años de la muerte de su padre, Kim Il-sung. Ese verano la presidenta de Hyundai se reunió con Kim Jong-il y lo encontró "al control de todo", carismático y con buena memoria. Cuenta (cable 222498) que pese a que los médicos le aconsejaron a Kim hace cuatro años que dejara de fumar, de beber y de comer carne, nada más acabar la reunión con ella se encendió un cigarrillo. Antes de la cena bebió champán, acompañó la comida con cocktails de whisky y luego fumó un cigarrillo tras otro.

      Las posibilidades de su hijo de asentarse en el poder y el futuro de Corea del Norte tras la muerte de Kim es un terreno fértil para la especulación. Los papeles secretos de la diplomacia norteamericana recogen cierta unanimidad en que Kim Jong-un no dispondrá de tanto tiempo como su padre para ganarse el apoyo de las élites del régimen, que su tío, Jung Sung-taek, que gobernó durante la convalecencia de Kim, puede ser su gran rival y que un vacío de poder podría desencadenar una cruenta lucha entre facciones militares.

      Caos económico y deserciones de oficiales

      No obstante, y pese al caos económico y las recientes deserciones de oficiales del Ejército, los diplomáticos chinos advierten a sus colegas norteamericanos que no asuman que el régimen norcoreano se vendrá abajo inmediatamente tras la muerte de Kim Jong-il.

      En la misma línea, el consejero del presidente Lee en Asuntos Exteriores, Kim Sung-hwan, considera que el régimen podría continuar tras la desaparición del dictador si las élites fueran capaces de organizar algún tipo de liderazgo colectivo. También los desertores refugiados en el Sur y dos embajadores europeos acreditados en Pyongyang prevén que el régimen cerrará filas igual que ocurrió en 1994 cuando murió Kim Il-sung, padre del actual líder. Por supuesto, descartan un levantamiento de un pueblo sepultado en la miseria totalitaria por dos buenas razones: miedo y hambre.

      Así cuentan esta noticia The New York Times , The Guardian , Le Monde y Der Speigel . Puedes contactar con los autores de esta información en Eskup: Andrea Rizzi / Luis Prados | Participa en Eskup | La mayor filtración de la historia | Preguntas y respuestas | Ir al especial

      Written by Eduardo Aquevedo

      29 noviembre, 2010 at 23:29

      ¿Democracia en China?, por Manuel Castells

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       OBSERVATORIO GLOBAL

      La mayoría de la población china es indiferente al tema de la democracia e ignora o critica a Liu Xiaobo

      China_saca_pechoLa concesión del Nobel de la Paz al escritor disidente Liu Xiaobo es una llamada al orden a una China comunista salvadora del capitalismo mundial por parte de países occidentales que aún se atreven a defender los derechos humanos aunque les cueste un enfrentamiento con el motor industrial del planeta. Al Gobierno chino le ha molestado especialmente que Obama, seguido por los países de la UE, pidiese la liberación de Liu Xiaobo, siendo así que el déficit presupuestario del Gobierno estadounidense se sostiene gracias a la compra de sus bonos del Tesoro por parte del Gobierno chino.

      Pero por fundada que sea la crítica al hecho de encarcelar por delito de opinión, no parece que la causa de la democracia vaya a progresar en China, al menos en el corto plazo, a pesar de un limitado movimiento de solidaridad simbolizado por el manifiesto de intelectuales liderados por Xu Youyou y Zhang Zuhua. Y no es sólo por el férreo control que ejerce el Partido Comunista sobre los medios de comunicación y la sociedad civil, sino porque la gran mayoría de la población china es indiferente al tema de la democracia e ignora o critica a Liu Xiaobo.

      Todavía no se ha olvidado su famoso comentario de que China necesitaba otros 300 años de colonialismo para desarrollarse correctamente, lo que provocó la furia del nacionalismo chino, la ideología dominante entre los jóvenes. Asimismo, intelectuales críticos de izquierda (también disidentes) se oponen a Liu por ser un neoliberal defensor a ultranza del mercado. De ahí que haya sido fácil para el Gobierno chino reunir el apoyo de la ciudadanía contra la pretensión extranjera de imponer valores y reglas a China. En encuestas internacionales relativamente fiables sobre niveles de apoyo al Gobierno, China alcanza el más alto nivel (72%), en contraste con la crisis de confianza en las democracias occidentales. No es un reflejo del miedo, sino al contrario, de una mezcla de satisfacción por la mejora del nivel de vida en las dos últimas décadas junto a un orgullo nacional de sentirse fuertes y respetados en el mundo.

      La proyección directa sobre China de la problemática occidental es un grave error, porque impide la comprensión de lo que está pasando. De ahí que la denuncia de la represión en China no puede mezclarse con el intento de exportar nuestro sistema democrático, porque produce la reacción contraria: el crecimiento distanciamiento político de China en el preciso momento histórico en que la economía mundial depende en gran parte del crecimiento chino. Entender China empieza por asumir la paradoja de que sea un Estado comunista el que conduce el más espectacular proceso de crecimiento capitalista nunca visto. La contribución china al crecimiento mundial ha pasado del 8% hace 30 años al 20% en estos momentos. Es el primer exportador mundial y uno de los primeros cinco países receptores de inversión extranjera.

      Aunque con creciente desigualdad social, los indicadores de bienestar social han mejorado considerablemente.

      La mortalidad infantil se ha reducido en más de la mitad. Y la esperanza de vida de 40 años en los cincuenta ha pasado a 73 años en la actualidad. La capacidad tecnológica se ha incrementado hasta el punto de ser líderes en sectores de telecomunicaciones (sobre todo en internet móvil) y diseño digital, mientras que sus universidades se han conectado a la red mundial y progresan aceleradamente. La clave es que este crecimiento y modernización están dirigidos por un Estado que sigue estrechamente controlado por el Partido Comunista y cuya estrategia es utilizar mecanismos capitalistas para aumentar la riqueza de la nación y el poder del Estado.

      La profesora de Berkeley You-tien Hsing ha identificado la clase social que lidera el desarrollo chino. Es lo que ella llama “burócratas emprendedores”. No es una contradicción: son burócratas que utilizan su posición en el partido, en niveles nacionales, provinciales y locales, para proporcionar acceso al suelo y a los permisos administrativos a capitalistas locales o extranjeros. De modo que no hay una burguesía externa al Estado a quien le podría interesar la democracia, sino que es el Estado el que se ha fundido personalmente con las empresas capitalistas. De ahí ha surgido una importante clase media urbana que vive en un delirio de consumo y que no se presta a veleidades políticas.

      Y una juventud que puede expresarse sin trabas en internet (428 millones de internautas) mientras no utilicen palabras feas como democracia, Tíbet o Tiananmen. Demasiado ocupados están blogueando para ser celebridades digitales y bajándose películas y música por gigabytes. Pero, como en la industrialización europea del siglo XIX, esa gigantesca transformación genera un éxodo rural masivo, una explotación salvaje de una clase obrera sin derechos, una población flotante de inmigrantes sin permiso de residencia en ciudades sin servicios para su gente, una especulación urbana desenfrenada que expulsa a los pobres de sus barrios a golpes de excavadora y una población desprotegida, sin seguro médico ni jubilación asegurada. De ahí salen los suicidios masivos de trabajadores, las violentas revueltas campesinas, las huelgas de centenares de miles de obreros, las denuncias de la injusticia y la corrupción.

      Esos son los verdaderos problemas de China y de ahí surgen las explosiones sociales que pueden socavar sus instituciones y su economía y con ello el mismo capitalismo global. Desde la perspectiva de la China real, de la gloria de los rascacielos de Shanghai al sufrimiento de millones de proletarios desangrando sus vidas en el delta del río de la Perla, desde ese mirador de grandezas y miserias, la cuestión de la democracia (que nunca existió en China), francamente, aparece como un divertimento para mis amigos intelectuales y, tal vez, como una estrategia geopolítica del mundo occidental para deslegitimar la expansión china. Lo cual no quiere decir que nos olvidemos de Liu Xiaobo. Tenemos que sacarlo de la cárcel por una cuestión de principio. Pero sabiendo los límites de su respetable ideología democrática en el contexto de la China realmente existente.

      Manuel Castells Oliván (1942) es un sociólogo y profesor universitario, catedrático de Sociología y de Urbanismo en la Universidad de California en Berkeley, así como director del Internet Interdisciplinary Institute en la Universitat Oberta de Catalunya.

      La Vanguardia.es

      Written by Eduardo Aquevedo

      2 noviembre, 2010 at 22:13

      Giovanni Arrighi, sobre el sistema capitalista mundial, hoy. Entrevista de D. Harvey

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      entrevista a Giovanni Arrighi
      por David Harvey

      INVESTIGACION6 ¿Puedes contarnos cuáles fueron tus orígenes familiares y tu educación?

      Nací en Milán en 1937. La familia de mi madre era de origen burgués. Mi abuelo, hijo de inmigrantes suizos asentados en Italia, había ascendido desde la filas de la aristocracia obrera llegando a establecer a principios del siglo XX sus propias fábricas de producción de maquinaria textil, para posteriormente pasar a fabricar equipos de calefacción y de aire acondicionado.

      Mi padre, nacido en Toscana, era hijo de un trabajador ferroviario. Llegó a Milán y encontró trabajo en la fábrica de mi abuelo materno para acabar casándose con la hija del jefe. Se produjeron tensiones, que finalmente provocaron que mi padre estableciese su propio negocio en competencia con su suegro. Ambos, sin embargo, compartían sentimientos antifascistas, lo cual influenció en gran medida mis primeros años de infancia, dominados como lo estuvieron por la guerra: la ocupación nazi del norte de Italia tras la rendición de Roma en 1943, la Resistencia y la llegada de las tropas aliadas.

      Mi padre murió de improviso en un accidente de coche cuando yo tenía dieciocho años. Decidí mantener su compañía en funcionamiento, contra el consejo de mi abuelo, y entré en la Università Bocconi para estudiar económicas, con la esperanza de que ello me ayudaría a gestionar la empresa.

      El Departamento de Teoría Económica era un baluarte del pensamiento neoclásico sin relación alguna con el keynesianismo, y de ninguna ayuda para llevar las riendas de la empresa de mi padre. Finalmente me convencí de que tendría que cerrarla. Tras ello invertí dos años trabajando en una de las empresas de mi abuelo recopilando datos sobre la organización del proceso de producción. El estudio me convenció de que los elegantes modelos de la economía neoclásica eran irrelevantes para comprender la producción y la distribución de la renta, lo cual se convirtió en el zócalo de mi tesina. A continuación fui nombrado assistente volontario, esto es, asistente no retribuido de mi profesor, que en aquellos días era el primer escalón del organigrama de las universidades italianas. Para ganarme la vida conseguí un trabajo en Unilever, como responsable de gestión.

      ¿Qué pasó para que fueras a África en 1963 para trabajar en la University College de Rhodesia y Nyasaland?

        Lo que ocurrió fue muy simple. Supe que las universidades inglesas estabanpagando gente para enseñar e investigar, a diferencia de lo que sucedía en Italia en donde tenías que pasar cuatro o cinco años como asistente volontario antes de tener esperanza alguna de obtener un trabajo retribuido. A principios de la década de 1960, los británicos estaban estableciendo universidades a lo largo de todo su antiguo imperio colonial, como colleges de las universidades británicas. La UCRN era un college de la Universidad de Londres. Me presenté a dos puestos, uno en Rhodesia y otro en Singapur. Me llamaron para hacerme una entrevista en Londres y dado que la UCRN se mostró interesada, me ofrecieron un trabajo como docente de economía. Y me fui para allá.

      Fue un verdadero renacimiento intelectual. La tradición neoclásica modelada matemáticamente en la que me había formado no tenía nada que decir sobre los procesos que estaba observando en Rhodesia o sobre las realidades de la vida africana. En la UCRN trabajé junto a antropólogos, en particular con Clyde Mitchell, quien ya estaba investigando sobre análisis en red, y con Jaap van Velsen, que estaba introduciendo el análisis situacional, reconceptualizado más tarde como análisis de estudios de caso. Asistí a sus seminarios regularmente y ambos me influyeron enormemente. Poco a poco, abandoné los modelos abstractos en pro de una teoría de la antropología social empírica e históricamente fundada. Comencé mi larga marcha desde la teoría económica neoclásica a la sociología histórico-comparativa.

