SOCIOLOGIA, TEORIA Y PRACTICA…

Sociología, Economía, Política, Cultura

Archive for marzo 2011

I. Wallerstein: Libia y la (confusión de la) izquierda mundial…

leave a comment »

Revuelta en Magreb y medio oriente
 
Immanuel Wallerstein
Hay tanta hipocresía y tantos confusos análisis acerca de lo que está ocurriendo en Libia que apenas sabe uno por donde comenzar. El aspecto más pasado por alto en la situación es la profunda división de la izquierda mundial. Varios estados latinoamericanos de izquierda, siendo el más notable Venezuela, mantienen un apoyo pleno al coronel Kadafi. Pero los voceros de la izquierda mundial en Medio Oriente, Asia, África, Europa, y Norteamérica, decididamente no están de acuerdo.
 

El análisis de Hugo Chávez parece enfocarse primordialmente, en realidad en exclusiva, en el hecho de que Estados Unidos y Europa occidental hayan estado profiriendo amenazas y condenas al régimen de Kadafi. El coronel, Chávez y algunos otros insisten en que el mundo occidental pretende invadir Libia y robarse su petróleo. Todo ese análisis para nada ubica lo que ha estado ocurriendo y deja mal el juicio de Chávez –y de hecho su reputación con el resto de la izquierda mundial.

Primero que nada, durante los últimos 10 años y hasta hace algunas semanas, Kadafi no obtuvo sino buena prensa en el mundo occidental. Intentó probar por todos los medios posibles que no era un gobernante que respaldara al terrorismo y que su único deseo era integrarse plenamente a la corriente principal geopolítica y económica en el mundo. Libia y el mundo occidental han estado logrando un arreglo tras otro, todos con ganancias. Es difícil para mí ver a Kadafi como un héroe del movimiento mundial antimperialista, por lo menos en los últimos 10 años.

El segundo punto en que falla el análisis de Hugo Chávez es que en Libia no va a haber ningún involucramiento militar significativo del mundo occidental. Los pronunciamientos públicos han sido mera alharaca, diseñada para impresionar a la opinión local. No va a haber ninguna resolución del Consejo de Seguridad porque Rusia y China no van a aceptarla. No va a haber ninguna resolución de la OTAN porque Alemania y otros no aceptarán. Aun la postura militante de Sarkozy contra Kadafi se topa con resistencia dentro de Francia.

Y sobre todo, en Estados Unidos la oposición a una acción militar proviene del público, pero lo más importante es que proviene de los militares. El secretario de defensa, Robert Gates, y el presidente del Estado Mayor Conjunto, el almirante Mullen, han expresado de modo muy público su oposición a instituir una zona de vuelo restringido. De hecho, el secretario Gates fue más allá. El 25 de febrero se dirigió a los cadetes de West Point: En mi opinión, deberían examinarle la cabeza a cualquier futuro secretario de Defensa que vuelva a aconsejarle al presidente el envío de un gran ejército terrestre estadunidense a Asia, Medio Oriente o África.

Para subrayar este punto de vista de los militares, el general retirado Wesley Clark, anterior comandante de las fuerzas de la OTAN, escribió un editorial para el Washington Post el 11 de marzo, con el título Libia no califica para una acción militar estadunidense. Así que, pese al llamado de los halcones a que haya un involucramiento de Estados Unidos, el presidente Obama resistirá.

El punto entonces no es si va a ocurrir o no la intervención militar occidental. El punto son las consecuencias que tiene el intento de Kadafi de suprimir del modo más brutal posible toda la oposición de la segunda revuelta árabe. Libia está en un momento de confusión debido a los triunfantes levantamientos en Túnez y Egipto. Y si hay alguna conspiración, es esa entre Kadafi y Occidente para bajarle el ritmo, o aun suprimir, a la revuelta árabe. En la medida en que Kadafi logre hacerlo, estará enviando un mensaje a todos los otros déspotas amenazados de la región: el camino a seguir es la represión dura y no el otorgamiento de concesiones.

Esto es lo que ve la izquierda en el resto del mundo, aunque algunos gobiernos de izquierda en América Latina no lo vean. Como apunta Samir Amin en su análisis sobre el levantamiento egipcio, hay cuatro distintos componentes entre quienes protestan –los jóvenes, la izquierda radical, los demócratas de clase media y los islamitas. La izquierda radical está compuesta por los partidos de izquierda suprimidos y por los movimientos sindicalistas revitalizados. No hay duda de que hay una izquierda radical mucho más pequeña en Libia, y un ejército mucho más débil (a causa de la política deliberada de Kadafi). El resultado, por tanto, es muy incierto.

Reunidos los dirigentes de la Liga Árabe pueden condenar públicamente a Kadafi, pero muchos, tal vez la mayoría, pueden aplaudirlo en privado –y copiarlo.

Podría ser útil finalizar con dos piezas de testimonio procedentes de la izquierda mundial. Helena Sheeham, una activista marxista irlandesa, bien conocida en África por su trabajo de solidaridad con los movimientos más radicales, fue invitada por el régimen de Kadafi a dar un conferencia en la universidad y llegó cuando estallaba la revuelta. Las conferencias en la universidad se cancelaron y a fin de cuentas sus anfitriones simplemente la abandonaron, por lo que tuvo que buscar salir por sus propios medios. Escribió una bitácora diaria en la cual, el último día, el 8 de marzo, escribió: Cualquier ambivalencia acerca de ese régimen se fue, se fue, se fue. Es brutal, corrupto, engañoso, demencial.

Podemos ver también la declaración de Cosatu (Congress of South African Trade-Unions), la principal federación de sindicatos en Sudáfrica y vocera de la izquierda. Tras analizar los logros sociales del régimen libio, dijo: Sin embargo, Cosatu no acepta que estos logros sean de modo alguno una excusa para masacrar a aquellos que protestan contra la opresora dictadura del coronel Kadafi y reafirma su respaldo por la democracia y los derechos humanos en Libia y en todo el continente.

Mantengamos un ojo en el balón. La lucha clave en el mundo justo ahora es la segunda revuelta árabe. Será difícil obtener un resultado realmente radical en esta lucha. Kadafi es el principal obstáculo para la izquierda árabe, y para la izquierda mundial. Tal vez deberíamos recordar la máxima de Simone de Beauvoir: Querer ser libre implica querer que otros sean libres.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

La Jornada, México

Anuncios

Peligros de la "intervención humanitaria" en Libia

leave a comment »

Revuelta en Magreb y medio oriente
Robert Fisk
Foto

Rebeldes llevan en camión al centro de Bengasi el cadáver de un combatiente simpatizante del gobierno de Muammar KadafiFoto Ap

Conque vamos a tomar todas las medidas necesarias para proteger a los civiles libios, ¿cierto? Lástima que no se nos haya ocurrido hace 42 años. O 41 años. O… bueno, ustedes saben el resto. Y no nos dejemos engañar sobre lo que en realidad significa la resolución del Consejo de Seguridad. Una vez más, será el cambio de régimen. Y así como en Irak –para usar una de las únicas frases memorables de Tom Friedman en ese tiempo–, cuando el último dictador se vaya, ¿quién sabe qué clase de murciélagos saldrán de la caja?

Y luego de Túnez y de Egipto, tenía que ser Libia, ¿verdad? Los árabes de África del norte demandan libertad, democracia, no más opresión. Sí, eso es lo que tienen en común. Pero otra cosa que esas naciones tienen en común es que fuimos nosotros, los occidentales, quienes alimentamos a sus dictaduras década tras década. Los franceses acurrucaron a Ben Alí, los estadunidenses apapacharon a Mubarak y los italianos arroparon a Kadafi hasta que nuestro glorioso líder fue a resucitarlo de entre los muertos políticos.

¿Sería por eso, me pregunto, que no habíamos sabido de lord Blair de Isfaján en fechas recientes? Sin duda debería haber estado allí, aplaudiendo con júbilo ante una nueva intervención humanitaria. Tal vez sólo está tomando un descanso entre episodios. O tal vez, como los dragones en La reina de las hadas, de Spenser, está vomitando en silencio panfletos católicos con todo el entusiasmo de un Kadafi en pleno impulso.

Abramos el telón apenas un poco y observemos la oscuridad que hay detrás. Sí, Kadafi es un orate absoluto, un lunático del nivel de Ajmadineyad de Irán o Lieberman de Israel, quien una vez, por cierto, se puso a fanfarronear con que Mubarak podía irse al infierno, pero se puso a temblar de miedo cuando Mubarak fue en verdad lanzado en esa dirección. Y existe un elemento racista en todo esto.

Medio Oriente parece producir estos personajes… en oposición a Europa, que en los 100 años pasados sólo ha producido a Berlusconi, Mussolini, Stalin y el chaparrito aquel que era cabo en la infantería de reserva del 16 regimiento bávaro y que de plano perdió el seso cuando resultó electo canciller en 1933… pero ahora estamos volviendo a limpiar Medio Oriente y podemos olvidar nuestro propio pasado colonial en este recinto de arena. Y por qué no, cuando Kadafi dice a la gente de Bengasi: “iremos zenga, zenga (callejón por callejón), casa por casa, cuarto por cuarto”. Sin duda es una intervención humanitaria que de veras, de veritas es una buena idea. Después de todo, no habrá tropas en tierra.

Desde luego, si esta revolución fuese suprimida con violencia en, digamos, Mauritania, no creo que exigiéramos zonas de exclusión aérea. Ni en Costa de Marfil, pensándolo bien. Ni en ningún otro lugar de África que no tuviera depósitos de petróleo, gas o minerales o careciera de importancia en nuestra protección de Israel, la cual es la verdadera razón de que Egipto nos importe tanto.

