SOCIOLOGIA, TEORIA Y PRACTICA…

Sociología, Economía, Política, Cultura

Posts Tagged ‘SALARIOS

P. Krugman: somos el 99,9% (la brecha de ingresos en EE.UU y la OCDE)…

leave a comment »

PAUL KRUGMAN 11/12/2011

Nosotros somos el 99%" es un gran eslogan. Define correctamente el problema como una oposición entre la clase media y la élite (en vez de entre la clase media y los pobres). Y también va más allá de la idea consagrada, reiterada pero errónea, de que la creciente desigualdad se deriva principalmente de que a la gente culta le va mejor que a la que tiene menos cultura; los que más han salido ganando en esta nueva Edad de Oro han sido un puñado de gente muy rica, no licenciados universitarios en general.

Sin embargo, el eslogan del 99% apunta en todo caso demasiado bajo. Una gran parte de las ganancias del 1% más rico se concentran en un grupo todavía más pequeño, el 0,1% más alto (la milésima parte más rica de la población).

Y en Estados Unidos, mientras que los demócratas, en líneas generales, quieren que la superélite contribuya al menos en parte a la reducción del déficit a largo plazo, los republicanos quieren rebajarle los impuestos y al mismo tiempo recortar la Seguridad Social y la asistencia médica en nombre de la disciplina fiscal.

Antes de llegar a esas discrepancias políticas, veamos unas cuantas cifras.

El último informe de la Oficina Presupuestaria del Congreso sobre la desigualdad no analizaba detalladamente el 1% más alto, pero un informe anterior, que solo llegaba hasta 2005, sí lo hacía. De acuerdo con ese informe, entre 1979 y 2005 los ingresos después de impuestos y ajustados a la inflación de los estadounidenses con una posición media en la distribución de la renta aumentaron un 21%. El número equivalente para el 0,1% más rico aumentó un 400%.

En su mayoría, estas enormes ganancias reflejaban un aumento drástico en la parte de la renta antes de impuestos correspondiente a la superélite. Pero también ha habido grandes reducciones de impuestos que han favorecido a los ricos. En concreto, los impuestos sobre las plusvalías son mucho más bajos que en 1979, y la milésima parte más rica de los estadounidenses representan la mitad de todos los ingresos derivados de las plusvalías.

Teniendo en cuenta estos antecedentes, ¿por qué defienden los republicanos nuevas rebajas fiscales para los muy ricos al tiempo que advierten sobre los déficits y exigen recortes drásticos en los programas de Seguridad Social?

Pues bien, aparte de gritar "¡Guerra de clases!" siempre que se plantean estas preguntas, la respuesta habitual es que la superélite "crea empleo", o sea, que hace una aportación especial a la economía. Por eso, lo que necesitan saber es que esto es economía mala. De hecho, sería economía mala incluso si EE UU tuviera la economía de mercado perfecta e ideal de las quimeras conservadoras.

Después de todo, en una economía de mercado ideal, a cada trabajador se le pagaría exactamente lo que él o ella aporta a la economía al decidirse a trabajar, ni más ni menos. Y esto sería igualmente válido para los trabajadores que ganan 30.000 dólares al año y para los ejecutivos que ingresan 30 millones al año. No habría ninguna razón para considerar que las aportaciones de los que se embolsan 30 millones de dólares merecen un tratamiento especial.

Pero, dirán ustedes, los ricos pagan impuestos. Y en efecto, así es. Y podrían -y deberían, desde el punto de vista del 99,9%- pagar una parte considerablemente mayor, en vez de optar a todavía más exenciones fiscales, a pesar de la supuesta crisis presupuestaria, por todas las cosas magníficas que se supone que hacen.

Así y todo, ¿no es verdad que algunos de los muy ricos se hacen así de ricos creando innovaciones que son mucho más valiosas para el mundo que la renta que reciben? Claro que sí, pero si se fijan en quiénes componen realmente ese 0,1%, es difícil no llegar a la conclusión de que, en general, a los miembros de la superélite se les paga de más, no de menos, por lo que hacen.

Porque, ¿quiénes son ese 0,1%? Muy pocos de ellos son innovadores a lo Steve Jobs: la mayoría de ellos son mandamases de empresas y embaucadores financieros. Según un análisis reciente, el 43% de la superélite son ejecutivos de empresas no financieras; el 18% se dedica a las finanzas, y otro 12% son abogados o están en el sector inmobiliario. Y estas no son, por decirlo suavemente, profesiones en las que exista una clara relación entre los ingresos de alguien y su aportación a la economía.

La paga de los ejecutivos, que se ha disparado durante la última generación, la deciden unas juntas directivas nombradas por esas mismas personas cuyo sueldo establecen; los consejeros delegados que hacen una mala labor reciben de todas maneras nóminas espléndidas, y hasta los ejecutivos fracasados y despedidos a menudo reciben millones según salen por la puerta.

Mientras tanto, la crisis económica ha demostrado que gran parte del valor aparente creado por las finanzas modernas era un espejismo. Como lo expresaba recientemente el director de estabilidad financiera del Banco de Inglaterra, la supuestamente alta rentabilidad antes de la crisis sencillamente reflejaba un aumento del riesgo, un riesgo que corrían no los propios embaucadores, sino los inversores ingenuos o los contribuyentes, que acabaron cargando con el muerto cuando todo salió mal. Y como señalaba mordazmente, "si la creación de riesgo fuera una actividad con valor añadido, los que juegan a la ruleta rusa contribuirían desproporcionadamente al bienestar mundial".

Entonces, ¿debería el 99,9% odiar al 0,1%? No, ni mucho menos. Pero debería hacer caso omiso de toda la propaganda sobre la "creación de empleo" y exigir que la superélite pague muchos más impuestos.

Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel 2008. © 2011 New York Times Service. Traducción de News Clips.