      Este fue el contexto en el que escribiste tu ensayo «The Political Economy of Rhodesia», que analizaba las formas de desarrollo de la clase capitalista en este país y sus contradicciones específicas, al tiempo que explicaba las dinámicas que condujeron a la victoria en 1962 del Rhodesian Front Party, animado por los colonos, y a la Declaración Unilateral de Independencia de 1965 por parte de Smith. ¿Cuál fue el impulso inicial subyacente al ensayo y cuál es para ti retrospectivamente su importancia?

      «The Political Economy of Rhodesia» fue escrito a instancias de Van Velsen, que criticaba sin descanso mi uso de los modelos matemáticos. Yo había escrito una recensión del libro de Colin Leys European Politics in Southern Rhodesia y Van Velsen me sugirió que la convirtiese en una artículo largo.

      Aquí y en «Labor Supplies in Historical Perspective» analicé los modos mediante los que la total proletarización del campesinado de Rhodesia creaba contradicciones para la acumulación de capital, produciendo de hecho a la postre más problemas que ventajas para el sector capitalista 1. En la medida en que la proletarización era parcial hacía posible que los campesinos africanos subsidiaran la acumulación de capital, porque producían parte de su subsistencia; pero cuanto más se proletarizaba al campesinado, más se descomponían estos mecanismos. El trabajo totalmente proletarizado podía ser explotado únicamente si se le pagaba un salario que le permitiera reproducir su vida. Así, pues, en lugar de facilitar la explotación del trabajo, la proletarización la hacía más difícil, exigiendo con frecuencia un régimen que debía hacerse paulatinamente más represivo. Martin Legassick y Harold Wolpe, por ejemplo, mantenían que el apartheid sudafricano respondía fundamentalmente al hecho de que el régimen tenía que optar por una mayor represión de la fuerza de trabajo africana porque ésta estaba totalmente proletarizada y no podía subsidiar por más tiempo la acumulación de capital como había hecho en el pasado.

      El conjunto de la región meridional de África –que abarca desde Sudáfrica y Botsuana, pasando por la antigua Rhodesia, Mozambique y Malawi, que se denominaba entonces Nyasaland, hasta llegar a Kenia como su espolón nororiental– se caracterizaba por su riqueza mineral, su agricultura de colonos y una extrema desposesión del campesinado. Es muy diferente del resto de África, incluido el norte. Las economía de África occidental se basaban fundamentalmente en el campesinado, pero la región meridional –la que Samir Amin denomina «el África de las reservas de trabajo»– era en muchos aspectos un paradigma de extrema desposesión campesina y por consiguiente de proletarización. Varios de nosotros estábamos señalando

      que este proceso de extrema desposesión era contradictorio, ya que habiendo creado inicialmente las condiciones para que el campesinado subsidiase la agricultura, la industria minera, la actividad manufacturera, etc. capitalistas, comenzaba, sin embargo, a provocar cada vez más dificultades a la hora de explotar, movilizar y controlar el proletariado que estaba generando. El trabajo que hicimos entonces –mi «Labour Supplies in Historical Perspective» y los trabajos relacionados de Legassick y Wolpe– estableció lo que llegó a ser conocido como el Southern African Paradigm sobre los límites de la proletarización y la desposesión.

      Contrariamente a lo afirmado por aquellos que todavía identifican desarrollo capitalista con proletarización tout court –Robert Brenner, por ejemplo– la experiencia de África meridional mostró que la proletarización, en y por sí misma, no favorece el desarrollo capitalista, cuando no se hallan presentes el resto de circunstancias requeridas. Respecto a Rhodesia, identifiqué tres estadios de proletarización, siendo tan solo uno de ellos favorable a la acumulación capitalista. En el primer estadio, los campesinos respondían al desarrollo rural capitalista ofertando productos agrícolas y suministrando trabajo únicamente a cambio de salarios elevados, caracterizándose por lo tanto la totalidad del área por la escasez de éste, porque nada más que comenzaba a funcionar una explotación agrícola o minera capitalista ello creaba una demanda de productos locales que los campesinos africanos estaban más que dispuestos a suministrar, lo cual les permitía participar en la economía monetaria mediante la venta de sus productos en vez de mediante la venta de su trabajo. Un objetivo del apoyo estatal a la agricultura de colonos era inducir la competencia entre los campesinos africanos, de modo que se vieran forzados a suministrar trabajo en vez de productos, lo cual condujo a un dilatadísimo proceso que pasó de la proletarización parcial a la total, si bien, como hemos mencionado, este proceso fue también contradictorio. El problema con el modelo simple de «proletarización como desarrollo capitalista» es que ignora no sólo las realidades del capitalismo de colonos de África meridional, sino también otros muchos casos, como por ejemplo el de Estados Unidos, que se caracterizó por una pauta totalmente diferente: una combinación de esclavitud, genocidio de la población nativa e inmigración de trabajo excedente procedente de Europa.

      Tú fuiste uno de los nueve docentes arrestados en la UCRN por actividades políticas durante la represión desencadenada por el gobierno de Smith en julio de 1966, ¿no es así? Sí, fuimos encarcelados durante una semana y después deportados. Te fuiste a Dar es Salaam, que parecía entonces, por muchas razones, una especie de paraíso de interacciones intelectuales. ¿Puedes hablarnos de ese periodo y del trabajo que allí realizaste con John Saul?

      Fue un periodo muy excitante, tanto intelectual como políticamente. Cuando llegué a Dar es Salaam en 1966, Tanzania era un país independiente desde hacía tan solo unos años. Nyerere defendía lo que él consideraba que era una forma de socialismo africano. Logró mantenerse equidistante de ambos lados durante la escisión chino-soviética y mantuvo muy buenas relaciones con los escandinavos. Dar es Salaam se convirtió en la encrucijada de todos los movimientos de liberación nacional exiliados de África meridional: de las colonias portuguesas, Rhodesia y Sudáfrica. Pasé allí tres años en la Universidad y encontré todo tipo de gente: desde activistas del movimiento Black Power estadounidense a académicos e intelectuales como Immanuel Wallerstein, David Apter, Walter Rodney, Roger Murray, Sol Picciotto, Catherine Hoskins, Jim Mellon, que después sería unos de los fundadores de los Weathermen, Luisa Passerini, que estaba realizando una investigación sobre el FRELIMO, y muchos otros, incluyendo, por supuesto, a John Saul.

      En Dar es Salaam, trabajando con John, cambié el objeto de mis investigaciones pasando de los procesos de oferta de fuerza de trabajo al problema de los movimientos de liberación nacional y los nuevos regímenes que estaban emergiendo de la descolonización. Ambos éramos escépticos sobre la capacidad de estos regímenes de emanciparse por sí mismos de lo que comenzaba a denominarse por entonces neocolonialismo y de cumplir sus promesas de desarrollo económico. Pero había también una diferencia entre nosotros, que creo que ha persistido hasta el día de hoy, consistente en que yo me mostraba mucho menos emocionalmente afectado por este hecho que John. Para mí, estos movimientos eran movimientos de liberación nacional; no eran en modo alguno movimientos socialistas aun cuando abrazasen la retórica del socialismo. Eran regímenes populistas y, por consiguiente, yo no esperaba mucho más allá de la liberación nacional, que ambos consideramos importante por sí misma. Pero si había posibilidades para que se produjeran desarrollos políticos que transcendieran este cuadro es algo que John y yo todavía discutimos, afablemente, siempre que nos encontramos. Los ensayos que escribimos juntos, sin embargo, fueron la crítica sobre la que estábamos de acuerdo.

      Cuándo volviste a Europa, ¿encontraste un mundo muy distinto al que habías dejado seis años antes?

      Sí. Regreso a Italia en 1969 y me veo inmerso inmediatamente en dos situaciones peculiares. Una fue en la Universidad de Trento donde me habían ofrecido un puesto docente. Trento era el principal centro de militancia estudiantil y la única universidad en Italia que ofrecía doctorados en sociología en aquellos momentos. Mi nombramiento fue apoyado por el comité directivo de la universidad formado por el democratacristiano Nino Andreatta, por el socialista liberal Noberto Bobbio y por Francesco Alberoni; la decisión pretendía calmar al movimiento estudiantil contratando a un radical. En el primer seminario que di tuve solo cuatro o cinco estudiantes; pero en el primer cuatrimestre, tras publicarse mi libro sobre África en el verano de 1969, tuve casi 1.000 estudiantes intentando entrar en el aula 2. Mi curso se convirtió en un gran acontecimiento en Trento, llegando incluso a producir un conflicto en Lotta Continua: la facción de Boato quería que los estudiantes acudieran a clase para que oyeran una crítica radical de las teorías del desarrollo, mientras que la de Rostagno intentaba interrumpir las lecciones tirando piedras al aula desde el patio.

      La segunda situación en la que me veo inmerso se produce en Turín con la participación de Luisa Passerini, que era una prominente propagadora de los escritos situacionistas, y que tenía por consiguiente una gran influencia sobre los cuadros de Lotta Continua que coqueteaban con el situacionismo.

      Estaba yendo de Trento a Turín a través de Milán, que era como ir desde el centro del movimiento estudiantil al centro del movimiento obrero. Me sentí atraído y al mismo tiempo molesto por determinados aspectos de este movimiento, particularmente por su rechazo de la «política». En algunas asambleas, trabajadores realmente militantes se levantaban y decían «¡basta ya de política! La política nos está llevando en la dirección equivocada. Necesitamos unidad». Para mí, fue como un shock, viniendo de África, descubrir que los sindicatos comunistas eran considerados reaccionarios y represivos por los trabajadores en lucha y eso que había una buena parte de verdad en esto. La reacción contra los sindicatos del PCI se convirtió en una reacción contra los sindicatos. Grupos como Potere Operario y Lotta Continua se erigieron ellos mismos como alternativas, tanto a los sindicatos como a los partidos de masas. Con Romano Madera, que entonces era un estudiante, pero también un cuadro político y un gramsciano –una rareza en la izquierda extraparlamentaria– comenzamos a desarrollar la idea de encontrar una estrategia gramsciana que sirviera para el movimiento.

      De ahí emergió por primera vez la idea de autonomía, la idea de autonomía intelectual de la clase obrera. La creación de este concepto se atribuye ahora habitualmente a Antonio Negri, pero de hecho se originó en la interpretación de Gramsci que nosotros desarrollamos a principios de la década de 1970 en el Grupo Gramsci, cofundado por Madera, Passerini y yo mismo. Consideramos que nuestra principal contribución al movimiento no consistía en proporcionar un sustituto a los sindicatos o los partidos, sino en ayudar como estudiantes e intelectuales a las vanguardias obreras a desarrollar su propia autonomía –autonomia operaia– mediante una comprensión de los procesos generales, tanto nacionales como globales, en los que sus luchas tenían lugar. En términos gramscianos, esto se concibió como la formación de intelectuales orgánicos de la clase obrera en lucha, para lo cual creamos los Colletivi Politici Operai, que llegaron a ser conocidos como el Area dell’Autonomia. Cuando estos colectivos desarrollaran su propia práctica autónoma, el Grupo Gramsci dejaría de tener una función y podría disolverse. Cuando realmente se disolvió, Negri entró en escena y llevó a los Colletivi Politici Operai y al Area dell’Autonomia en una dirección arriesgada que estaba muy alejada de lo que originalmente pretendía el proyecto inicial.

      ¿Extrajiste lecciones comunes de las luchas de liberación nacional africanas y de las luchas obreras que se estaban produciendo en Italia?

        Las dos experiencias tenían en común el hecho de que en ambas mantenía muy buenas relaciones con los movimientos globalmente considerados, los cuales querían saber con qué fundamento yo estaba participando en su lucha. Mi posición era: «Yo no voy a deciros qué hacer, porque vosotros conocéis la situación mucho mejor que yo la conoceré nunca. Pero yo estoy mejor situado para comprender el contexto general en el que se desarrollan las luchas, así que nuestro intercambio tiene que basarse en el hecho de que vosotros me contáis cuál es vuestra situación y yo os cuento como se relaciona con el contexto más amplio que vosotros no podéis ver o que veis tan solo parcialmente, desde donde vosotros operáis». Esa fue siempre la base de excelentes relaciones, tanto con los movimientos de liberación en África meridional como con los trabajadores italianos.