Enumeremos algunas cosas que podrían resultar mal; demos una mirada de soslayo a esos murciélagos que aún anidan en el reluciente y húmedo interior de su caja. Supongamos que Kadafi se aferra en Trípoli y que británicos, franceses y estadunidenses destruyen sus aviones, vuelan sus aeropuertos, asaltan sus baterías de vehículos blindadas y misiles y él sencillamente no desaparece. El jueves observé cómo, poco antes de la votación en la ONU, el Pentágono comenzaba a ilustrar a los periodistas sobre los peligros de toda la operación, precisando que podría llevar días instalar una zona de exclusión aérea.

Luego está la truculencia y villanía de Kadafi mismo. Las vimos este viernes, cuando su ministro del Exterior anunció el cese del fuego y el fin de todas las operaciones militares, sabiendo perfectamente, por supuesto, que una fuerza de la OTAN decidida al cambio de régimen no lo aceptaría y que eso permitiría a Kadafi presentarse como un líder árabe amante de la paz que es víctima de la agresión de Occidente: Omar Mujtar vive de nuevo.

¿Y qué tal si sencillamente no llegamos a tiempo, si los tanques de Kadafi siguen avanzando? Entonces enviamos mercenarios a ayudar a los rebeldes. ¿Nos instalamos temporalmente en Bengasi, con consejeros, ONG y la acostumbrada palabrería diplomática? Nótese cómo, en este momento crítico, no hablamos ya de las tribus de Libia, ese curtido pueblo guerrero que invocamos con entusiasmo hace un par de semanas. Ahora hablamos de la necesidad de proteger al pueblo de Libia, ya sin registrar a los Senoussi, el grupo más poderoso de familias tribales de Bengasi, cuyos hombres han librado gran parte de los combates. El rey Idris, derrocado por Kadafi en 1969, era Senoussi. La bandera rebelde roja, blanca y verde –la vieja bandera de la Libia prerrevolucionaria– es de hecho la bandera de Idris, una bandera Senoussi.

Ahora supongamos que los insurrectos llegan a Trípoli (el punto clave de todo el ejercicio, ¿no es así?): ¿serán bienvenidos allí? Sí, hubo protestas en la capital, pero muchos de esos valientes manifestantes venían de Bengasi. ¿Qué harán los partidarios de Kadafi? ¿Se disgregarán? ¿Se darán cuenta de pronto de que siempre sí odiaban a Kadafi y se unirán a la revolución? ¿O continuarán la guerra civil?

¿Y si los rebeldes entran a Trípoli y deciden que Kadafi y su demente hijo Saif al-Islam deben recibir su merecido, junto con sus matones? ¿Vamos a cerrar los ojos a las matanzas de represalia, a los ahorcamientos públicos, a tratos como los que los criminales de Kadafi han infligido durante tantos años? Me pregunto. Libia no es Egipto. Una vez más, Kadafi es un chiflado y, dado su extraño desempeño con su Libro Verde en el balcón de su casa bombardeada, es probable que de cuando en cuando también monte en cólera.

También está el peligro de que las cosas salgan mal de nuestro lado: las bombas que caen sobre civiles, los aviones de la OTAN que pueden ser derribados o estrellarse en territorio de Kadafi, la súbita sospecha entre los rebeldes/el pueblo libio/los manifestantes por la democracia de que la ayuda de Occidente tiene, después de todo, propósitos ulteriores. Y luego hay una aburrida regla universal en todo esto: en el segundo en que se emplean las armas contra otro gobierno, por mucha razón que se tenga, las cosas empiezan a desencadenarse. Después de todo, los mismos rebeldes que la mañana del jueves expresaban su furia ante la indiferencia de París ondeaban banderas francesas la noche de ese día en Bengasi. ¡Viva Estados Unidos! Hasta que…

Conozco los viejos argumentos. Por mala que haya sido nuestra conducta en el pasado, ¿qué debemos hacer ahora? Es un poco tarde para preguntar eso. Amábamos a Kadafi cuando llegó al poder en 1969 y luego, cuando mostró ser un orate, lo odiamos; después lo volvimos a amar –hablo de cuando lord Blair le estrechó las manos– y ahora lo odiamos de nuevo. ¿Acaso Arafat no tuvo un similar historial de altibajos para los israelíes y los estadunidenses? Primero era un superterrorista que anhelaba destruir a Israel, luego un superestadista que estrechó las manos de Yitzhak Rabin, y luego de nuevo se volvió un superterrorista cuando se dio cuenta de que había sido engañado sobre el futuro de Palestina.

Algo que podemos hacer es ubicar a los Kadafi y Saddam del porvenir que alimentamos hoy, los futuros dementes sádicos de la cámara de torturas que cultivan a sus jóvenes vampiros con nuestra ayuda económica. En Uzbekistán, por ejemplo. Y en Turkmenistán, Tayikistán, Chechenia y otros por el estilo. Hombres con los que tenemos que tratar, que nos venderán petróleo, nos comprarán armas y mantendrán a raya a los terroristas musulmanes.

Todo es tan conocido que fastidia. Y ahora estamos de nuevo en ello, dando puñetazos en el escritorio en unidad espiritual. No tenemos muchas opciones, a menos que queramos ver otro Srebrenica, ¿verdad? Pero un momento: ¿acaso aquello no ocurrió mucho después de que impusimos nuestra zona de exclusión aérea en Bosnia?

© The Independent

La Jornada, México

Traducción: Jorge Anaya

Fukushima: el futuro de la industria nuclear…

with one comment

Alejandro Nadal
Durante la última década la industria nuclear civil fue recuperando algo del terreno que había perdido a raíz de los desastres de Isla de Tres Millas y, sobre todo, Chernobyl. El mejor aliado fue el debate sobre el calentamiento global y el lobby nuclear no desperdició la oportunidad, insistiendo en las casi cero emisiones de gases invernadero y buscando que se olvide el problema de la seguridad y de los desperdicios radiactivos.
 

Ahora el desastre en la central de Fukushima a raíz del terremoto y del tsunami de la semana pasada reabrió el debate. Las explosiones, la fusión parcial del núcleo y las emisiones controladas de material radioactivo podrían haber sido suficientes para recordar a todo mundo que las centrales nucleares constituyen una forma peligrosa de generar energía. Paradójicamente, los pro-nucleares argumentan que la catástrofe en Fukushima es una prueba de que las instalaciones de la industria nuclear civil son sólidas y confiables.

El argumento que se esgrime es que los reactores en Fukushima estuvieron sometidos a un castigo brutal: un terremoto de 8.9 grados y, poco después, un tsunami de grandes proporciones. Eso revela lo robusto y bien diseñado de estos artefactos. De aquí se desliza la conclusión de que la energía nuclear es segura, confiable y económica.

En los últimos 15 años, la compañía japonesa TEPCO, dueña y operadora de la planta de Fukushima, se vio envuelta en una larga historia de mentiras y manipulación de la información sobre la seguridad en sus plantas nucleares. En algunos casos varios de sus funcionarios incurrieron en responsabilidades penales. Su credibilidad es muy pobre y su conducta en esta catástrofe no hace sino empeorar esta situación.

Según TEPCO, las barras de control se insertaron correctamente durante el terremoto o en los minutos que le siguieron en los tres reactores en funcionamiento. Sin embargo, el calor residual en el núcleo del reactor es demasiado intenso y durante varios días es necesario seguir inyectando refrigerante para ir reduciendo la temperatura. Si no se mantiene el flujo de agua, las barras de combustible nuclear pueden fundirse, aún cuando la reacción del reactor haya sido controlada.

El tsunami incapacitó el sistema principal de bombeo de agua para reducir la temperatura. El mecanismo de respaldo entró en funcionamiento, pero no por mucho tiempo pues también resultó afectado por el tsunami. Los operadores de la planta recurrieron a sistemas de bombeo que funcionan con baterías y con generadores móviles, pero eso tampoco duró y poco después el refrigerante al interior de la vasija del reactor se fue evaporando. Para el martes los ingenieros en Fukushima habían optado por el último recurso, inundando el contenedor primario y la vasija de los tres reactores con agua de mar. Este recurso significa que el reactor tendrá que ser desmantelado cuando se extinga la reacción y la temperatura permita iniciar los trabajos en el reactor. La acumulación de hidrógeno provocó las tres explosiones que destruyeron los edificios de los reactores dañados. Los voceros de TEPCO insisten en que el contendor primario y la vasija de los reactores no fueron dañadas por estas explosiones.

Ya se ha producido una fusión parcial del núcleo en por lo menos dos de los reactores del complejo de Fukushima. En un caso las barras de combustible estuvieron expuestas por un periodo de dos horas y media. Su temperatura se mantuvo en niveles altísimos, precipitando la fusión parcial del núcleo. Por otra parte, los movimientos de temperatura y presión al interior de la vasija de dos reactores también son indicio de una fractura en las paredes del contenedor primario. Finalmente, las lecturas de material radioactivo en el interior y en las proximidades de la central nuclear son otro potente indicador de que la integridad del núcleo del reactor en dos de las unidades de Fukushima está gravemente vulnerada.

En caso de una liberación violenta de material radioactivo a la atmósfera, la dirección del viento es un factor importante. Si fracasan los esfuerzos por evitar la fusión de los núcleos de los tres reactores en Fukushima, se puede liberar a la atmósfera una gran cantidad de material radiactivo. Una nube radioactiva inyectada a baja altitud por una emisión de los reactores dañados representa un grave riesgo. Si se presentan vientos en dirección sur-oeste, la zona metropolitana de Tokio-Yokohama se vería amenazada.