Somos el 99,9% · ELPAÍS.com.

Encuesta CEP (Julio 2011): Piñera alcanza sólo 26% de apoyo y 53% de rechazo…

leave a comment »

Encuestas CEP Y ADIMARK mes de Julio

Encuesta CEP lo sitúa con sólo el 26% de apoyo

De mal en peor: movimientos sociales hacen caer a Piñera estrepitosamente en aprobación ciudadana

El resultado del sondeo enciende las alarmas en el oficialismo, considerando que hay un sector de la derecha tradicional que tampoco está conforme con el desempeño de la actual administración. El estudio, sin embargo, no registró el impacto en la opinión pública del cambio de gabinete. [Actualizada]

por Claudia Rivas Arenas, El Mostrador
,

 

Hasta un 26% cayó la aprobación del Presidente de la República Sebastián Piñera según la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), convirtiéndose en la más baja de la historia de los sondeos realizadas por la entidad. Paralelamente, la desaprobación a la forma cómo está conduciendo el gobierno llegó al 53 por ciento.

De este modo, el jefe de Estado cayó 18 puntos respecto de la medición anterior de noviembre-diciembre de 2010. Hasta ahora el piso pertenecía al ex presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, quien tras la crisis asiática llegó a marcar 28% de aprobación en mayo de 1999.

Las cifras entregadas este jueves por el CEP no hacen más que ratificar los resultados que con anterioridad han mostrado otras encuestas, como la Adimark, y que sancionan con dureza la forma cómo se ha manejado la actual administración desde el mandatario hasta los ministros en un escenario de permanente conflicto y movilizaciones.

En este sentido, las coaliciones oficialista y opositora no resultan mejor paradas que el gobierno, por cuanto la Concertación alcanza sólo el 17% de respaldo por la forma en que está ejerciendo su labor, cayendo desde el 24% que recibió en la encuesta anterior. Lo propio ocurre con la Coalición por el Cambio, que empata con sus adversarios políticos en desaprobación y baja estrepitosamente su aprobación desde el 41 al 24%.

Tal como lo indica el estudio, la opinión pública tampoco está conforme con la forma cómo el gobierno está manejando la economía. Ello, porque el 53% la desaprueba, mientras que sólo el 25% le entrega su respaldo al manejo de la administración Piñera.

Caída en atributos

Respecto de sus cualidades, el jefe de Estado también fuertemente, no sólo en aquellas más débiles que siempre le han sido más esquivas, sino también las que durante mucho tiempo se destacaron como sus principales fortalezas. Es así como ante la pregunta “con relación a las presiones de instituciones, grupos y personas, “¿cree usted que el gobierno de Sebastián Piñera, ha actuado con firmeza o debilidad?”, los consultados se inclinan en 25% por que lo ha hecho con firmeza, y un elevado 64% a que ha actuado con debilidad.

En la misma línea, y siguiendo con la misma pregunta de base, consultados acerca de la destreza y habilidad o falta de ella con que ha actuado el mandatario, el 26 por ciento decreta que ha actuado con destreza y habilidad, mientras que el 62% restante, que lo ha hecho sin destreza y habilidad. Ante la pregunta sobre si el mandatario da confianza o no, el 31% estima que sí, y el 61% que no. Asimismo, el 21% de los encuestados lo considera cercano, el 70% lo ve lejano.

los factores educación e Hidroaysén

Frente a la consulta de cómo lo ha hecho el gobierno en distintas materias, donde se han producido las más fuertes alzas de insatisfacción es en educación, donde cayó de 32% en la última medición a 10% la cifra de quienes estiman que el gobierno lo ha hecho bien o muy bien. Por el contrario, el número de quienes creen que lo ha hecho mal o muy mal se disparó a 58%.

Al mismo tiempo, el 51% estima que el gobierno lo ha hecho “mal o muy mal” en su manejo del conflicto por la aprobación de Hidroaysén; el 48% que lo ha hecho mal o muy mal en el manejo de la delincuencia; el 47% estima lo propio en materia de reconstrucción, y el 57% que lo ha hecho “mal o muy mal” en pobreza.

Los mejor evaluados

En esta encuesta CEP la ex presidenta Michelle Bachelet tiene el mérito de ser la mejor evaluada entre los personajes políticos, con el 79 por ciento de evaluación positiva y sólo 8,0 de negativa. Le sigue el ministro de Obras Públicas, Laurence Golborne, con 71% de positiva y 7,0% de negativa.

En tercer lugar aparece con 46% la senadora DC Soledad Alevear, quien obtiene el tercer lugar. Le siguen Carolina Tohá, Andrés Velasco, Ricardo Lagos Escobar, Evelyn Matthei, Joaquín Lavín, Marco Enríquez-Ominami, Ricardo Lagos Weber, Ena von Baer, Rodrigo Hinzpeter, y en el 13º lugar aparece el Presidente Sebastián Piñera con 34% de evaluación positiva y 35% de negativa.

Por ultimo, las figuras más importantes de la Concertación según el estudio son la ex presidenta Michelle Bachelet, con 38%, seguida de lejos por Ricardo Lagos Escobar y Ricardo Lagos Weber (con 3,0% cada uno) y Carolina Tohá y Marco Enríquez Ominami con (2,0% cada uno).

En el oficialismo, en tanto, la figura más importante, exceptuando al Presidente Piñera, es Golborne (26%), seguido mucho más atrás por Joaquín Lavín (11%), Hinzpeter y Pablo Longueira –este último recién integrado al gabinete- con dos por ciento cada uno, y Evelyn Matthei con el uno por ciento.

Metodología

El trabajo en terreno de la encuesta CEP se realizó entre el 24 de junio y el 24 de julio, siendo entrevistadas 1.554 personas mayores de 18 años que residen en sectores urbanos y rurales de todo el país, con 95% de confianza y un error muestral de tres por ciento.