      El artículo sobre la crisis capitalista surgió de un intercambio de este tipo, en 1973. A los trabajadores se les decía: «Ahora se está produciendo una crisis económica, tenemos que mantener la calma. Si luchamos, los trabajos de la fábrica se irán a otro sitio». Así que los trabajadores nos preguntaban: «¿Estamos en crisis? Y si es así, ¿cuáles son las implicaciones de ello? ¿Debemos estarnos quietos ahora por esta razón?». Los artículos que constituyeron «Towards a Theory of Capitalist Crisis» fueron escritos en esta particular problemática, definida por los propios trabajadores, que nos decían: «Informadnos sobre el mundo exterior y sobre lo que tenemos que esperar». El punto de partida de los artículos era «mirad, las crisis ocurren con independencia de que luchéis o no; no son un producto de la militancia de los trabajadores o de los “errores” de la gestión económica, sino elementos fundamentales del funcionamiento de la propia acumulación de capital». Esa fue la orientación inicial. El artículo fue escrito en el inicio mismo de la crisis, antes de que ésta fuera ampliamente reconocida; fue importante como marco de referencia, un marco que he utilizado a lo largo de los años para verificar lo que estaba sucediendo y desde ese punto de vista han funcionado realmente bien.

      Volveremos a la teoría de las crisis capitalistas, pero primero quería preguntarte sobre tu trabajo en Calabria. En 1973, justo cuando el movimiento estaba empezando a refluir, aceptaste la oferta de enseñar en Cosenza.

      Una de las atracciones de ir a Calabria, para mí, fue continuar en una nueva ubicación mi investigación sobre los procesos de oferta de trabajo. Ya había visto en Rhodesia cómo la proletarización total de los africanos –o, dicho más exactamente, cuando éstos llegaban a la conclusión de que lo habían sido totalmente– conducía a luchas que reclamaban un salario que les permitiese reproducirse en las áreas urbanas. En otras palabras, la ficción de que «somos varones solteros, nuestras familias siguen viviendo en comunidades campesinas en las zonas rurales» no puede mantenerse una vez que ellos viven en las ciudades. Yo había señalado esto en «Labour Supplies in Historical Perspective», lo cual llegó a perfilarse más nítidamente en Italia porque aquí me enfrentaba a un enigma: los migrantes del sur eran llevados a las regiones industriales del norte como esquiroles durante la década de 1950 y principios de la de 1960, pero a lo largo de ésta y sobre todo al final de la misma se transformaron en las vanguardias de la lucha de clases, lo cual constituye una experiencia típica de los migrantes. Cuando formé un grupo de investigación en Calabria, propuse la lectura de los antropólogos sociales sobre África, particularmente sobre migración, y a continuación efectuamos un análisis de los procesos de oferta de fuerza de trabajo procedente de Calabria. Las cuestiones planteadas eran las siguientes: ¿qué estaba creando las condiciones para que se produjese esta migración? y ¿cuáles eran sus límites, dado que en un cierto punto en lugar de crear una fuerza de trabajo dócil que podía ser utilizada para socavar el poder negociador de la clase obrera septentrional, los propios migrantes se convertirían en la vanguardia militante?

      De la investigación emergieron dos cosas. En primer lugar, el desarrollo capitalista no se fundamenta necesariamente sobre la proletarización total.

      Por un lado, la migración obrera de larga distancia se estaba produciendo desde lugares en los que no estaba teniendo lugar desposesión alguna, en dónde había incluso posibilidades para que los migrantes comprasen tierra de los terratenientes, lo cual se hallaba interrelacionado con el sistema local de primogenitura mediante el cual el primogénito heredaba la tierra. Tradicionalmente, los hijos menores terminaban entrando en la Iglesia o en el ejército, hasta que la migración de larga distancia a gran escala ofreció una alternativa cada vez más importante de ganar el dinero necesario para comprar tierra y volver a casa para establecer sus propias explotaciones agrícolas. Por otro lado, en las áreas realmente pobres, en las que el trabajo se hallaba totalmente proletarizado, esos hijos menores no podían permitirse en absoluto el lujo de emigrar. El único modo en el que pudieron hacerlo fue, por ejemplo, cuando los brasileños abolieron la esclavitud en 1888 y necesitaron una fuerza de trabajo barata sustitutiva para lo cual reclutaron trabajadores de estas áreas profundamente empobrecidas del sur Italia, pagaron sus pasajes y los establecieron en Brasil para reemplazar a los esclavos emancipados. Se trata de pautas de migración muy diferentes, pero en general no es el muy pobre el que migra porque es necesario tener determinados recursos y conexiones para hacerlo.

      La segunda conclusión de la investigación calabresa presentaba similitudes con los resultados de la investigación sobre África. Aquí también la disposición de los migrantes a involucrarse en las luchas obreras en los lugares a los que se desplazaban, dependía de si las condiciones en los mismos se consideraban permanentes a la hora de determinar sus oportunidades de vida. No basta con decir que la situación de las áreas de procedencia de los flujos migratorios determina cuáles serán los salarios y las condiciones en las que los migrantes trabajarán. Hay que indicar en qué momento los migrantes perciben que están obteniendo el grueso de sus medios de subsistencia del empleo asalariado: este punto de inflexión puede detectarse y verificarse su evolución. Pero el punto esencial que descubrimos fue un tipo de crítica diferente de la idea de proletarización como el proceso típico de desarrollo capitalista.

      La primera versión escrita de esta investigación fue robada de un coche en Roma, de modo que la versión definitiva se escribió en Estados Unidos muchos años después de que te trasladaras a Binghamton en 1979, en donde se está desarrollando el análisis de los sistemas-mundo. ¿Fue ésta la primera vez en la que te posicionaste explícitamente sobre la relación existente entre proletarización y desarrollo capitalista respecto a las opiniones mantenidas por Wallerstein y Brenner?

        Sí, aunque no fui lo suficientemente explícito al respecto, si bien mencioné tanto a Wallerstein como a Brenner de pasada, siendo el conjunto del trabajo no obstante una crítica de ambos 4. Wallerstein mantiene la teoría de que las relaciones de producción son determinadas por su posición en la estructura centro-periferia de la economía-mundo capitalista. En su opinión, en la periferia tendemos a encontrar relaciones de producción que son coercitivas; no encontramos una proletarización total, que es la situación que tenemos en el centro. Brenner mantiene, en algunos aspectos, la opinión opuesta, pero en otros sentidos es muy similar: que las relaciones de producción determinan la posición en la estructura centro-periferia.

      En ambos casos, encontramos una relación particular entre la posición en la relación centro-periferia y las relaciones de producción. La investigación calabresa mostró que éste no era el caso. Ahí, en el seno de la misma ubicación periférica, encontramos tres sendas diferentes desarrollándose y reforzándose simultánea y recíprocamente. Además, las tres sendas se asemejaban poderosamente a la evolución que había caracterizado, históricamente, diferentes ubicaciones del centro de la economía-mundo capitalista.

      Una es muy similar a la vía del junker que presentaba Lenin: latifundio con total proletarización; otra se asemeja a la vía «estadounidense» de Lenin, de pequeñas y medianas explotaciones, insertas en el mercado. Lenin no presenta la tercera, que nosotros denominamos vía suiza: migración de larga distancia y después inversión y retención de la propiedad cuando se vuelve a casa. En Suiza, no existe desposesión del campesinado, sino por el contrario una tradición de migración de larga distancia que conduce a la consolidación de la pequeña explotación agrícola. Lo interesante sobre Calabria es que estas tres vías, que en otros sitios se hallan asociadas con un posición en el centro, se encuentran aquí en la periferia, lo cual constituye una crítica tanto del proceso uniforme de proletarización postulado por Brenner como de la remisión de las relaciones de producción a la posición en la estructura centro/periferia mantenida por Wallerstein.

      Tu libro La geometria dello’imperialismo apareció en 1978, antes de que te fueses a Estados Unidos. Releyéndolo, me sorprendió la metáfora matemática –la geometría– que utilizas para comprender la teoría del imperialismo de Hobson, y que desempeña una función muy útil. Pero en su interior, se plantea una interesante cuestión geográfica: cuando pones en relación a Hobson con el capitalismo, la noción de hegemonía emerge repentinamente bajo la forma de un cambio que va de la geometría a la geografía y que surge de las tesis que planteas en el libro. ¿Cuál fue el impulso inicial que te llevo a escribir La geometria dell’imperialismo y cuál es su importancia para ti?

        Me desconcertaban, en ese momento, las confusiones terminológicas que giraban en torno al término «imperialismo». Mi objetivo era disipar parte de esa confusión creando un espacio topológico en el que los diferentes conceptos, que con frecuencia se denominaban todos ellos confusamente como «imperialismo», pudieran distinguirse entre sí. Pero como un ejercicio sobre el imperialismo, sí, también funcionaba para mí como una transición al concepto de hegemonía. Me extendí sobre este aspecto explícitamente en el «Posfacio» a la segunda edición de La geometria dell’imperialismo, en el que sostenía que el concepto gramsciano de hegemonía podía ser más útil que el de «imperialismo» para analizar las dinámicas del sistema interestatal contemporáneo. Desde este punto de vista, lo que yo –y otros– hacíamos era simplemente aplicar la noción de hegemonía gramsciana a las relaciones interestatales, cuando se había aplicado originalmente antes de Gramsci al análisis de las relaciones de clase en el seno de una jurisdicción política nacional. Al hacerlo, por supuesto, Gramsci enriquecía el concepto de innumerables modos que no habían sido perceptibles anteriormente. Nuestra reexportación del mismo a la esfera internacional se benefició enormemente de este enriquecimiento.

      Una influencia central en The Long Twentieth Century 5, publicado en 1994, es Braudel. Tras haber absorbido sus enseñanzas, ¿tienes alguna crítica importante que hacerle?

        La crítica es realmente fácil. Braudel es una fuente increíblemente rica de información sobre los mercados y el capitalismo, pero carece de un marco teorético. O dicho más precisamente, como señaló Charles Tilly, Braudel es tan ecléctico que tiene innumerables teorías parciales, la suma de las cuales no es una teoría. Tú no puedes simplemente apoyarte en Braudel; tienes que aproximarte a él con una idea clara de lo que estás buscando y de lo que quieres extraer de él. Un aspecto sobre el me concentré, que diferencia a Braudel de Wallerstein y del resto de analistas de los sistemas-mundo –por no hablar de historiadores económicos más tradicionales, marxistas o no– es la idea de que el sistema de Estados nacionales, tal y como emergió en los siglos XVI y XVII, fue precedido por un sistema de ciudades-Estado; y que los orígenes del capitalismo han de buscarse ahí, en las ciudades-Estado. Ésta es una característica específica de Occidente, o de Europa, en comparación con otras partes del mundo.

      Pero es fácil perderse si uno se limita simplemente a seguir a Braudel, porque él te lleva en innumerables direcciones diferentes. Por ejemplo, yo tuve que extraer este punto y combinarlo con lo que estaba aprendiendo del libro de William McNeill The Pursuit of Power, que también argumenta, desde una perspectiva diferente, que un sistema de ciudades-Estado precedió y preparó la emergencia del sistema de Estados territoriales.

      Otra idea a la que tú dotas de una profundidad teórica mucho mayor, pero que sin embargo proviene de Braudel, es la noción de que la expansión financiera anuncia el otoño de un particular sistema hegemónico y precede el cambio a una nueva potencia hegemónica. ¿Esto sería una de las intuiciones fundamentales de The Long Twentieth Century?

        Sí. La idea era que las organizaciones capitalistas más importantes de una época particular también serían líderes de la expansión financiera, que siempre se produce cuando la expansión material de las fuerzas productivas alcanza sus límites. La lógica de este proceso –aunque de nuevo Braudel no la presenta– es que cuando la competencia se intensifica, la inversión en la economía material se hace cada vez más arriesgada y, por consiguiente, la preferencia por la liquidez se acentúa, lo cual crea las condiciones de oferta de la expansión financiera. La cuestión que se plantea a continuación es, por supuesto, cómo se crean las condiciones de demanda para que se produzcan expansiones financieras. A este respecto, recurrí a la idea de Weber de que la competencia interestatal por el capital en busca de inversión constituye la especificidad histórico-mundial de la era moderna.

      Esta competencia crea, en mi opinión, las condiciones de demanda para la expansión financiera. La idea de Braudel del «otoño» como fase conclusiva del proceso de liderazgo en la acumulación, que pasa de la material a la financiera, y que conduce finalmente al desplazamiento por otro líder, es crucial. Pero también lo es la idea de Marx de que el otoño de un Estado particular, que experimenta una expansión financiera, es también la primavera de otra ubicación: los excedentes que se acumulan en Venecia van a Holanda; los que se acumulan aquí van después a Inglaterra; y los que se acumulan en ésta última van a Estados Unidos. Marx nos permite, pues, complementar lo que hemos encontrado en Braudel: el otoño se convierte en primavera en otra parte, produciendo una serie de desarrollos interconectados. The Long Twentieth Century describe estos ciclos sucesivos de expansión capitalista y de poder hegemónico desde el Renacimiento hasta el momento presente.