Los tres reactores afectados en Fukushima son de agua hirviente (BWR). Dos de ellos son General Electric, casi idénticos a las dos unidades de la planta de Laguna Verde. Habrá que observar en las próximas horas: si los esfuerzos por mantener el flujo de refrigerante fracasan, estaremos frente a una catástrofe inédita. Ni los más ardientes pro-nucleares podrán manipular los hechos y presentar todo esto como una historia de éxito. Hoy, las mentiras del lobby nuclear han quedado a cielo abierto, como el contenedor primario de los tres reactores en Fukushima.

La Jornada, México

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Powered by Qumana

Written by Eduardo Aquevedo

16 marzo, 2011 at 13:29

Publicado en JAPON, NUCLEAR, TERREMOTO

La “Operación Libia” y la Batalla por el Petróleo: Nuevo trazado del mapa de África

leave a comment »

Parte II

Michel Chossudovsky, Global Research

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Véase Parte I: Insurrección e intervención militar en Libia

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

ISRAEL-PALESTINA2Las implicaciones geopolíticas y económicas de una intervención militar dirigida por EEUU y la OTAN contra Libia pueden alcanzar gran magnitud.

Libia es una de las mayores economías petroleras del mundo y cuenta aproximadamente con el 3,5% de las reservas mundiales de petróleo, más de dos veces las de EEUU.

La “Operación Libia” forma parte de una agenda militar más amplia para Oriente Medio y Asia Central, que consiste en obtener el control y la propiedad corporativa de más del 60% de las reservas mundiales de petróleo y gas natural, incluyendo las rutas de oleoductos y gasoductos.

“Los países musulmanes, entre los que se encuentran Arabia Saudí, Iraq, Irán, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Yemen, Libia, Egipto, Nigeria, Argelia, Kazajstán, Azerbaiyán, Malasia, Indonesia, Brunei, poseen entre el 66,2% y el 75,9% del total de las reservas de petróleo, dependiendo de la fuente y metodología de la estimación.” (Véase Michel Chossudovsky, The ‘Demonization’ of Muslims and the Battle for Oil”, Global Research, 4 enero 2007; en español, traducido por Felisa Sastre en:

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=45361)

Con 46.500 millones de barriles de reservas probadas (diez veces las de Egipto), Libia es la mayor economía petrolera en el continente africano, seguida por Nigeria y Argelia (Oil and Gas Journal). En contraste, las probadas reservas petroleras de EEUU son del orden de los 20.600 millones de barriles (diciembre 2008), según Energy Information Administration: “U.S. Crude Oil, Natural Gas, and Natural Gas Liquids Proved Reserves”.

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

NOTA:

Las estimaciones más recientes sitúan las reservas de petróleo de Libia en los 60.000 millones de barriles y sus reservas de gas en los 1.500 millones de metros cúbicos. Su producción está entre los 1,3 y 1,7 millones de barriles por día, bastante por debajo de su capacidad productiva. Su objetivo a largo plazo son 3 millones de barriles por día y una producción de gas de 2.600 millones de pies cúbicos al día, según las cifras de la National Oil Corporation (NOC).

La encuesta estadística (alternativa) sobre la energía efectuada por BP (2008) situaba las reservas probadas de petróleo de Libia a finales de 2007 en los 41.464 millones de barriles, lo que representa el 3,34% de las reservas mundiales probadas (Mbendi: Oil and Gas in Libya – Overview”).

El petróleo es el “trofeo” de las guerras emprendidas por EEUU y la OTAN

Una invasión de Libia bajo un mandato humanitario beneficiaría a los mismos intereses corporativos que la invasión y ocupación de Iraq de 2003. El objetivo subyacente es tomar posesión de las reservas de petróleo de Libia, desestabilizar la National Oil Corporation (NOC) y, finalmente, privatizar la industria petrolera del país, es decir, transferir el control y propiedad de la riqueza petrolera de Libia a manos extranjeras.

La NOC ocupa el puesto 25 entre las Grandes Compañías Petroleras del Mundo. (“The Energy Intelligence ranks NOC among the world’s Top 100 Companies”, Lybiaonline.com).

La planeada invasión de Libia, que está ya en marcha forma parte de la más amplia “Batalla por el Petróleo”. Cerca del 80% de las reservas de petróleo de Libia se sitúan en la cuenca del Golfo de Sirte al este de Libia. (Véase mapa más abajo).

Libia es un Premio de Economía. “La guerra es buena para hacer negocios”. El petróleo es el trofeo de las guerras que EEUU y la OTAN emprenden.

Wall Street, los gigantes petroleros anglo-estadounidenses, los productores de armas de la UE y EEUU serían los beneficiarios tácitos de una campaña militar de EEUU y la OTAN contra Libia.

El petróleo libio es un filón para las grandes del petróleo anglo-estadounidenses. Aunque el valor del crudo en el mercado supera en la actualidad los 100 dólares el barril, el coste del petróleo libio es extremadamente bajo, hasta 1 dólar USA el barril (según una estimación). Como un experto del mercado del petróleo comentó de forma un tanto críptica:

    “Con el crudo a 110 dólares en el mercado mundial, una operación sencilla de matemáticas muestra que Libia tiene un margen de beneficio de 109 dólares.” (Libya Oil, Libya Oil One Country’s $109 Profit on $110 Oil”, EnergyandCapital.com, 12 marzo 2008).

Intereses petroleros extranjeros en Libia

Entre las compañías petroleras extranjeras que operaban en Libia antes de la insurrección bia figuran la TOTAL francesa, la ENI italiana, la China National Petroleum Corp (CNPC), British Petroleum, el consorcio petrolero español REPSOL, ExxonMobil, Chevron, Occidental Petroleum, Hess, Conoco Phillips.

Es importante señalar que China juega un papel central en la industria del petróleo libia. La China National Petroleum Corp (CNPC) tenía, hasta el momento de la repatriación tras los últimos acontecimientos, una fuerza laboral en Libia de 30.000 chinos. Contrasta con la British Petroleum (BP), que tenía tan sólo 40 trabajadores, que fueron también repatriados.

El 11% de las exportaciones petroleras libias va a parar a China. Aunque no hay cifras sobre el tamaño y la importancia de las actividades de exploración y producción de la CNPC, hay indicadores de que son considerables.

En términos generales, Washington considera que la presencia de China en el Norte de África constituye una intrusión. Desde una posición geopolítica, China supone una invasión. La campaña militar contra Libia es también un intento de excluir a China del Norte de África.

También es importante el papel de Italia. ENI, el consorcio petrolero italiano saca 244.000 barriles de gas y petróleo, lo que representa casi el 25% del total de las exportaciones libias. (Sky News: “Foreign oil firms halt Libyan operations”, 23 febrero 2011).

Entre las compañías estadounidenses en Libia, Chevron y la Occidental Petroleum (Oxy) decidieron hace apenas seis meses (octubre 2010) no renovar sus licencias de exploración de gas y petróleo en Libia. (“Why are Chevron and Oxy leaving Libya?” Voice of Russia, 6 octubre 2010). En contraste, en noviembre de 2010, la compañía petrolera alemana R.W. DIA E firmó un acuerdo de gran alcance con la NOC libia que implicaba compartir la producción y exploración (AfricaNews-Libya: “German oil firm signs prospecting deal).

Los intereses financieros, así como el “botín de guerra”, son extremadamente altos. La operación militar responde a un intento de desmantelar las instituciones financieras de Libia, así como de confiscar miles de millones de dólares de los activos financieros libios depositados en bancos occidentales.

Habría que subrayar que las capacidades militares de Libia, incluido su sistema de defensa aérea, son débiles.

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

Concesiones petroleras libias

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

El nuevo mapa de África

Libia tiene las mayores reservas de petróleo en África. El objetivo de la interferencia de EEUU y la OTAN es estratégico: consiste en un saqueo total, en el robo de la riqueza petrolífera de la nación bajo el disfraz de una intervención humanitaria.

Esta operación militar es un intento de establecer la hegemonía estadounidense en el Norte de África, una región históricamente dominada por Francia y, en menor medida, por Italia y España.

Con respecto a Túnez, Marruecos y Argelia, el diseño de Washington busca debilitar los lazos políticos de estos países con Francia y presionar para instalar nuevos regímenes políticos que tengan una estrecha relación con EEUU. Este debilitamiento de Francia es parte del diseño imperial estadounidense. Es un proceso histórico que se remonta a las guerras en Indochina.

Redistribución colonial de Africa (1913)

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

La intervención de EEUU y la OTAN buscando la eventual formación de un régimen-títere de EEUU es también un intento de excluir a China de la región arrebatándole el puesto que ocupa la China National Petroleum Corp. Los gigantes del petróleo anglo-estadounidense, entre los que estaría la British Petroleum, que firmó un contrato de exploración en 2007 con el gobierno de Gadafi, están entre los potenciales “beneficiarios” de la operación militar diseñada por EEUU y la OTAN.

En un sentido más amplio, lo que está en juego es el diseño de un nuevo mapa de África, otro proceso de redistribución neocolonial, el desguace de las demarcaciones de la Conferencia de Berlín de 1884: la conquista de África por EEUU en alianza con Gran Bretaña en una operación dirigida por EEUU y la OTAN.

Libia: La puerta estratégica sahariana al África Central

Libia tiene fronteras con varios países que están dentro de la esfera de influencia de Francia, entre ellos Argelia, Túnez, Níger y el Chad.

El Chad es potencialmente una economía rica en petróleo, ExxonMobil y Chevron tienen intereses en el Sur del Chad, incluido un proyecto para un oleoducto. El Sur del Chad es una puerta hacia la región de Darfur en Sudán, que también tiene valor estratégico como consecuencia de su riqueza petrolera.

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

Fuente www.hobotraveler.com

China tiene intereses petrolíferos tanto en Chad como en Sudán. La China National Petroleum Corp firmó un acuerdo de largo alcance con el gobierno del Chad en 2007.