Encuesta Adimark: Presidente Piñera obtiene un 30% de aprobación contra un 62% de rechazo

El rechazo al Mandatario sube dos puntos y los niveles de aprobación bajan uno en comparación con el mes anterior, cuando obtuvo un 31% de aceptación y un 60% de desaprobación. Estos son los peores resultados en lo que va de la administración Piñera. Los atributos del Presidente también caen.

por Javier Canales – 02/08/2011 – 10:24/La Tercera
LOS ATRIBUTOS TAMBIEN CAEN

En materia de atributos, el Mandatario experimenta una baja en todos, a excepción de ‘es querido por los chilenos’, que se mantiene en 37% al igual que el mes pasado, luego de caer nueve puntos.

El atributo ‘es activo y energético’, que históricamente ha sido uno de los mejores evaluados, disminuye ocho puntos, cayendo de 62% a 54%. La misma cantidad de puntos bajó la ‘capacidad para enfrentar situaciones de crisis’, que cae de 59% a 51%.

Lo siguen los atributos de ‘cuenta con autoridad’, que cae cinco puntos (de 53% a 48%); ‘cuenta con liderazgo’, que cae tres (de 50% a 47%); y ‘cuenta con capacidad para solucionar problemas del país’, que baja siete puntos (de 51% a 44%).

Más abajo, ‘es respetado por los chilenos’ baja cinco puntos (de 44% a 39%), y ‘es querido por los chilenos’ se mantiene en 37%.

Entre los peores evaluados se ubican ‘genera confianza’, que baja tres puntos, de 39% a 36%; y ‘es creíble’, que cae seis puntos, de 39% a 33%.

La gestión del Presidente Sebastián Piñera obtiene un 30% de aprobación y un 62% de rechazo. Así lo dio a conocer hoy la encuesta Adimark, correspondiente a la evaluación del mes de julio, cuyos resultados fueron publicados esta mañana.

Los niveles de evaluación positiva del Mandatario experimentan así una leve baja en comparación con los registrados por la misma encuesta el mes pasado, cuando alcanzó un 31% de aprobación contra un 60% de rechazo.

En tanto, la evaluación general al gobierno baja dos puntos su aprobación, cayendo del 31% que registraba en junio al 29% obtenido ahora en la medición de julio. La desaprobación al gobierno sube también dos puntos: de 62% en junio a 64%. Así, la evaluación a Piñera es superior a la del gobierno en su conjunto.

Luego del peak de popularidad obtenido por el Presidente tras el exitoso rescate de los mineros en octubre pasado -cuando registró un 63% de aprobación contra un 26% de rechazo- los niveles de evaluación positiva han ido bajando poco a poco, mientras han aumentado los de desaprobación.

Esta tendencia a la baja se acrecentó durante los últimos tres meses, que se han visto marcados por las masivas protestas ciudadanas por diversos motivos. Durante junio, además, se registraron protestas en las zonas afectadas por el terremoto, el gobierno debió enfrentar cuestionamientos al proceso de reconstrucción, y se mantuvo en agenda el conflicto estudiantil.

El mes recién pasado, además, se registró el segundo y mayor ajuste de gabinete efectuado por el Mandatario en lo que va de su gestión, cuando concretó un cambio de ministros en ocho de las 22 carteras.

Se espera que este jueves sea dada a conocer la encuesta realizada por el Centro de Estudios Públicos (CEP), una de las más reputadas a nivel nacional, la que, según se prevé, registraría niveles similares a los obtenidos por la Adimark.

La China actual: condiciones de trabajo y explotación…

leave a comment »

Una visión de China a partir de los suicidios en Foxconn

Pun Ngai, Revista Trasversales

China_saca_pechoIntervención en el Foro sobre globalización y desarrollo social, organizado por el Centro de Estudios de Política y Economía Internacional, 14 de mayo 2010, China University of Political Science and Law

Quiero abordar el tema partiendo del vídeo que acabamos de ver. Ya son ocho (no siete) los muertos en la empresa Foxconn. El profesor de la Universidad Qinghua decía que la tasa de suicidios no le parecía muy alta. Al día siguiente una joven de 24 años se arrojó desde lo alto de un edificio. Personalmente pienso que estos hechos son dramáticos y que es importante saber con qué criterios hay que evaluarlos y qué es eso de una tasa no muy alta de suicidios.

Los principales medios de comunicación hablan de estos trágicos acontecimientos como si se tratase de una cuestión personal: el suicidio de un joven diplomado que parecía una persona abierta y alegre se presenta como un problema espiritual, mientras que otros de estos suicidios se atribuyen a problemas psicológicos. En el caso de un trabajador que se arrojó desde el tejado del dormitorio, se atribuyó a presiones psicológicas derivadas de problemas de fertilidad. Tras el séptimo suicidio en Foxconn se solicitó la colaboración de conocidos psicólogos, que no han hecho una buena labor, y recientemente también se ha contado con sacerdotes taoístas. La dirección de Foxconn prefiere ver el problema como algo vinculado con el Fengshui y la psicología, antes que verlo como un problema de gestión enpresarial o como un problema social. Yo, por el contrario, voy a abordar el problema desde un punto de vista sociológico.

Quiero partir de estos hechos para interpretar el fenómeno de los campesinos que migran desde el campo hacia las fábricas en el proceso de formación de una nueva clase obrera. Mis libros versan sobre la primera generación de trabajadores campesinos migrantes, últimamente he escrito algunos artículos dispersos sobre la segunda generación, a la que intentaré insertar en el contexto teórico marxista, en la formación del proletariado, incorporando también algunas teorías post-marxistas, con el propósito de valorar si es posible interpretar los suicidios y las huelgas como fenómenos de protesta en el marco de la tradición teórica marxista o de la sociología.

