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Las nuevas clases medias dominantes de Latinoamérica, por J. Petras

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Las nuevas clases medias dominantes de Latinoamérica: Estabilización, crecimiento y desigualdad

James Petras, Rebelión

Traducción de Carlos Valladares

america-latina001Las presentes relaciones de América Latina con los Estados Unidos a la vez que su actual configuración política y económica se pueden entender mejor en el contexto de los cambios a gran escala de los últimos veinte años y de la relativa estabilidad de los cinco últimos.

Vamos a proceder destacando esquemáticamente las características más importantes que han llevado al desarrollo y a la crisis de los regímenes y las políticas neoliberales, y al surgimiento de los diversos regímenes “post neoliberales” del momento actual. Analizaremos la naturaleza y la actuación de los “regímenes post neoliberales” para ver sus puntos fuertes y sus debilidades en el contexto de las condiciones del mercado mundial, al mismo tiempo que las contradicciones políticas y sociales que están surgiendo y sus alternativas.

El poder imperial estadounidense y el ascenso y caida de los regímenes neoliberales

El poder imperial y la influencia de los Estados Unidos alcanzaron su esplendor entre 1976 y 1999. Tanto regímenes militares como civiles respaldaron las políticas regionales e internacionales de los Estados Unidos durante ese periodo y adoptaron doctrinas de “libre mercado”. Los dirigentes neoliberales desnacionalizaron y privatizaron todos los sectores económicos estratégicos, desregularon los sistemas bancario y financiero y se sometieron a los dictados del FMI y del Banco Mundial. Casi un billón de dólares 1 en beneficios, incluyendo los intereses y los pagos principales, provenientes de rentas y de fondos ilegales se transfirieron a los bancos y las corporaciones estadounidenses y europeas.

A finales de la década de los 90 el descontento popular se desbordó generalizándose las protestas callejeras y las huelgas promovidas por los sindicatos del sector público y, sobre todo, las movilizaciones en zonas rurales. Con la llegada de la crisis económica y el crash financiero del año 2000 se produjeron grandes convulsiones por todo el continente.

Crisis y levantamientos sociales 2000-2005

Entre el 2000 y el 2005 se sucedieron levantamientos populares de gran magnitud, que desbancaron a casi una docena de presidentes neoliberales, y varios procesos electorales que llevaron al poder a líderes supuestamente de centro-izquierda. En Argentina entre 2001 y 2002 tres presidentes fueron derrocados por los movimientos populares, mientras los bancos cerraban, los ahorros de la clase media fueron congelados, el desempleo aumento con una rapidez vertiginosa de hasta casi el 30 % y los niveles de pobreza traspasaron el 40 %, algo inaudito en un país archiconocido por su trigo y su carne de vacuno. En Ecuador los levantamientos populares de 2000 y 2005 supusieron el fin de los corruptos presidentes neoliberales y la elección del presidente Correa de la centro izquierdista Alianza PAIS.

En Bolivia las revueltas de los jornaleros y los campesinos indios derrocaron a dos presidentes, estrechos aliados de Washington (2003, 2005), y llevaron a la elección de un parlamentario de centro izquierda, campesino cocalero y líder indígena, Evo Morales, en 2005.

En Venezuela el presidente Chavez fue derrocado por un brevísimo periodo por una junta empresarial y militar respaldada por los Estados Unidos y restaurado en su puesto en 48 horas por la movilización popular y de parte del ejército en Abril de 2002.

En otros contextos, presidentes supuestamente de centro-izquierda fueron elegidos en Uruguay en 2005 y 2010, en Paraguay en 2008, en Chile en 2005 y en Brasil en 2002 y 2006.

Habiendo perdido a sus dóciles clientes como consecuencia de crisis profundas y con su principio ideológico propulsor (el neo-liberalismo de libre mercado) totalmente desacreditado y rechazado de forma masiva, el dominio de EE.UU. se deterioró severamente, pero no se extinguió del todo.

En México, el PAN, con respaldo estadounidense, bloqueó cualquier posibilidad de transición hacia un modelo postneoliberal en 2000, y más tarde robó las elecciones de 2006, perpetuando y profundizando la desintegración de México que vive una situación de guerra entre bandas de narcotraficantes aliados con diversas facciones del estado.

Las crisis, las revueltas y el ascenso de los regímenes postneoliberales fueron en esencia un pacto histórico entre las fracasadas y desacreditadas élites neoliberales de los años 90 y los movimientos sociales radicales en ascenso de los primeros años del nuevo milenio. El imperialismo estadounidense, involucrado en dos guerras en Oriente Medio y el sur de Asia, atrapado en una guerra global contra militantes islamistas dirigida por cargos políticos sionistas situados en altas instancias en el gobierno de Washington, fue incapaz de intervenir y cambiar la tendencia favorable al “centro-izquierda”. La política de Washington en la década entre 2000 y 2010 ha sido fundamentalmente “mirar atrás” a la “era de oro del saqueo”, los 90, y ha siso totalmente incapaz de hacer frente a los decisivos cambios de poder dentro de América Latina, los cambios del mercado mundial y el ocaso de la anteriormente hegemónica ideología neoliberal.

El ascenso del postneoliberalismo

Los regímenes postneoliberales, en la medida en que comparten elementos comunes, tienen las siguientes características:

  1. Son producto de movimientos populares que rechazan la ideología neoliberal y a sus élites.

  1. Su ascenso al poder es el resultado de crisis económicas y sociales profundas que afectaron a sectores de la élites empresariales, a la clase media y trabajadora, a los jornaleros sin tierra, a los campesinos y pequeños propietarios, y a las despojadas comunidades indígenas.

  2. Los regímenes postneoliberales han impulsado políticas económicas de estímulo estatal pero sin la expropiación de los bancos ni de las compañías nacionales o foráneas, y sin procesos de renacionalización de las firmas privadas, salvo en el caso de empresas en bancarrota.

  3. El postneoliberalismo (PNL) ha mantenido las desigualdades de clase del neoliberalismo pero introduciendo programas contra la pobreza, subsidios de desempleo, ayudas para las pequeñas y medianas empresas, e inversiones generadoras de empleo.

  4. Se ha obligado a las corporaciones multinacionales a pagar más impuestos en concepto de regalías, se han subido los impuestos a la exportación de productos agro-industriales pero no se ha hecho ningún esfuerzo en redistribuir la tierra y los ingresos.

  5. Empresas mixtas y sociedades comanditarias entre empresas públicas y privadas han sido la norma, poniéndose el acento en establecer alianzas con multinacionales extranjeras, especialmente en el sector de la minería y la energía.

  6. Las instituciones políticas han desplazado a los movimientos populares y los regímenes postneoliberales y se las han apañado para promocionar con éxito procesos de concertación a tres bandas entre el estado, las empresas y los movimientos populares en lo que puede darse por llamar “política corporativista” basada en “pactos sociales” con autoridad para regular los salarios pero no los beneficios.

  7. Estos regímenes han implementado estrategias desarrollistas basadas en la expansión y la diversificación de las exportaciones, en el establecimiento de severas políticas fiscales de cariz monetarista y en el incremento de los ingresos.

En resumen, los regímenes postneoliberales, las nuevas regulaciones, el estado de bienestar, y las medidas de gestión de la crisis se han diseñado en primer lugar para desradicalizar a los movimientos populares, para impulsar la recuperación económica y para apuntalar la estabilidad social y política. La retórica antineoliberal ha tenido como objetivo “normalizar” el crecimiento capitalista y crear un equilibrio sociopolítico entre los trabajadores/campesinos insurgentes, que formaron su base original, y los inversores nacionales y extranjeros que han sido los motores de su crecimiento.

Comportamiento de los regímenes postneoliberales: Estabilidad y crecimiento.

En los últimos cinco años de regímenes neoliberales, no han habido ni revoluciones ni golpes de estado, con la excepción de la toma del poder, con respaldo estadounidense, por parte de los militares en Honduras. 2 Los movimientos sociales se han apaciguado. Como consecuencia de la subida de los salarios, el crecimiento del empleo y el crecimiento económico, ha disminuido el grado de movilización social. El ejército se ha visto recompensado, dejados atrás los castigos por los crímenes contra los derechos humanos del pasado, mimado e incorporado al nuevo modelo "desarrollista" de crecimiento y se ha mostrado poco interesado por volver al antiguo modelo neoliberal liderado por los Estados Unidos. Entre 2004 y 2008 los regímenes postneoliberales han disfrutado de un grado excepcional de crecimiento, de precios muy altos, de la incorporación de capitales a gran escala, de la expansión de nuevos mercados en Asia y de niveles razonables de inversión tanto pública como privada. El resultado ha sido una balanza comercial y fiscal relativamente equilibrada, altos niveles de reservas de divisas y la posibilidad de acceso a los mercados de capital (excepto en el caso de Argentina).

Los regímenes postneoliberales han diversificado sus mercados externos pero no sus productos de exportación, aumentando su dependencia energética y de productos agrícolas y minerales, pero beneficiándose de precios altos.

Al contrario de lo que la experiencia histórica podría invitar a pensar, la crisis económica mundial de 2008-2010 no ha golpeado tan duramente a América Latina como a los Estados Unidos, en parte debido a los controles impuestos después de la crisis neoliberal de 2000-2001 y por sus lazos económicos con Asia, lo cual es decir China, y se ha continuado creciendo un 9% en 2009 y un 11% en 2010. La cuestión principal es si este crecimiento sostenido, y la estabilidad relativa que trae consigo, es producto de las políticas internas y de lo ajustes estructurales o es el resultado de las condiciones favorables del mercado mundial – con precios altos y fuerte aumento de la demanda.

Los “regímenes postneoliberales” varían en su composición política, en sus orígenes sociales y en el grado y el tipo de intervención estatal que promueven. Lo que tienen en común es : (1) su rechazo al capital desregulado, particularmente a las inversiones especulativas; (2) el rechazo a tratados de libre comercio no recíprocos del tipo del ALCA; (3) el aumento de impuestos a los industrias exportadoras agro-minerales; (4) una fuerte tendencia corporativista, es decir, la incorporación de los líderes de los movimientos y de las organizaciones populares al aparato del estado; (5) el apoyo a la formación de organizaciones regionales que excluyen a Estados Unidos como UNASUR; (6) y la tendencia a diversificar sus estrategias comerciales y de inversión. Sobre todo los regímenes postneoliberales han abrazado una ideología y una práctica “desarrollista” que persigue la maximización de las inversiones y el crecimiento económico en detrimento de cualquier tipo de política redistributiva o de cambios fundamentales en el sistema de propiedad. Dicho de otra manera, el cambio del libre mercado neoliberal por el desarrollismo postneoliberal está basado en su mayor parte en alianzas con las élites, tanto nacionales como extranjeras, del sector agro-mineral y manufacturero en vez de con grupos bancarios y financieros.

Los nuevos regímenes desarrollistas nacieron de la mano, principalmente, de políticos populistas y socialdemócratas que obtuvieron el respaldo popular como consecuencia de su rechazo a una variante del capitalismo (el “neoliberalismo”) pero no al capitalismo per se. La ambigüedad ideológica del “antineoliberalismo” permitió a los líderes desarrollistas presentarse como parte de la insurgencia popular e identificarse con las revueltas del periodo 2000-2005 sin comprometerse con ningún programa anticapitalista o con medidas específicas como una reforma agraria integral o la renacionalización de los sectores económicos estratégicos privatizados por las anteriores élites neoliberales.

La excepción es la Venezuela del presidente Chávez que comenzó una reforma agraria y renacionalizó el petróleo y varios sectores económicos estratégicos más.