Níger es también un punto estratégico para EEUU en vista de sus amplias reservas de uranio. En el momento actual, Francia domina la industria de uranio en Níger a través del conglomerado nuclear francés Areva, anteriormente conocido como Corema. China participa también de la industria de uranio de Níger.

En sentido más general, la frontera sur de Libia resulta de interés estratégico para EEUU en su búsqueda para extender su esfera de influencia en el África francófona, un inmenso territorio que se extiende desde el Norte de África hasta el Centro y Oeste del continente. Históricamente, esta región formó parte de los imperios coloniales de Francia y Bélgica, cuyas fronteras se establecieron en la Conferencia de Berlín de 1884.

EEUU jugó un papel pasivo en la Conferencia de Berlín de 1884. Este nuevo reparto del continente africano del siglo XXI, basado en el control del petróleo, del gas natural y de minerales estratégicos (cobalto, uranio, cromo, manganeso, platino y uranio) es en gran medida consecuencia de los intereses corporativos dominantes anglo-estadounidenses.

La interferencia estadounidense en el Norte de África redefine la geopolítica de toda una región. Socava los intereses de China y eclipsa la influencia de la Unión Europea.

Este nuevo trazado de África no sólo debilita el papel de las antiguas potencias coloniales (incluidas Francia e Italia) en el Norte de África, sino que también forma parte de un proceso más amplio de desplazamiento y debilitamiento de Francia (y Bélgica) sobre una gran parte del continente africano.

EEUU ha instalado en gran parte del continente africano una serie de regímenes-títere en países que históricamente estuvieron en la esfera de influencia de Francia (y Bélgica), incluyendo la República del Congo y Ruanda. Está previsto que varios países del Oeste de África (entre ellos Costa de Marfil) se conviertan en estados por poderes de EEUU.

La Unión Europea depende fuertemente del flujo del petróleo libio. El 85% de ese petróleo se vende a países europeos. En el caso de una guerra con Libia, el suministro de petróleo a Europa Occidental podría verse interrumpido, afectando en gran medida a Italia, Francia y Alemania. El 30% del petróleo de Italia y el 10% de su gas se importan de Libia. El gas libio discurre a través del gasoducto Greenstream que atraviesa el Mediterráneo.

Greenstream: el gasoducto que une Libia con Italia

Las implicaciones de esas potenciales interrupciones pueden ser de largo alcance. También repercutirán directamente en la relación entre Estados Unidos y la Unión Europea.

Comentarios finales

Los medios de comunicación dominantes, mediante una desinformación masiva, están siendo cómplices al justificar una agenda militar que, si llega a ponerse en marcha, tendría devastadoras consecuencias no sólo para el pueblo libio: los impactos sociales y económicos se dejarían sentir en el mundo entero.

Por el momento hay tres escenarios de guerra distintos en la amplia región que conforman Oriente Medio y Asia Central: Palestina, Afganistán e Iraq. En el caso de un ataque contra Libia, se abriría un cuarto escenario en el Norte de África, con riesgo de una escalada militar.

La opinión pública debe tener conocimiento de la agenda oculta tras esta supuesta intervención humanitaria, anunciada como “Guerra Justa” por los jefes de estado y los jefes de gobierno de países de la OTAN. La teoría de la Guerra Justa tanto en su versión clásica como contemporánea defiende la guerra como “operación humanitaria”. Llama a la intervención militar a partir de supuestos morales y éticos contra “estados canallas” y “terroristas islámicos”. La teoría de la Guerra Justa se utilizar para satanizar al régimen de Gadafi a la vez que proporciona un mandato humanitario a la intervención militar de EEUU y la OTAN.

Los jefes de estado y de gobierno de los países de la OTAN son los arquitectos de la guerra y destrucción en Iraq y Afganistán. A través de una lógica tremendamente tortuosa, se les aclama como las voces de la razón, como los representantes de la “comunidad internacional”.

Las realidades se trastocan. Unos criminales de guerra, indiscutibles guardianes de la teoría de la Guerra Justa, lanzan una intervención humanitaria desde sus altos puestos de poder.

Abu Ghraib, Guantánamo… Las víctimas civiles en Pakistán como consecuencia de los ataques con aviones no tripulados sobre pueblos y ciudades ordenados por el presidente Obama no son precisamente noticias que aparezcan en primera plana, ni tampoco los dos millones de civiles muertos en Iraq.

No existe eso de la “Guerra Justa”. Hay que comprender la historia del imperialismo estadounidense. El Informe del 2000 del Proyecto del New American Century (PNAC) se titulaba “Rebuilding America’s Defenses” y pedía la puesta en marcha de una guerra larga, una guerra de conquista. Uno de los principales componentes de esa agenda militar es el siguiente: “Combatir para ganar contundentemente en múltiples y simultáneos escenarios bélicos”.

La “Operación Libia” es parte de ese proceso. Es otro de los escenarios en la lógica del Pentágono de “escenarios de guerra simultáneos”.

El documento del PNAC refleja fielmente la evolución de la doctrina bélica estadounidense desde 2001. EEUU tiene planeado implicarse simultáneamente en varios escenarios bélicos en diferentes regiones del mundo.

Si bien proteger a EEUU sigue siendo un objetivo de la “Seguridad Nacional” de los EEUU, el informe del PNAC explica detalladamente por qué son necesarios todos esos escenarios múltiples de guerra. Y en el mismo no se menciona siquiera la justificación humanitaria.

¿Cuál es el objetivo de la hoja de ruta del ejército de EEUU?

Atacarán Libia porque es uno de los varios países que se mantiene fuera de la órbita de influencia de EEUU y que no se ha avenido a las demandas estadounidenses. Libia es un país que ha sido seleccionado para integrar una “hoja de ruta” bélica que consiste en “múltiples y simultáneos escenarios de guerra”. En palabras del ex Comandante en Jefe de la OTAN General Wesley Clark:

    “En noviembre de 2001, en el Pentágono, uno de los oficiales de alto rango del estado mayor del ejército tuvo tiempo para charlar. ‘Sí, todavía seguimos con los planes contra Iraq’, dijo. Pero había más. ‘Eso se discutió como parte de una campaña para cinco años’, dijo, y había ‘un total de siete países en la agenda: se empezaría con Iraq, después Siria, Líbano, Libia, Irán, Somalia y Sudán’…” (Wesley Clark, “Winning Modern Wars”, página 130).

Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=23605

Written by Eduardo Aquevedo

15 marzo, 2011 at 22:00

El colapso del viejo orden petrolero…

leave a comment »

Cómo terminará la era del petróleo
Tom Dispatch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Introducción del editor de TomDispatch

La media del precio de la gasolina en el surtidor actualmente es de 3,65 dólares por galón en California y ya ha llegado a 4 dólares en San Francisco y Chicago. En todo el país cuesta 3,38 dólares, un aumento de 20 centavos en la última semana (seis centavos sólo el viernes pasado). Mientras tanto, en sus declaraciones ante el Comité Bancario del Senado el martes, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, habló con optimismo de la economía y negó que el aumento del precio del petróleo impulsado por la agitación en Medio Oriente pudiera tener ninguna repercusión. «El resultado más probable —dijo— es que el reciente aumento en los precios de las materias primas lleve, en el peor de los casos, a un aumento temporal y relativamente modesto de la inflación de los precios para los consumidores estadounidenses».

Por supuesto, damos por sentado que nadie que circule con su coche dentro de la carretera de circunvalación de Washington tiene que llenar el depósito de gasolina. Para ellos, el dolor en la gasolinera puede ser «temporal y relativamente modesto», pero vaya a decírselo al 9% de estadounidenses desocupados (según las estadísticas oficiales) que todavía tienen que conducir un coche, en lo que a Bernanke y a cualquier otro que no esté sufriendo les parece que no es una recesión. En 1940, el último año de la Gran Depresión, la tasa de desempleo fue 14,6%, y en esos días todavía no habían dejado de contar a los que estaban demasiado desalentados como para buscar trabajo. En ese sentido, considera lo que está sucediendo en los surtidores como algo equivalente al asesinato del sustento y ahora imagina que, al llegar el verano (si no mucho antes), el precio de un galón de gasolina a nivel nacional podría, como antes de la catástrofe económica global de 2008, acercarse a la marca de los 4 dólares por galón, y tal vez seguir aumentando.

Después de todo, los temores por el oro líquido, como lo dijo recientemente la página de negocios del New York Times, «han puesto nervioso al mundo del petróleo», y ya se oyen los primeros murmullos que temen una próxima «crisis del petróleo» o incluso que el surtidor marque los 5 dólares. Y con razones. El suministro de petróleo de Medio Oriente es ahora mucho más vulnerable ante todo tipo de trastornos, incluido el sabotaje, de que lo que mucha gente piensa. Como escribió recientemente Juan Cole: «Los trabajadores en el Golfo [Pérsico] descontentos con sus vidas, a diferencia de los maestros de escuela de Wisconsin, pueden desestabilizar la economía si así lo deciden». Y hay que recordar que es sólo el punto de vista a corto plazo. Si se trata de un experto en energía como Michael Clare, colaborador regular de TomDispatch, autor de Rising Powers, Shrinking Planet, perpetuamente adelantado a los acontecimientos cuando se trata de un futuro de recursos limitados, sabremos que es solo el comienzo del fin de la era del petróleo y parte de nuestro duro ingreso a un mundo de energía extrema. Tom

El colapso del viejo orden petrolero

Cómo terminará la era del petróleo

Michael T. Klare 

Sea cual sea el resultado de las protestas, levantamientos, y rebeliones que ahora afectan a Medio Oriente, una cosa es segura: el mundo del petróleo cambiará para siempre. Hay que considerar todo lo que está sucediendo sólo como el primer temblor de un terremoto que estremecerá hasta la médula a nuestro mundo.