Obviamente, no consideramos que el suicidio sea algo normal, si así fuese la práctica de los obreros coreanos que se prenden fuego debería verse solamente como una advertencia a la sociedad, y los suicidios de jóvenes obreros chinos constituye una tragedia demasiado grande como para pensar que solamente se trata, después de todo, de un modo de contar a la sociedad el injusto trato sufrido. Hoy evitaré todos los detalles sobre las muertes, ya los hemos visto en el vídeo. Los suicidios acontecidos desde enero hasta hoy corresponden a jóvenes entre 18 y 24 años, y su modalidad ha sido siempre la misma: arrojarse desde lo alto de un edificio, gesto que no permite vuelta atrás. Dos obreras han quedado heridas y no han muerto. Pero ya se trate de heridos o de muertos, ¿cómo comprender esta tragedia? ¿Hay que situarla en el contexto de la empresa o bien hay que situar esa problemática interna de la empresa en el contexto más amplio de los 230 millones de trabajadores campesinos migrantes? ¿Y para qué? ¿Para decir que esta empresa tiene condiciones mejores que aquella, que el salario de tal empresa es mayor que el de esta otra?

En Shenzsen el salario habitual de un obrero está entre 1.000 y 1.500 yuanes, mientras que en Foxconn está entre 1.500 y 2.000, siendo, pues, significativamente mayor. Las condiciones de trabajo y la gestión son un poco mejores y por ese motivo en Foxconn cada mañana a las 5,30 h. hay una cola de personas que quieren entrar a trabajar allí, mientras que otras empresas más pequeñas tienen dificultades para encontrar trabajadores. Considerando esto, podríamos decir que estamos ante una representación a menor escala de la situación común de los trabajadores campesinos migrantes; si mejoran las condiciones de trabajo en Foxconn podrían mejorar las condiciones de vida de los trabajadores campesinos migrantes.

El secreto por el que China se ha convertido en la fábrica del mundo reside en la existencia de 230 millones de trabajadores campesinos migrantes, sin los que China no habría llegado a ocupar en los últimos 20 años, gracias al bajo coste, el primer puesto como fábrica del mundo. Hoy tenemos primacía en varios ámbitos, la exportación por ejemplo. Foxconn es la primera exportadora global en electrónica. Hoy, cuando construimos Shenzhen, Shanghai etc., decimos siempre que estamos en los primeros puestos a escala mundial, pero también deberíamos decir que, según creo, también lo estamos en cuanto a la tasa de suicidios de la fuerza de trabajo juvenil, pese a los psicólogos que nos dicen que la tasa no es elevada.

Cuando analizamos la formación de la clase obrera en el marco de China como fábrica del mundo, vemos claramente quién está construyendo la riqueza, quién está edificando China como fábrica del mundo, quién se sacrifica, quién se apropia de los beneficios. Hoy se ha replanteado claramente el fenómeno de la sociedad de clases. Un país socialista, que por eso mismo debería liberarse de las relaciones de producción capitalistas, ha permitido que la división de clase penetre profundamente en las relaciones sociales.

Yo me hice marxista cuando, por primera vez, entré en las zonas industriales chinas, la primera vez que entré en una fábrica, cuando aún era estudiante universitaria a comienzos de los años noventa. En aquella época se estaban produciendo grandes cambios económicos en Hong Kong y muchas fábricas se trasladaban a China continental. Los obreros de Hong Kong sufrían el desempleo, y cuando me desplacé a China continental observé el fenómeno de los trabajadores campesinos migrantes que, año tras año, se dirigían al Guangdong para trabajar.

Estos cambios me impresionaron y estaba estupefacta al ver que en la patria del socialismo se permitía una explotación capitalista brutal, que, en los años noventa, era aún más intensa que hoy.

En 1995 entré en una fábrica en la que se producían componentes electrónicos para los teléfonos móviles de entonces. Allí, me puse a preguntar a muchas personas cuál era su salario. Era una fábrica de componentes electrónicos, en la que se hacían los teléfonos celulares de entonces. El precio de uno de esos teléfonos eran unos 10.000 yuanes. ¿Y cuál era el salario de un obrero? ¿Con qué jornada? De media, 14 horas diarias, sin sábados ni domingos.

Tal vez vuestras madres y vuestros padres sean la primera generación de trabajadores campesinos migrantes a la que hemos entrevistado, aquella situación la recuerdan bien. Cuando entré en la fábrica, leí encolerizada El Capital de Marx y descubrí que la situación que describía no era tan grave como la que había en China en los años noventa. El salario del que habla El Capital se calculaba semanalmente, pero cuando yo empecé a trabajar el cobro del salario se retrasaba tres meses y el ritmo de trabajo era extenuante. A comienzos de los noventa, morían trabajadores en los incendios que se producían en las fábricas y en los dormitorios. Después de Marx, El Capital, que describe la situación industrial del siglo XIX, influenció la revolución socialista; si comparamos la época de Marx con la situación de los trabajadores y con los suicidios de la Foxconn, se nos viene a la mente que quizá aquella época fuese más feliz que la nuestra.

A inicios de los noventa la presión sobre el trabajo era mucho más fuerte, el salario era sólo de 500 yuanes, cuando ahora está entre 1.000 y 1.500. Los dormitorios y espacios de la fábrica han mejorado, y también han mejorado las condiciones laborales. ¿Por qué, entonces, no hubo suicidios y huelgas entre la primera generación de trabajadores campesiones migrantes, lo que sí ocurre actualmente?

Cuando entré en la fábrica y ví las horrendas condiciones de trabajo no comprendía cómo podía pasar algo así en nuestro país socialista. Estaba furiosa, pero los obreros no lo estaban. Pensaba que eso dependía de que estaban atenazados, bajo presión, que no tenían posibilidad de expresar lo que sentían. Sin embargo, no ví suicidios. Hubo muertes súbitas o por agotamiento, pero no con la gravedad actual.