El reto clave para los regímenes desarrollistas ha sido dar el giro desde una posición social y política radical de apoyo a los movimientos que los alzaron al poder hasta la consecución de una sólida base electoral que apoyara unas políticas que esencialmente favorecen a los grandes inversores nacionales y extranjeros, aunque realicen inversiones a largo plazo.

Ideología, mercados, cooptación

Los regímenes postneoliberales desconcertaron a sus seguidores con una variedad de fórmulas políticas, relacionadas con las particularidades de su origen social y con las características distintivas de sus organizaciones.

Por ejemplo, Evo Morales, ha hecho públicos alardes de su “identidad indígena” aunque por otro lado haya perseguido con ardor acuerdos y firmas de lucrativos contratos de explotación con importantes corporaciones multinacionales del sector minero y energético de la India, Europa, Brasil, Estados Unidos, Canadá y China que totalizan una suma de hasta un centenar de compañías. La estrategia desarrollista de Morales, desde el principio, garantizó seguridad a las cien mayores corporaciones empresariales agrícolas, dueñas de más del 80% de las tierras más fértiles, mientras que invirtieran e incrementaran la producción y las exportaciones. El principal propagandista de Morales, el vice-presidente García Linera, ha proporcionado la cobertura ideológica al mover el foco de atención de los movimientos populares desde una lucha por la transformación socioeconómica a la realización de una “revolución cultural y política”. García Linera proporcionó la retórica sobre la importancia de la “identidad étnica”, en detrimento de la política de clase, que ha servido de elemento de distracción sobre la colaboración del régimen con la oligarquía empresarial, nacional y foranea, del sector minero-extractivo. La “revolución” fue esencialmente la toma del poder por parte del estrato inferior de la clase media mestiza en ascenso, constituido por tecnócratas y dirigentes de los movimientos sociales cooptados, que han promovido la inversión privada y el control social.

Para consumo del “turismo” de izquierdas internacional, (Estados Unidos, Canadá y Latinoamérica) Morales y García Linera han organizado una conferencia internacional sobre la ”Madre Tierra” ( Pachamama). A su vuelta han difundido un luminoso relato sobre el liderazgo de Morales en su lucha contra el “calentamiento de la tierra”, en la ignorancia más completa de las intenciones del régimen de atraer enormes inversiones de capital del sector minero-extractivo y de la estrategia desarrollista en el sector de la agro-industria basada en la dependencia de productos químicos.

En el caso de Brasil, Lula jugó la carta de sus orígenes sociales, la del hijo de una familia inmigrante pobre del nordeste de Brasil, la de su época de activista sindical, la de su afinidad a las causas populares y la de su condición de líder del Partido de los Trabajadores. Sus propagandistas minimizaron el hecho de que no había pisado una factoría en los 20 años anteriores a su elección. Lo más relevante del régimen de Lula no es su pasado sino sus vínculos actuales con grandes empresas capitalistas del sector de la agro-industria y la extracción mineral, su apoyo a las inversiones que tengan como objetivo prioritario el crecimiento y sus severas políticas monetaristas para satisfacer a la élite financiera internacional. Sus “políticas contra la pobreza” han consistido en las típicas medidas clientelares del gusto de los sectores conservadores: donación de alimentos para los pobres, pero no redistribución de la tierra; subsidios de mera subsistencia para los pobres, pero no creación de empleo industrial. El gasto social anual del régimen de Lula en sanidad, educación y medidas contra la pobreza es inferior a los 100.000 millones de dolares que se pagan como interés a los bancos extranjeros. Los decretos de Lula sobre la disminución de empleados públicos y los recortes de las pensiones públicas han garantizado un superavit presupuestario y han atraido masivamente a las inversiones de capital foráneo. La independencia en política exterior de Lula ha venido como consecuencia de su ideología “desarrollista” y no de ningún tipo de sentimiento “anti-imperialista”. Para Lula el crecimiento económico requería desembarazarse de los restrictivos tratados comerciales con Estados Unidos y firmar nuevos acuerdos comerciales y de inversión con China, India, Irán, Venezuela, Angola etc.

Argentina, Uruguay, Chile, Ecuador y Paraguay han reforzado sus estrategias económicas de fomento de la exportación de productos agrícolas y minerales y han abierto la puerta a los inversores extranjeros, especialmente en los “sectores productivos”. Su enemigo no es el capitalismo, es el “capital especulativo”. El problema social es cómo aplicar impuestos sobre los beneficios para sufragar los programas de reducción de la pobreza que son la base del mantenimiento de su apoyo electoral.

La clave de la estabilidad social ha estado en cooptar a los dirigentes sindicales y campesinos y en pacificar a sus seguidores con aumentos salariales mínimos y graduales a cambio de su apoyo a la firma de contratos multimillonarios de inversión con las corporaciones multinacionales. Los regímenes PNL han utilizado la ideología antineoliberal y se han beneficiado de las condiciones favorables del mercado mundial. Esto ha llevado a un relativa estabilidad política y al crecimiento económico de los últimos cinco años. La cuestión es si esto es una situación que se pueda mantener en el tiempo o es una mera “situación coyuntural”.

El futuro del capitalismo desarrollista en América Latina

Los últimos cinco años, los regímenes desarrollistas han sido capaces de travestir su colaboración con el gran capital con ataques retóricos al neoliberalismo y han obtenido una clientela electoral sobre la base del establecimiento de programas contra la pobreza a corto plazo.

Están apareciendo señales significativas de que el “progresismo” está empezando a perder su atractivo entre amplios sectores de la clase trabajadora, del campesinado y de la población india ante la evidencia de la ausencia de cambios estructurales sustantivos.

En Bolivia las prolongadas huelgas en el sector público y en la industria en contra del raquítico incremento de los salarios del 5% decidido arbitrariamente por el régimen de Morales son un claro indicador de que la mística del “presidente indígena” que dicta el destino de los excedentes presupuestarios y firma lucrativos contratos con corporaciones empresariales extranjeras del sector de la extracción minera está empezando a agotarse.

En Paraguay más de 15.000 campesinos se manifestaron en las calles de Asunción contra el presidente Lugo en protesta por la parálisis y la impotencia del presidente respecto a la reforma agraria y por su uso de la policía y de la represión militar para expulsar a los campesinos sin tierra de los grandes latifundios.

En Brasil los trabajadores del sector público que se han movilizado para conseguir una subida salarial superior al 5% dictado por Lula, sobre todo a la luz de los 280.000 millones de dolares en reservas y los más de 100.000 millones de dolares del pago de los intereses de la deuda, están viendo sus salarios reducidos.

Tanto Lula como Lugo y Morales han lanzado virulentos ataques verbales contra las organizaciones independientes que demandan una más justa distribución de los beneficios. Lugo ha militarizado el campo en busca de …”diez movimientos guerrilleros”. Evo Morales y García Linera han acusado a los trabajadores en huelga de las fábricas de ser “agentes de la embajada de Estados Unidos” y a los profesores que se manifiestan de ser “instrumentos del troskismo”. Correa ha acusado al movimiento indígena de “delincuentes” por oponerse a la privatización de facto del acceso al agua.

Dicho de otra manera, las primeras grietas y contradicciones en el modelo desarrollista han provocado un ataque virulento por parte de los regímenes PNL. Es lícito sospechar que la violenta respuesta del régimen ante demandas económicas reformistas es producto del miedo a que la lucha de los movimientos de clase independientes se convierta en un futuro cercano en un ataque político directo al modelo desarrollista.

Aunque el modelo desarrollista parece sólido y las condiciones del mercado mundial son actualmente favorables, estos regímenes dependen de un frágil balance de poder. Los regímenes PNL necesitan de una gran cantidad de insumos de capital que requieren de tasas de beneficio altas lo cual depende a su vez de la capacidad de controlar los costos laborales, de obtener superavits presupuestarios y de establecer rigurosas políticas monetarias. Los sindicatos y la clase obrera, en la medida en que presenten una agenda de reivindicaciones que exija mayor gasto social y una mayor participación en los beneficios a través de huelgas y de la acción directa, pueden debilitar el marco de colaboración de clase que da estabilidad al régimen. Un recrudecimiento de la represión podría conducir a una mayor alienación y al desencanto entre los sectores de la clase obrera y de los movimientos indígenas y campesinos, llevando a divisiones y a la expulsión del poder de los dirigentes sindicales previamente cooptados, y al resurgimiento de movimientos independientes de indígenas y campesinos.

El problema fundamental en algunos países es la fragmentación de los movimientos. Por ejemplo, en Mexico, se celebraron marchas que reunieron a un millón de personas, con López Obrador al frente, que protestaban contra el fraude electoral, precedidas años atrás por masivas manifestaciones de más de 250.000 personas convocadas por los zapatistas que exigían leyes favorables a los indios, continuadas por movilizaciones de decenas de millares de profesores y sectores afines en Oaxaca demandando el cese de un gobernador corrupto, y más recientemente un cuarto de millón de trabajadores convocados por el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) salieron a la calle para protestar por el despido de 43.000 compañeros. Por separado cada movimiento ha sido finalmente derrotado. Unidos podrían haber paralizado el país y ganado.

Una de las consecuencias desafortunadas de la reciente debilidad de los movimientos sociales radicales y del rechazo a sus propuestas a favor de cambios estructurales es el crecimiento de poderosas narco-bandas basadas en el reclutamiento de jóvenes tanto del campo como de la ciudad. Ante la carencia de tierras producto de la acumulación de los agro-negocios, la libre importación de productos alimenticios que ha arruinado a los pequeños agricultores y la emigración del campo a la ciudad sin empleo industrial, las bandas de narcotraficantes ofrecen una salida de la pobreza por la vía de la “acción armada directa”, respaldada por funcionarios corruptos y con la cooperación de los bancos que lavan sus fondos. En México, en América Central y en los estados andinos, la lucha armada de las bandas de narcotraficantes, compuestas en su mayor parte por jóvenes, por una participación en los beneficios del mercado de la cocaina ha reemplazado a la lucha de clase por la tierra y por el empleo.

Alternativas al Postneoliberalismo (PLN)

El primer paso en la construcción de una alternativa requiere una comprensión y una ruptura con el régimen PNL. Debe abandonarse esa vacua terminología sobre regímenes “progresistas” o de “centro-izquierda” y es esencial el identificarlos como regímenes capitalistas desarrollistas, constitutivamente dependientes de élites dirigentes de los sectores agro-industriales y minero-extractivos integrados en el mercado mundial.

En segundo lugar, para construir una alternativa a los regímenes PNL no se debe tomar como punto de partida el periodo 2000-2005, una época de movimientos populares radicales y de revueltas de clase. Ni tampoco los años 90 en el que los regímenes “neoliberales” sin oposición permitieron el saqueo al por mayor y sin restricciones por parte de los grandes bancos y las corporaciones multinacionales.

En la actualidad los enfrentamientos nacionales y de clase tienen lugar en el contexto de un régimen desarrollista de clase media, que utiliza el estado para promover el crecimiento económico y usa a los movimientos sociales y a los sindicatos como mecanismos para controlar y limitar las demandas populares dentro del marco fijado por las alianzas entre el estado y el capital.

La clave de la fase actual está en recrear movimientos sociales independientes y sindicatos de clase autónomos que puedan enfrentarse con éxito a las políticas de contención salarial impuestas por el régimen desarrollista para atraer inversores extranjeros y prestamos.