Durante un siglo, a partir del descubrimiento de petróleo en el sudoeste de Persia, antes de la Primera Guerra Mundial, las potencias occidentales han intervenido repetidamente en Medio Oriente para asegurar la supervivencia de gobiernos autoritarios dedicados a producir petróleo. Sin semejantes intervenciones, la expansión de las economías occidentales después de la Segunda Guerra Mundial y la actual opulencia de las sociedades industriales serían inconcebibles.

Esa, sin embargo, sería la noticia que debiera estar en las primeras planas de los periódicos por doquier: El viejo orden petrolero se muere y, con su defunción, veremos el fin del petróleo barato y fácilmente accesible; para siempre.

El fin de la era del petróleo 

Tratemos de apreciar lo que exactamente está en peligro en el tumulto actual. Para comenzar, casi no hay modo de hacerle honor al papel crítico jugado por el petróleo de Medio Oriente en la ecuación energética del mundo. Aunque el carbón barato alimentó la Revolución Industrial original, alimentando los ferrocarriles, los barcos a vapor, y las fábricas, el petróleo barato ha posibilitado el automóvil, la industria de la aviación, los barrios residenciales, la agricultura mecanizada, y la explosión de la globalización económica. Y mientras fueron sólo un puñado de áreas clave en la producción de petróleo las que lanzaron la Era del Petróleo (EE.UU., México, Venezuela, Rumania, el área alrededor de Bakú, en lo que era entonces el imperio zarista ruso, y las Indias Orientales Neerlandesas), es el Medio Oriente el que ha satisfecho la sed de petróleo del mundo desde la Segunda Guerra Mundial.

En 2009, el año más reciente para el que existe ese tipo de datos, BP informó que los proveedores en Medio Oriente y el Norte de África produjeron en total 29 millones de barriles al día, o sea, un 36% del suministro total de petróleo del mundo. Esta información no nos da ni la más remota idea de la importancia de la región para la economía petrolera. Más que ninguna otra área, Medio Oriente ha canalizado su producción hacia mercados de exportación para satisfacer el hambre de energía de potencias importadoras de petróleo como EE.UU., China, Japón, y la Unión Europea (UE). Estamos hablando de 20 millones de barriles canalizados cada día a los mercados de exportación. Comparemos eso con Rusia, el mayor productor individual del mundo, con siete millones de barriles en petróleo exportable, el continente africano con seis millones, y Suramérica con sólo un millón.

Lo que pasa es que los productores de Medio Oriente serán aún más importantes en los años por venir porque poseen lo que se calcula en dos tercios de las reservas no explotadas del petróleo restante. Según las recientes estimaciones del Departamento de Energía de EE.UU., Medio Oriente y el Norte de África proveerán en su conjunto aproximadamente un 43% del suministro mundial de crudo de petróleo en 2035 (un aumento, en comparación con un 37% en 2007), y producirán una parte aún mayor del petróleo exportable del mundo.

Dicho en pocas palabras: la economía mundial requiere de un creciente suministro de petróleo asequible. Sólo Medio Oriente puede proveerlo. Por eso, los gobiernos occidentales han apoyado durante mucho tiempo regímenes autoritarios «estables» en toda la región, suministrando y entrenando regularmente a sus fuerzas de seguridad. Ahora, ese orden embrutecedor y petrificado, cuyo mayor éxito fue producir petróleo para la economía mundial, se está desintegrando. No hay que contar con ningún nuevo orden (o desorden) que suministre suficiente petróleo barato para preservar la Era del Petróleo.

Para apreciar por qué será así, conviene presentar una pequeña lección de historia.

El golpe iraní 

Después de que la Compañía Anglo-Persa de Petróleo (APOC) descubriera petróleo en Irán (conocido entonces como Persia) en 1908, el gobierno británico intentó ejercer su control imperial sobre el Estado persa. El creador principal de ese impulso fue el Primer Lord del Almirantazgo, Winston Churchill. Después de ordenar la conversión de los barcos de guerra británicos de carbón a petróleo antes de la Primera Guerra Mundial y determinado a colocar una importante fuente de petróleo bajo el control de Londres, Churchill orquestó la nacionalización de APOC en 1914. En la víspera de la Segunda Guerra Mundial, el entonces primer ministro Churchill supervisó la remoción del gobernante pro alemán de Persia, Shah Reza Pahlavi, y el predominio de su hijo de 21 años, Mohamed Reza Pahlavi.

Aunque tendía a ensalzar sus (míticos) vínculos con los imperios persas del pasado, Mohamed Reza Pahlavi fue un instrumento al servicio de los británicos. Sus súbditos, sin embargo, se mostraron cada vez menos dispuestos a tolerar el servilismo ante los déspotas imperiales de Londres. En 1951, el democráticamente elegido primer ministro Mohamed Mossadeq obtuvo el apoyo parlamentario para la nacionalización de la APOC, rebautizada para entonces como Compañía Petrolera Anglo-Iraní (AIOC). La acción fue extremadamente popular en Irán, pero en Londres provocó el pánico. En 1953, para salvar su gran presea, los dirigentes británicos conspiraron infamemente con el gobierno del presidente Dwight Eisenhower y la CIA para organizar un golpe de Estado que depuso a Mossadeq y trajo al Shah Pahlavi de vuelta de su exilio en Roma, una historia relatada recientemente con mucho estilo por Stephen Kinzer en All the Shah’s Men.

Hasta que fue derrocado en 1979, el Shah ejerció un control implacable y dictatorial sobre la sociedad iraní, gracias en parte a la generosa ayuda militar y policial de EE.UU. Primero aplastó a la izquierda secular, aliada de Mossadeq, y luego a la oposición religiosa, encabezada desde el exilio por Ayatolá Ruhollah Jomeini. Frente a su brutal contacto con el equipamiento policial y carcelario suministrado por EE.UU., los oponentes del shah llegaron a detestar en la misma medida a su monarquía y a Washington. En 1979, por cierto, el pueblo iraní salió a las calles, el shah fue derrocado y Ayatolá Jomeini llegó al poder.

Se puede aprender mucho de esos eventos que llevaron al actual impasse en las relaciones entre EE.UU. e Irán. El punto crucial que hay que comprender, sin embargo, es que la producción de petróleo iraní nunca se recuperó de la revolución de 1979-1980.

Entre 1973 y 1979, Irán había logrado una producción de casi seis millones de barriles de petróleo por día, una de las mayores del mundo. Después de la revolución, AIOC (rebautizada como British Petroleum, o después simplemente BP) fue nacionalizada por segunda vez, y los gerentes iraníes volvieron a hacerse cargo de las operaciones de la compañía. Para castigar a los nuevos dirigentes de Irán, Washington impuso duras sanciones comerciales, obstaculizando los esfuerzos de la compañía petrolera estatal de obtener tecnología y ayuda extranjera. La producción iraní cayó a dos millones de barriles por día e incluso dos décadas después, ha vuelto a sólo poco más de cuatro millones de barriles por día, a pesar de que el país posee las segundas de reservas por su tamaño de petróleo después de Arabia Saudí.

Los sueños del invasor 

Iraq siguió una trayectoria inquietantemente similar. Bajo Sadam Hussein, la Compañía de Petróleo de Iraq (IPC), estatal, produjo hasta 2,8 millones de barriles al día hasta 1991, cuando la Primera Guerra del Golfo con EE.UU. y las sanciones resultantes hicieron caer la producción a medio millón de barriles al día. Aunque en 2001 la producción había vuelto a subir a casi 2,5 millones de barriles al día, nunca volvió a llegar a los niveles anteriores. Mientras el Pentágono se preparaba para la invasión de Iraq a fines de 2002, los círculos informados del gobierno de Bush y los expatriados iraquíes bien conectados hablaban como en sueños de una futura era dorada en la cual las compañías petroleras extranjeras volverían a ser invitadas al país, la compañía petrolera nacional sería privatizada, y la producción llegaría a niveles nunca vistos anteriormente.

¿Quién puede olvidar el esfuerzo que el gobierno de Bush y sus funcionarios en Bagdad invirtieron en la realización de su sueño? Después de todo, los primeros soldados estadounidenses en llegar a la capital protegieron el edificio del Ministro del Petróleo, incluso mientras soltaban a saqueadores iraquíes en el resto de la ciudad. L. Paul Bremer III, el procónsul elegido posteriormente por el presidente Bush para supervisar el establecimiento de un nuevo Iraq, llevó a un equipo de ejecutivos petroleros estadounidenses para supervisar la privatización de la industria petrolera del país, mientras el Departamento de Energía de EE.UU. predecía con confianza en mayo de 2003 que la producción iraquí aumentaría a 3,4 millones de barriles por día en 2005, 4,1 millones de barriles en 2010, y 5,6 millones en 2020.

Nada de esto sucedió, claro está. Para muchos iraquíes de a pie, la decisión de EE.UU. de dirigirse de inmediato al edificio del Ministerio del Petróleo fue un momento decisivo, un instante que transformó en cólera y hostilidad el posible apoyo para el derrocamiento de un tirano. El impulso de Bremer por privatizar la compañía petrolera estatal produjo, de la misma manera, una encarnizada reacción nacionalista entre los ingenieros iraquíes del petróleo, quienes esencialmente torpedearon el plan. En seguida, estalló la insurgencia suní hecha y derecha. La producción de petróleo bajó rápidamente, llegando a un promedio de tan sólo 2 millones de barriles por día entre 2003 y 2009. En 2009, finalmente volvió a la marca de 2,5 millones de barriles, lejos de esos soñados 4,1 millones.