En los años noventa ví cómo los trabajadores comenzaban a encolerizarse e incluso a hacer huelgas. Después del 2000 en el delta del Río Perla, en particular en Dongguan, hubo oleadas de huelgas en las que participaron miles de personas, aunque sin ninguna cobertura mediática. Después, algunos medios se interesaron en las huelgas, pero dejaron de hacerlo porque se habían hecho tan habituales, sobre todo en Dongguan, que ya no atraían la atención al ser tantas y tan frecuentes.

¿Cómo interpretar las diferencias entre ambas generaciones de trabajadores? Debemos reflexionar sobre ello y, sobre todo, preguntarnos cómo surgieron los trabajadores campesinos migrantes. Además tenemos que analizar en profundidad las diferencias existentes entre estas dos generaciones, incluso con una misma composición de clase, con las mismas relaciones de producción y tratándose de trabajadores que hacen el mismo trabajo en la fábrica y que afrontan las contradicciones del capitalismo. Hay que hacerlo porque la diferencia es verdaderamente grande.

También debemos reflexionar sobre el proceso de formación de la nueva clase de trabajadores campesinos migrantes, que no podemos encajar completamente en el proceso de proletarización. A lo largo de una remodelación que ha durado 30 años el campesino se ha convertido en trabajador (en precario, sin derechos), sujeto del trabajo pero no un obrero en sentido pleno. No está claro si aún es campesino o si es obrero. Aunque las condiones en que vive son objetivamente las de un obrero, desde un punto de vista subjetivo, en tanto que trabajador, su identidad es problemática.

Analicemos el problema del reconocimiento identitario a través de algunos contenidos teóricos del post-marxismo. En el paso de la clase en sí a la clase para sí participan factores complejos y difíciles. Si introducimos este aspecto en las particulares condiciones chinas y en el proceso de inclusión en la economía global capitalista, al hacer una comparación con otros países encontramos que la singularidad china reside en nuestros trabajadores campesinos migrantes. Aunque está claro que llegan a gastar diez o veinte años de su vida trabajando en la fábrica, les es negada su posición como obreros. Su conciencia como tal sujeto aún no se ha formado completamente.

¿Asistimos en China al surgimiento de unas nuevas Enclosures [nt: cierre de los terrenos comunales en favor de los terratenientes en la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX]? Pero este fenómeno es diferente en China. La nueva generación de trabajadores campesinos migrantes ya no puede volver a su pueblo pero tampoco puede quedarse en la ciudad. No puede permanecer donde está, pero tampoco pueden regresar al campo. ¿No deberíamos tal vez buscar en esta condición de clase proletaria incompleta los motivos de los suicidios y de las protestas de los trabajadores campesinos migrantes?

El fenómeno de los trabajadores campesinos migrantes no puede separarse del desarrollo de los últimos 30 años. Todo empezo con la reforma, y la reforma empezó en el campo, cuya dimensión colectiva fue destruida favoreciendo la emergencia de pequeñas economías campesinas; la base de la fuerza de trabajo a la que vengo refiriéndome se encuentra en el final del colectivismo, que dio lugar a un excedente de fuerza de trabajo campesina. Nuestros sociólogos utilizan una bella expresión para este fenómeno: una abundante fuerza de trabajo.

No importa tanto si es abundante o es sobreabundante, lo que importa es que una generación de jóvenes ya no tiene nada que hacer en el campo, no tiene ninguna oportunidad de trabajar allí porque la tierra no puede proporcionarles ocupación. Por eso empezaron a migrar buscando trabajo en la ciudad, en particular en las zonas costeras en las que entraba capital extranjero. Así fue fundada China como fábrica del mundo, gracias a esta fuerza de trabajo barata. En la reforma del agro y en la “estrategia de puertas abiertas” reside el secreto del surgimiento los trabajadores campesinos migrantes.

Estas son las condiciones del país, porque “la fuerza de trabajo” es demasiado grande. Si esta fuerza de trabajo excedente en los años 80 no hubiera sido absorbida en las fábricas de “sangre y sudor” tampoco se habrían tenido estas mínimas ocasiones de progreso. Según lo que aprendí entonces, en aquel tiempo con doscientos o trescientos yuanes mensuales se pagaban más de diez horas de trabajo diario.

Ya fuese una empresa de juguetes o una de electrónica, el producto era el mismo tanto si lo hacía una trabajadora de Hong Kong o yo misma, que trabajaba en Shenzhen, también eran iguales el capital y la marca. Por ejemplo, todo el mundo sabe que los productos Disney son muy caros, por un muñeco piden entre 200 y 300 yuanes. Bien, pues en los años 80, la misma fábrica, el mismo contexto, en Hong Kong se llegaba a ganar entre 5.000 y 6.000 yuanes, y al inicio de los 90 unos 6.000 haciendo horas extras; sin embargo, esa misma fábrica abrió una nueva sede más allá de la frontera con Shenzhen, en la que se producía la misma mercancía pero pagando salarios de 200/300 yuanes mensuales.

Esa diferencia me era difícil de comprender y aceptar, mientras que para aquellos que tenían sentido patrio era comprensible, pues decían que ambas sociedades se encontraban en una fase diferente de desarrollo, había gran cantidad de mano de obra y usar esa fuerza de trabajo barata podría impulsar el desarrollo, integrando a China en el sistema capitalista global y permitiendo dar el primer paso. Pero yo, que no tenía sentido patrio, me preguntaba si el capital de Hong Kong o Taiwán dejaría de invertir porque el salario de las trabajadoras subiese a 400 yuanes. Tanto entonces como hoy cabe preguntarse si un aumento de salarios haría que China dejase de ser la fábrica del mundo y se alejase de la ruta del desarrollo.