Los dirigentes de la izquierda deben tener presente que los regímenes desarrollistas son ricos en divisas , tienen superavit presupuestarios y que sus estrategias de desarrollo están produciendo un crecimiento razonable . Dicho de otro modo, la izquierda debe ser consciente de que el capitalismo latinoamericano, globalmente hablando, no está en crisis , y que el régimen y los dueños del capital deben pagar en forma de sustanciales subidas salariales y con un aumento del gasto social . Los recursos financieros disponibles, los ingresos económicos del estado y los beneficios públicos y privados de los sectores agro-industriales, de los sectores minero-extractivos, del sector bancario y de las élites comerciales y manufactureras pueden permitir el aumento de los salarios y de las prestaciones sociales entre un 10% y un 20% anual.

Los trabajadores y los campesinos ven cada vez más claro que no son ellos los beneficiarios de los éxitos económicos, del crecimiento y de la estabilidad celebrados por los dirigentes de los regímenes desarrollistas. La izquierda debe animar, organizar y capitalizar las crecientes expectativas de las masas por conseguir un nivel de vida más elevado en vista de la subida record de los precios. Demasiado a menudo, la izquierda ha sucumbido recientemente ante la puesta en escena de la autodenominada “nueva izquierda” y su retórica “antineoliberal” aunque la presencia de capital multinacional (CMN) no haya dejado de aumentar. La nueva alianza “estado-CMN” está excluyendo a la clase trabajadora de los beneficios y los ingresos públicos que, por el contrario, se están distribuyendo entre una nueva clase media profesional en ascenso y la tecnocracia, por un lado, y entre los inversores extranjeros, por el otro.

La clase media emergente ha usado su pasado izquierdista y sus conexiones sociales con los movimientos populares para tomar el poder; Está consolidando dicho poder por medio del control del estado y financiando a los dirigentes de los movimientos populares. Para legitimarse, los regímenes de la nueva clase media están organizando encuentros y conferencias izquierdistas, ecologistas e indigenistas. Esta nueva clase media dirigente se está enriqueciendo con un aumento de su participación en los ingresos provenientes del capital agro-industrial y minero-extractivo por medio de sociedades comanditarias, aumento de impuestos y participación en los beneficios.

El estado desarrollista está concentrando la “nueva riqueza” en los estrechos límites de la parte media y alta de la burocracia estatal que se ha convertido de hecho en la nueva burguesía. La esencia burguesa de este régimen se encuentra en la profunda y creciente desigualdad en lo que se refiere a la estructura de propiedad y la cuantía de los salarios, en las transferencias unilaterales de los ingresos del estado a los acreedores bancarios y en las subvenciones y los créditos a las empresas exportadoras agro-minerales, mientras que las ayudas sociales a los pobres siguen siendo minúsculas y el nivel de los salarios mínimos son realmente mezquinos.

La lucha hoy en día es contra los explotadores capitalistas y no contra los “especuladores”; es contra los desarrollistas postneoliberales que controlan el estado para beneficio propio y no contra los promotores inmobiliarios neoliberales pro-libre mercado ni contra los estafadores financieros.

La debilidad estratégica de los dirigentes de la nueva clase media del estado desarrollista está en que no son propietarios – su poder deriva del control político del estado y de los movimientos populares. Eso significa que la lucha económica por salarios más altos y más gasto social se convierte de manera inmediata en una amenaza política a la legitimidad de los nuevos dirigentes. Como consecuencia de ello cualquier exigencia de los campesinos o de la clase trabajadora provoca un ataque desproporcionado, llegándose incluso a la difamación de luchas populares por la obtenención de beneficios económicos con extravagantes acusaciones como la de ser "contrarrevolucionarios".

Dado el apoyo oportunista de los “turistas” de izquierdas de Norte América y Europa a estos regímenes desarrollistas (aunque repriman huelgas y denuncien las luchas de los trabajadores, de los campesinos y de los indios en pos de mejoras económicas), la izquierda consecuente debe adoptar una postura de apoyo solidario a las luchas económicas de los nacientes sindicatos autónomos y de los movimientos étnicos de base social. El resurgimiento de los movimientos populares revolucionarios comienza por rechazar la complicidad con los gobernantes de la nueva clase media que está liderando esta nueva fase de expansión capitalista basada en la alianza entre el estado y el sector privado.

NOTAS DEL TRADUCTOR

1 En el texto original dice trillón. Siendo el autor estadounidense suponemos que se refiere a lo que en España y los países de habla castellana de América Latina denominan billón es decir 1 X 10 12 o 1.000.000.000.000.

2 El texto fue escrito antes del intento de golpe de estado en Ecuador.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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¿Existen las clases sociales?

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Marcos Roitman Rosenmann, La Jornada.mx

DR1 Los detractores del socialismo no pueden oír hablar de la existencia de explotación, imperialismo o explotadores. Se muestran iracundos cuando algún comensal o interlocutor les hace ver que las clases sociales son una realidad. Los portadores del nuevo catecismo posmoderno, dicen tener argumentos de peso para desmontar la tesis que aún postula su validez y su vigencia como categorías de análisis de las estructuras sociales y de poder. Lamentablemente, sólo es posible identificar, con cierto grado de sustancia, dos tesis. El resto entra en el estiércol de las ciencias sociales. Son adjetivos calificativos, insultos personales y críticas sin altura de miras.

Yendo al grano, la primera tesis subraya que la contradicción explotados-explotadores es una quimera, por tanto, todos sus derivados, entre ellos las clases sociales, son conceptos anticuados de corto recorrido. Ya no hay clases sociales y si las hubiese, son restos de una guerra pasada. Desde la caída del muro de Berlín hasta nuestros días las clases sociales están destinadas a desaparecer, si no lo han hecho ya. El segundo argumento, corolario del primero, nos ubica en la caducidad de las ideologías y principios que les dan sustento, es decir el marxismo y el socialismo. Su conclusión es obvia, los dirigentes sindicales, líderes políticos e intelectuales que hacen acopio y se sirven de la categoría clases sociales para describir luchas y alternativas en la actual era de la información, vivirían de espaldas a la realidad. Nostálgicos enfrentados a molinos de viento que han perdido el tren de la historia. Para seguir adelante, hay que renovar, buscar conceptos en un mundo novísimo.

Sin duda en las dos últimas décadas del siglo XX y la primera del XXI han emergido procesos sociales, económicos, políticos y culturales que no sólo han reinventado la realidad sino los conceptos para describirla. Ello no es acontecimiento novedoso. La historia está llena de estas vicisitudes donde se inventan palabras. Basta leer libros de tecnociencias, informática, bioquímica o neurociencias para comprobar lo dicho. Incluso, una academia tan conservadora como la española de la lengua se ve obligada, cada cierto tiempo, a incorporar voces que emergen de la vida diaria hasta convertirse en una realidad difícil de soslayar. Sin embargo, no debe caerse en el absurdo de tirar el niño con el agua sucia dentro. Nuevas voces no invalidan las ya existentes. Pueden complementar o enriquecer el lenguaje.

La posibilidad de caer en el absurdo a la hora de renombrar objetos, oficios y situaciones, está a la orden el día. Los casos son variopintos. Así, nos podemos encontrar que un cocinero se ha convertido en un restaurador de alimentos; los recreos en los patios de los colegios, han pasado a denominarse segmentos lúdicos y los bares se consideran zonas de avituallamiento rápido. Esta moda sólo aporta confusión.

No es lo mismo un concepto viejo que otro anticuado. El imperialismo existe por mucho que les pese a quienes plantean su muerte en beneficio de la llamada interdependencia global o globalización. Su definición sigue siendo válida en tanto explica a) la concentración de la producción y del capital que dio origen a los monopolios; b) la fusión del capital bancario e industrial y la emergencia de una oligarquía financiera; c) el poder hegemónico de la exportación de capitales frente a las materias primas; d) la formación de las trasnacionales y reparto del mundo entre las empresas; f) las luchas por el control y el reparto territorial del mundo entre países dominantes; y g) facilita comprender las formas de internacionalización de los mercados, la producción y el trabajo.

Por consiguiente, los cambios del imperialismo señalan su versatilidad y capacidad de adaptación en medio de los cambios profundos que sufre el capitalismo. La globalización como concepto no sustituye al imperialismo como una realidad. Saber que el imperialismo actual dista del imperialismo del siglo XIX es sentido común y no requiere de muchas cábalas. El imperialismo goza de buena salud. Otro tanto ocurre con el concepto de clases sociales. En la actualidad muchos científicos sociales prefieren hablar de estratificación social y estructuras ocupacionales antes que acudir al concepto de clases sociales para explicar las desigualdades, la pobreza o la indigencia. Los ejemplos pueden continuar. También los conceptos de explotación y colonialismo internos ha caído en desgracia aunque la semiesclavitud, la trata de blancas y el trabajo infantil y el dominio étnico sean una realidad cada vez más extendida en el planeta. Es este contexto adverso para el pensamiento crítico donde ve la luz, en América Latina, una nueva realidad que trata de explicar este rechazo al uso de conceptos y categorías provenientes de la tradición humanista y marxiana: la colonialidad del saber y del poder.

Bajo el manto de parecer posmodernos, integrados a la llamada sociedad de la información y partícipes de la globalización neoliberal, se renuncia a ejercer el juicio crítico. Es más cómodo dejar de pensar, apoyándose en una supuesta caducidad de los conceptos, que darse a la molestia de averiguar cuáles son y han sido las transformaciones sufridas por las clases sociales durante las últimas décadas. Ello supondría reflexionar, atributo del cual carecen los nuevos robots alegres de pensamiento sistémico.

Por último sirva como provocación señalar las diferencias entre conceptos viejos y anticuados. La ley de gravitación universal tiene más de cinco siglos, por su data es desde luego longeva, pero sigue siendo válida. Quienes duden de su pertinencia, les aconsejo un ejercicio práctico, déjense caer de una altura de 50 metros y comprobaran si la ley de gravitación universal es anticuada y caduca. Lo mismo ocurre con las clases sociales. Negar su existencia es, por decir lo menos, un acto de ignorancia.

Written by Eduardo Aquevedo

23 agosto, 2010 at 20:11

Las economías de EE.UU. y China: reestructuración capitalista, clases y crisis…

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Martin Hart-Landsberg, Monthly Review

ASIA1 La economía de EE.UU. está en mal estado y la gente, lógicamente, busca soluciones. Muchos, animados por medios de comunicación y los políticos, creen que las políticas comerciales de China son las principales responsables de la decadencia estructural de nuestra economía y que para la recuperación será necesario, sobre todo, presionar al gobierno chino para poner en práctica una "liberación del mercado", unos cambios de política que consigan el equilibrio en la relación comercial con China.

A pesar de su popularidad, este enfoque de Estado-nación en relación con la comprensión de la dinámica de la relación Estados Unidos-China es seriamente defectuoso. Anima a la gente a ver los problemas industriales de los EE.UU., falsamente, como el resultado de un enfrentamiento entre China y los Estados Unidos, en el que el gobierno chino ha aumentado el bienestar de sus ciudadanos a costa de EE.UU., a través de prácticas "desleales". Como consecuencia, conduce a recomendaciones de políticas contraproducentes.

En este trabajo, que ofrece un enfoque alternativo a la comprensión de la relación comercial con China, hago un análisis basado en la clase (global) de la dinámica capitalista. Esto lleva, como es lógico, a percepciones económicas y desafíos políticos muy diferentes. Por ejemplo, se pone de manifiesto que la amenaza a la actividad manufacturera en Estados Unidos no viene de China, sino de la explotación de un sistema transnacional de empresas en el que China sirve como plataforma de montaje final de la producción regional.