Es fácil llegar a una conclusión: los esfuerzos de extraños por controlar el orden político en Medio Oriente para obtener una mayor producción de petróleo generarán inevitablemente presiones contrapuestas que resultarán en una disminución de la producción. EE.UU. y otras potencias que observan los levantamientos, rebeliones, y protestas que estallan en Medio Oriente deberían ciertamente tener cuidado: sean cuales sean sus deseos políticos o religiosos, las poblaciones locales siempre llegan a albergar una hostilidad feroz y apasionada a la dominación extranjera y, a la hora de la verdad, elegirán la independencia y la posibilidad de libertad antes que el aumento de la producción de petróleo.

Puede que las experiencias de Irán e Iraq no sean comparables en el sentido usual con las de Argelia, Bahréin, Egipto, Iraq, Jordania, Libia, Omán, Marruecos, Arabia Saudí, Sudán, Túnez, y Yemen. Sin embargo, todos ellos (y otros países que probablemente se sumarán al tumulto) exhiben algunos elementos del mismo molde político autoritario y todos están conectados con el viejo orden petrolero. Argelia, Egipto, Iraq, Libia, Omán, y Sudán son productores de petróleo. Egipto y Jordania protegen oleoductos vitales y, en el caso de Egipto, un canal esencial para el transporte de petróleo; Bahréin y Yemen, así como Omán, ocupan puntos estratégicos a lo largo de las principales vías marítimas del petróleo. Todos han recibido una ayuda militar estadounidense sustancial y/o albergado importantes bases militares de EE.UU. Y, en todos estos países, el grito es el mismo: «El pueblo quiere la caída del régimen».

Dos de esos regímenes ya han caído, tres se tambalean, y otros están en peligro. El impacto sobre los precios globales del petróleo ha sido rápido y despiadado: el 24 de febrero, el precio de entrega de crudo North Brent, un parámetro de la industria, casi llegó a 115 dólares el barril, el mayor desde la catástrofe económica global de octubre de 2008. El West Texas Intermediate, otra constante del crudo, cruzó amenazadoramente el umbral de los 100 dólares.

Por qué los saudíes son esenciales 

Hasta ahora, el productor más importante de Medio Oriente, Arabia Saudí, no ha mostrado señales obvias de vulnerabilidad, o los precios se hubieran disparado aún más. Sin embargo, la casa real del vecino Bahréin ya está en apuros; decenas de miles de manifestantes (más de un 20% de su población de medio millón) han salido repetidamente a las calles, a pesar de la amenaza de que se abriera fuego con munición de guerra, en un movimiento por la abolición del gobierno autocrático del rey Hamad ibn Isa al-Khalifa, y su reemplazo por un régimen genuinamente democrático.

Esos eventos son especialmente preocupantes para la dirigencia saudí, ya que el ímpetu por el cambio en Bahréin es dirigido por la maltratada población chií del país contra la elite suní gobernante, atrincherada en el poder. Arabia Saudí también contiene una gran población chií, aunque no mayoritaria como en Bahréin, que también ha sufrido discriminación por parte de los gobernantes suníes. Hay ansiedad en Riad ante la posibilidad de que la explosión en Bahréin pueda extenderse a la Provincia Oriental, rica en petróleo y la única área del reino en la cual los chiíes son mayoría, desafiando así al régimen. En parte para prevenir cualquier rebelión juvenil, el rey Abdullah, de 87 años, acaba de prometer 10.000 millones de dólares en subvenciones, como parte de un paquete de cambios de 36.000 millones, en ayudas al matrimonio de los jóvenes ciudadanos saudíes, para que obtengan casas y apartamentos.

Incluso si la rebelión no llega a Arabia Saudí, el viejo orden del petróleo de Medio Oriente no puede ser reconstruido. Es seguro que el resultado será una disminución a largo plazo en la disponibilidad futura de petróleo exportable.

Tres cuartos de los 1,7 millones de barriles de petróleo que Libia produce a diario desaparecieron rápidamente del mercado al propagarse la agitación en ese país. Gran parte puede permanecer desconectado y fuera del mercado hasta un futuro indefinido. Se espera que Egipto y Túnez restauren pronto la producción, modesta en ambos países, a niveles anteriores a la rebelión, pero es poco probable que adopten el modelo de grandes sociedades conjuntas con firmas extranjeras que podrían aumentar la producción mientras diluyen el control local. Iraq, cuya principal refinería de petróleo fue muy dañada por los insurgentes sólo la semana pasada, e Irán, no dan señales de ser capaces de aumentar significativamente la producción en los años por venir.

El protagonista crítico es Arabia Saudí, que acaba de aumentar la producción para compensar las pérdidas libias en el mercado global. Pero no hay que esperar que ese modelo se mantenga eternamente. Suponiendo que la familia real sobreviva la actual vuelta de levantamientos, indudablemente tendrá que desviar una mayor parte de su producción diaria de petróleo para satisfacer los crecientes niveles de consumo interno y alimentar a las industrias petroquímicas locales, que pueden suministrar puestos de trabajo mejor remunerados a una población intranquila y en rápido crecimiento.

Entre 2005 y 2009, los saudíes usaron cerca de 2,3 millones de barriles al día, dejando cerca de 8,3 millones de barriles para la exportación. Sólo si Arabia Saudí sigue suministrando por lo menos tanto petróleo a los mercados mundiales, el mundo podrá llegar a satisfacer las necesidades mínimas de petróleo previstas. No es probable que así sea. Los miembros de la familia real saudí se han mostrado renuentes a aumentar la producción sobre los 10 millones de barriles al día, por temor a dañar sus yacimientos restantes y a causar baja en los futuros ingresos de sus numerosos descendientes. Al mismo tiempo, se espera que el aumento en la demanda interior consuma una parte cada vez mayor de la producción neta de Arabia Saudí. En abril de 2010, el director ejecutivo de Saudi Aramco, de propiedad estatal, Khalid al-Falih, predijo que el consumo interno podría llegar al asombroso nivel de 8,3 millones de barriles diarios en 2028, dejando sólo unos pocos millones de barriles disponibles para la exportación, con lo que se asegura que, si el mundo no puede cambiar a otras fuentes de energía, habrá una escasez extrema de petróleo.

En otras palabras, si se traza una trayectoria razonable de los actuales eventos en Medio Oriente, ya se ve lo que se avecina. Ya que ninguna otra área es capaz de reemplazar al Medio Oriente como el principal exportador de petróleo del mundo, la economía petrolera se debilitará y con ella, la economía global en su conjunto.

Hay que considerar el reciente aumento en el precio del petróleo como sólo un débil y temprano temblor que anuncia el terremoto petrolero que tendrá lugar. El petróleo no desaparecerá de los mercados mundiales, pero en las próximas décadas no volverá a llegar a los volúmenes necesarios para satisfacer la demanda mundial proyectada, lo que significa que, más temprano que tarde, la escasez se convertirá en la condición dominante en el mercado. Sólo el rápido desarrollo de fuentes alternativas de energía y una dramática reducción del consumo de petróleo salvarán al mundo de las peores repercusiones económicas.

…………

Michael T. Klare es profesor de estudios de Paz y Seguridad Mundial en el Hampshire College. Su último libro es Rising Powers, Shrinking Planet: The New Geopolitics of Energy (Metropolitan Books). 

Copyright 2011 Michael T. Klare

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175362/

Rebelion.org

Tags: , , , , , , , , , , ,

Powered by Qumana

Written by Eduardo Aquevedo

13 marzo, 2011 at 18:44

La revuelta árabe remodela el orden mundial…

leave a comment »

M K Bhadrakumar, Asia Times Online
 

India, Brasil y Sudáfrica han fastidiado los planes de EE.UU., que hasta el martes parecían moverse inexorablemente hacia la imposición de una zona de exclusión aérea sobre Libia.

Presumiblemente EE.UU. todavía puede imponer dicha zona, pero entonces el presidente Obama tendrá que beber del cáliz envenenado y resucitar la controvertida doctrina de su predecesor del “unilateralismo” y de la “coalición de los dispuestos” posterior a la Guerra Fría. Si lo hace, a Obama no le quedará ningún sitio donde ocultarse y habrá fracasado en todo lo que ha hecho en su presidencia para neutralizar la imagen de “matón” de EE.UU.

Nueva Delhi auspició el martes una reunión a nivel de ministros de exteriores con Brasil y Sudáfrica, que debía haber sido una ocasión inocua para alguna cooperación retórica “Sur-Sur”. Al contrario, el evento llegó al terreno de un orden mundial atribulado y de un tambaleante sistema internacional contemporáneo. La reunión adoptó una clara posición negativa ante la creciente intención occidental de imponer una zona de exclusión aérea sobre Libia.

Todo indica que EE.UU. y sus aliados, que ayudan política, militar y financieramente a los rebeldes libios, esperaban conseguir un “pedido del pueblo libio” en un día o dos en el peor de los casos como una tapadera parra para solicitar al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas un mandato para imponer sanciones bajo los auspicios de la OTAN. Los rebeldes libios son un grupo dividido: elementos nacionalistas se oponen acérrimamente a una intervención extranjera y los islamistas por su parte se oponen a cualquier intervención occidental.

“Unilateralismo”, la única opción sobre la mesa

Los ministros de defensa de la OTAN celebaron una reunión en Bruselas el martes para estudiar una posible intervención de la alianza en Libia. La asistencia a la reunión del secretario de defensa de EE.UU., Robert Gates, indica la importancia otorgada a la preparación de la eventual intervención de la alianza en Libia. Gates no participó en una reunión informal anterior de los ministros de defensa de la OTAN sobre Libia que se celebró cerca de Budapest hace una quincena.

La diplomacia de EE.UU. y Gran Bretaña actuó por una pista paralela llamando a una posición unificada de los rebeldes libios para buscar una intervención internacional en su país y específicamente en la forma de una zona de exclusión aérea. La Liga Árabe y la Unión Africana también mantienen una posición ambigua con respecto a ese tipo de zona.