Para estos capitalistas el aumento de los salarios no les reporta ninguna ventaja, porque no ven a la fuerza de trabajo como personas. La patronal no se siente requerida a considerar como personas a la fuerza de trabajo barata. Por lo tanto, para ellos no tendría sentido un aumento de sueldo. Cuando entré en la fábrica, no tenían ninguna confianza en los trabajadores. Al andar por la calle o cuando íbamos a comer siempre escuchabas decir que los trabajadores chinos eran difíciles de manejar y que, muy en particular, tendían a robar mercancías ¿Es así? Ciertamente, en comparación con los trabajadores de Hong Kong y Taiwán el fenómeno del hurto de mercancías es más habitual. Los almacenes de las fábricas de Hong Kong tienen abiertas las ventanas, mientras que las de Shenzhen tienen barrotes de hierro por temor a los robos. Un trabajador de Foxconn se ha suicidado por haber perdido el prototipo del iPod; esta presión proviene del temor de la empresas a los robos. Pero si pensamos sobre ello, es preciso tomar en consideración la diferencia que había, en la fábrica en la que trabajaba, entre los salarios, unos 400/500 yuanes mensuales, y el precio de los teléfonos celulares que producíamos, a 10.000 yuanes cada uno.

He notado que muchos temen usar conceptos como clase y explotación, pero basta con entrar en una fábrica para que explotación, dignidad y palabras semejantes dejen de parecernos conceptos exóticos o que estén al servicio de alguna teoría foránea para manipular a los trabajadores. La clase objeto de esa explotación, la rabia que cada obrero siente y puede expresar, son cosas de las que, desde un punto de vista histórico, hablamos tranquilamente en la universidad entre estudiantes y profesores. Actualmente se teme la emergencia de las contradicciones de clase. Hace pocos años había fábricas carentes de las más mínimas condiciones dignas para los trabajadores. Los lugares en que se trabajaba y se vivía carecían de salidas de emergencia. Algunos obreros murieron abrasados por ese motivo. Las fábricas de los años noventa tenían los alamacenes en la planta baja, la cadena de montaje estaba en la segunda y tercera planta, mientras que los obreros vivían en los pisos superiores. Para evitar los robos se cerraba todo con llave, y en caso de incendio era imposible escapar y los trabajadores morían abrasados. Mi trabajo “Obreras chinas”, situado en los años ochenta y comienzos de los noventa, nace porque en esa época, como estudiante universitaria, ví morir así a obreras. Tras aquellos incendios, las zonas de alojamiento y de producción fueron separadas gracias a oportunas leyes. Por consiguiente, los alojamientos de una fábrica que tenga algún millar de trabajadores deben crearse ahora en sus alrededores.

En los últimos años he escrito varios artículos sobre el tema de la vivienda. Si la primera característica en la que reside el secreto de la fábrica del mundo son los trabajadores campesinos migrantes, la segunda está representada por los dormitorios vinculados a la fábrica. Es preciso preguntarse por el contexto de la vida de la fuerza de trabajo, por la posibilidad de formar una familia, ya que se debe pensar que eso, además de un salario, requiere un alojamiento, la posibilidad de criar hijos que puedan estudiar o de acudir al médico cuando se contrae una enfermedad. Pero el salario de 230 millones de trabajadores campesinos migrantes sólo se rige por las necesidades de la propia fábrica y obliga a vivir en alojamientos comunes, donde se amontonan decenas de trabajadores. El sueldo no les permite vivir en la ciudad de Shenzhen.

De hecho, en la zona costera de desarrollo en Shenzhen se piensa utilizar esta fuerza de trabajo sólo durante un breve periodo, hasta que los migrantes vuelvan al campo; son vistos como fuerza de trabajo, no como trabajadores. El problema se hace cada vez más evidente. Al comienzo, los trabajadores campesinos migrantes que estaban en las fábricas tenían su propio pedazo de tierra y la posibilidad de retornar a su pueblo; eso explica por qué razón yo me enfurecía pero ellos todavía no lo hacían. En los años noventa los obreros se consideraban, en el fondo, campesinos, aunque desde un punto de vista marxista sus relaciones de producción ya habían cambiado y se habían transformado en verdaderos obreros empleados en las fábricas, aunque sin estar aún en una posición completamente equiparable a la de los obreros: su salario no era un salario de obrero, porque el salario de un obrero debe garantizar el coste de reproducción de las generaciones sucesivas, esto es, poder tener una familia, trabajando ocho o diez horas, poder tener un lugar en el que vivir con la familia y desde el que volver al trabajo tras pasar un día de descanso.

Si en los años ochenta el salario no permitía vivir en la ciudad, actualmente el salario en Foxconn, entre 1.500 y 2.000 yuanes, tampoco permite que un obrero viva en Shenzhen. ¿Cómo puede reproducirse este sistema, cómo se tiene en pie este tipo de sostenibilidad?

Digamos claramente que este sistema sólo rige para los trabajadores campesinos migrantes, cuyo salario es la mitad del salario de un trabajador normal. Además, viviendo en el alojamiento de la fábrica se puede ahorrar algo de dinero para el futuro, ya que no es seguro que Foxconn siga aceptando a un trabajador cuando supere los 30 años de edad.