        En tu narrativa, las fases de expansión material del capital finalmente colapsa bajo la presión de la supercompetencia dando lugar a fases de expansión financiera cuyo agotamiento precipita a continuación un periodo de caos interestatal que se resuelve mediante la emergencia de una nueva potencia hegemónica capaz de restaurar el orden global y de reiniciar de nuevo el ciclo de expansión material soportado por un nuevo bloque social. Tales potencias hegemónicas han sido sucesivamente Génova, los Países Bajos, Gran Bretaña y Estados Unidos. ¿En qué medida consideras su surgimiento puntual, momento en el que cada una de ellas concluye un periodo precedente de desorden y conflictos, como un conjunto de contingencias?

      ¡Buena y difícil pregunta! Hay siempre un elemento de contingencia, pero al mismo tiempo la razón por la que estas transiciones duran tanto y atraviesan periodos de turbulencia y caos es que las propias agencias, como emergen posteriormente para organizar el sistema, experimentan un proceso de aprendizaje. Esto resulta obvio si analizamos el caso más reciente, el de Estados Unidos, que a finales del siglo XIX ya presentaba determinadas características que lo convertían en posible sucesor de Gran Bretaña como líder hegemónico, pero que necesitó más de medio siglo, dos guerras mundiales y una depresión catastrófica antes de desarrollar tanto las estructuras como las ideas que después de la Segunda Guerra Mundial le permitieron convertirse en una potencia verdaderamente hegemónica. ¿Fue el desarrollo de Estados Unidos como poder hegemónico potencial en el siglo XIX estrictamente una contingencia o hay algo más? No lo sé. Claramente, hubo un aspecto geográfico contingente, dado que Norteamérica tenía una configuración espacial diferente de la de Europa, que le permitió formar un Estado que no podía haberse creado en esta última, excepto en su flanco oriental, en el que Rusia también se estaba expandiendo territorialmente; pero hubo también un elemento sistémico: Gran Bretaña creó un sistema de crédito internacional que, después de determinado momento, favoreció la formación de Estados Unidos de modos específicos.

      Ciertamente, si Estados Unidos no hubiera existido con su particular configuración geográfica a finales del siglo XIX, la historia habría sido muy diferente.

      ¿Cual habría sido la potencia hegemónica? Tan solo podemos hacer conjeturas. Pero existía Estados Unidos, que estaba creciendo en múltiples aspectos a partir de la tradición de Holanda y Gran Bretaña. Génova era un poco diferente: no digo en ningún momento que fuera hegemónica; se hallaba más próxima al tipo de organización financiera transnacional que se produce en las diásporas, incluida la diáspora china contemporánea, pero nunca fue hegemónica en el sentido gramsciano en el que lo fueron Holanda, Gran Bretaña y Estados Unidos. La geografía cuenta muchísimo; pero aunque éstas son tres potencias hegemónicas espacialmente muy diferentes, cada una de ellas creció a partir de características organizacionales aprendidas de la anterior. Gran Bretaña tomó prestados un gran número de elementos de Holanda y Estados Unidos hizo lo propio respecto a la potencia británica; se trata de un conjunto interrelacionado de Estados y en su sucesión se produce un efecto bola de nieve. Así que sí, hay contingencia, pero también vínculos sistémicos.

      The Long Twentieth Century no se ocupa de las vicisitudes del movimiento obrero. ¿Lo omitiste porque lo considerabas entonces como de menor importancia o porque la arquitectura del libro –su subtítulo es Dinero y poder en los orígenes de nuestra época– era ya tan amplia y compleja que pensaste que incluir el movimiento la iba a sobrecargar demasiado?

      Por la segunda razón. The Long Twentieth Century originalmente iba a ser coescrito con Beverly Silver –a quien encontré en Binghamton– e iba a tener tres partes. Una trataba sobre las hegemonías, que ahora constituye el primer capítulo del libro. La segunda debía abordar el capital: la organización del capital, la empresa; básicamente la competencia. La tercera parte iba a analizar la cuestión del trabajo: relaciones trabajo y capital y los movimientos obreros. Pero el descubrimiento de la financiarización como una pauta recurrente del capitalismo histórico puso patas arriba todo el proyecto y me forzó a retroceder en el tiempo, lo cual yo nunca quise hacer, porque el libro supuestamente iba a versar sobre el «largo siglo XX», entendiendo por tal el periodo comprendido desde la Gran Depresión de la década de 1870 hasta el presente. Cuando descubrí el paradigma de la financiarización quedé totalmente fuera de combate y The Long Twentieth Century se convirtió básicamente en un libro sobre el papel del capital financiero en el desarrollo histórico del capitalismo desde el siglo XIV. Así que Beverly se hizo cargo del análisis sobre el trabajo en su libro Forces of Labour, que apareció en 2003 6.

      Sí, Chaos and Governance in the Modern World System incluye capítulos sobre la geopolítica, la empresa, el conflicto social, etc., lo cual indica que el proyecto original nunca fue abandonado 7. Pero ciertamente no se añadió a The Long Twentieth Century porque no podía concentrarme en la recurrencia cíclica de las expansiones financieras y materiales y al mismo tiempo ocuparme del trabajo. Una vez que cambias el objeto de análisis a la hora de definir el capitalismo y optas por estudiarlo a partir de una sucesión de expansiones materiales y financieras, se hace muy difícil volver a reintroducir el trabajo. No solo se trata de un asunto enorme a la hora de abordarlo, sino que también se produce una variación considerable a lo largo del tiempo y del espacio en la relación entre capital y trabajo.

      En primer lugar, como señalamos en Chaos and Governance in the Modern World System, se produce una aceleración de la historia social. Cuando tú comparas las transiciones de un régimen de acumulación a otro, te das cuenta de que en la transición de la hegemonía holandesa a la británica en el siglo XVIII, el conflicto social llega tarde respecto a las expansiones financieras y las guerras. En la transición de la hegemonía británica a la estadounidense a principios del siglo XX, la explosión del conflicto social fue más o menos simultánea al despegue de la expansión financiera y las guerras. En la transición actual –hacia un destino desconocido– la explosión del conflicto social a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970 precedió a la expansión financiera y se produjo sin guerras entre las potencias más importantes.

      En otras palabras, si analizamos la primera mitad del siglo XX, las mayores luchas de los trabajadores se produjeron en la víspera de las guerras mundiales y después de las mismas. Este era el fundamento de la teoría de la revolución de Lenin: que las rivalidades intercapitalistas convertidas en guerras crearían las condiciones favorables para la revolución, que es algo que puede observarse empíricamente hasta la Segunda Guerra Mundial. En cierto sentido, puede sostenerse que en la transición actual la aceleración del conflicto social ha impedido que los Estados capitalistas libren guerras entre sí. Así, pues, para volver a tu pregunta, en The Long Twentieth Century opté por concentrarme en analizar exhaustivamente las expansiones financieras, los ciclos sistémicos de acumulación de capital y las hegemonías mundiales, mientras que en Chaos and Governance in the Modern World System volvimos al problema de las interrelaciones entre el conflicto social, las expansiones financieras y las transiciones hegemónicas.

      En su discusión de la acumulación primitiva Marx escribe sobre la deuda nacional, el sistema crediticio y la bancocracia –en cierto sentido, la integración entre finanzas y Estado se ha producido durante la acumulación primitiva– como algo absolutamente crítico para el modo en que evoluciona el sistema capitalista. Pero el análisis de El capital no aborda el sistema crediticio hasta el volumen III, porque Marx no quiere ocuparse del interés, aunque el sistema crediticio resulte crucial para la centralización del capital, para la organización del capital fijo, etc. Esto plantea la cuestión de cómo funciona realmente la lucha de clases en torno al nexo finanzas-Estado, que desempeña el papel vital que estás comentando. Parece existir un vacío en el análisis de Marx: por un lado, dice que la dinámica importante es la existente entre el capital y el trabajo; por otro, el trabajo no parece que sea crucial para los procesos de los que estás hablando, esto es, transferencias de hegemonía, saltos de escalas. Es comprensible que fuera realmente difícil integrar en la narrativa de The Long Twentieth Century el trabajo, porque en un sentido la relación capital-trabajo no es central para ese aspecto de la dinámica capitalista. ¿Estarías de acuerdo con ello?

      Sí, estoy de acuerdo, pero con una cualificación: el fenómeno que he mencionado de la aceleración de la historia social. Las luchas obreras de la década de 1960 y principios de la de 1970, por ejemplo, constituyeron un factor esencial en la financiarización de finales de esta última década y principios de la de 1980 y de las formas en que evolucionó. La relación entre luchas de los trabajadores y grupos subalternos y la financiarización es algo que cambia a lo largo del tiempo y recientemente ha desarrollado características que antes no tenía. Pero si tú intentas explicar la recurrencia de las expansiones financieras no puedes concentrarte demasiado sobre el trabajo, porque entonces hablarás únicamente sobre el último ciclo; cometerás el error de tomar el trabajo como la causa de las expansiones financieras, cuando las anteriores despegaron sin la intervención de las luchas de los trabajadores o de los grupos subalternos.

      No obstante, sobre la cuestión del trabajo podríamos remontarnos a tu ensayo de 1990 sobre la remodelación del movimiento obrero mundial, «Marxist Century, American Century»8. Sostienes aquí que el análisis de Marx de la clase obrera contenido en el Manifiesto comunista es profundamente contradictorio, ya subraya simultáneamente el creciente poder colectivo del trabajo, a medida que avanza el desarrollo capitalista, y su creciente pauperización como consecuencia de la existencia de un ejército industrial activo y de un ejército industrial de reserva. Marx, señalas, pensaba que ambas tendencias se unirían en una misma masa humana, pero tú sostienes que a principios del siglo XX ambas llegaron a estar espacialmente polarizadas. En Escandinavia y en el mundo anglosajón prevaleció la primera, en Rusia y más al este la segunda (Berstein comprendió la situación de la primera, Lenin de la segunda), lo cual condujo a la escisión entre las alas reformista y revolucionaria del movimiento obrero. En Europa central –Alemania, Austria, Italia–, por otro lado, sostienes, que existía un equilibrio más fluctuante entre la fuerza de trabajo activa y en reserva, lo cual condujo a los errores de Kautsky, incapaz de escoger entre reforma o revolución, que contribuyeron a la victoria del fascismo. Al final del ensayo, sugerías que una recomposición del movimiento podría estar a punto de producirse, dado que la miseria reaparecía en Occidente con el retorno de un desempleo masivo, y el poder colectivo de los trabajadores se manifestaba en el Este con el surgimiento de Solidaridad en Polonia, reuniendo quizá lo que el espacio y la historia habían dividido. ¿Cuál es tu opinión sobre tal perspectiva hoy?

        Bien, la primera cosa que hay que decir es que además de este escenario optimista desde el punto de vista de la conexión de las condiciones de la clase obrera globalmente analizada se perfilaba una consideración más pesimista en el ensayo, que apuntaba a algo que siempre he considerado un serio defecto en el Manifiesto de Marx y Engels. Hay un salto lógico que realmente no se sostiene ni intelectual ni históricamente y que es la idea de que para el capital aquellas cosas que hoy denominaríamos género, etnicidad, nacionalidad, no importan, que la única cosa que le importa es la posibilidad de explotación y que, por lo tanto, el grupo de estatus más explotable presente en el seno de la clase trabajadora es el único que empleará sin ninguna discriminación en términos de raza, género o etnicidad.

      Eso es ciertamente cierto, pero de ello no se desprende que los diversos grupos de estatus presentes en la clase obrera aceptarán esto tal cual. De hecho es precisamente en el momento en que la proletarización se generaliza y los trabajadores se hallan sujetos a esta disposición del capital, cuando movilizan toda diferencia de estatus que pueden identificar o construir para ganar un tratamiento privilegiado por parte de los capitalistas. Los trabajadores se movilizarán a partir de líneas de género, nacionales, étnicas o de cualquier otro tipo para obtener un tratamiento privilegiado del capital.

      «Marxist Century, American Century» no es tan optimista como podría parecer, porque señala esta tendencia interna de la clase trabajadora a acentuar las diferencias de estatus para protegerse a sí misma de la predisposición del capital a tratar al trabajo como una masa indiferenciada que sería empleada únicamente en la medida en que le permite obtener beneficios. Así, pues, el artículo finalizaba con una nota optimista –existe una tendencia hacia la igualación–, pero al mismo tiempo es de esperar que los trabajadores luchen para protegerse a sí mismos mediante la formación o consolidación de grupos de estatus contra esa misma tendencia.