El cálculo de Obama es que si se pudiera conseguir un “pedido del pueblo” libio, él y Occidente serían absueltos en términos históricos de la culpa de invadir a un país soberano miembro de las Naciones Unidas –por lo menos, desde un punto de vista moral y político– y también impulsaría a la Liga Árabe y a la Unión Africana hacia esa iniciativa.

Como también es un conocido intelectual calculador, Obama es un político singular y se puede confiar en que tenga un agudo sentido de la historia. Su predecesor George W. Bush habría actuado con “audacia” en circunstancias semejantes, una expresión que se asocia irónicamente a Obama.

La cita de Obama con la historia ciertamente lo fastidia en su toma de decisiones sobre Libia. Robert Fisk, el conocido cronista de asuntos de Medio Oriente para el periódico Independent de Londres, escribió el lunes un sensacional despacho en el que dice que el gobierno de Obama ha pedido la ayuda del rey Abdullah de Arabia Saudí para transportar en secreto armas estadounidenses a los rebeldes libios en Bengasi, que serían pagadas por Riad a fin de que la Casa Blanca no tenga que rendir cuentas al Congreso de EE.UU. y para que no haya un rastro que lleve a Washington.

La depravación moral de la iniciativa –contratar los servicios de un autócrata para ampliar las fronteras de la democracia– subraya el deseo obsesivo de Obama de camuflar cualquier intervención unilateral en Libia "negándola" a cualquier precio.

Y ahora viene el golpe duro de la reunión de Delhi. Los tres ministros de exteriores que pertenecen al foro conocido por el simpático acrónimo IBSA (India-Brasil-Sudáfrica) frustraron los mejores planes de Obama al emitir un comunicado conjunto el martes en el cual “subrayaron que una zona de exclusión en el espacio aéreo libio o cualquier medida coercitiva fuera de las previstas en la Resolución 1970, sólo se pueden contemplar legítimamente en pleno cumplimiento con la Carta de la ONU y dentro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”.

El ministro de eEteriores brasileño, Antonio de Aguiar Patriota, dijo a los medios en Delhi que la declaración del bloque IBSA constituye una “idea importante” de lo que piensa el mundo no occidental. Dijo: “El recurso a una zona de exclusión aérea es expeditivo cuando es adoptado por un país, pero debilita el sistema de seguridad colectiva y provoca consecuencias indirectas perjudiciales para el objetivo que tratamos de lograr”. Patriota agregó:

“Es muy problemático intervenir militarmente en una situación de agitación interior. Cualquiera decisión de adoptar una intervención militar tiene que considerarse en el marco de la ONU y en estrecha coordinación con la Unión Africana y la Liga Árabe. Es muy importante mantenerse en contacto con ellos e identificarse con su percepción de la situación.”

Explicó que medidas como una zona de exclusión aérea podrían empeorar una mala situación mala al incentivar sentimientos antiestadounidenses y antioccidentales “que no han aparecido hasta ahora”.

De igual importancia fue el hecho de que el trío de ministros de exteriores también redactó una declaración conjunta sobre la situación general en Medio Oriente. Bautizada como “Declaración del bloque IBSA”, reiteró la esperanza de los tres países de que los cambios que estremecen al Medio Oriente y al Norte de África deben “seguir un camino pacífico” y expresó su confianza en una “salida positiva en armonía con las aspiraciones de la gente”.

Una parte altamente significativa de la declaración fue su reconocimiento desde el principio de que el problema palestino se encuentra en el centro mismo de la gran alienación de Medio Oriente y que los “recientes sucesos en la región pueden ofrecer una posibilidad para una paz exhaustiva… Este proceso debería incluir la solución del conflicto israelí-palestino… que llevará a una solución de dos Estados, con la creación de un Estado palestino soberano, independiente, unido y viable, que coexista pacíficamente junto a Israel, con fronteras seguras, previas a 1967, y con Jerusalén Este como su capital.”

El ‘P-5’ pierde brillo

Israel se enfurecerá ante la declaración. Aparte de eso, ¿les importa a Obama y a la OTAN si tres países de tres continentes alejados defienden una posición común sobre una zona de exclusión aérea? ¿Quiénes son esos países después de todo? Pero, sí importa. Dicho simplemente, sucede que los tres países también sirven actualmente como miembros no permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU y sucede que su posición tiene una gran visibilidad en el orden de importancia mundial con respecto a Libia.

Las indicaciones en Delhi son que por lo menos otro miembro no permanente del Consejo de Seguridad es un “compañero de ruta”, el Líbano. Es decir “la voz árabe” en el Consejo de Seguridad. En breve, lo que escuchamos es una voz colectiva afro-asiática, árabe y latinoamericana y no se puede ignorar fácilmente. Todavía más importante es que la posición del IBSA coloca apor lo menos a dos potencias con derecho a veto permanente dentro del Consejo de Seguridad frente a un difícil dilema.

Rusia afirma que su política exterior se opone al “unilateralismo” de EE.UU. y que se ajusta estrictamente a los cánones del derecho internacional y de la carta de la ONU. China insiste en que representa a los países en desarrollo. Ahora, la posición del IBSA prácticamente imposibilita que se llegue a algún acuerdo "faustiano" con EE.UU. y las potencias occidentales con respecto a Libia dentro del grupo aislado de las potencias con derecho a veto del Consejo de Seguridad, conocido comúnmente como P-5.

Por ello, la declaración conjunta del IBSA, de modo muy parecido a la iniciativa turca-brasileña sobre el problema nuclear de Irán, se burla virtualmente de la hipocresía moral del P-5 y de su modo de actuar secreto.

Irónicamente, Delhi adoptó el comunicado del IBSA incluso mientras el vicepresidente de EE.UU., Joseph Biden, volaba hacia Moscú para amplias discusiones sobre la futura trayectoria del reajuste entre su país y Rusia. Cualquier trueque estadounidense-ruso con respecto a Libia dentro del ámbito del reajuste aparecería ahora como un acto de oportunismo político falto de principios.

El predicamento chino no será menos difícil si recurre a la realpolitik. China será anfitriona de la cumbre del BRIC (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en Pekín en abril. Tres de los BRIC provienen del IBSA. ¿Puede el BRIC permitirse un debilitamiento del comunicado conjunto del IBSA sobre Libia? ¿Puede China oponerse a la posición de tres destacados “países en desarrollo”?

En general, sin embargo, China podría dar un suspiro de alivio. La posición del IBSA podría disminuir la presión estadounidense sobre China y evitar que el tema de la zona de exclusión aérea en Libia se transforme en un tema bilateral chino-estadounidense. China cooperó en la resolución de la semana pasada del Consejo de Seguridad sobre Libia. Fue poco usual que China votara por una resolución con sabor a “intervención” en los asuntos internos de un país soberano.

Los comentaristas occidentales se mostraron eufóricos ante el cambio en la conducta china en la gran mesa de la política mundial y animaron a la dirigencia de Pekín a que finalmente se mostrara como una potencia mundial responsable dispuesta a trabajar con Occidente como “participante” en el sistema internacional, como hace Rusia.

Es evidente que se está intentado persuadir a China para que dé otro paso adelante y se deshaga de su otra línea roja con respecto a una zona de exclusión aérea. No hay ninguna señal de que China esté a punto de cruzar su línea roja sucumbiendo a los halagos. Pero, ahora bien, si China lo hiciera, quedaría expuesta a plena luz del día a la mirada de los países en desarrollo. Y a Pekín le resultará muy difícil encubrir semejante “pragmatismo” bajo el barniz de los principios. De alguna forma, por lo tanto, ha disminuido la presión sobre China en el tema de la zona de exclusión aérea.

India recupera su identidad

Surge un pensamiento interesante: ¿Está forzando India a actuar a China? Delhi ha tomado ciertamente nota de que la crisis libia dio a China una gran oportunidad para trabajar con EE.UU. en un espíritu cooperativo que tendría muchos efectos positivos para la relación general china-estadounidense. El tema de la zona de exclusión aérea habría sido un terreno en el cual China y EE.UU. podrían haber creado una alquimia enteramente nueva en su relación. Pekín sabe que la presidencia de Obama depende críticamente de cómo resuelva la crisis de Medio Oriente.

En todo caso, la acción de Delhi no se pude descartar como únicamente “centrada en China”. En términos geopolíticos, constituye una bofetada extremadamente visible en la cara de EE.UU. Y habrá que pagar un precio por la ira de Obama. Que Delhi esté dispuesta a pagar un precio semejante, -cuando hay tanto en juego en su intento de conseguir un sitio permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU– hace que la acción del IBSA sea altamente significativa. Por cierto ha pasado mucho tiempo antes de que Delhi haya decidido actuar y para que la consideren un frente importante de la política exterior estadounidense.

También es más que una coincidencia que la declaración apoye con vehemencia la causa palestina. India ha tomado el riesgo calculado de incurrir en el descontento de Israel y del lobby israelí en EE.UU. Además hay otras señales de que Delhi ha emprendido una revisión importante de sus políticas en Medio Oriente y el bloque IBSA es sólo un modelo de la reconsideración de esas políticas –y posiblemente ni siquiera la más trascendental para la geopolítica de la región.

Incluso cuando el IBSA adoptó su posición sobre Libia y la situación en Medio Oriente favoreciendo resueltamente el nacionalismo árabe, el Consejero Nacional de Seguridad de India, Shiv Shankar Menon, un responsable político clave de gran reputación como diplomático consumado, quien trabaja directamente con el primer ministro Manmohan Singh, estuvo involucrado en una conversación fascinante y significativa en otro sitio en Medio Oriente: con el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad.