También revela que, mientras el capital transnacional y las elites en China se han beneficiado de este sistema, los trabajadores chinos han pagado un alto precio; de hecho, la experiencia de los trabajadores chinos puede servir para poner de manifiesto las mismas consecuencias negativas para los trabajadores de los Estados Unidos. También explica por qué los chinos y los gobiernos de EE.UU. han respondido a la actual crisis mundial con estrategias diseñadas para mantener el statu quo, a pesar de los efectos negativos de esta decisión en los trabajadores. En resumen, mi análisis revela que es el capitalismo, no la competencia entre China y los Estados Unidos, la fuente de nuestros problemas económicos. Nuestro desafío, entonces, que es brevemente una conclusión, es basarse en las ideas anteriores para desarrollar una estrategia capaz de iluminar y de impugnar la lógica destructiva del capitalismo; una tarea que pone a los trabajadores de EE.UU. en solidaridad, en lugar de en competencia, con los trabajadores chinos. El argumento del "Estado-Nación"

Los que argumentan que los problemas de EE.UU. le deben mucho a la estrategia de crecimiento de China tienden a razonar como sigue: las políticas estatales chinas han transformado al país en una potencia exportadora, con el mercado de EE.UU. como principal objetivo. Inicialmente, las exportaciones chinas fueron predominantemente de mano de obra intensiva, productos de baja tecnología, como textiles y zapatos. Sin embargo, a partir de mediados de la década de 1990, China, también se convirtió en un importante exportador de mayor valor añadido, productos de alta tecnología como computadoras, teléfonos celulares y otros electrónicos de consumo. Como señala el Business Week, esto está lejos de un desarrollo "normal".

Estados Unidos ha sobrevivido a las olas de importación anteriores de Japón, Corea del Sur y México. Y ha vivido con China durante dos decenios. Pero algo muy diferente está sucediendo. La suposición ha sido que los EE.UU. y otras naciones industrializadas se mantendrían líderes en las industrias intensivas del conocimiento, mientras que las naciones en desarrollo se centrarían en los sectores de baja mano de obra. Esto ahora es objeto de debate. "Lo que es asombroso acerca de China es que por primera vez tenemos un enorme y pobre país que puede competir tanto con salarios muy bajos y en la alta tecnología", dice el economista de la Universidad de Harvard Richard B. Freeman. "Al combinar los dos, Estados Unidos tiene un problema". (1)

Este uno-dos se dice que ha devastado el sector manufacturero de EE.UU., las empresas de conducción de negocios y deteriorado el empleo en la manufactura y los salarios. Las familias se vieron obligados a endeudarse más y más para sostener el consumo. Y como una parte creciente del gasto de consumo fue a la compra de bienes producidos en China (y otros países), los esfuerzos del gobierno para impulsar el empleo y la producción se hicieron cada vez más ineficaces. La financiación del déficit comercial resultante también requiere cada vez un mayor endeudamiento exterior, especialmente de China, que ayudó a acelerar la financiarización de la economía y poner límites adicionales a la política fiscal y monetaria de EE.UU. En conjunto, estas tendencias han contribuido a un proceso de crecimiento más débil, más desequilibrado e inestable, sentando las bases para la crisis actual. Lógicamente, entonces, la inversión de estas tendencias es la clave para la revitalización de la economía de los EE.UU., un resultado mejor alcanzado a través de una reestructuración de la relación económica Estados Unidos-China. Más concretamente, China debe ser presionada para que revalúe su moneda, abrir sus mercados a más mercancías de los EE.UU. y jugar con las reglas aceptadas del "mercado", la competencia capitalista. Estos pasos se puede esperar que impulsen las exportaciones de EE.UU. a China, reducir las importaciones de EE.UU. desde China, y, en consecuencia, que se renueve la fabricación de productos en EE.UU., refuerce el "salario familiar", la creación de empleo, reducir la deuda nacional y extranjera y restablecer la eficacia de las políticas nacionales.

Este argumento promueve el juicio, intencionadamente o no, de que nuestra tarea es fortalecer las fuerzas del mercado capitalista en China. Esta visión se basa en una mala comprensión de las fuerzas en juego en China (por no hablar de la dinámica capitalista) y las consecuencias de las fuerzas de los trabajadores estadounidenses y chinos.

La adopción estratégica de China de un crecimiento impulsado por las exportaciones

China se ha convertido en una potencia exportadora. Entre 1990 y 2008, la cuota de China en las exportaciones mundiales totales pasó del 1,8 al 9,1%. (2) China está en camino de convertirse en el mayor exportador del mundo en 2009, superando a Alemania.

Esta orientación hacia la exportación representa un cambio importante del pasado de la dinámica del crecimiento de China. La China de Mao Zedong (1949-1976) tenía una economía planificada y altamente centralizada, en la que la producción fue organizada por las empresas estatales y orientada a satisfacer las necesidades internas. Las exportaciones fueron pocas y realizadas principalmente para pagar las importaciones necesarias.

Durante este período, China consiguió el crecimiento rápido y la industrialización. Como Maurice Meisner explica: "A partir de una base industrial más pequeña que la de Bélgica en la década de 1950… China surgió al final del período de Mao como uno de los seis productores industriales más grandes del mundo." (3) Por otra parte, debido a que estuvo aislada del comercio internacional y la inversión durante la mayoría de la era de Mao, China se vio obligada a desarrollar sus propias capacidades tecnológicas. Mirando el sector de la informática, por ejemplo, Andrew Ross señala que: En la década de 1950, el Estado comunista estableció una nueva ciencia y la tecnología de I & D de la red, siguiendo el modelo del sistema soviético, y su rama de la electrónica pasó a producir varias generaciones de ordenadores, en muchos casos con poca o ninguna diferencia de las potencias capitalistas. El primer equipo de China fue desarrollado en 1958, sólo un año después de Japón y su primer circuito integrado fue producido en 1964, sólo cinco años después de las patentes de los EE.UU. Una microcomputadora se desarrolló en 1977 (incluso antes de que IBM presentase su PC), un microprocesador en 1980, y un superordenador, junto con un PC compatible con IBM, en 1983. (4)

Poco después de la muerte de Mao, el Partido Comunista (liderado por Deng Xiaoping) decidió aumentar radicalmente la dependencia de la economía en las fuerzas del mercado. Afirmó que esa medida era necesaria para superar los problemas económicos del país en crecimiento, que se alegaba habían sido causados por el sistema excesivamente centralizado de Mao, de la planificación estatal y de la producción. Sin embargo, a pesar de los cambios políticos y económicos, sin duda deseados por la mayoría de China, Deng y sus seguidores en gran medida han exagerado la gravedad de los problemas existentes y, más importante aún, ignoraron los pedidos popular para la exploración de otras vías que no supusiesen la reforma del mercado. (5) Independientemente de las intenciones, después de 1978 el programa de reforma terminó llegando a transformar radicalmente la economía china en una capitalista (aunque con "características chinas"). En contraste con el período anterior a la reforma, casi toda la actividad económica está determinada por el mercado. Y, mientras el Estado sigue dominando en muchos sectores estratégicos, tales como las finanzas, la energía y el transporte, la gran mayoría del valor añadido en el sector de fabricación de todos los sectores importantes es producido con fines de lucro por empresas privadas. (6)

Más importante aún, el capital extranjero juega ahora un papel preponderante en la economía china, especialmente en la fabricación. (7) Su actividad ha transformado al país en una economía impulsada por las exportaciones: la relación entre las exportaciones y el PIB aumentó del 16% n 1990 a más del 40% en 2006, con la participación de los extranjeros en las exportaciones del 2% en 1985 al 58% en 2005 (y el 88% de las exportaciones de alta tecnología). (8) Igualmente digna de mención es la proporción de las exportaciones totales con un 100% de propiedad extranjera que también ha aumentado. (9)

Esta reestructuración no puede ser entendida simplemente a través de la lente de una nación-Estado. Más bien, como las reformas de China han proseguido durante la década 1990, la dinámica de la acumulación de China se convirtió cada vez más dependiente de la inversión de las empresas transnacionales y la actividad de exportación. Como consecuencia, la economía china se insertó cada vez más en un proceso más amplio de la reestructuración de Asia Oriental que fue impulsado por el establecimiento y la intensificación de las transnacionales, las redes de producción de las empresas controladas, transfronterizas, que vinculan e involucran todas las economías de forma colectiva. En otras palabras, la experiencia china, y en particular su campaña de exportación, sólo puede entenderse en el contexto de la dinámica capitalista en general.

China y la dinámica de la delincuencia de reestructuración

La expansión de las redes transfronterizas fue provocada principalmente por el deseo de las empresas transnacionales de abaratar el costo de producción de los bienes clasificados como "maquinaria y equipo de transporte," lo más importante de la información y la comunicación (TIC), productos (tales como computadoras y máquinas de oficina, y de telecomunicaciones, audio y vídeo) y los productos eléctricos. (10) Estas dos líneas de productos juntos "representan casi tres cuartas partes de las exportaciones totales de la región asiático-oriental en 2006-2007." (11)

De acuerdo con la lógica de estas redes, un porcentaje creciente de la actividad comercial de la región se limita a la exportación/importación intrarregional de las piezas y componentes utilizados para fabricar estos productos. Como el Banco Asiático de Desarrollo señala, "La desagregación de los intercambios industriales a los productos finales, por un lado y las partes y componentes de otros productos… [que] en el comercio intrarregional en Asia se concentra principalmente en piezas y componentes. La cuota de intrarregional de las partes en desarrollo de Asia y el comercio de componentes aumentaron en casi 20 puntos porcentuales durante la última década, alcanzando un 62% en 2005-2006, en comparación con un aumento de 8 puntos porcentuales en el comercio total en la industria manufacturera durante el mismo período ". (12)

China no sólo se detuvo en este proceso de reestructuración regional, se ha convertido en fundamental para su funcionamiento. En palabras del Banco Asiático de Desarrollo, "la creciente importancia del comercio intra-regional se atribuye principalmente a las piezas y componentes comerciales, con la República Popular China funcionando como un centro de ensamblaje de productos finales en las redes de producción de Asia." (13) La proporción de piezas y componentes de las importaciones de China de productos manufacturados de Asia oriental aumentó del 18% en 1994-1995 a más del 44% en 2006-2007. La cuota de importación de partes y componentes de la maquinaria y equipo de transporte aumentó en el mismo período del 46,1% al 73,3%. (14)

La posición singular de China como plataforma de producción de la región para los bienes finales se destaca por el hecho de que es el único país que tiene un déficit en partes y componentes regionales de comercio, y cuyas exportaciones son mayoritariamente productos finales. Esta es la posición única que ha permitido a China aumentar su cuota de exportaciones mundiales de productos de TIC del 3% en 1992 al 24% de 2006, y su cuota de productos eléctricos del 4% al 21% durante el mismo período. (15)

La relación de comercio bilateral EEUU-China

La dinámica de la producción transnacional destacada anteriormente llevó a los países de Asia Oriental (excepto China) a cambiar su actividad de exportación, en general, desde Estados Unidos y la Unión Europea hacia el Este de Asia, en particular, China. Al mismo tiempo, llevó a China a ampliar y reorientar su actividad de exportación fuera de Asia oriental y hacia los Estados Unidos y la Unión Europea. Entre 1992-1993 y 2004-2005, la cuota de Asia Oriental en las exportaciones chinas de bienes finales se redujo del 49,5% al 26,5%, mientras que la proporción de la OCDE (excepto Japón y Corea del Sur) se incrementó del 29,3% al 50,1%. (16)