      ¿Significa esto que la diferenciación entre el ejército industrial activo y el ejército industrial de reserva también tiende a hallarse divida por el estatus, racializado si lo prefieres?

      Depende. Si observamos el proceso globalmente –en cuyo caso el ejército industrial de reserva no se halla constituido únicamente por los desempleados, sino también por los encubiertamente desempleados y por los excluidos– entonces definitivamente existe una división de estatus entre los dos.

      La nacionalidad ha sido utilizada por segmentos de la clase obrera pertenecientes al ejército industrial activo para diferenciarse del ejército de reserva global. A escala nacional, esto es menos claro. Si pensamos en Estados Unidos o en Europa, es mucho menos evidente que exista realmente una diferencia de estatus entre la fuerza de trabajo activa y la de reserva, pero si incluimos a los migrantes que actualmente están llegando desde países que son mucho más pobres, comprobamos que los sentimientos antiinmigración, que son una manifestación de esta tendencia a crear distinciones de estatus en el seno de la clase trabajadora, han crecido. Resulta, pues, un cuadro muy complicado, particularmente si observamos los flujos de migración transnacional y atendemos al hecho de que el ejército industrial de reserva se halla fundamentalmente concentrado en el Sur global y no en el Norte.

      En tu artículo de 1991 «World Income Inequalities and the Future of Socialism » tú mostrabas una extraordinaria estabilidad de la jerarquía de la riqueza regional durante el siglo XX, esto es, el grado en que la diferencia en la renta per capita entre el Norte/Occidente situado en el centro de la economía-mundo capitalista y el Sur/Este situado en la semiperiferia y la periferia ha permanecido inmutado, o en realidad se ha intensificado, tras medio siglo de desarrollismo9. El comunismo, señalabas, no había logrado colmar esta diferencia en Rusia, Europa oriental o China, aunque no lo había hecho peor en este sentido que el capitalismo en América Latina, Asia sudoriental o África y en otros aspectos –una distribución más igualitaria de la renta en la sociedad y una mayor independencia del Estado del centro constituido por el Norte/Occidente– lo había hecho significativamente mejor. Dos décadas después, China ha roto obviamente la pauta que tú describías entonces. ¿En qué medida te sorprendió o no esto?

        Ante todo, no debemos exagerar en qué grado China ha roto la pauta. El nivel de renta per capita en China era tan bajo –y todavía es bajo comparado con los países ricos– que incluso los avances importantes tienen que ser cualificados. China ha doblado su posición relativa respecto al mundo rico, pero todavía eso solo significa pasar del 2 por 100 de la media de la renta per capita de los países ricos al 4 por 100. Es cierto que China ha sido decisiva a la hora de reducir las desigualdades de renta mundial entre países. Si prescindimos de China, la posición del Sur ha empeorado desde la década de 1980; si la mantenemos, entonces el Sur ha mejorado algo, debido casi exclusivamente al avance de este país. Pero, por supuesto, se ha producido un enorme crecimiento de la desigualdad en el interior de la RPCh , de modo que China ha contribuido también al incremento de las desigualdades en el interior de los países durante las últimas décadas. Tomando estas dos medidas juntas –desigualdad entre y en el interior de los países– estadísticamente China ha provocado una reducción en la desigualdad global total. No deberíamos exagerar esto, dado que la pauta mundial presenta un perfil de enormes diferencias que se están reduciendo en pequeña medida. Sin embargo, es importante porque cambia las relaciones de poder entre países. Si continua, puede cambiar incluso la distribución global de la renta de un modelo que es todavía muy polarizado a una distribución más normal de tipo paretiano.

      ¿Me sorprendió esto? En cierto sentido, sí. De hecho, es por ello por lo que cambié mi objeto de interés durante los últimos quince años para estudiar Asia oriental, porque me di cuenta de que, aunque esta región –excepto Japón obviamente– formaba parte del Sur tenía determinadas peculiaridades que le permitían generar un tipo de desarrollo que no casaba en absoluto con la pauta de desigualdad estable entre regiones. Al mismo tiempo nadie ha afirmado –y yo desde luego no– que la estabilidad en la distribución global de la renta también significaba inmovilidad de países o regiones particulares. Una estructura completamente estable de desigualdades puede persistir con algunos países ascendiendo y otros descendiendo y esto es, en cierto sentido, lo que ha sucedido. Durante las décadas de 1980 y 1990, en particular, el desarrollo más importante ha sido la bifurcación de una altamente dinámica Asia oriental que se ha movido hacia arriba, un África estancada que ha seguido la senda descendente, particularmente África meridional, el «África de las reservas de trabajo» de nuevo.

      Esta bifurcación es el asunto que más me interesa en estos momentos: ¿por qué África meridional y Asia oriental se han movido en direcciones tan opuestas? Es un fenómeno muy importante que tenemos que intentar comprender, porque hacerlo también modificaría nuestra comprensión de los fundamentos de un desarrollo capitalista exitoso y el grado en que reposa o no sobre la desposesión: la completa proletarización del campesinado como sucedió en África meridional o en una proletarización mucho más parcial que ha tenido lugar en Asia oriental. Por consiguiente, la divergencia de estas dos regiones suscita una gran cuestión teórica, que de nuevo desafía la identificación de Brenner del desarrollo capitalista con la total proletarización de la fuerza de trabajo.

      Chaos and Governance in the Modern World System sostenía en 1999 que la hegemonía estadounidense declinaría principalmente al hilo del ascenso de Asia oriental y sobre todo de China. Al mismo tiempo planteaba la perspectiva de que ésta sería la región en la que el trabajo podría plantear en el futuro el desafío más drástico al capital a escala mundial. Se ha sugerido en algunas ocasiones que existe una tensión entre estas perspectivas: el ascenso de China como centro de poder rival de Estados Unidos y el incremento de la revuelta de las clases trabajadoras chinas. ¿Cómo contemplas la relación entre ambos procesos?

      La relación es muy estrecha porque ante todo, contrariamente a lo que mucha gente piensa, los campesinos y trabajadores chinos tiene una tradición milenaria de revuelta que no tiene paralelo en ninguna otra parte del mundo. De hecho, muchas de las transiciones dinásticas fueron impulsadas por rebeliones, huelgas y manifestaciones no únicamente de trabajadores y campesinos, sino también de pequeños comerciantes. Se trata de una tradición que continúa sin interrupción hasta el presente. Cuando Hu Jintao dijo a Bush hace algunos años, «No se preocupe por el intento de China de desafiar el predominio estadounidense; tenemos demasiadas preocupaciones en casa», estaba señalando una de las principales características de la historia china: cómo enfrentarse a la combinación de rebeliones internas protagonizadas por las clases subordinadas y de invasiones externas por parte de los denominados bárbaros, procedentes bien de las estepas, hasta el siglo XIX, y después, desde las Guerras del Opio, del mar. Éstas han sido siempre preocupaciones abrumadoras de los gobiernos chinos y han impuesto estrechos límites al papel de China en las relaciones internacionales. El Estado chino imperial de finales del siglo XVIII y del XIX era básicamente un tipo de Estado del bienestar premoderno.

      Estas características se reprodujeron a lo largo de su subsiguiente evolución. Durante la década de 1990, Jiang Zemin permitió al genio capitalista salir de la botella. Los actuales intentos de meterlo de nuevo en ella tienen que abordarse en el contexto de esta tradición mucho más dilatada. Si las rebeliones de las clases subordinadas chinas se materializan en una nueva forma de Estado del bienestar, entonces ello influirá la pauta de las relaciones internacionales durante los próximos veinte o treinta años. Pero el equilibrio de fuerzas entre las clases en China es todavía una cuestión abierta.

      ¿Existe una contradicción entre ser un centro fundamental de revuelta social y ser una potencia en ascenso? No necesariamente: Estados Unidos en la década de 1930 estuvo en la vanguardia de las luchas obreras al tiempo que emergía como potencia hegemónica. El hecho de que estas luchas tuvieran éxito en medio de la Gran Depresión fue un factor significativo a la hora de que Estados Unidos fuera socialmente hegemónico también para las clases trabajadoras. Éste fue ciertamente el caso en Italia donde la experiencia estadounidense se convirtió en el modelo para algunos sindicatos católicos.

      Declaraciones recientes de China sugieren que existe una gran preocupación sobre los niveles de desempleo que pueden resultar de la recesión global, habiéndose dispuesto una batería de medidas para enfrentarse a ella.

      ¿Pero esto implica también la continuación del modelo de desarrollo de modos que pueden, a fin de cuentas, desafiar al resto del capitalismo global?

      La cuestión es si las medidas que los dirigentes chinos adopten como respuesta a las luchas de los grupos subordinados pueden funcionar en otros lugares en los no existen las mismas condiciones. La cuestión de si China puede convertirse en modelo para otros Estados –particularmente para otros grandes Estados del Sur, como India– depende de innumerables especificidades históricas y geográficas que pueden no ser reproducibles en otras partes.

      Los chinos saben esto y no se postulan como un modelo que tenga que ser imitado. Así, pues, lo que suceda en China será crucial en cuanto a las relaciones entre la RPCh y el resto del mundo, pero no en términos del establecimiento de un modelo para que otros lo sigan. Existe, sin embargo, una interpenetración de las luchas en China –de las luchas obreras y campesinas contra la explotación, pero también de las luchas contra los problemas ambientales y la destrucción ecológica– que no se encuentran con esa extensión en ninguna otra parte. Estas luchas están creciendo en estos momentos y resultará importante ver cómo los líderes chinos responden a ellas.

      Creo que el traspaso de liderazgo a Hu Jintao y Wen Jiabao tiene que ver con el nerviosismo, por decirlo suavemente, ligado al abandono de una larga tradición de políticas de bienestar. Tendremos, pues, que seguir la evolución de la situación y observar los posibles resultados de la misma.

      Volvamos a la cuestión de las crisis capitalistas. Tu ensayo de 1972 «Towards a Theory of Capitalist Crisis» establece una comparación entre el largo declive de 1873-1896 y la predicción, que se probó totalmente exacta, de otra crisis similar que históricamente comenzó en 1973. Has vuelto a este paralelismo varias veces desde entonces, señalando las similitudes, pero también las importantes diferencias entre ambas, sin embargo has escrito menos sobre la crisis de 1929 y su evolución. ¿Sigues considerando que la Gran Depresión presenta una menor relevancia?

      Bien, no menos relevancia, porque de hecho es la crisis más seria que ha experimentado el capitalismo histórico y ciertamente constituyó un punto de inflexión. Pero también educó a las potencias realmente importantes sobre lo que tenían que hacer para no repetir la experiencia. Existe una variedad de instrumentos conocidos y menos conocidos para impedir que ese tipo de hundimiento se produzca de nuevo. Incluso ahora, aunque el colapso de los mercados bursátiles está siendo comparado con el de la década de 1930, creo, y puedo estar equivocado, que tanto las autoridades monetarias como los gobiernos de los Estados que realmente cuentan van a hacer todo lo que puedan para evitar que el colapso de los mercados financieros tenga efectos sociales similares a los de la década de 1930. No pueden permitírselo políticamente así que tirarán para adelante haciendo todo lo que tengan que hacer. Incluso Bush –y antes que él Reagan– a pesar de toda su ideología de libre mercado, recurrieron a un tipo extremo de financiación del gasto de corte keynesiano. Su ideología es una cosa, lo que realmente hacen es otra, porque están respondiendo a situaciones políticas que no pueden tolerar que se deterioren demasiado. Los aspectos financieros pueden ser similares a la década de 1930, pero existe una mayor conciencia y unas restricciones más severas sobre las autoridades políticas para que no permitan que estos procesos afecten a la denominada economía real en la misma medida en que lo hicieron en la década de 1930. No estoy diciendo que la Gran Depresión sea menos relevante, pero no estoy convencido de que se vaya a repetir en un futuro próximo. La situación de la economía mundial es radicalmente diferente. En la década de 1930 se hallaba enormemente segmentada y ello puede haber sido el factor que produjo las condiciones para que se produjera una cadena de derrumbamientos como la que se produjo. Ahora está mucho más integrada.