El actual desarrollo de las grandes ciudades se apoya completamente sobre los hombros de la fuerza de trabajo campesina. La ciudad es cada vez más rica, construimos ciudades cada vez más globales, como Beijing, Shanghai, Shenzhen, Guangzhou, cuyos gobiernos no tienen ninguna obligación respecto a las pensiones y al cuidado de los 230 millones de trabajadores campesinos migrantes. Tras haber explotado a la fuerza de trabajo, carecen de cualquier proyecto para su reproducción y para los cuidados que necesitan. El proyecto es devolverles al campo, arruinado desde hace veinte años, sin desarrollo alguno y sobre el que, además, pende la amenaza inminente de la venta de la tierra. Ésta es la injusticia fundamental, la fuerza de trabajo barata sostiene una producción de bajo coste que no sólo se dirige a la burguesía media urbana sino, de forma más relevante aún, a los países occidentales, como EEUU, donde quien no tiene dinero lo pide prestado para consumir y lo que consumirá es nuestra fuerza de trabajo barata. El Gobierno chino presta continuamente dinero a aquellos que puedan consumir las mercancías hechas con fuerza de trabajo barata en el sistema económico global, de forma que el sacrificio final recae sobre la masa de trabajadores campesinos migrantes.

¿Cuál es la diferencia entre las dos generaciones de trabajadores campesinos migrantes? La primera generación tenía una gran capacidad de aguante, de hecho el psicólogo que ha salido en el vídeo decía que el problema de las actuales protestas deriva de que la segunda generación está debilitada, no tiene aguante, pero debemos preguntarnos cómo se ha creado esta diferencia psicológica. Un análisis atento nos dirá que, si bien la primera generación tenía mayor fuerza para aguantar el trabajo duro y la adversidad, también tenía esperanzas y objetivos: lo que ahorraba era usado para construirse una casa y una vida familiar honorable, lo que les permitía soportar las angustias y la fatiga del trabajo en las ciudades. La segunda generación se ha formado totalmente en el ámbito urbano y aspira a un modo de vida metropolitano creado en los últimos años por el modelo de desarrollo dominante, una especie de civilidad urbana continuamente buscada, en la que se dice que hay que renunciar al campo porque de otra manera uno se desacredita, se pierde el honor, se es poco desarrollado y se pierde la posibilidad de cambiar lo que tus progenitores te dieron en su momento. Éste es el contexto en boga. La vía de desarrollo hoy imperante y su cultura nos hacen ver al campo y a nuestro pasado como si fuesen nuestros enemigos.

Desde el momento en el que nos pusimos a construir civilidad metropolitana del tipo de la de Beijing o la de Shanghai, los valores de la nueva generación están enteramente basados sobre eso, mientras que los de nuestros progenitores se basaban totalmente sobre el campo. La primera generación, aunque pobre y forzada a un duro trabajo, tenía una casa en la que pensar. Quienes ahora tienen entre 18 y 20 años no tienen motivo para sentirse vinculados al campo y sí muchos motivos para el conflicto. Año tras año se lucha por un salario más alto, y aunque los salarios son, en apariencia, el triple que a comienzos de los 90, la verdad es que también suben los precios. ¿Los 1.500 yuanes que se ganan hoy son en verdad más que los 500 de ayer? Tal vez sean menos, dada la inflación y el alza de precios. En los años noventa, en los suburbios de Shenzhen o Guangzhou se podía alquilar, por 200 o 300 yuanes, una casa en la que vivir con la familia. Hoy no se puede. Los trabajadores campesinos migrantes están forzados a residir en las zonas industriales, en las que no hay alquileres asequibles, por lo que se alojan en los dormitorios de la empresa, los mismos dormitorios desde cuyos tejados o ventanas se han arrojado estos trabajadores de Foxconn.

Un trabajador campesino migrante de veinte años que no quiera quedarse en el campo y desee vivir en la ciudad debe pagar al menos 1.000 yuanes de alquiler, pero, entonces, ¿cómo atender las demás necesidades básicas con un sueldo de 1.500 yuanes? No hay salida para los dilemas y dificultades de esta nueva generación. Hace dos o tres años se habló mucho de cuando la nieve obligó a los campesinos trabajadores migrantes a quedarse en la ciudad sin regresar a casa para la celebración del Año Nuevo chino; pero aunque hubieran podido hacerlo habría sido sólo por dos semanas, de lo que eran conscientes. La vida del campo, sus valores y su realidad se han perdido, mucho más aún si hablamos de la segunda y tercera generación.

A partir de aquí, podemos imaginar dos posibles caminos. Por un lado, sería posible un nuevo desarrollo rural que no pase por la venta de la tierra y que no esté al servicio de las grandes empresas que están devorando el campo. Un desarrollo que permita a las personas que regresan allí disponer de una base económica de la que vivir y percibir que la propia vida tiene un futuro.

Por otro lado, está la posibilidad de que estos trabajadores campesinos migrantes se conviertan realmente en la nueva clase obrera, con un incremento salarial que será beneficioso para el desarrollo de China. Si ahora todas las mercancias se orientan a la exportación, se debe a que aquí la gente no tiene dinero para consumir. Por una parte, se tiene miedo a que no haya consumo, pero no se elevan los salarios. No es lógico. Elevando los salarios en Foxconn se influiría también sobre otras empresas y sobre toda la zona de Shenzhen, induciendo mejoras.

El verdadero problema es la horrorosa competición a la baja en la que está inmerso internamente el capital, la última frontera de la competencia a la baja, cuyo precio final lo pagan los trabajadores.

¿Por qué los trabajadores han sido reducidos a esta condición? Seamos realistas: además del hecho de que nuestros sindicatos no desempeñan ningún papel útil, nuestros trabajadores no han tenido fuerza para negociar el salario. No tienen fuerza en la ciudad porque todavía están en una situación fluctuante y desarraigada. Hoy se trabaja en Dongguan, mañana tal vez en Shenzhen o Guangzhou. De este modo no se pertenece a un hogar ni a una sociedad.

La fuerza de los trabajadores, la presión que pueden ejercer sobre el capital, está fragmentada en el marco de esas condiciones. El capital desea que todos los trabajadores sean campesinos migrantes, y está claro que quiere mantener a los trabajadores migrantes de segunda y tercera generación como campesinos migrantes. Por eso no hemos modificado la situación creada por el sistema hukou [nt: sistema que regula los permisos de residencia permanentes y temporales].