Lejos de la vista de las cámaras de televisión, Menon entregó una carta de Manmohan a Ahmadineyad. Según la declaración emitida por la oficina de Ahmadineyad el dirigente iraní dijo a Menon:

“Irán e India son países independientes y jugarán papeles significativos en el desarrollo del futuro de los eventos internacionales… Las relaciones entre Irán e India son históricas y sustentables. Irán e India, debido a que se benefician de puntos de vista humanitarios hacia las relaciones internacionales, deberían tratar de desarrollar el futuro sistema mundial de manera que dominen la justicia y la amistad.

El mundo gobernante está llegando a su fin y está al borde del colapso. En las condiciones actuales, es muy importante cómo se desarrolle el futuro orden mundial y hay que tener cuidado de que aquellos que han impuesto el orden mundial opresor contra la humanidad no logren imponerlo de nuevo en un nuevo marco… Irán e India tendrán roles significativos en los futuros eventos en el mundo. Las culturas y orígenes de nuestras dos naciones son lo que el mundo necesita actualmente.”

Según las informaciones, Menon dijo a Ahmadineyad:

“Nueva Delhi está a favor del establecimiento de relaciones de gran amplitud con Irán, incluyendo vínculos estratégicos… muchas de las predicciones que usted [Ahmadineyad] hizo sobre los eventos políticos y económicos en el mundo se han vuelto realidad hoy en día y el orden mundial está pasando por alteraciones básicas, que han necesitado relaciones en permanente aumento entre Irán e India… Las relaciones entre la República Islámica de Irán y la República de India van más allá de las actuales relaciones políticas, y tienen sus raíces en sus culturas y civilizaciones y las dos naciones tienen grandes potenciales de mejoras en las relaciones bilaterales, regionales e internacionales.”

No hay nada que agregar. En suma, este tipo de intercambio político a alto nivel entre Irán e India era impensable hasta hace muy poco y destaca en qué medida ha cambiado Medio Oriente, el papel que juega Irán y las percepciones de Delhi y del modo de pensar indio al respecto.

Lo más importante es que la llegada de Menon a Teherán en la actual coyuntura tumultuosa en una importante misión política y diplomática que abre nuevos caminos para revitalizar el entendimiento estratégico entre India e Irán, y también subraya el creciente reconocimiento en la región de que la era de la dominación occidental en Medio Oriente está pasando inexorablemente a la historia y que el orden mundial no volverá a ser el mismo.

El embajador M. K. Bhadrakumar fue diplomático de carrera del Servicio Exterior de la India. Ejerció sus funciones en la extinta Unión Soviética, Corea del Sur, Sri Lanza, Alemania, Afganistán, Pakistán, Uzbekistán, Kuwait y Turquía

(Copyright 2011 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/MC10Ak03.html

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , ,

Powered by Qumana

Written by Eduardo Aquevedo

12 marzo, 2011 at 22:16

Publicado en GEOPOLITICA, MEDIO ORIENTE

Ranking (2011, Times) de 200 mejores Universidades del mundo…

leave a comment »

Informe de The Times, de Londres / América Latina, relegada

Las universidades de la región, ausentes en un ranking mundial

La lista de las 200 mejores es encabezada por Harvard; dominio de EE.UU. y Gran Bretaña

 

VER:  Ranking (completo) de 200 mejores Universidades del mundo…

Sábado 12 de marzo de 2011

La Universidad de Harvard, de los Estados Unidos, encabeza el ranking de las mejores 200 casas de altos estudios del mundo dado a conocer por el diario británico The Times , en la que no figura ninguna universidad de América latina.

El relevamiento, en cuyos diez primeros lugares figuran siete universidades norteamericanas y tres británicas, fue realizado en 2010 por la firma Ipsos Media para el diario británico, a partir de una encuesta entre 13.388 académicos de 131 países.

Para realizar la evaluación, que se realiza desde hace una década, se tomaron en cuanto varios indicadores de desempeño, entre ellos la calidad de la enseñanza, la cantidad de citas que tienen los trabajos de investigación de cada entidad, innovación, cantidad de investigaciones, número de estudiantes por profesor, cantidad de estudiantes con doctorado y la mixtura internacional entre estudiantes y profesores.

Al referirse a América latina, el informe señala que, respecto de la educación superior, la región "no causa la misma sensación que sus equipos de fútbol", pero destaca que Brasil podría lograr "algunos éxitos de envergadura" en un futuro próximo.

Cuando señala las dificultades que enfrentan las universidades latinoamericanas para alcanzar un mejor nivel, el director del Centro de Educación Internacional del Boston College, Philip Altbach, puso el ejemplo de la Universidad de Buenos Aires como una de las instituciones públicas en la región que aspiran a ascender en la lista, pero citó los serios desafíos que debe superar. Entre ellos, menciona la pesada carga de "estructuras burocráticas y a veces politizadas" y plantillas de profesores a tiempo parcial, "que casi nunca pueden ser la base de una universidad que investiga". Añade que las universidades públicas latinoamericanas "están subfinanciadas y la mayoría, impedidas de establecer aranceles para los estudiantes".

Predominio anglosajón

El ranking, denominado Times Higher Education y dado a conocer por la agencia EFE, coloca a la Universidad de Harvard en primer lugar, seguida por el Instituto de Tecnología de California, el Massachusetts Institute of Technology (MIT), la Universidad de Stanford, la Princeton, todas ellas estadounidenses. El puesto seis lo ocupa Universidad de Cambridge y el siete, la Universidad de Oxford, ambas inglesas. El top ten termina de conformarse con Universidad de California (Berkeley), el Imperial College London y la Universidad de Yale.

Hay 72 instituciones norteamericanas en la lista, 29 británicas, 14 alemanas, diez holandesas y seis chinas. Entre las primeras treinta sólo aparecen, además de universidades de EE.UU. y Gran Bretaña, instituciones de Suiza, Canadá, Hong Kong, Japón y Corea del Sur.

El hecho de que ninguna universidad latinoamericana figurara entre las 200 mejores fue calificada de "tragedia continental" en Brasil por el columnista Fabio Campos, del diario O Povo .

El relevamiento menciona, sin embargo, instituciones de educación superior salientes en Brasil. Las dos universidades más importantes del estado de San Pablo (Universidad Campinas y la Universidad de San Pablo) son estatales; cuentan con profesores a tiempo completo, que tienen doctorados; poseen, además, investigaciones importantes en curso y fondos adecuados provistos por el estado. De hecho, ambas estuvieron muy cerca de ser incluidas en el ranking de las 200 mejores instituciones universitarias.

En el libro El desafío de establecer universidades de nivel mundial , Jamil Salmi, especialista del Banco Mundial, analizó las universdidades de América latina, explicó que la Universidad de San Pablo es una de las más selectas, tiene los mejores programas para graduados y cada año produce más Phds (doctores) graduados que cualquier universidad estadounidense. Sin embargo, la relación académica que mantiene con la comunidad internacional de investigaciones es escasa y sólo el 3% de sus graduados son extranjeros.

Otro factor positivo para la región, según Salmi, es el desarrollo de sistemas de préstamos estudiantiles en Brasil, Colombia y Chile. A pesar de este logro, Salmi señala los desafíos: baja inversión en educación superior; estructuras de gobierno universitario rígidas; escasez de programas de intercambio internacionales; cultura de campus monolingües y ausencia de visión de largo plazo para el desarrollo de la educación superior.

Por su parte, Andreas Schleicher, experto en educación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, afirmó que ha habido desarrollos recientes muy interesantes en la región.

RANKING

1. Harvard

2. Instituto de Tecnología de California

3. Massachusetts Institute of Technology (MIT)

4. Stanford

5. Princeton

6. Cambridge

7. Oxford

8. California, Berkeley

9. Imperial College

10. Yale

VER LISTA COMPLETA EN LINK SIGUIENTE:

VER: Ranking completo de 200 mejores Universidades del mundo

América latina no produce conocimiento"

La directora de la Maestría en Educación de la Universidad de San Andrés e investigadora del Conicet, Silvina Gvirtz, afirmó que "es verdad que América latina no está produciendo conocimiento".

Consultada por LA NACION sobre los resultados del informe de The Times , señaló: "Nosotros no tenemos profesores full time, entonces muchos se dedican a la enseñanza y pocos a la investigación. Se debe al vaciamiento sistemático de las universidades producido en la dictadura militar, que se solapó con la política de captación activa por parte de las academias del mundo desarrollado y se siente aún hoy. Además, la investigación no fue una prioridad en la vuelta a la democracia. Hoy hay muchas universidades que son sólo enseñaderos . Tener profesores full time es muy caro y la investigación no tiene repercusiones inmediatas. No requiere sólo políticas y financiamiento por parte del estado sino también una decisión por parte de las universidades, en su criterio de qué priorizar y en qué invertir sus recursos", detalló.

Por su parte, la Secretaria de Asuntos Académicos de la Universidad de Buenos Aires, Catalina Nosiglia, explicó a LA NACION que "este tipo de ránkings no evalúan cosas como la actividad de transferencia y extensión hacia la sociedad, actividades que nuestros estudiantes y docentes realizan mucho. Lo que nosotros producimos de conocimiento y es relevante para nuestras sociedades, no es relevante para ellos". "La UBA tiene muchos desafíos, relacionados con los casi 300 mil alumnos que estudian allí. Uno fundamental es la permanencia y egreso de los alumnos", afirmó Nosiglia. "Los problemas de una universidad de 4000 alumnos y donde ingresan estudiantes de elite, como la de San Pablo, son muy distintos a los que pueda tener la UBA, cuyo objetivo es que cada vez más gente pueda acceder a la universidad", sostuvo.

Tags: , , , , , , , , , , , , ,

Powered by Qumana

Written by Eduardo Aquevedo

12 marzo, 2011 at 20:32

Publicado en RANKING, UNIVERSIDAD