      En «Towards a Theory of Capitalist Crisis» describes un profundo conflicto estructural en el capitalismo, en el que diferencias entre crisis que son causadas por una tasa demasiado alta de explotación, que conduce a crisis de realización a causa de una demanda efectiva insuficiente, y aquellas otras debidas a una tasa demasiado baja de explotación, que reduce la demanda de medios de producción. En la actualidad, ¿todavía sostienes esta distinción general y si es así dirías que estamos inmersos en una crisis de realización, enmascarada por un endeudamiento personal y una financiarización crecientes debidos a las represiones salariales que han caracterizado al capitalismo durante los últimos treinta años?

        Sí. Creo que durante los últimos treinta años se ha producido un cambio en la naturaleza de la crisis. Hasta principios de la década de 1980, la crisis fue una crisis típica de caída de la tasa de beneficio debido a la intensificación de la competencia entre las agencias capitalistas y a que en aquellas circunstancias los trabajadores estaban mucho mejor equipados para protegerse a sí mismos que en depresiones anteriores, tanto la de finales del siglo XIX como la de la década de 1930. Esta fue, pues, la situación durante la década de 1970. La contrarrevolución monetaria de Reagan- Thatcher se orientó realmente a socavar este poder, esta capacidad de las clases trabajadoras de protegerse a sí mismas, y si bien este no fue su único objetivo, sí fue uno de los principales. Creo que tú citas algún asesor de Thatcher diciendo que lo que ellos hacían…

      … era crear un ejército industrial de reserva; exactamente…

        … ¡lo que Marx dice que ellos debían hacer! Eso cambió la naturaleza de la crisis. En las décadas de 1980 y 1990 y ahora en la de 2000, nos enfrentamos en realidad a una crisis de sobreproducción, con todas sus características típicas. La renta ha sido redistribuida a favor de los grupos y clases que disponen de alta liquidez y predisposiciones especulativas, por lo cual no se reintegra en la circulación en forma de demanda efectiva, sino que se encamina a la especulación, creando burbujas que explotan regularmente.

      Por consiguiente, sí, la crisis se ha transformado de una caracterizada por la caída de la tasa de beneficio, debida a la intensificación de la competencia entre capitales, en una de sobreproducción debida a la escasez sistémica de demanda efectiva creada por las tendencias del desarrollo capitalista.

      Un informe reciente del National Intelligence Council predecía el fin del dominio global de Estados Unidos en 2025 y la emergencia de un mundo más fragmentado, más multipolar y potencialmente más conflictivo. ¿Piensas que el capitalismo como sistema-mundo requiere, como condición de posibilidad, una única potencia hegemónica? ¿Es la ausencia de una de éstas necesariamente equivalente a un caos sistémico inestable, es imposible un equilibrio de poder entre grandes Estados aproximadamente comparables?

        No, no diría que es imposible. En gran medida depende de si la potencia hegemónica en ejercicio acepta la acomodación o no. El caos de los últimos seis o siete años es debido a la respuesta de la Administración de Bush al 11-S, que ha sido en algunos aspectos un caso de suicidio de una gran potencia. Lo que las potencias declinantes hacen es muy importante, porque ellas tienen la capacidad de crear caos. El conjunto del «Project for a New American Century» era una negativa a aceptar ese declive, lo cual ha sido una catástrofe. Se ha producido una debacle militar en Iraq y el correspondiente deterioro financiero de la posición estadounidense en la economía mundial, que ha transformado a Estados Unidos de una nación acreedora en la mayor nación deudora de la historia mundial. Como derrota, la de Iraq es peor que la de Vietnam, porque en Indochina había una larga tradición de guerra de guerrillas: los vietnamitas tenían un líder del calibre de Ho Chi Minh, habían derrotado ya a los franceses. La tragedia de los estadounidenses en Iraq es que incluso en las mejores circunstancias posibles les está costando mucho ganar la guerra y ahora mismo están intentando abandonarla salvando de algún modo la cara. Su resistencia a la acomodación ha conducido, primero, a una aceleración de su declive y, segundo, a un increíble sufrimiento y caos en Iraq. Iraq es un desastre. El volumen de la población desplazada es mucho mayor que en Dafur.

      No está claro lo que Obama quiere hacer realmente. Si piensa que pude revertir el declive, va a encontrarse con sorpresas muy desagradables. Lo que puede hacer es gestionarlo inteligentemente, en otras palabras, cambiar la política seguida de: «Nosotros no nos estamos acomodando. Nosotros queremos otro siglo» a una de gestión de facto del declive, ideando políticas que se acomoden al cambio acaecido en las relaciones de poder. No se si Obama va a hacer esto, porque es muy ambiguo, realmente no lo se. Pero el cambio de Bush a Obama abre la posibilidad de gestionar y acomodar el declive de Estados Unidos en un modo no catastrófico. Bush ha tenido el efecto opuesto: la credibilidad del ejército estadounidense se ha socavado todavía más, la posición financiera es ahora más desastrosa. Así que la tarea a la que se enfrenta Obama, creo, es gestionar el declive inteligentemente; eso es lo que puede hacer, si bien su idea de incrementar las tropas en Afganistán es como poco preocupante.

      A lo largo de los años, aunque siempre has basado tu trabajo en la concepción de Marx de la acumulación de capital, nunca has vacilado en expresar determinadas críticas importantes a su pensamiento: entre otras su infravaloración de las luchas de poder entre los Estados, su indiferencia respecto al espacio, las contradicciones en su análisis de la clase obrera. Durante mucho tiempo te ha fascinado Adam Smith, que juega un papel central en tu último trabajo Adam Smith en Pekín 10. ¿Cuáles serían las reservas, similares a las que oponías a Marx, que le plantearías?

        Las reservas comparables sobre Smith son las mismas que las que Marx tenía respecto a él. Marx tomó un montón de cosas de Smith: la tendencia de la tasa de beneficio a caer bajo el impacto de la competencia intercapitalista, por ejemplo, es una idea de Smith. El capital es una crítica de la economía política: Marx estaba criticando a Smith por no haber tenido en cuenta lo que sucedía en los lugares ocultos de la producción, por decirlo con sus palabras: la competencia intercapitalista podía impulsar a la baja la tasa de beneficio, pero ello era contrarrestado por la tendencia y la capacidad de los capitalistas de alterar a su favor las relaciones de poder con la clase trabajadora. Desde este punto de vista, la crítica de Marx de la economía política de Smith estaba efectuando una aportación crucial. Sin embargo, también tenemos que atender a la evidencia histórica, porque el de Marx era un constructo teórico dotado de premisas que pueden no corresponder a la realidad histórica de periodos o lugares particulares.

      No podemos inferir realidades empíricas de constructos teóricos. La validez de su crítica de Smith tiene que evaluarse en función de los hechos históricos; eso se aplica a Smith lo mismo que a Marx o cualquier otro autor.

      Una de las conclusiones de Marx en El capital , particularmente del volumen I, es que la adopción de un sistema de libre mercado smithiano provocará el incremento de la desigualdad de clase. ¿En qué medida la introducción de un régimen smithiano en Pekín trae aparejado el riesgo de mayores desigualdades en China?

      Mi razonamiento en el capítulo teórico sobre Smith, en Adam Smith en Pekín, es que no existe noción alguna en su trabajo de unos mercados autorregulados, como sucede en el credo neoliberal. La mano invisible es la del Estado, que debe gobernar de un modo descentralizado con un mínimo de interferencia burocrática. Sustantivamente, la acción del gobierno en Smith es pro trabajo, no pro capital. Smith es muy explícito cuando afirma que no es partidario de que los trabajadores compitan para reducir los salarios, sino de que lo hagan los capitalistas para reducir sus beneficios a una mínima recompensa aceptable por sus riesgos. Las concepciones actuales afirman lo contrario de lo que él dice. No esta claro, sin embargo, hacia donde se dirige China hoy. En la era de Jiang Zemin, durante la década de 1990, se encaminaba ciertamente a hacer competir a los trabajadores en pro del capital y el beneficio; no cabe duda al respecto. Ahora se ha producido una inversión, que como he dicho tiene en cuenta no solo la tradición de la Revolución y del periodo maoísta, sino también la de las políticas de bienestar de la China imperial tardía durante la dinastía Qing de finales del siglo XVIII y principios del XIX. No apuesto por un resultado particular en China, pero debemos estar atentos para analizar hacia dónde se encamina.

      En Adam Smith en Pekín utilizas también el trabajo de Sugihara Kaoru, que contrapone una «revolución industriosa» basada en el trabajo intensivo y la gestión respetuosa de la naturaleza que en los inicios del periodo moderno se verifica en Asia oriental, y una «revolución industrial» basada en la mecanización y la depredación de los recursos naturales, y comentas la esperanza de que pudiera producirse una convergencia de las dos en beneficio de la humanidad en el futuro. ¿Cómo estimarías el equilibrio entre ambas en la actual Asia oriental?

        Muy precario. No soy tan optimista como Sugihara que piensa, quizá, que la tradición de Asia oriental de «revolución industriosa» se halla tan profundamente incrustada que puede si no llegar a ser dominante de nuevo, al menos jugar un importante papel en cualquier formación híbrida que vaya a emerger. Estos conceptos son más importantes para seguir lo que está sucediendo que para afirmar que Asia oriental va por este camino o Estados Unidos por aquel otro. Existen pruebas de que las autoridades asiáticas están preocupadas por el medioambiente y por el descontento social, pero después hacen cosas que son absolutamente estúpidas. La idea de copiar a Estados Unidos, desde este punto de vista, ya fue absurda en Europa y es obviamente todavía más absurda en China. Siempre he dicho a los chinos que durante las décadas de 1990 y 2000 ellos miraron a la ciudad equivocada. Si querían observar cómo ser ricos sin ser ecológicamente destructivos debían mirar a Ámsterdam en lugar de a Los Angeles. En Ámsterdam todo el mundo se mueve en bicicleta; hay miles de bicicletas aparcadas en la estación por la noche, porque la gente llega en tren, coge sus bicicletas por la mañana y las deja de nuevo por la tarde. Si bien no había coches en China la primera vez que estuve allí en 1970 –tan solo unos pocos autobuses en un mar de bicicletas–, ahora, cada vez más, las bicicletas han sido expulsadas. Desde ese punto de vista nos topamos con un panorama claroscuro, muy preocupante y contradictorio. La ideología de la modernización se halla desacreditada en todas partes, pero hasta ahora colea, muy ingenuamente, en China.

      Pero por lo que implica de Adam Smith en Pekín parece ser que podríamos necesitar algo de esa revolución industriosa en Occidente, y que por consiguiente ésta es una categoría que no es específica de China, sino que puede ser en realidad mucho más amplia.

        Sí, pero el punto fundamental de Sugihara es que el desarrollo típico de la revolución industrial, la substitución de trabajo por maquinaria y energía, no solo tiene límites ecológicos, como sabemos, sino que también tiene límites económicos. De hecho los marxistas a menudo olvidan que la idea de Marx de la creciente composición orgánica del capital, que impulsa a la baja a la tasa de beneficio, tiene que ver fundamentalmente con el hecho de que el uso de más máquinas y energía intensifica la competencia entre los capitalistas de tal modo que la hace menos rentable, además de ser ecológicamente destructiva. El punto de Sugihara es que la separación de dirección y gestión empresarial, por un lado, y trabajo, por otro, el creciente dominio de los directivos y gestores empresariales sobre el trabajo y el hecho de que éste se halle privado de sus competencias, incluidas las de la autogestión, que es típica de la revolución industrial, tiene límites. En la revolución industriosa se produce una movilización de todos los recursos de los hogares que desarrolla, o al menos preserva, competencias de gestión y dirección entre los trabajadores. Finalmente, las ventajas de estas competencias de autogestión resultan más importantes que las ventajas derivadas de la separación de concepción y ejecución que fue típica de la revolución industrial. Creo que tiene razón, en el sentido de que es realmente crucial para comprender el actual ascenso de China; de que al haber preservado estas competencias de autogestión mediante la imposición de serias limitaciones a los procesos de proletarización en un sentido sustantivo, China puede ahora tener una organización del proceso de trabajo que se apoya más sobre las competencias de autogestión del trabajo que en otras partes. Esta es probablemente una de las principales fuentes de ventaja competitiva de China bajo las nuevas circunstancias.

      Lo cual nos retrotraería a la política del Grupo Gramsci en lo que se refiere al proceso de trabajo y de autonomia.