Un aumento de salarios también influenciaría la situación de los estudiantes. ¿Por qué el salario de un diplomado es tan bajo? Porque detrás hay un hermano que tiene aún menos, un trabajador migrante que tiene aún menos, un desempleado que tiene aún menos. Hoy debemos reflexionar sobre quién sostiene una sociedad y sobre cuáles son los derechos a proteger.

Pun Ngai es socióloga y antropóloga, profesora en el Politécnico de Hong Kong.

Traducción del chino al italiano: Diego Gullotta

Traducción del italiano al castellano: Trasversales, con autorización de Diego Gullota.

Fuente:  http://www.trasversales.net/t20ngai.htm (Revista Trasversales número 20 otoño 2010)

¿Hacia la Gran Depresión?

leave a comment »

Alejandro Nadal · · · · ·

11/07/10

La crisis global no da señales de resolverse. Los sobresaltos en los mercados financieros y las malas noticias en los sectores reales de la economía indican que las cosas podrían empeorar. Algunos analistas ya se preguntan abiertamente si el mundo se encamina hacia una réplica de la Gran Depresión de los años 30.

No es una pregunta alarmista. La realidad es que las raíces de esta crisis son muy profundas y se encuentran en la esencia misma de las economías capitalistas. El volcán que estalló en 2008 es la parte visible de un desastre que se viene cocinando desde hace más de 30 años. Conviene recordar algunos rasgos de la evolución de la economía estadunidense para comprender que la recuperación va a requerir algo más que un simple estímulo fiscal. Las lecciones son importantes para todo el mundo.

En Estados Unidos la crisis actual no se origina simple y llanamente en el mercado de las hipotecas chatarra. Los orígenes se encuentran en la compresión salarial desde los años 70. Ese fenómeno terminó con la llamada fase dorada del capitalismo (1945-1975) marcada por tasas de crecimiento sostenido, por remuneraciones al alza y una reducción notoria en la desigualdad social. En cambio, a partir de los años 70 el crecimiento se redujo, la masa salarial cayó y la desigualdad aumentó.

La única manera de mantener niveles adecuados de demanda agregada fue a través del endeudamiento que comenzó a crecer desmedidamente en los años 70. Ese proceso culminó con el desenfrenado crecimiento de pasivos del sector privado en los últimos 15 años en Estados Unidos. Hoy el panorama no es nada tranquilizador. Un estudio reciente revela que en promedio la contribución del endeudamiento a la demanda agregada en ese país durante la década pasada alcanzó 15 por ciento anual y culminó en 1998 con un 22 por ciento. O sea que casi una cuarta parte de la demanda agregada en Estados Unidos estuvo financiada con deuda en 1998. En contraste, en la década de los 20, en promedio la deuda sólo financió 8.7 por ciento de la demanda agregada.

El desplome actual es todavía más preocupante. En los últimos 30 meses el desplome en el nivel de endeudamiento es de 42 por ciento. Es decir, que el desendeudamiento tiene contribución negativa a la demanda agregada, muy superior a lo que sucedió entre 1929 y 1931 (caída de 12.5 por ciento por el desendeudamiento). Y ese ritmo de desendeudamiento no parece estar menguando en estos días. Lo único que ha podido mitigar ese brutal proceso de contracción de la demanda agregada ha sido el estímulo fiscal que ahora está por agotarse.

En este contexto, el llamado a la reducción del déficit fiscal en el comunicado final del G-20 de Toronto es una estupidez. Desde 1970, ni la demanda, ni el empleo han crecido en Estados Unidos sin la ayuda de una demanda agregada impulsada por el endeudamiento.

Mientras los asalariados trataban de compensar el estrangulamiento salarial y la pérdida de poder de compra con más deuda, el gran capital desplazó sus operaciones hacia países con bajos costos salariales. El proceso culminó con el traslado de cientos de miles de empleos hacia China. En tres décadas el mundo fue testigo del desmantelamiento de la planta industrial en Estados Unidos. Algunos consideran que se trató de un proceso asociado a la evolución normal de una economía capitalista. Pero lo cierto es que las grandes compañías multinacionales que se beneficiaron con el traslado de sus operaciones manufactureras a China no se desindustrializaron, simplemente cambiaron de domicilio. En Estados Unidos se quedaron los que piensan que lo mejor de ese país es su capacidad de hacer innovaciones financieras. Un resultado de este proceso fue el desequilibrio mundial entre los más grandes países superavitarios (China) y deficitarios (Estados Unidos). En buena medida la incapacidad de la economía estadunidense para generar empleos se debe precisamente al desmantelamiento de la planta industrial a lo largo de los últimos 25 años.

En el Congreso en Washington casi nadie quiere otro paquete de estímulo para la economía estadunidense. Por eso muchos ahora piensan que habrá una recaída y la gráfica de la recesión tendrá la forma de una W. Pero otros piensan que podría tener la forma de una L muy, pero muy alargada. Es decir, la economía de Estados Unidos permanecería en el colapso varios años.

Frente a este paisaje, el G-20 se pronunció por mantener y profundizar el modelo económico neoliberal en el mundo. Como si el único futuro posible fuera el mismo laboratorio de donde salió la crisis actual. Deberían leer el último capítulo de la Teoría General de Keynes, en especial el pasaje en el que advierte que quizá el único medio para mantener el pleno empleo y disminuir la desigualdad será a través de la socialización de la inversión. Pero, caray, todo esto estaba prohibido pensarlo en el pequeño estado policiaco en que Canadá convirtió la sede del G-20.

Alejandro Nadal es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso.

La Jornada, 7 julio 2010