No es de extrañar, entonces, que el valor de las importaciones de EE.UU. desde China haya aumentado, de 16.000 millones en 1990 a 340.000 millones de dólares en 2007. En 2003, China se convirtió en el segundo exportador a los Estados Unidos, superado sólo por Canadá. La posición de estos dos países ha fluctuado desde entonces, con China convirtiéndose en el mayor exportador en 2007 y nuevamente en 2009. Las exportaciones de EE.UU. a China han aumentado también, aunque mucho más lentamente: de 5.000 millones en 1990 a 65.000 millones de dólares en 2007. Como consecuencia, el déficit comercial de EE.UU. con China ha crecido dramáticamente: de 11.000 mil millones en 1990 a 274.000 millones de dólares en 2007. Este es el mayor déficit que Estados Unidos tiene con cualquier país. (17)

Si bien la gran mayoría de las importaciones de EE.UU. de China han sido las manufacturas (aproximadamente el 96%), su composición (como se señaló anteriormente) ha cambiado con el tiempo. La parte de productos manufacturados, que podríamos denominar “productos varios”, tales como juguetes, ropa y calzado, se redujo del 58,5% en 1995-1996 al 37,7% en 2005-2006. (18) Durante el mismo período, la cuota de importación de maquinaria y productos de equipo de transporte pasó del 26,3% al 44,1%. Dentro de esta amplia categoría, los productos de las TIC dominan. En 2005-2006, los productos de las TIC compuestos representaban un 37,6% de todos los importados por EE.UU. con el logo de “fabricado en China”. (19)

No sólo son las importaciones chinas a Estados Unidos cada vez más sofisticadas, sino que China es también cada vez más el principal proveedor extranjero de estos productos. Por ejemplo, en 1995-1996, China representó sólo el 6,5% del total de las importaciones de EE.UU. de las TIC. En 2005-6, China representó el 33% del total. (20)

Estas tendencias ponen de manifiesto la razón de por qué las exportaciones chinas han recibido tanta atención en los Estados Unidos. También revelan, de acuerdo con el análisis previo de la dinámica de la acumulación transnacional de Asia oriental, que estas exportaciones chinas "sofisticadas" son en realidad chinas sólo en el sentido de que se habían reunido en China. Este punto se ve reforzado por el hecho de que la cuota de China ha aumentado el déficit de EE.UU. y se ha visto acompañada por una disminución de la proporción de los del resto de Asia oriental.

De 1999 a 2007, la cuota de China en el déficit comercial de EE.UU. pasó del 20,4% al 32,1%. Durante el mismo período, la participación japonesa cayó del 21,1% al 10,2%. Y la cuota de mercado combinada del resto de Asia Oriental también disminuyó del 16% al 7,9%. (21) En resumen, la amenaza a fabricación en Estados Unidos de la actividad manufacturera no viene de China, sino de la estrategia de maximización de las ganancias del capital transnacional.

Si bien las empresas de Asia oriental han desempeñado el papel principal en la elaboración y expansión de las redes transnacionales de producción de la región, las compañías de EE.UU. también han beneficiado de ello y han ayudado a expandir esta operación. Algunos de los mayores beneficiarios son las empresas de EE.UU. que importan y comercializan los productos exportados de China, Wal-Mart y Dell están entre las más grandes en términos del valor en dólares de las importaciones.

Las empresas industriales estadounidenses que producían maquinaria y equipo de transporte también participan en estas redes. Por ejemplo, la proporción de piezas y componentes de maquinaria estadounidenses y las exportaciones de equipo de transporte a China crecieron del 36,1% en 1995-1996 al 50,8% en 2005-2006. Durante el mismo período, la proporción de piezas y componentes en importaciones de maquinaria y equipo de transporte procedentes de China disminuyó ligeramente, pasando del 25% al 24,2%.

La misma tendencia se da en los productos de las TIC. Las exportaciones de partes y componentes de TIC estadounidenses a China aumentaron del 51,2% al 72,8%. Por el contrario, las importaciones de esta categoría se redujeron ligeramente, del 23,5% al 20,7%. (22)

Así, en lugar de producir los bienes finales en los Estados Unidos, los fabricantes establecidos en Estados Unidos están cada vez más dedicados al suministro de las partes y componentes que fabrica China que a producir estos bienes en EEUU. Prema-Chandra Athukorala y Nobuaki Yamashita describen los matices de esta estrategia como sigue: "La participación en las exportaciones de partes y componentes TIC de EE.UU. a otras economías de Asia oriental, en particular, los países de la ASEAN, es mucho mayor en comparación con la de las exportaciones a China. Este patrón coincide con el estudio de caso basado en los resultados que muestran las empresas de EE.UU. ubicadas en países de Asia oriental, centradas en las redes de producción regional". (23)

Una evaluación crítica de la experiencia económica de China La mayoría de los analistas afirman que los trabajadores chinos se han beneficiado de papel central de su país como plataforma de exportación de la región, ya que tienden a igualar los logros de exportación de China con el progreso hacia el desarrollo nacional. Sin embargo, un examen más directo de las políticas económicas sobre cómo ha afectado a la vida de los trabajadores chinos la reestructuración tecnológica ofrece una respuesta diferente.

Condiciones Sociales

Tal vez lo más notable es que rápido crecimiento de las exportaciones del país no ha llevado a generar oportunidades de empleo adecuadas. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el total urbano (regular) del empleo industrial había disminuido en el período 1990-2002, de 53,9 millones a 37,3 millones. (24) Así, los trabajadores de las manufacturas chinas, como sus homólogos de EE.UU., han sufrido un retroceso en las oportunidades de empleo.

Aunque hubo un pequeño aumento en el empleo urbano total en este período, casi todo el crecimiento se produjo en el empleo irregular, lo que significa salarios informales o por cuenta propia en diferentes sectores como, por lo general, la construcción, limpieza y mantenimiento de los locales, el comercio al por menor, ventas ambulantes, servicios de reparación o el servicio doméstico. Más concretamente, mientras que el empleo urbano total en este período de trece años creció en 81,7 millones, 80 millones de ese crecimiento fue en el empleo irregular. Como resultado, los trabajadores irregulares en China representan ahora la más grande categoría de empleo urbano. (25)

Si bien el proceso de reforma ha tenido un costo especialmente alto en los trabajadores estatales, el empleo en el sector privado, especialmente en las empresas que producen para la exportación, ha crecido. Desafortunadamente, la mayoría de los nuevos empleos son poco remunerados, con malas condiciones de trabajo. "Incluso después de haberse duplicado entre 2002-2005, el salario medio en las empresas destinadas a la exportación en China era de sólo 60 centavos de dólar EE.UU. por hora, en comparación con 2,46 dólares por hora en México". (26) Un informe sobre las prácticas laborales en China elaborado por Verite Inc., una empresa de EE.UU. que asesora a las empresas transnacionales sobre prácticas empresariales responsables, encontró que "problemas sistemáticos en las prácticas de pago en las fábricas chinas de exportación, que siempre roban a los trabajadores por lo menos el 15% de su salario." (27) La seguridad laboral es un problema aún mayor. (28)

Por encima de todo, las políticas laborales de China han sido diseñadas para atraer la inversión extranjera y aumentar la competitividad de las exportaciones de las empresas que operan en China. Su éxito es ilustrado por los salarios y las tendencias de consumo. Los salarios en China como proporción del PIB han caído desde aproximadamente el 53% del PIB en 1992 a menos del 40% en 2006. El consumo privado como porcentaje del PIB también ha disminuido, pasando de aproximadamente el 47% al 36% durante el mismo período. En comparación, el consumo privado, como porcentaje del PIB, es superior al 50% en Gran Bretaña, Australia, Italia, Alemania, India, Japón, Francia y Corea del Sur. En EEUU es más del 70%. (29) Como explica The Economist, aunque la proporción de ingresos para los trabajadores ha disminuido en muchos países durante las últimas décadas, "en ninguna parte ha sido la caída tan grande como en China". (30)

Una de las claves de este "éxito" ha sido las política estatal de China hacia los migrantes internos, que representan aproximadamente el 70% de la mano de obra manufacturera y el 80% de la mano de obra de construcción. Durante los últimos veinticinco años, unos 150-200 millones de chinos se han trasladado del campo a las zonas urbanas en busca de empleo. Aunque la gran mayoría se trasladó legalmente, sufren una enorme discriminación. Por ejemplo, debido a que permanecen clasificados como residentes rurales en el marco del sistema de registro de China, no sólo deben pagar honorarios elevados para registrarse como residentes temporales urbanos sino que, además, no tienen ningún derecho a los servicios públicos que están a disposición de los residentes nacidos en zonas urbanas (incluidas las libres o la educación subvencionada, salud, vivienda y pensiones). Lo mismo ocurre a sus hijos, incluso si han nacido en una zona urbana. (31)

Estas y otras distinciones legales hacen que sea fácil para las empresas explotar a sus trabajadores. Las condiciones [de trabajo] en Foxconn, un subcontratista taiwanés de grandes empresas como Apple y Dell, son representativas. Trabajadores de la línea de montaje de Foxconn en Shenzhen (un importante centro manufacturero en el sur de China) ganan aproximadamente 32 dólares (unos 20 euros) por una jornada de 60 horas semanales aunque la compañía les proporciona vivienda, dormitorio y comida. Apple contrató a investigadores de una planta de Foxconn que construye los iPods y encontró que se utilizan los castigos corporales como disciplina y que los trabajadores trabajaban más de seis días consecutivos, pese a que la ley china establece al menos un día de descanso a la semana. (32)

Enfurecido por el progresivo deterioro de las condiciones de vida y de trabajo (incluyendo la reforma del mercado que ha desmantelado el sistema de salud nacional, la vivienda y la protección de la jubilación), un número creciente de personas (tanto en zonas urbanas y rurales) han demostrado una buena disposición a enfrentarse a sus empleadores y a los funcionarios en defensa de sus derechos. El número de grandes "escalas de perturbaciones de orden público" ha aumentado de 58.000 en 2003 a 74.000 en 2004, 94.000 en 2006, 120.000 en 2008 y 58.000 en el primer trimestre de 2009 (en camino de un récord de 230.000 a finales de 2009). (33) Particularmente preocupante para los dirigentes del Partido Comunista es la naturaleza cambiante de las acciones de trabajo: los trabajadores son cada vez más partidarios de la acción directa, la participación en protestas a nivel regional –en el sector industrial- y la ampliación de sus demandas. (34) Como con la represión sola no puede detener la creciente ola de protestas, el Partido Comunista ha intentado introducir una serie de reformas políticas destinadas a mejorar los peores excesos generados por la estrategia de crecimiento de China, sin cambiar radicalmente su orientación. Entre las más importantes fue la aplicación de una nueva Ley de Contrato de Trabajo en enero de 2008. (35) La ley exige, entre otras cosas, que las empresas proporcionen a sus trabajadores un contrato por escrito (algo que la mayoría de los trabajadores no tienen o nunca han visto) y paguen la prima por horas extraordinarias y el trabajo de fin de semana.

Si bien la ley ha generado un fuerte incremento en los casos de arbitraje, su impacto en las condiciones de empleo ha sido limitado. (36) Independientemente, la determinación de mantener la estrategia de crecimiento basado en la exportación poco puede hacer para responder positivamente al descontento popular. El estado comenzó la derogación de muchas de las protecciones a los trabajadores incluso antes de la ley de finales de 2008. Lo hizo así para proteger a los beneficios empresariales afectados por la desaceleración de las exportaciones causada por una crisis económica mundial cada vez mayor. También ordenó a los gobiernos locales la congelación de los salarios mínimos establecidos a nivel local. (37)

Capacidades de Tecnológica Nacional

Las condiciones sociales señaladas anteriormente hacen poco probable que se hagan sacrificios a corto plazo. Una razón es que las capacidades tecnológicas nacionales de China también están siendo erosionadas por la reestructuración de las empresas transnacionales. Como se señaló anteriormente, China tenía una investigación nacional fuerte y de desarrollo de infraestructuras antes del comienzo del período de reforma. Sin embargo, dado que el sistema nacional de planificación estaba altamente centralizado, la mayoría de las ganancias se apoyaban en las prioridades militares y en la industria pesada y sector químico. Pocas, si hubo alguna, fueron las solicitudes compartidas o destinadas a beneficiar a las industrias de consumo, y las empresas en estas industrias no tenían incentivos (o recursos) para desarrollar sus propias innovaciones. Esta fue una de las limitaciones del sistema económico de China que fue necesario abordar de la raíz a la muerte de Mao.