      Sí y no. Se trata de dos formas diferentes de autonomía. De lo que estamos hablando ahora es de autonomía de gestión y dirección, mientras que la otra se refería a la autonomía en la lucha, en el antagonismo de los trabajadores frente al capital. Ahí, la idea de autonomía era: ¿cómo formulamos nuestro programa de modo tal que unamos a los trabajadores en la lucha contra el capital, en vez de dividirlos creando así las condiciones para que éste restablezca su autoridad sobre ellos en el lugar de trabajo? La situación actual es ambigua. Muchos observan las competencias de autogestión chinas y las consideran como un modo de subordinar el trabajo al capital, en otras palabras, el capital ahorra en costes de gestión y dirección. Debemos poner estas competencias de autogestión en su contexto: dónde, cuándo y para qué propósito. No es tan fácil clasificarlas de un modo u otro.

      Finalizabas «World Income Inequalities» en 1991 argumentando que tras el colapso de la URSS, la profundización y la multiplicación de los conflictos sobre recursos escasos en el Sur – la Guerra Iraq-Irán o la Guerra del Golfo pueden considerarse emblemáticos– obligaban a Occidente a crear estructuras embrionarias de gobierno mundial para regular aquellos: el G7 como comité ejecutivo de la burguesía global, el FMI y el Banco Mundial como su Ministerio de Economía, el Consejo de Seguridad como su Ministerio de Defensa. Estas estructuras, tú sugerías, podrían caer en manos de las fuerzas no conservadoras en un plazo de quince años.

        En Adam Smith en Pekín hablas por el contrario de una sociedad de mercado mundial como un futuro potencialmente esperanzador en el cual ninguna potencia es ya una potencia hegemónica. ¿Cuál es la relación entre ellas y cuáles son tus concepciones de ambas?

      En primer lugar, no dije realmente que las estructuras del gobierno mundial emergieran como consecuencia de los conflictos en el seno del Sur. La mayoría de ellas eran organizaciones de Bretton Woods, establecidas por Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial como mecanismos necesarios para evitar los problemas provocados por los mercados autorregulados en la economía global y como instrumentos de gobernanza.

      Por consiguiente, desde el comienzo del periodo de posguerra existieron estructuras embrionarias de gobierno mundial. Lo que se produjo en la década de 1980 fue una creciente turbulencia e inestabilidad, de la cual estos conflictos en el Sur eran un aspecto, y por lo tanto estas instituciones fueron reactivadas para gestionar la economía mundial de un modo diferente al de antes. ¿Podrían apropiarse las fuerzas no conservadoras de las mismas? Mi actitud ante esas instituciones fue siempre ambivalente, porque en muchos aspectos reflejaban el equilibrio de poder entre los Estados del Norte y del Sur: en el seno del Norte, entre el Norte y el Sur, etc. No había nada en teoría que excluyese la posibilidad de que esas instituciones pudieran realmente ser puestas a trabajar para regular la economía mundial, de modo que pudieran promover una distribución más equitativa de las rentas a escala global. Sin embargo, lo que sucedió fue exactamente lo contrario. Durante la década de 1980, el FMI y el Banco Mundial se convirtieron en instrumentos de la contrarrevolución neoliberal y promovieron, por consiguiente, una distribución más desigual de la renta. Pero incluso entonces, como he dicho, lo que sucedió finalmente fue no tanto una distribución más desigual entre Norte y Sur, sino una gran bifurcación dentro del propio Sur, con Asia oriental comportándose muy bien y África meridional comportándose muy mal, mientras otras regiones se colocaban entre esos extremos.

      ¿Cómo se relaciona eso con el concepto de sociedad de mercado mundial que discuto en Adam Smith en Pekín? Resulta ahora obvio que un Estado mundial, incluso en su forma más embrionaria, de tipo confederal, sería muy difícil de materializar. No constituye una posibilidad seria en un futuro inmediato. Se está gestando una sociedad de mercado mundial en el sentido de que los países se relacionarán los unos con los otros mediante mecanismos de mercado que no se autorregulan en absoluto, sino que son regulados, lo cual era también cierto del sistema desarrollado por Estados Unidos, que constituía un proceso altamente regulado mediante el que la eliminación de las tarifas, las cuotas y las restricciones sobre la movilidad del trabajo eran siempre negociadas por los Estados, fundamentalmente por Estados Unidos y Europa, y después entre ambos y otros Estados. La cuestión ahora es qué regulación va a introducirse para impedir un hundimiento del mercado similar al acaecido en la década de 1930. Así, pues, la relación entre los dos conceptos es que la organización de la economía mundial se basará fundamentalmente en el mercado, pero con una importante participación de los Estados en la regulación de esa economía.

      En The Long Twentieth Century bosquejabas tres resultados posibles del caos sistémico hacia los que estaba encaminándose la larga ola de financiarización que había comenzado a principios de la década de 1970: un imperio mundial controlado por Estados Unidos, una sociedad de mercado mundial en la que ningún Estado dominara a los otros o una nueva guerra mundial que destrozaría la humanidad. En los tres casos, el capitalismo, tal y como se había desarrollado históricamente, desaparecería.

      En Adam Smith en Pekín concluyes que dados los fracasos de la Administración de Bush, el primero puede ahora ser excluido, dejando únicamente los otros dos. ¿Pero no existe, lógicamente al menos y de acuerdo con tu propio marco analítico, la posibilidad de que China pueda emerger en un determinado momento como una nueva potencia hegemónica que sustituya a Estados Unidos sin alterar las estructuras del capitalismo y del territorialismo tal y como tú las has descrito? ¿Excluyes esa posibilidad?

      No excluyo esa posibilidad, pero comencemos recordando exactamente qué dije en realidad. El primero de los tres escenarios que contemplaba en The Long Twentieth Century era un imperio mundial controlado no por Estados Unidos, sino por Estados Unidos en alianza con sus aliados europeos.

      Nunca pensé que Estados Unidos sería tan intratable como para intentar perseguir por sí solo un Nuevo Siglo Americano, dado que era un proyecto lo suficientemente absurdo como para ser tenido en cuenta; y, por supuesto, se volvería en su contra de modo inmediato. De hecho, existe una fuerte corriente en el seno del establishment de la política exterior estadounidense deseosa de reparar las relaciones con Europa, que experimentaron tensiones con el unilateralismo de la Administración de Bush. Se trata tan sólo todavía de una posibilidad, si bien es ahora menos probable de lo que lo era previamente. El segundo punto es que la sociedad de mercado mundial y el mayor peso de China en la economía global no son mutuamente excluyentes. Si observamos el modo en que China se ha comportado respecto a sus vecinos históricamente, siempre ha habido una relación basada más en el comercio y en los intercambios económicos que en el poder militar; y ello todavía es así. La gente malinterpreta con frecuencia este punto: piensan que estoy describiendo a los chinos como si fuesen más blandos que Occidente, pero no tiene nada que ver con esto, sino con los problemas de la gobernanza de un país como China, que hemos discutido anteriormente.

      China tiene una tradición de rebeliones a la que ningún otro territorio de tamaño y densidad de población similares se ha enfrentado nunca. Sus gobernantes son también muy conscientes de la posibilidad de nuevos invasores que vengan del mar, en otras palabras Estados Unidos. Como señalo en el capítulo X de Adam Smith en Pekín existen varios planes estadounidenses sobre cómo tratar a China, ninguno de los cuales es exactamente tranquilizador para Pekín. Aparte del plan de Kissinger, que apuesta por la cooptación, los otros contemplan bien una nueva Guerra Fría dirigida contra China o bien la implicación de China en guerras con sus vecinos, mientras Estados Unidos desempeña el papel de «tercero feliz». Si China emerge, como pienso que hará, como un nuevo centro de la economía global, su papel será radicalmente diferente al de las potencias hegemónicas anteriores. No solo a causa de los contrastes culturales, enraizados como lo están en diferencias histórico-geográficas, sino precisamente porque la historia y la geografía diferentes de la región asiático-oriental no dejarán de impactar las nuevas estructuras de la economía global. Si China va a ser una potencia hegemónica, va a serlo de un modo muy diferente a las otras. Ante todo, el poder militar será mucho menos importante que el poder cultural y económico, particularmente éste último.

      China tendrá que jugar la carta económica mucho más de lo que lo hicieron Estados Unidos, los británicos o los holandeses.

      ¿Prevés una mayor unidad en Asia oriental? Se comenta, por ejemplo, la posibilidad de una especie de FMI asiático, de la unificación de la moneda, etc., ¿ves a China como el centro de una potencia hegemónica asiático- oriental en vez de cómo un actor solitario? Y si es así, ¿cómo cuadra esto con el creciente nacionalismo de Corea del Sur, Japón y China?

        Lo que resulta más interesante de Asia oriental es cómo, a fin de cuentas, la economía es determinada por las predisposiciones y políticas reciprocas de los Estados, a pesar de sus nacionalismos, los cuales se hallan muy bien asentados e imbricados, pero también vinculados a un hecho histórico con frecuencia olvidado por Occidente: que Corea, China, Japón, Tailandia, Camboya, todos ellos eran Estados nacionales mucho antes de que hubiera un solo Estado-nación en Europa, que todos ellos tienen historias de reacciones nacionalistas frente al resto en un marco que es predominantemente económico. Ocasionalmente hubo guerras y la actitud de los vietnamitas respecto a China o de los coreanos respecto a Japón se asienta profundamente en la memoria de esas guerras. Al mismo tiempo, la economía parecer predominar. Fue sorprendente que el resurgimiento nacionalista en Japón, durante el mandato de Kozumi, fuera súbitamente puesto a buen recaudo cuando llegó a ser evidente que las empresas japonesas estaban interesadas en hacer negocios con China. En ésta también se produjo una enorme ola de manifestaciones antijaponesas, pero después se detuvo. El cuadro general en Asia oriental indica que existen profundas predisposiciones nacionalistas, pero al mismo tiempo que tienden a ser dominadas por los intereses económicos.

      La actual crisis del sistema financiero mundial parece la reivindicación más espectacular de las predicciones teóricas que has sostenido desde hace mucho tiempo más allá de lo que nadie podía imaginar. ¿Hay de todas formas aspectos de esta crisis que te hayan sorprendido?

      Mi predicción era muy simple. La tendencia recurrente hacia la financiarización era, como señaló Braudel, un signo del otoño de una expansión material particular que se centraba en un Estado determinado. En The Long Twentieth Century denominé el inicio de la financiarización la crisis-señal de un régimen de acumulación y señalé que a lo largo del tiempo –habitualmente tras medio siglo– se produce la crisis terminal. Para las anteriores potencias hegemónicas, era posible identificar tanto la crisis-señal como las crisis terminal. Para Estados Unidos aventuré la hipótesis de que la década de 1970 era la crisis señal; la crisis terminal no había llegado todavía, pero llegaría. ¿Cómo? La hipótesis básica es que todas estas expansiones financieras eran fundamentalmente insostenibles, porque estaban canalizando hacia la especulación más capital del que podía ser realmente gestionado o dicho con otras palabras existía la tendencia de que estas expansiones financieras desarrollaran burbujas de diversos tipos. Preví que esta expansión financiera conduciría finalmente a una crisis terminal, porque las burbujas son tan insostenibles hoy como lo fueron en el pasado, pero no los detalles de las burbujas: la burbuja de los valores tecnológicos o la burbuja de la vivienda.

      También, me mostré ambiguo sobre en qué momento nos encontrábamos a principios de la década de 1990, cuando escribí The Long Twentieth Century. Pensaba que de algún modo la belle époque de Estados Unidos estaba ya acabada, cuando en realidad estaba justo empezando. Reagan la preparó provocando una recesión importante, que creó a continuación las condiciones para la subsiguiente expansión financiera, pero fue Clinton quien realmente presidió la belle époque que después terminó en el colapso de la década de 2000, especialmente del Nasdaq. Con la explosión de la burbuja de la vivienda, lo que estamos observando ahora es, con toda claridad, la crisis terminal de la centralidad financiera y de la hegemonía estadounidenses.

      Lo que distingue tu trabajo de casi todos los partícipes en tu campo es tu aprecio por la flexibilidad, la adaptabilidad, y la fluidez del desarrollo capitalista, en el marco del sistema interestatal. Sin embargo, en la longue durée , como sucede en los marcos de 500, 150 y 50 años que adoptas para el examen colectivo de la posición de Asia oriental en el sistema interestatal emergen pautas de comportamiento sorprendentemente claras, casi nítidas en su determinación y simplicidad 11. ¿Cómo caracterizarías la relación existente entre contingencia y necesidad en tu pensamiento?

      Hay dos cuestiones diferentes aquí: una concierne a la apreciación de la flexibilidad del desarrollo capitalista y la otra atañe a la recurrencia de las pautas de comportamiento, y la extensión en la que éstas se hallan determinadas por la contingencia o la necesidad. Sobre la primera, la adaptabilidad del capitalismo: esto se halla parcialmente ligado a mi experiencia de empresa cuando era joven. Inicialmente intenté gestionar la empresa de mi padre, que era relativamente pequeña; después redacté una disertación sobre la empresa de mi abuelo, que era de mayor tamaño que la de mi padre. A continuación discutí con mi abuelo y me fui a Unilever, que en cuanto a número de empleados era la segunda multinacional en esos momentos.

      Tuve, pues, la suerte –desde el punto de vista del análisis de la empresa capitalista– de incorporarme sucesivamente a empresas cada vez mayores lo cual me ayudó a comprender que no puedes hablar sobre empresas capitalistas en general, porque las diferencias entre la empresa de mi padre, la de mi abuelo y Unilever eran increíbles. Por ejemplo, mi padre invertía todo su tiempo en visitar a sus clientes en los distritos textiles y estudiar los problemas técnicos que tenían con sus máquinas, para después volver a la fábrica y discutir los problemas con su ingeniero y adaptar las máquinas a las necesidades de aquellos. Cuando intenté gestionar este negocio me sentí totalmente perdido; todo se basaba en las competencias y los conocimientos que formaban parte de la práctica y la experiencia de mi padre. Podía ir a visitar y ver a los clientes, pero no podía resolver sus problemas, no podía realmente ni siquiera comprenderlos. No había remedio. De hecho, en mi juventud, cuando le decía a mi padre, «si llegan los comunistas, vas a tener problemas», él decía, «no, no voy a tener problemas, continuaré haciendo lo que hago, ellos necesitan gente que haga esto».

      Cuando cerré la empresa de mi padre y me incorporé a la de mi abuelo, me encontré con una organización que ya era más fordista. No se estudiaban los problemas de los clientes, sino que se producían máquinas estandarizadas, les gustaran a los clientes o no. Sus ingenieros diseñaban máquinas en virtud de lo que ellos pensaban que precisaba el mercado y les decían a los clientes: esto es lo que tenemos. Se trataba de una producción en masa embrionaria, con líneas de montaje embrionarias. Cuando llegué a Unilever, apenas tuve contacto con el ámbito de la producción.

      Existían muchas fábricas diferentes: una hacía margarina, otra jabón, otra perfumes. Había docenas de productos diferentes, pero la sede principal de actividad no era ni la organización del marketing ni el lugar de producción, sino el departamento financiero y el departamento de publicidad.

      Así que eso me enseñó que era muy difícil identificar una forma específica como «típicamente» capitalista. Posteriormente, estudiando a Braudel, observé que esta idea de la naturaleza eminentemente adaptable del capitalismo era algo que podíamos observar históricamente.

      Uno de los mayores problemas de la izquierda, pero también de la derecha, es pensar que hay únicamente un tipo de capitalismo que se reproduce históricamente, mientras que el capitalismo se ha transformado a sí mismo sustantivamente –sobre todo a escala global– de modos inesperados.

      Durante varios siglos el capitalismo dependió de la esclavitud y parecía tan imbricado con la misma desde todos los puntos de visa que resultaba difícil pensar que podría sobrevivir sin ella; pero la esclavitud fue abolida y el capitalismo no solo sobrevivió sino que prosperó más que nunca, desarrollándose ahora a partir del colonialismo y el imperialismo.

      En ese momento pareció que el colonialismo y el imperialismo eran esenciales para su funcionamiento, pero una vez más, tras la Segunda Guerra Mundial, el capitalismo se desprendió de ambos y sobrevivió y prosperó.

      Desde un punto de vista histórico-mundial, el capitalismo siempre ha estado transformándose a sí mismo y ésta es una de sus principales características; sería realmente miope intentar precisar lo que es el capitalismo sin tener en cuenta estas transformaciones cruciales. Lo que permanece constante a lo largo de estas transformaciones y lo que define la esencia del mismo se halla capturado de modo óptimo por la fórmula del capital acuñada por Marx, D-M-D’, a la cual me refiero repetidamente cuando identifico la alternancia de expansiones materiales y financieras. Si observamos la China actual, podemos decir que el sistema allí vigente quizá es capitalismo quizá no, y al respecto yo creo que se trata de una cuestión que todavía está abierta; pero aunque asumamos que se trata de capitalismo, debemos tener en cuenta que no es el mismo capitalismo que el existente en periodos anteriores, sino que se halla totalmente transformado.

      El problema es identificar sus especificidades, cómo difiere de los capitalismos anteriores, lo denominemos capitalismo o de otro modo. ¿Y la segunda parte de la cuestión, esto es, la emergencia de pautas de comportamiento tan específicas de longue durée analizadas en tu trabajo y las transformaciones de escala?

      Un punto es que existe una dimensión geográfica muy clara en los ciclos recurrentes de expansión material y financiera, pero podemos observar este aspecto únicamente si no nos limitamos a concentrarnos en un solo país, porque entonces se observa un proceso totalmente diferente. Esto es lo que ha hecho la mayoría de los historiadores: se concentran en un país y describen su evolución. En Braudel, por el contrario, la idea es precisamente que la acumulación de capital salta; y si tú no saltas con ella, si tú no le sigues de lugar a lugar, no la ves. Si permanecemos concentrados en Inglaterra o en Francia, perdemos de vista lo que es más esencial del desarrollo del capitalismo histórico-mundial. Tienes que moverte con él para comprender que el proceso de desarrollo capitalista es esencialmente aquel que supone un salto de una situación en la que lo que tú has denominado «solución espacial de carácter infraestructural» se vuelve demasiado constrictiva y la competencia se intensifica, a otra en la que una solución espacial de mayor escala y ámbito de acción permite al sistema experimentar otro periodo de expansión material. Y después, por supuesto, el ciclo se repite de nuevo.

      Cuando formulaba esta idea por primera vez, infiriendo las pautas de comportamiento de Braudel y Marx, todavía no había apreciado totalmente tu concepto de solución espacial en el doble sentido de la palabra: fijeza del capital invertido y solución de las contradicciones previas de la acumulación capitalista. Existe una necesidad endógena en estas pautas de comportamiento que se deriva del proceso de acumulación, que moviliza dinero y otros recursos a una escala cada vez mayor, lo cual a su vez crea problemas bajo la forma de una competencia intensificada y de sobreacumulación de diversos tipos. El proceso de acumulación capitalista de capital –como proceso opuesto a la acumulación no capitalista de capital– tiene este efecto bola de nieve que intensifica la competencia e impulsa a la baja la tasa de beneficio. Quienes se hallan mejor posicionados para encontrar una nueva solución espacial lo hacen optando por un «contenedor» cada vez mayor.

      De las ciudades-Estado, que acumularon un ingente capital en pequeños contenedores, a la Holanda del siglo XVII, que fue más que una ciudad-Estado pero menos que un Estado nacional, pasando por la Gran Bretaña de finales del siglo XVIII y del siglo XIX, con su imperio de dimensiones mundiales, para llegar a la dimensión continental de Estados Unidos en el siglo XX.

      Ahora el proceso no puede continuar de la misma forma, porque no existe un contenedor mayor que pueda desplazar a Estados Unidos. Existen grandes Estados nacionales –de hecho civilizacionales– como China e India, que no son mayores que Estados Unidos en términos espaciales, pero que tienen cuatro o cinco veces su población. Así, pues, ahora estamos cambiando hacia una nueva pauta: en vez de desplazarnos de un contenedor a otro espacialmente mayor, estamos yendo de un contenedor con una baja densidad de población a contenedores con densidades mayores.

      Por otro lado, anteriormente se produjo un cambio de países ricos a países ricos, mientras que ahora estamos desplazándonos de países muy ricos a países todavía básicamente pobres (la renta per capita de China es todavía la veintésima parte de la de Estados Unidos). En cierto sentido, puedes decir, «Perfecto, ahora la hegemonía, si es eso lo que está sucediendo, está cambiando de los ricos a los pobres». Pero al mismo tiempo, estos países presentan enormes diferencias y desigualdades internas. Todo se halla muy matizado. Se trata de tendencias contradictorias y necesitamos desarrollar nuevas herramientas conceptuales para comprenderlas.

      Concluyes Adam Smith en Pekín con la esperanza de una comunidad de civilizaciones que vivan en términos igualitarios, una con otra, en un respeto compartido por el planeta y sus recursos naturales. ¿Usarías el término «socialismo» para describir esta visión o consideras que está agotado?

        Bien, no tendría objeciones a ser llamado socialista, excepto que desafortunadamente el socialismo ha sido demasiado identificado con el control de la economía por el Estado. Nunca pensé que fuera una buena idea. Provengo de un país en el que el Estado es despreciado o no inspira ninguna confianza. La identificación del socialismo con el Estado crea grandes problemas.

      Así, pues, si este sistema-mundo se va a llamar socialista sería necesario que se redefiniera en términos de respeto mutuo entre los seres humanos y un respeto colectivo por la naturaleza. Pero esto puede tener que organizarse a través de intercambios mercantiles regulados por el Estado, de modo que se incremente de una forma smithiana el poder de los trabajadores y se disminuya el del capital, y no mediante la propiedad y el control de los medios de producción por parte de aquel. El problema con el término socialismo es que ha sido maltratado de tantas formas diferentes que se halla, pues, muy desacreditado. Si me preguntas cuál sería un término mejor, no tengo ni idea, creo que tenemos que buscar uno.

      Tú eres muy bueno encontrando nuevas expresiones, así que deberías ofrecernos alguna sugerencia.

      De acuerdo, me pongo a buscar uno.

      Sí, tienes que trabajar para encontrar un sustituto para el término «socialista » que lo despoje de su identificación histórica con el Estado y lo acerque más a la idea de una mayor igualdad y respeto muto. ¡Así, que te dejo la tarea a ti!

      1 Véase, respectivamente, G. Arrighi, «The Political Economy of Rhodesia», NLR 1/39 (septiembre- octubre de 1966); C. Leys, European Politics in Southern Rhodesia , Oxford, 1959; y G. Arrighi, «Labour Supplies in Historical Perspective. A Study of the Proletarianization of the African Peasantry in Rhodesia », en G. Arrighi y John Saul, Essays on the Political Economy of Africa, Nueva York, 1973.

      3 Véase, en inglés, G. Arrighi, «Towards a Theory of Capitalist Crisis», NLR 1/111 (septiembre octubre de 1978); primero publicado en Rassegna Comunista 2, 3, 4 y 7, Milán (1972-1973).

      4 Véase G. Arrighi y Fortunata Piselli, «Capitalist Development in Hostile Environments: Feuds, Class Struggles and Migrations in a Peripheral Region of Southern Italy», Review ( Fernand Braudel Center ) X, 4 (1987).

      5 G . Arrighi, The Long Twentieth Century , Londres, 1994 [ed. cast.: El largo siglo XX . Dinero y poder en los orígenes de nuestra época , Madrid, Akal, 1999].

      6 Coescrito por ambos en 1999, Chaos and Governance in the Modern World System parece respetar el tipo de estructura que tú habías planeado inicialmente para The Long Twentieth Century.

      6 Beverly J. Silver, Forces of Labour. Workers’ Movements and Globalization Since 1870, Cambridge , 2003 [ed. cast.: Fuerzas de trabajo. Los movimientos obreros y la globalización desde 1870, Madrid, Akal, 2005].

      7 G . Arrighi y B. Silver, Chaos and Governance in the Modern World System, Minneapolis 1999 [ed. cast.: Caos y orden en el sistema-mundo moderno, Madrid, Akal, 2001].

      8 G . Arrighi, «Marxist Century, American Century. The Making and Remaking of the World Labour Movement», NLR 1/179 (enero-febrero de 1990) [ed. cast.: «Siglo marxista, siglo americano. La formación y remodelación del movimiento obrero mundial», NLR 0 (2000)].

      9 G . Arrighi, «World Income Inequalities and the Future of Socialism», NLR 1/189 (septiembre-octubre de 1991).

      10 G . Arrighi, Adam Smith in Beijing , Londres, Verso, 2007 [ed. cast.: Adam Smith en Pekín , Madrid , Akal, 2007].

      11 G . Arrighi, Takeshi Hamashita y Mark Selden (eds.), The Resurgence of East Asia . 500, 150 and 50 Year Perspectives, Londres, 2003.

      http://www.ddooss.org/articulos/entrevistas/Giovanni_Arrighi.htm

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