Los principios reformistas descentralizadores no permitieron el dinamismo tecnológico y mejoraron el nivel de vida de los trabajadores. Los beneficios no se mantuvieron. Como el programa de reforma avanzaba, la dominación extranjera resultante de la actividad industrial comenzó erosionando la capacidad de desarrollo del país. (38) Este resultado ilustra la evolución post-reforma de las industrias de alta tecnología de China, en particular su industria de la informática. En la década de 1980, el gobierno chino comenzó a reducir la financiación directa de sus diversos institutos estatales de investigación con el objetivo de obligarlos a llegar a autofinanciarse. En respuesta, y con el apoyo del Gobierno, estos institutos sin fines de lucro crearon nuevas empresas deficitarias. Para aumentar sus posibilidades de éxito, a estas nuevas empresas se les concedió la independencia de gestión y, más importante, la libre contratación. Cuatro empresas de informática se encuentran entre las más exitosas de estas nuevas empresas: Legend (ahora Lenovo), Founder, Great Wall Computer, y Stone. Lenovo, por ejemplo, fue impulsada por la Academia China de Ciencias. (39)

Estas empresas fueron capaces de crecer rápidamente y dominar el mercado de los ordenadores domésticos por dos razones relacionadas entre sí. Combinaron las innovaciones relacionadas con el procesamiento del lenguaje chino propio con instituciones extranjeras para adquirir el equipo y la tecnología, para producir ordenadores asequibles y capaces de procesar en caracteres chinos. (40) Y fueron capaces de obtener el hardware necesario y la tecnología de empresas extranjeras en condiciones relativamente favorables, gracias a las políticas estatales que restringían el acceso directo de estas empresas en el mercado chino. (41)

A mediados de la década de 1990, las condiciones habían cambiado. La economía china se había convertido en dependiente del capital extranjero y enredado en sus redes regionales. Dispuesto a cambiar su estrategia de crecimiento, el Estado chino no tuvo más opción que abandonar sus restricciones al acceso de extranjeros al mercado nacional. La competencia resultante se ha cobrado su precio en las empresas chinas líderes, incluidas las de la industria informática. Lenovo (que adquirió la unidad de PC de IBM en 2005) sigue siendo el mayor vendedor de PC en China, pero se enfrenta a una reducción de las ganancias y pierde terreno frente a HP y Dell (que están ampliando rápidamente sus propias redes de distribución). La cuota de mercado de Lenovo se redujo del 36 % en 2006 al 29% en 2007. (42) Otros fabricantes de computadoras de China están en serios problemas, incluido Founder, que se mantiene en el segundo lugar en el mercado chino. (43)

Mientras que las empresas chinas líderes continúan su lucha por la supervivencia en el mercado nacional, en cuanto a las exportaciones han desaparecido prácticamente en lo que a la alta tecnología se refiere. Por ejemplo, China es ahora el principal exportador de computadoras del mundo, con un montaje de aproximadamente el 80% de portátiles del mundo y computadoras de escritorio. Sin embargo, la principal contribución de China a esta actividad se limita a proporcionar mano de obra barata y el lugar [ensamblaje]. Predominio de China en la exportación se debe al hecho de que los fabricantes taiwaneses de diseños originales (ODM) -que dominan la fabricación de computadoras en todo el mundo- han desplazado su producción a China continental. En 2001, los fabricantes de ordenadores taiwaneses suponían sólo el 4% de los ordenadores en China. Cinco años más tarde, era del 100%. Como reflejo de este cambio, ocho de los diez exportadores de China ODM son taiwaneses. No hay ODM chino y no existen proveedores importantes de China ante [que puedan competir con] la ODMs de Taiwán". (44)

Las operaciones de Lenovo ponen de relieve esta situación. Con la compra de la unidad de PC de IBM, Lenovo se convirtió instantáneamente en un jugador importante en la industria mundial de PC. Sin embargo, esta compra ha hecho poco para promover la capacidad tecnológica de China. Lenovo sigue usando el mismo ODM de Taiwán, utilizado anteriormente por IBM, e incluso ha trasladado su sede a los Estados Unidos, donde emplea a ingenieros de EE.UU. para el desarrollo de productos. (45)

Cinco años después de su adhesión a la Organización Mundial de Comercio, en 2001, el economista chino Han Dequiang dijo que había aumentado el daño a la capacidad de China de controlar su desarrollo industrial y tecnológico de manera autónoma. “En China, cualquier industria que quiera desarrollar su propia tecnología o sus propios mercados ha tropezado con obstáculos cada vez más grandes". (46) Business Week evidencia este punto señalando que “pese a profundizar en los avances en las industrias estratégicas China no parece estar aún dispuesta a alcanzar un papel de liderazgo económico mundial”. Expertos familiarizados con los logros de China han elogiado la tecnología china en aviones comerciales y en trenes de alta velocidad, similares a los de otros países desarrollados. "China exportó 416.000 millones dólares en valores de bienes de alta tecnología en 2008", pero restan las operaciones de la parte continental que contratan a los fabricantes de Taiwán y de comparada con empresas de la talla de Nokia, Samsung y Hewlett-Packard la electrónica de China es de bajo peso”. (47)

Algunas empresas chinas, como Lenovo, gracias a las fusiones y adquisiciones ya se han establecido como principales competidores internacionales. Sin duda habrá otras. Pero esos logros no son un indicador suficiente de que un país con éxito [en el comercio exterior] es lo suficientemente fuerte para incrementar su propia capacidad de desarrollo nacional. Y, en esta medida, China no parece estar teniendo éxito. Por el contrario, en línea con su cada vez más profunda integración en las redes regionales de producción del capital transnacional, la economía china está en un lento pero constante aumento de la dependencia de tecnología extranjera, la producción y los mercados, una trayectoria que es un mal presagio para los trabajadores chinos.

La realidad de clase en China

Es indiscutible el hecho de que la producción china también ha generado una enorme riqueza. Lamentablemente, como en los Estados Unidos, mucha de esta riqueza ha beneficiado a muy pocos, causando una explosión de la desigualdad y la formación (o solidificación) de las relaciones de clase en China. Un estudio del Banco Asiático de Desarrollo de veintidós países en desarrollo de Asia oriental llegó a la conclusión de que China se había convertido en el segundo país más desigual de la región, sólo por detrás de Nepal. Esto no es sorprendente, teniendo en cuenta que, durante aproximadamente un período de diez años (desde la década de 1990 a principios de 2000), China registró el segundo incremento más alto de la región en la desigualdad, de nuevo sólo por detrás de Nepal. (48)

Si bien los resultados del estudio del Banco Asiático de Desarrollo son sorprendentes, no transmiten adecuadamente la concentración real de la riqueza que ha acompañado y motivado la evolución de la reforma económica de China. Según el Boston Consulting Group, en China había 250.000 hogares millonarios EE.UU. (excluyendo el valor de la residencia principal) en 2005. Aunque este grupo forma sólo un 0,4% del total de hogares de China, supone el 70% de la riqueza del país. (49) Según Rupert Hoogewart, el editor de una lista anual de las mil personas más ricas de China, el número de multimillonarios en dólares de EE.UU. ha crecido de cero en 2003 a 260 en 2009 (más que en cualquier otro país excepto Estados Unidos). (50) Y, abrazando las realidades de la nueva China, los "nuevos ricos" no han sido tímidos a la hora gastar su dinero. "LVMH Moët Hennessy Louis Vuitton, el mayor fabricante de productos de lujo, planea abrir de dos a tres tiendas al año en China, donde las ventas aumentan un 50% al año. Financier Richemont, el segundo fabricante mundial de productos de joyería, espera cuadruplicar sus ventas en China en cinco años por la venta de joyas y relojes Cartier más Piaget." (51)

Una razón obvia de esto es que la dirección del Partido Comunista ha impulsado y defendido con firmeza la estrategia de crecimiento de China, a pesar de sus desigualdades y distorsiones estructurales que lo han acompañado, y ellos han sido uno de sus mayores beneficiarios. Han sido capaces de aprovechar el proceso de reforma (y de inserción internacional del país como resultado) para utilizar los bienes del Estado para obtener beneficios personales, familiares y de sus amigos que han sido colocados en puestos lucrativos en el aparato del Estado y en los sectores privados, asegurando que el rápido crecimiento de la clase capitalista sigue dependiendo de la buena voluntad del Partido. Esto, a su vez, ha dado lugar a una fusión del Partido-élites del estado capitalista en torno a un compromiso compartido para continuar el avance de la reestructuración capitalista de China.

Muchos de los hijos de los principales funcionarios del partido (conocidos como los "principitos") fueron designados para puestos clave en las «industrias más estratégicas y rentables de China: la banca, el transporte, la generación de energía, recursos naturales, medios de comunicación y armas. Una vez en puestos de dirección, reciben préstamos de los bancos controlados por el gobierno, adquirieren socios extranjeros y aumentan la lista de sus compañías en Hong Kong o en bolsas de Nueva York para recaudar más capital. Cada paso que dan les enriquece, no sólo se presentan como los principales accionistas de las empresas, sino también reciben sobornos mediante la concesión de contratos a empresas extranjeras. "Así, más del 90% de los veinte mil habitantes más ricos de China están "relacionados con el gobierno o altos funcionarios del Partido Comunista."(52)

La dirección del Partido ha estado dispuesta a compartir los frutos de la producción del país con el capital internacional, aunque las luchas por cuestiones de distribución son cada vez más agudas pues el capital internacional refuerza su posición dentro de China, porque la participación de capitales internacionales es fundamental para el funcionamiento de la economía política de la nueva China. Sin embargo, la élite de China parecen decidida a asegurar que reclamará los intereses nacionales. Así, al mismo tiempo que el "Partido Comunista de China ha abierto un número sin precedentes de los sectores para la participación de capital extranjero… las autoridades han reforzado el control sobre otros aspectos de la economía. Esto ha dado como resultado en el estancamiento, la atrofia, de miles de [las pequeñas y medianas] empresas privadas."(53)

La recesión mundial ha hecho muy poco para inducir a los líderes chinos a reorientar la estrategia de crecimiento de su país. Aunque China ha sufrido un descenso significativo de las exportaciones, lo ha hecho mucho mejor que la mayoría de otros países. De hecho, como ya se ha indicado, probablemente ya ha superado a Alemania convirtiéndose en el mayor exportador del mundo en 2009.

Sin embargo, las ganancias de China durante este periodo de colapso del comercio mundial han venido en gran medida porque se ha ganado un pedazo más grande de un pastel reducido. En otras palabras, aunque se está vendiendo menos que el año pasado, China ha aumentado su participación en las importaciones de los Estados Unidos y Europa mediante la adopción de la cuota de mercado de otros países. La razón, como The New York Times señala, es que el gobierno chino hace lo que sea necesario para garantizar la "capacidad [de producción] de los fabricantes chinos [a base] de recortar los precios rápidamente al reducir los salarios y otros costes en las zonas de producción que a menudo dependen de los trabajadores migrantes". (54) Entre otras cosas, esto incluye hacer retroceder las protecciones laborales aprobadas recientemente y los salarios mínimos, como se señaló anteriormente.

La Situación Económica en EEUU

Como hemos visto, los Estados Unidos y las economías de China se han entrelazado de manera compleja. La sabiduría convencional es que este resultado fue en gran medida por una política agresiva de exportación de China que ha beneficiado a China, pero dejó los Estados Unidos con una economía débil y desequilibrada. En realidad, como se dijo antes, este resultado fue forjado por la dinámica capitalista mundial y, como tal, refleja las realidades principales de clase: el capital transnacional y sus aliados con él (en ambos países) han ganado, mientras que los trabajadores (de ambos países) se han visto obligados a competir unos contra otros, en detrimento colectivo.

Como reflejo de esta realidad, la actual crisis mundial ha tenido efectos en las estrategias económicas de EEUU y China y, por extensión, en las relaciones comerciales bilaterales. Los gobiernos de ambos países han implementado programas de estímulo para sostener el crecimiento sin necesidad de transformar los patrones existentes de la actividad económica. De hecho, ambos se han involucrado en esfuerzos importantes para fortalecer esos patrones. El gobierno chino ha intervenido activamente para fortalecer la competitividad de sus exportadores, y el gobierno de EE.UU. ha intervenido activamente (con subvenciones masivas) para apoyar a las empresas financieras de primera línea.

¿Cómo, entonces, afronta EEUU si los problemas económicos? Como se señaló anteriormente, los que afirman que China es la principal causa de los problemas actuales quieren obligar a China a revaluar su moneda, abrir sus mercados a las exportaciones de EE.UU. y a las reglas de juego del capitalismo competitivo. Lamentablemente, éstas políticas son contraproducentes. Por ejemplo, revaluar la moneda china no va a levantar la producción en los Estados Unidos. Más bien, va a alentar al Gobierno chino a intensificar la represión de los trabajadores en un intento de compensar el cambio de moneda y va a llevar al capital transnacional a cambiar parte de su proceso de producción a otros países.

Exigir que China abra sus mercados a las exportaciones de EE.UU. probablemente tendrá efectos económicos mínimos. La mayoría de grandes empresas de EE.UU. están estructuralmente vinculadas a las redes transnacionales, y es improbable que reestructuren su producción. Además, los trabajadores chinos siguen siendo demasiado pobres para comprar suficientes bienes producidos en Estados Unidos para reducir el déficit comercial bilateral de manera significativa. El consumo total de los chinos es sólo el 16% del consumo total de los estadounidenses.

Por último, hay poco que ganar al exigir que China juegue según las normas aceptadas de la competencia capitalista. El gobierno chino ya ha transformado la economía del país en términos capitalistas. La producción industrial está, principalmente, realizada por las empresas privadas (la mayoría organizadas por las empresas transnacionales) y motivadas por el afán de lucro. Los mercados de trabajo ya están muy "flexibles". Los trabajadores no organizados son la mayoría (o no representados, incluso cuando existe un sindicato oficial) y tienen una protección mínima, ya sea en el trabajo o fuera. Dada la naturaleza de la competencia capitalista en los Estados Unidos, esta demanda sólo puede significar que el capital de EE.UU. busca más ventajas para producir en China.

Estos tipos de las políticas de EE.UU. tienen por objetivo alentar a los trabajadores a creer que la causa de los problemas existentes no reside en el funcionamiento del sistema económico de EE.UU., o el capitalismo en general, sino en el comportamiento de un gobierno extranjero. Desafortunadamente, demasiados trabajadores en los Estados Unidos se han apresurado a culpar a los demás trabajadores –chinos y/o latinoamericanos- por ganarse la vida en estas condiciones de crisis y declive de las condiciones de trabajo.

Una respuesta apropiada a la crisis actual, por necesidad, tiene que ser desafiar al capitalismo y sus imperativos. Uno de los objetivos tiene que ser la movilidad del capital. Hemos visto las consecuencias destructivas de la libertad de movimiento del capital. Por lo tanto, hay que encontrar la manera de fortalecer los movimientos que buscan desmantelar los acuerdos de libre comercio y las instituciones mundiales más amplias en que está basado, como la OMC y el FMI.

Otro objetivo tiene que ser la producción con fines de lucro. La búsqueda de ganancia del capital ha creado una economía que no responde a nuestras necesidades, ya sea como trabajadores a título individual o como miembros de comunidades más amplias. En cuanto a lo primero, tenemos que intensificar nuestros esfuerzos para lograr una transformación radical de las leyes laborales, contribuyendo así a garantizar salarios dignos y el derecho a sindicalizarse.

En cuanto a esto último, tenemos que conseguir apoyo para la exigencia de que todos los que quieran trabajar deben ser empleados en la producción de bienes y servicios necesarios (determinado democráticamente por las comunidades). Esto requerirá, entre otras cosas, no sólo la transformación y el fortalecimiento del sector público, de manera que sea capaz de regular las decisiones del sector privado privados (producción, inversión y comercio) sino también la planificación, organización y participación directa en la producción misma. Esto, a su vez, significa que debemos luchar para revertir el deterioro a largo plazo en el pago de impuestos por los ricos y las corporaciones y trabajar para fortalecer la capacidad de los sindicatos del sector público para representar y defender el interés público general. Significativamente, estas demandas generales son las que motivan cada vez más el activismo de un número creciente de trabajadores chinos. Esto no debería ser una sorpresa, ya que, como he tratado de demostrar, están oprimidos por el mismo sistema que oprime a trabajadores de EE.UU.. Si tenemos éxito en incorporar este entendimiento en nuestra propia organización, es probable que nos encontremos con valiosos aliados.

Notas

(1) BusinessWeek, 6 de diciembre de 2004.

(2) Banco Asiático de Desarrollo, Asian Development Outlook 2009 Update 42.

(3) Maurice Meisner, La China después de Mao (Nueva York: The Free Press, 1999), 417.

(4) Andrew Ross, Fast Boat to China (New York: Pantheon Press, 2006), 233.

(5) Para un examen crítico del proceso de reforma, haciendo hincapié en las políticas, las contradicciones y consecuencias, ver Martin Hart-Landsberg y Paul Burkett, China y el Socialismo (Nueva York: Monthly Review Press, 2005), capítulo 2.

(6) Martin Hart-Landsberg, "las realidades de China Hoy", Contra la Corriente, 137 (noviembre / diciembre de 2008).

(7) Por ejemplo, un informe de 2006 del gobierno llegó a la conclusión de que el capital extranjero tiene la mayoría de los activos en 21 de los 28 de los principales sectores industriales del país. Ver a Eva Cheng, "China: el capital extranjero controla tres cuartas partes de la industria", Green Left Weekly, 18 de mayo de 2007.

(8) John Whalley y Xian Xin, "la inversión extranjera directa de China y la sostenibilidad del futuro alto crecimiento", Oficina Nacional de Investigación Económica, Working Paper Series, no. 12249 (2006).

(9) Enrique Dussel Peters, Las oportunidades económicas y los retos planteados por China para México y América Central (Bonn, Alemania: Instituto Alemán de Desarrollo, 2005), 102.

(10) Los productos objeto de comercio internacional son organizados de acuerdo a un código de Comercio Internacional (CUCI). En este sistema, la maquinaria y equipo de transporte forman parte del CUCI 7.

(11) Prema-Chandra Athukorala y Arhanun Kohpaiboon, "comercio intrarregional en Asia oriental", Universidad Nacional de Australia De la División de Economía, Documento de Trabajo N º 2009/09 (agosto de 2009), 5-6.

(12) Banco Asiático de Desarrollo, Asian Development Outlook 2009 (Manila, Filipinas: Banco Asiático de Desarrollo, 2009), 99-100.

(13) Banco Asiático de Desarrollo, Asian Development Outlook 2008 (Manila, Filipinas: Banco Asiático de Desarrollo, 2008), 22.

(14) Athukorala y Kohpaiboon, "El comercio intra-regional en Asia oriental", 33.

(15) Asian Development Outlook 2009, 97.

(16) Prema-Chandra Athukorala, "El ascenso de China y el Sudeste Asiático en la exportación: ¿un temor justificado? Universidad Nacional de Australia De la División de Economía, Documento de Trabajo N º 2007/10 (septiembre de 2007).

(17) Prema-Chandra Athukorala y Nobuaki Yamashita, "Global Production Sharing y Sino-US Trade Relations," China y la Economía Mundial, 17: 3 (2009), 41.

(18) Otras manufacturas comprenden CUCI 8.

(19) Athukorala y Yamashita, "Global Production Sharing y Sino-US Trade Relations," 45.

(20) Ibid., 44.

(21) Ibid., 42.

(22) Ibid., 46.

(23) Ibid., 48.

(24) Ajit K. Ghose, "El empleo en China", Organización Internacional del Trabajo, Unidad de Análisis de Empleo, Employment Strategy Papers, 2005, 29.

(25) Ibid., 27.

(26) John S. McClenahen, "Outsourcing", IndustryWeek.com, 1 de julio de 2006.

(27) Craig Simons, "New Labor Movement in China", Estadistas, 4 de febrero de 2007.

(28) China Labor Bulletin, "Los trabajadores migrantes en China", junio de 2008.

(29) The Economist, "Manifiesto para los trabajadores de China" 11 de octubre 2007.

(30) Ibid.

(31) China Labor Bulletin, "Los trabajadores migrantes en China."

(32) Para una descripción más detallada de las condiciones de vida y de trabajo en Foxconn en Shenzhen, y más en general, véase Robert Weil, "Ciudad de la Juventud, Shenzhen, China" Monthly Review, Junio de 2008.

(33) Bruce Einhorn, "En China, un invierno de descontento", BusinessWeek, 30 de enero de 2008; Chinaworker.info, "China: 58.000 incidentes de masas en los tres primeros meses de 2009", 5 de mayo 2009. Alteraciones del orden público en general incluyen huelgas, protestas callejeras, bloqueos de carreteras, y otras formas de protestas masivas, con 25 o más personas.

(34) China Labor Bulletin, "Puedo hacerlo solo: Un nuevo informe sobre el Estado del Movimiento de los Trabajadores en China," 9 de Julio, 2009.

(35) Ariana Eunjung Cha, "Nueva ley otorga a derechos a trabajadores chinos, a las empresas pesadillas", Washington Post, 14 de abril de 2008.

(36) Confederación Sindical Internacional, "China: Algunos pasos adelante, pero el comercio relacionado con la explotación de los trabajadores persiste," 21 de mayo 2008; Kinglun Ngok,

(37) IHLO, "La crisis económica y la pérdida de empleos en China”: abril de 2009

(38) Para una discusión más detallada de este proceso, ver Martin Hart-Landsberg, "La experiencia de la reforma china", Review of Radical Political Economics, De próxima publicación.

(39) Monina Wong, "La fabricación de las relaciones laborales de Samsung Electronics en China ", en Trabajo en empresas en Asia globalizada, Editado por Oxford University Press Dae-Chang, (Hong Kong: Asia Monitor Resource Center, 2006), 67.

(40) Qiwen Lu, Salto de China en la Era de la Información: Innovación y Organización de la industria informática (Nueva York: Oxford University Press, 2000), 4 . (41) Wong, 68.

(42) Bloomberg News, "Lenovo: planes para mejorar la cuota de mercado, "3 de mayo de 2008.

(43) Bruce Einhorn, "China: Lenovo emerge como rival", BusinessWeek, 23 de mayo 2008.

(44) Asia Times Online, 22 de noviembre de 2006.

(45) Ibid.

(46) Stephen Philion, "Los costes sociales del neoliberalismo en China, Entrevista con el economista Han Deqiang", Dollars & Sense, Julio / agosto de 2007.

(47) Dexter Roberts y Peter Engardio, "Economía de China: Detrás de todo el bombo", BusinessWeek, 22 de octubre de 2009.

(48) Banco Asiático de Desarrollo, La desigualdad en Asia, indicadores clave de 2007, (Manila: Banco Asiático de Desarrollo, 2007), 3, 6.

(49) Wu Zhong, "China busca más millonarios” Asia Times Online, 19 de septiembre de 2007.

(50) Chinaworker.info, octubre 30, 2009.

(51) Samuel Shen, "Para China, un abrazo lleno de lujo” International Herald Tribune, 16 de octubre de 2006.

(52) Peter Kwong, "El Rostro del neoliberalismo en China", Counterpunch, 7 / 8 (octubre 2006).

(53) Willy Lam, "El doble estándar de la élite económica china” Asia Times Online, 17 de agosto de 2007.

(54) David Barboza, "En la recesión, consolida su liderazgo China en el Comercio Global", The New York Times, 14 de octubre de 2009.

Martin Hart-Landsberg (marty@lclark.edu) es profesor de economía en el Lewis and Clark College, Portland, Oregon, y es el autor con Paul Burkett de China y el Socialismo (Monthly Review Press, 2005).

Traducido para el CEPRID (www.nodo50.org/ceprid) por María Valdés

Fuente: http://www.monthlyreview.org/100201hart-landsberg.php

Written by Eduardo Aquevedo

7 abril, 2010 at 22:46

La clase media en Chile y en América Latina, según la CEPAL…

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klee7 Unos 340 millones de personas forman lo que se puede definir como la clase media de América Latina, cuyos ingresos en promedio crecieron 27% desde 2000, según un informe preparado para la Cepal. En ingresos absolutos, Chile tiene la segunda posición tras México y en términos de poder adquisitivo mantiene el mismo lugar, pero tras Argentina.

“La clase media tiene el gusto de los ricos y el sueldo de los pobres”, dice una consultora en Argentina, mientras que un abogado en Colombia llama a este segmento la “presa del sándwich”, dada su eterna pretensión de mayor bienestar y su temor a ser pobre. Tal aprensión, sin embargo, pasó a un segundo lugar en Latinoamérica en los últimos años y en cambio creció una sensación de boom en las principales economías de la región, que puso en el foco a los dos tercios de los 548 millones de habitantes que forman la clase media.

Desde la creciente incursión de grupos chilenos como Falabella, Ripley y Cencosud en la región, hasta las recomendaciones de los grandes bancos de inversión para comprar acciones de LAN, GOL, banca, retail, salud, construcción, telecomunicaciones, etc. están asociadas al poder de este bloque.

El fenómeno está instalado. El mismo Banco Mundial se propone entenderlo bien, publicando un libro sobre este asunto, que contendrá una caracterización del segmento a cargo de Andrés Solimano, por largo tiempo parte del staff senior del BM y hoy economista de la Cepal.

Entre las varias definiciones que existen de clase media, Solimano prefiere aquella que aúna a las personas cuyo ingreso las ubica entre los deciles tercero y noveno de la distribución. De ese modo, los dos primeros deciles vendrían a definir la pobreza, en tanto que el décimo representa al 10% más próspero de la población.

De acuerdo con esta estructura, hay en América Latina 340 millones de personas con una renta per cápita de US$ 3.800 en promedio, o unos 75 millones de hogares con una renta total anual de hasta US$ 20.000.

Solimano dice que desde 2000 esta estructura no ha variado significativamente. Es decir, en la región esta clase media representa entre 50% y 60% el ingreso. Dada esta distribución y el crecimiento de las economías latinas, entre ese año y 2006 el valor de la renta media de este segmento se incrementó en 27%, lo mismo que la renta de los dos deciles más pobres y menos que el 31% del décimo más rico de la población.

La definición de clase media que usa Solimano es relativa al nivel de ingreso de cada país. Así, hay segmentos en la región necesariamente más prósperos que otros. El mexicano y chileno son los de mayor ingreso por persona –más de US$ 6.000-, el cual casi duplica el promedio regional de US$ 3.800. Mientras que medido según el poder adquisitivo de esos recursos -según la paridad de poder de compra- Chile mantiene su segundo lugar, pero es Argentina quien sube a la primera posición.

La ventaja relativa de la clase media chilena frente a la del resto de la región se incrementa al considerar sólo la clase media alta (deciles siete a nueve). Al medirla así, la de Chile es la más próspera de Latinoamérica, con una renta per cápita de casi US$ 10.000, sobre México. Por eso Marta Lagos, directora de Latinobarómetro, asegura que “en Chile no hay clase media propiamente tal”, sino sólo una clase media alta a gran distancia de una clase media muy baja, que acaba de emerger desde la pobreza.

Los niveles locales, en todo caso, superan los promedios que exhibe el grueso de los países de la región, donde la renta de la clase media de Bolivia y Paraguay es inferior a aquella de los deciles pobres de Chile.

Patrones diferentes

Así, mientras en Latinoamérica los hogares chilenos lideran el gasto en vestimenta y calzado y los argentinos en comunicaciones, en los países andinos como Perú y Ecuador los énfasis siguen dados por alimentación y transporte, según un estudio de la Cepal sobre el consumo en la región. En Perú, no obstante, en los últimos cuatro años los grupos de ingreso alto y medio han protagonizado una explosión de consumo: la tenencia de cocinas a gas llega a 88% de los hogares, desde 77%; la de celulares se triplicó prácticamente a 59% desde 21%, y la de computadores casi se duplicó a 24% desde 13%.

Un universo diverso

Los datos para América Latina hablan también de un segmento bastante empobrecido respecto del mismo grupo en los países desarrollados. La definición de clase media habla de un rango de ingreso de entre US$ 4.000 y US$ 17.000 anuales. Estados Unidos, cuya clase media controla el 64% del ingreso del país, exhibe una renta per cápita de US$ 40.000.

Una característica de la clase media regional es que pese al buen estado de las economías, las personas a menudo sienten que la plata les falta: “La clase media tiene el gusto de los ricos y el sueldo de los pobres”, repite Nuria Susmel, de la Fundación Fiel, en Buenos Aires. Según la consultora argentina CCR, pese a que una definición más amplia que sólo ingreso indica que el 50% de los transandinos son de clase media, un 91% de ellos se siente parte de este grupo.

El comentario de Susmel no puede ser más cierto en Perú: sólo el nivel A más rico dice tener dinero de sobra para cubrir el costo de su nivel anhelado de vida. La escasez en ese contexto
es común en los grupos B, C, D y E, donde dicen que el presupuesto del hogar debiera ser 17%, 24%, 29% y 33% para cumplir ese anhelo, según Ipsos- Apoyo. La clase media en ese país reúne a parte del segmento A y a todos los hogares B y C.

En Brasil la historia es similar. Un análisis de LatinPanel muestra que los hogares crecientemente se endeudan, siendo el fenómeno particularmente notorio en la clase media o C. Estos gastan 8% más de lo que ganan. La media del país es de 3%. De ahí el auge de la industria de servicios financieros, donde incluso el comercio de barrio puede hacer adelantos de efectivo. Ahí el 53% de las compras de vestuario y el 51% de aquellas de electrodomésticos se realiza a crédito.

En América Latina las ciudades son los polos de desarrollo y el nicho de la clase media. Es el caso de los países nuevos a ojos chilenos: en Colombia las zonas de alto desarrollo industrial son Medellín, Bogotá y Bucaramanga y las destacadas en lo comercial son Barranquilla, Medellín, Bogotá. En Perú es en Lima y Arequipa, más Chiclayo, Huancayo y Trujillo, aquellas donde más se nota el avance de la clase C (media-media).

La Tercera, 18 de noviembre de 2007

Written by Eduardo Aquevedo

6 abril, 2010 at 10:54

Dominadores y dominados, por P. Bourdieu

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Pierre Bourdieu

BOURDIEU0005 El orden simbólico se asienta sobre la imposición al conjunto de los agentes de estructuras cognitivas que deben una parte de su consistencia y de su resistencia al hecho de ser, por lo menos en apariencia, coherentes y sistemáticas y de estar objetivamente en consonancia con las estructuras objetivas del mundo social. Esta consonancia inmediata y tácita (en todo opuesta a un contrato explícito) fundamenta la relación de sumisión dóxica que nos ata, a través de todos los lazos del inconsciente, al orden establecido. El reconocimiento de la legitimidad no es, como cree Max Weber, un acto libre de la conciencia clara. Está arraigada en la consonancia inmediata entre las estructuras incorporadas, que se han convenido en inconscientes, como las que organizan los ritmos temporales (por ejemplo la división en horas, absolutamente arbitraria, de la agenda escolar), y las estructuras objetivas.

Esta consonancia prerreflexiva explica la facilidad, en definitiva harto insólita, con la que los dominantes imponen su dominación: “Nada hay más sorprendente para quienes consideran los asuntos humanos con mirada filosófica que ver la facuidad con la que los más (the many) están gobernados por los menos (the few) y que observar la sumisión implícita con la que los hombres revocan sus propios sentimientos y pasiones en favor de sus dirigentes. Cuando nos preguntamos mediante qué medios se lleva a cabo esta cosa tan asombrosa, encontramos que, como la fuerza siempre está de parte de los gobernados, los gobernantes sólo cuentan con la opinión pan sostenerse. Por lo tanto únicamente sobre la opinión se basa el gobierno y esta máxima es extensiva para los gobiernos más despóticos y militares así como para los más libres y más populares.”(1)

El asombro de Hume hace que surja la cuestión fundamental de cualquier filosofía política, cuestión que se oculta, paradójicamente, al plantear un problema que no se plantea realmente como tal en la existencia corriente, el de la legitimidad. En efecto, lo que plantea un problema es que, en lo esencial, el orden establecido no plantea ningún problema; que, excepto en las situaciones de crisis, la cuestión de la legitimidad del Estado, y del orden que instituye, no se plantea. El Estado no precisa necesariamente dar órdenes, y ejercer una coerción física para producir un mundo social ordenado: no mientras esté en disposición de producir unas estructuras cognitivas incorporadas que sean acordes con las estructuras objetivas y de garantizar de este modo la creencia de la que hablaba Hume, la sumisión dóxica al orden establecido.

Una vez dicho esto, no hay que olvidar que esta creencia política primordial, esta doxa, es una ortodoxia, una visión asumida, dominante, que sólo al cabo de las luchas contra las visiones contrarias ha conseguido imponerse; y que la “actitud natural” de la que hablan los fenomenólogos, es decir la experiencia primera del mundo del sentido común, es una relación políticamente construida, como las categorías de percepción que la hacen posible. Lo que hoy en día se manifiesta de un modo evidente, más allá de la conciencia y de la elección, ha constituido, a menudo, el envite de luchas y no se ha instituido más que tras enfrentamientos entre dominantes y dominados. El efecto principal de la evolución histórica estriba en abolir la historia, remitiendo al pasado, es decir al inconsciente, las posibilidades laterales que han resultado descartadas.

(1). D. Hume, “On the Fine Principles of the Governmunt”, Essays and Treatises on Several Sulsjects, 1758.

P. Bourdieu, “Espíritus de estado. Génesis y estructura del campo burocrático”, en: Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción . Ed. Angrama 1997-2002

http://pierre-bourdieu.blogspot.com/2008/04/dominadores-y-dominados-pierre-bourdieu.html

Written by Eduardo Aquevedo

30 marzo, 2010 at 21:00